jueves, 4 de octubre de 2012

"Ojalá nunca hubiera ganado el Tour"

El nombre de Walkowiak va asociado a la victoria en el mundo del ciclismo, pero no a una victoria espectacular, sino a una victoria lograda por una fuga consentida por el resto de corredores. Sin embargo los que han asociado ese nombre a ese tipo de victoria, no saben el daño que se le llegó a hacer a esa persona en su mayor victoria.

El Tour de 1956 iba a estar marcado por la ausencia de un gran líder, como era el ganador de las 3 ediciones anteriores, Louison Bobet. A esta ausencia había que añadir las de otros corredores que habían dominado las carreteras en los años anteriores, como eran el gran Fausto Coppi o Hugo Koblet. Esas ausencias iban a dejar como favoritos a corredores jovenes como Gaul, o como Bahamontes, que aún no estaban preparados para conseguir una victoria en las carreteras francesas. Precisamente esa ausencia de corredores importantes, unido a los factores que se fueron dando en la carretera, dejaron un resultado a final de la carrera más que sorprendente.
 
Por aquel entonces, el Tour de Francia aún se corría por equipos regionales, no así el resto de competiciones del año, y el equipo francés estaba capitaneado por el sprinter André Darrigade y por el también veterano Geminiani. En ese equipo también serían de la partida Jean Malléjac y fue incluido a última hora en el equipo Gilbert Bauvin.
 
Eso iba a significar que un corredor entonces semi-desconocido no iba a tener hueco en el equipo principal francés y se iba a tener que buscar un hueco en el equipo Nordeste-Central. Ese ciclista que no iba a tener hueco en el equipo principal era Roger Walkowiak, y ese Tour de 1956 iba a cambiar para siempre su vida, aunque no precisamente a mejor.
 
La ya mencionada ausencia de corredores de gran peso hizo que la carrera no tuviese ningún tipo de control por parte de los equipos, ya que todos buscaban el meter a sus hombres importantes en la fuga y no querían controlar la carrera. Las fugas eran diarias, y en ellas se podía ver a gente como Darrigade, o De Bruyne, vencedores ambos en dos ocasiones en esas primeras etapas del Tour.

En todas las etapas había habido fugas, formadas entre otros por varios corredores importantes, pero llegó la fatídica quinta etapa del Tour, una etapa que unía Rouen y Caen, donde se empezó a romper la carrera, ya que los favoritos no consiguieron meterse en ninguna fuga. Joseph Morvan fue el vencedor de esa etapa, venciendo en el sprint a gente como Fantini, Nolten, Bauvin o un corredor que había estado en todas y cada una de las fugas de aquel Tour, Roger Walkowiak. Por detrás, muy atrás, llegaba en solitario uno de los favoritos, Bahamontes, a unos 10 minutos del vencedor, y mucho más retrasados llegó un grupo formado por Malléjac o Gaul. El Tour se había acabado para ellos, aunque aún quedaba mucha carrera.
 
La siguiente etapa, la sexta, iba a ser otra tortura para el pelotón, puesto que de nuevo iba a llegar una fuga en la que se encontraría el líder momentáneo de la carrera, Darrigade y en la que de nuevo se había colado Walkowiak, quien paso a paso, se había colocado quinto en la general, aunque eso sí, a más de 7 minutos del líder.

Pero la vida de Walkowiak iba a comenzar a cambiar en la séptima etapa. Una etapa que se disputaría el miércoles 11 de julio, y que uniría las localidades de Loirent y Angers, en un recorrido de nada menos que 244 kilómetros. En esa etapa se iba a producir una fuga que iba a comenzar a cambiar el sino de la carrera. A Angers iba a llegar una fuga de 31 corredores, que iba a ser la que marcase el devenir de la carrera. En esa fuga no se iba a meter ninguno de los corredores a priori importantes de la carrera, aunque si iban a incluirse varios corredores que bien colocados en la general de la carrera. El primero de esos corredores bien colocados sería Walkowiak, seguido de gente como Padovan o Bauvin. La victoria de etapa correspondió a Fantini, siendo cuarto Bauvin y 19º un Walkowiak que se iba a colocar como nuevo líder de la carrera. 29 años había tardado en hacer realidad su sueño deportivo. Su imagen llorando y abrazando al periodista que le entrevistaba fue portada al día siguiente en los periódicos locales, al tiempo que sollozaba un “es increíble... increible”.
 
Por su parte Darrigade, entre otros muchos corredores, iba a llegar a meta en el seno de un pelotón que se iba a dejar aquel día en meta 18 minutos y 46 segundos, lo que les alejaba a un mundo en la general de la carrera, que quedaría comandada por Walkowiak, secundado por Picot a poco más de un minuto y ya con más de 11 de ventaja con Darrigade y más de 12 con su compañero de fuga aquel día, Bauvin.
 
3 jornadas duraría el amarillo en la espalda de Walkowiak, ya que las fugas seguían siendo las protagonistas de la carrera, y en ellas también se iba a meter el español Bahamontes, que recuperaría hasta 4 minutos al líder en la siguiente jornada. La décima etapa, que llegaría a Bayona, sería en la que le arrebatarían el amarillo a Walkowiak, merced a una fuga en la que no iba a estar. Serían poco más de 14 minutos los que se dejaría en meta, llegando con el pelotón, pero a pesar de todo seguía metido en la general, estando colocado en séptima posición, a 9 minutos del nuevo líder, el polaco Voorting.
 
Las etapas que discurrirían por los Pirineos no descolocarían mucho la general, salvo por el hecho de que el maillot de líder pasó por las espaldas de Darrigade y de Adriaenssens, que sería quien lo luciría una vez se abandonasen los Pirineos. Pero en la etapa anterior a la llegada de la carrera a los Alpes, una etapa de transición, Adriaenssens se dejaría más de 8 minutos en meta, debido a una fuga que dio tan privilegiada posición a Wagtmans y permitió que Walkowiak le adelantase también en la general, esta vez ya de forma definitiva.
 
En Sentinelle y en Sestriere la general se iba a aclarar mucho más, permaneciendo aún Wagtmans como líder de la carrera, ya con un estrecho margen con respecto a Walkowiak, Bauvin y Adriaenssens, por ese orden, separados entre sí por apenas 3 minutos.
 
La siguiente etapa, la 18ª, finalizaba en Grenoble, tras 250 kilómetros de recorrido en los que se subían Croix de Fer y Luitel. Sería la etapa definitiva de la carrera, ya que el líder iba a hundirse de forma estrepitosa, hecho que aprovecharían los siguientes tres corredores de la general. Charly Gaul realizaría ese día una exhibición, consiguiendo una victoria con más de 3 minutos de ventaja en la meta con respecto al segundo clasificado, Ockers, aventajando en 7 minutos y medio al trío formado por Bahamontes, Nencini y Walkowiak.

A Walkowiak ya solo le quedaba un peligro para ver cumplido su sueño de ser campeón del Tour de Francia, una contrarreloj de 73 kilómetros entre St. Étienne y Lyon. La crono la afrontaría con casi 3 minutos y medio de ventaja con respecto a Bauvin, más de 7 con el anterior líder, Wagtmans, y más de 8 con Adriaenssens. Durante la prueba cronometrada iba a sufrir mucho y esta se le iba a hacer larga, muy larga al líder de la carrera. Prueba en la que además sus perseguidores en la general iban a colocarse aquel día entre los cinco primeros clasificados de la etapa.

Finalmente aquel día pudo salvar el maillot de líder de cara a la clasificación final, en la que se impondría con un minuto y 25 segundos con respecto a Bauvin y 3 minutos y 44 segundos con Adriaenssens, quienes le acompañarían en el podium final. El Tour de Francia había ido a parar al palmarés de un corredor que no era conocido y que tan solo tenía una etapa en la Vuelta a España de ese año en su palmarés, lo que supuso la decepción de un público que ansiaba verle perder su privilegiada posición en la carrera, ay que no le consideraban como digno merecedor de tal honor.

Como definiría el director de la carrera, Jacques Goddet, “la ovación del público más pareció una lamentación”. A nadie atraía el nuevo campeón de la prueba, que sucedía en el trono a corredores de la calidad de Bobet o sobre todo de Coppi, de los cuales no consideraba el público que fuese un digno heredero como campeón de la carrera.
 
Desde ese momento su vida fue un calvario, ya que le achacaron la culpa a él de ganar. No a los corredores que habían consentido sus diferentes fugas al comienzo de la carrera, sino a él, por no querer ceder su privilegiada posición, por defenderse con uñas y dientes, y con mucha cabeza. Con su victoria había deshonrado al Tour, la carrera más importante del calendario ciclista. Y toda esa carga que hicieron contra su figura desde los propios aficionados hasta la prensa, Walkowiak no la llevó nada bien, ya que del anonimato había pasado a ser uno de los personajes más reconocidos del mundo del deporte en Francia, y era blanco de todas las críticas de la afición. Sus actuaciones posteriores en la carrera francesa tampoco ayudaron a mejorar su imagen de cara al público, ya que al año siguiente se retiró de la carrera (marchaba en la posición 18ª cuando se retiró), y en el 58 finalizó a más de 4 horas del ganador, siendo el 75º de la clasificación general.
 
Dejó de hablar con la prensa, cayó en una profunda depresión e intentó alejarse de la vida pública, con una retirada deportiva algo prematura. Pero no había forma de mejorar su estado de ánimo. Algunos dicen que no salió de ese estado depresivo en que le sumió su victoria en el Tour hasta muchas décadas después. Ni siquiera el abrir un bar mejoró su estado de ánimo, ya que en cuanto se corrió la voz de que lo había abierto, los aficionados fueron rápidamente al bar, pero no con intención de conocerle, sino para burlarse de él. Ese fue el golpe definitivo para Roger, que cerró su bar y volvió a trabajar a la vieja fábrica de coches de Montluçon en la que había trabajado cuando era joven.

No volvió a saberse nada de la persona de Walkowiak hasta finales de los años 90, cuando por fin aceptó volver a enfrentarse a una cámara, en una entrevista. En aquella entrevista surgieron diversos temas, anécdotas, hasta que el periodista le preguntó acerca del Tour en el que venció. Las respuestas del francés fueron contundentes:“Nunca hablo de aquel Tour, ni siquiera con mi mujer” y  “Ojalá nunca hubiera ganado el Tour”. A las respuestas sucedieron varios segundos de silencio hasta que tapándose la cara, Walkowiak rompió a llorar. Sin poder contener el llanto, pudo decir una frase más: “Nadie sabe cuanto sufrí”.
 
Esas y otras confesiones de Roger Walkowiak, en las que habla acerca de esa fatídica victoria en el Tour de Francia forman parte del libro Roger Walkowiak, le maillot jaune assassine, un libro escrito por Jean-Paul Ollivier.


General del Tour Francia 1956:
1- Roger Walkowiak (Francia, Nordeste-Central) 124horas 1minuto 16segundos
2- Gilbert Bauvin (Francia) a 1´ 25´´
3- Jan Adriaenssens (Bélgica) a 3´ 44´´
4- Federico Bahamontes (España) a 10´ 14´´
5- Nino Defilippis (Italia) a 10´ 25´´
6- Wout Wagtmans (Holanda) a 10´ 59´´
7- Nello Lauredi (Francia Sur-Este) a 14´ 1´´
8- Stan Ockers (Bélgica) a 16´ 52´´
9- René Privat (Francia) a 22´ 59´´
10- Alves Barbosa (Luxemburgo) a 26´ 3´´


Saludos a todos!!

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