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domingo, 7 de julio de 2013

Bernardo Ruiz. Primer podium español del Tour

Bernardo Ruíz Navarrete nació en la población alicantina de Orihuela en 1925, en la calle San Francisco, al pie de la Sierra de La Muela. Bernardo era el cuarto de cinco hermanos, a los cuales su padre les inculcó la honestidad en el trabajo. Bernardo se centró pronto en las tareas agrícolas, trabajando en el campo y repartiendo verduras y frutas.

La historia de Bernardo como ciclista comenzó a labrarse en la modesta empresa en que trabajaba, donde de forma casual encontró abandonada una vieja bicicleta que pesaba casi veinte kilos. La aprovechó para moverse de un lado a otro a diario, y también para trasladar las hortalizas. La bicicleta, aunque pesada y a la costaba hacer avanzar, le servía para hacer cumplir su tarea de una forma mucho más rápida y eficiente. Entre caminos, y repartiendo pedidos se fue forjando como ciclista.

En su pueblo había un taller de bicicletas, regentado por Juan Iborra, quien había visto pedalear al joven chico por las cuestas del pueblo. Después de ver durante mucho tiempo al joven chico pedaleando por las calles, le ofreció una de sus bicicletas para cuando él quisiera. Le trató de convencer diciéndole que era más moderna que su bicicleta y ese hecho le beneficiaría a la hora de participar en las carreras de la región.

Su afición al ciclismo venía desde siempre, prácticamente, pero se vio en la necesidad de correr para poder ganar dinero, ya que sus ingresos no eran muy elevados en esos difíciles tiempos de posguerra. Tenía 18 años cuando empezó a correr. Para empezar a correr, su hermano Tomás, cuatro años mayor que él, le regaló una bicicleta de gran calidad. Tomás había reunido unos ahorros en concepto de la paga como integrante de la División Azul enviada a la Unión Soviética, de la que fue miembro. De ese dinero que le dieron, destinó una parte a tratar de hacerle la vida más sencilla a su hermano de lo que él la había tenido en la guerra. El precio de la bicicleta fue de 425 pesetas de la época, casi un tesoro, pero confiaba en las posibilidades de su hermano. El tiempo no hizo sino darle la razón en su apuesta. El joven Bernardo empezó a correr en las carreras que tenían lugar en las proximidades de Orihuela: Desamparados, Molins, Callosa, o la propia Orihuela, entre otros lugares. Carreras de barrio, por así decirlo, en las que los corredores no tenían ni licencia para competir, pero que les servía para ganar un dinero que les permitía seguir malviviendo.

La primera participación de cierta entidad en la que participó el alicantino fue en el Circuito de la Ermita de las Angustias, de una distancia de 40 kilómetros. A la salida de la carrera se presentó vistiendo un pantalón corto, una camiseta de futbolista y unos zapatos de día festivo. A pesar de su atuendo, nada le impidió hacerse con la victoria, ante la sorpresa de la mayoría de asistentes. El premio que obtuvo fueron 65 pesetas y un pollo. Esto tuvo lugar en 1943, cuando tenía tan sólo dieciocho años.

Al año siguiente, en 1944 Bernardo se aventuró a correr en una carrera fuera de su provincia. Esa carrera iba a tener lugar en Cartagena y fue con aquella bici que le había regalado su hermano. En previsión de una hipotética mala participación, se puso en contacto con una persona de la zona en donde vivía, llamado `El hojalata´, que también iba a ir a la carrera. Acordaron ambos corredores el ayudarse mutuamente, y en caso de obtener algún premio, lo repartirían a partes iguales entre ambos. Aquella prueba la ganó Ruíz, quien cumplió con su palabra y no dudó en dividir a partes iguales las 300 pesetas que obtuvo por su victoria, regresando ambos triunfantes a Orihuela.

En esa carrera deportiva que estaba llevando a cabo para poder ganarse la vida, en 1944 se inscribió en la Vuelta a Valencia, en el equipo del Frente de Juventudes de Valencia, representando a Alicante. En dicha carrera compitió también con la bicicleta regalada por su hermano. Y mejor suerte no le pudo traer, ya que terminó venciendo de forma espléndida, tanto en la general final como en la clasificación de la montaña. Al año siguiente repetiría victoria, y meses más adelante, a pesar de ser un novato, se haría con la Volta a Cataluña, que por aquel 1945 cumplía sus Bodas de Plata.

Que pudiese participar en la Volta fue gracias a una suscripción popular iniciada en su pueblo y los alrededores por parte de unos paisanos que tenían confianza en su vecino. Se presentó con 350 pesetas en Barcelona, y sin un equipo que pudiera ayudarle. Ante ello Sebastián Masdeu, el primer vencedor de la prueba, en 1911, sintió lástima por él y le regaló un par de tubulares para que se sintiera algo protegido ante las deterioradas carreteras catalanas. El de Orihuela debió defenderse durante toda la prueba por si sólo. Su estrategia para subsistir día a día en la carrera, se fugaba para ganar las primas de mitad de carrera, y de esta forma evitar el volver a casa. Su estrategia no pudo ser mejor, ya que ganó la Volta y las 17.000 pesetas de premio que daban le sirvieron para convertirse en profesional.

Antes de que a los españoles les abrieran las puertas en el extranjero para participar en las pruebas francesas e italianas, Bernardo se impuso en dos ocasiones en el campeonato de España, en 1946 y 1948 (lo conseguiría una tercera vez, en 1951). También consiguió tres victorias de etapa, la general de la montaña y la general final en la octava Vuelta a España. Ya estaba listo para debutar en el calendario europeo.

La internacionalización del ciclismo español
Si bien hubo otros corredores antes que él que representasen a España en el Tour, como fueron Vicente Blanco `El Cojo´, o el verdadero primer español en el Tour, José María Javierre (Joseph Maria Habierre para los franceses), Bernardo Ruíz fue realmente el pionero. Hubo también otros de gran importancia, como Salvador Cardona, Vicente Trueba o Mariano Cañardo, pero fue Ruíz quien abrió realmente las puertas de Europa al ciclismo nacional, que por aquel entonces era un ciclismo muy maltrecho, con escasa capacidad económica y con una ausencia de patrocinadores que recuerda en gran medida a la que se vive hoy en día.

El ciclismo español en este caso no era un oasis con respecto a la situación en que se encontraba el país en el contexto internacional a la conclusión de la Segunda Guerra Mundial, en la que había colaborado con el Eje. Fue por ello que resultó algo sorprendente que para el Tour de Francia de 1949 España consiguiese reunir seis representantes para el equipo nacional. Los seis representantes serían Capó, Langarica, Rodríguez, Sierra, y por supuesto no podían faltar Berrendero y Bernardo Ruíz. No hubo suerte en esa edición y todos los seleccionados abandonaron durante el transcurso de la carrera.

Esa retirada de todos los integrantes supuso que al siguiente año se optase por no enviar ningún tipo de representación a la carrera francesa. Esa experiencia no terminó de agradar al Régimen, que quería expandirse internacionalmente, para dar una imagen de total normalidad en el país (a pesar del semi-aislamiento internacional), y por ello decidió que para la edición de 1951 el equipo español volvería a tener representación en la carrera gala. La Federación Española de Ciclismo presentó un equipo compuesto por siete corredores, todos ellos deseosos de resarcirse de las malas experiencias pasadas. El equipo estaría compuesto entre otros por Bernardo Ruíz, Manolo Rodríguez, Francisco Massip o Dalmacio Langarica, destacando en su participación el primero de ellos.

Previamente a participar en su segundo Tour, Bernardo tomó parte en la prestigiosa Barcelona-Pamplona tras moto, obtuvo una importante victoria, bajo un escenario dantesco a causa del viento de la zona de los Monegros y la dureza de los 437 kilómetros que tenían que recorrer los corredores. La prueba estaba dividida en dos sectores con parada en Zaragoza. Ignacio Orbaiceta, sería quien conduciría la moto tras la que competiría el corredor alicantino. Se dio la circunstancia de que en varios descensos de la prueba, la moto no tenía más potencia y  Ruíz se veía obligado a contener su pedaleo para esperar a la moto. La victoria fue espectacular, y demostraba que se encontraba en una forma espectacular de cara al Tour de Francia.

En esa  su segunda participación en el Tour el bueno de Bernardo consiguió dos victorias de etapa. La primera llegó en el día grande de Francia, el 14 de julio, en la montañosa etapa que concluía en Brive, mientras que la otra llegó cuando la carrera ya agonizaba, también en otra etapa montañosa, la penúltima, que finalizaba en Aix-les-Bains. Nunca antes ningún español había conseguido dos victorias de etapa en el mismo Tour. Su participación aquel año, al margen de esas dos victorias, fue excepcional, firmando un noveno puesto final que sería un buen presagio de lo que le iba a deparar la carrera al año siguiente. Esa buena participación le haría replantearse su objetivo de cara al próximo Tour, que lo afrontaría con la idea de conseguir la victoria.

El pódium en el Tour de 1952
Hacía poco tiempo que había concluido la II Guerra Mundial y Europa se encontraba en plena recuperación económica. En ese difícil contexto en el continente comenzaba un Tour de Francia de 1952, en el que se iban a citar varios de los grandes nombres de la historia del ciclismo. Francia iba a presentar en la línea de salida a corredores de la talla de Geminiani, Robic o Dotto. Italia presentaba a las dos  leyendas vivientes, Gino Bartali y Fausto Coppi, acompañados del tercer gran hombre del país, Fiorenzo Magni. Bélgica, por su parte presentaba a Ockers y nada más y nada menos que a Rik Van Steenbergen. España, por último, presentaría un equipo más mediocre, que estaría liderado por el alicantino Bernardo Ruíz, bien secundado por Antonio Gelabert, Serra Gil, Francisco Massip, Andrés Trobat y José Gil.

La primera etapa fue vencida por el belga Van Steenbergen, quien luciría el maillot amarillo solamente durante una etapa, tras la que pasaría a alternarse durante las siguientes seis jornadas entre Rosseel y Magni. Una jornada más lo luciría otro italiano, Carrea, antes de que se llegase a la etapa del inédito Alpe D´Huez en donde un excepcional Fausto Coppi sería su primer vencedor en su cima. Esta sería la segunda victoria parcial del corredor italiano en aquella edición, ya que entre medias de esa sucesión de liderazgos, se había impuesto en la séptima etapa, la contrarreloj de Nancy.

Fausto había sacado a relucir su clase en esas jornadas, pero todo ello iba a quedar ensombrecido ante la demostración que iba a hacer a lo largo de la undécima etapa de la carrera, que finalizaba en su país, Italia, en el mítico puerto de Sestrières, y en la que ascenderían puertos como la Croix de Fer, el Lautaret o el Col du Galibier.

88 corredores iban a tomar la salida en la mañana del 6 de julio, camino de Sestrières, con Coppi como líder de la carrera y con un gran número de rivales tratando de hacerle perder tan preciada posición. El primer corredor que decidió plantar batalla aquel día fue Geminiani, quien atacó casi de salida. A su rueda se pegó el español Gelabert. Ambos compañeros de fuga abrieron un hueco respetable con respecto al resto de favoritos, hasta que se produjo un hecho que nadie podía esperar.

A 150 kilómetros para llegar a la meta, y a 4 para coronar la Croix de Fer, el pelotón se ve sorprendido por el ataque que está lanzando el líder de la carrera, quien se marcha en solitario en la búsqueda de los dos fugados. Tarda muy pocos minutos en darles caza y corona el puerto por delante de ambos valientes, pero sabedor de que la aventura era muy arriesgada, decide esperarles durante el descenso. También esperarán al grupo que venía por detrás, y se formará un grupo cabecero de unas quince unidades, entre las que se encontrarían Magni, Bartali y Bernardo Ruíz, aparte del propio Coppi. La carrera se había puesto muy dura.

Todos reagrupados comienzan a ascender el Galibier. Un grupo que a su paso por el Telegraphe se ve reducido de quince a siete unidades; los italianos Coppi y Bartali, los franceses Geminiani y Le Guilly, el belga Ockers y los españoles Gelabert y Ruíz. Camino de la cima del Galibier será cuando se produzca la imagen más famosa del ciclismo, en la que Coppi y Bartali comparten un bidón de agua. Una imagen que abrió un intenso debate, especialmente en Italia, aún no cerrado en muchos lugares, ya que no se sabe quien entregó el bidón a quien, pero que sobre todo refleja la humanidad del ciclista en los momentos de mayor fatiga.

Pocos momentos después de que Carlo Martini tomara esa mítica instantánea, a escasos kilómetros de coronar el Galibier, Coppi volvió a lanzar un ataque, esta vez para marcharse en solitario. Ruíz y Le Guilly fueron los únicos que intentaron seguirle. El descenso del italiano fue excepcional, consiguiendo abrir más hueco con sus perseguidores, que nuevamente habían vuelto a reagruparse. Por delante, Coppi pedaleaba en solitario, por detrás había cinco corredores (Bartali no entraba a los relevos) tratando de reducir la ventaja del líder. Pero podían hacer nada ante la cabalgada del Campeoníssimo.

A unos 30 kilómetros de meta, la ventaja del piamontés rondaba los cuatro minutos con respecto al grupo perseguidor. Coppi ya comenzaba a verse como ganador de la etapa, tras una sensacional cabalgada, mientras que por detrás, Robic fue el primero en saltar del grupo, aunque dos pinchazos inoportunos le hicieron perder cualquier opción de llegar delante de sus compañeros en esos últimos kilómetros. Fue el español Ruíz quien tomó el relevo del francés en su ataque, sabedor que sus opciones de pisar el pódium de París pasaban por descolgar a sus rivales. Así lo hizo, y tanto Bartali como Ockers quedaron descolgados.

En la meta de Sestrières Coppi llegó protegido por las fuerzas públicas, ante el acoso del público que se había ido agolpando en las cunetas del puerto a lo largo de la jornada. El italiano había entrado, si es que ya no lo estaba, con letras de oro en la historia del Tour de Francia. Tendrían que pasar más de siete minutos y medio para que el siguiente corredor hiciese acto de presencia por la línea de meta. Ese corredor no era otro que Bernardo Ruíz, que había completado una excelente ascensión al puerto, descolgando a sus más directos rivales de la general. Pasarían otros dos minutos y medio más hasta que el siguiente corredor, Ockers, cruzase la línea de meta. Le Guilly sería el siguiente en llegar, con 9 minutos y 56 segundos más que el ganador. Bartali, que sería quinto aquel día, se dejaría más de diez minutos en meta, y con ellos, cualquier opción de pisar el pódium final a sus 38 años de edad. Coppi había sentenciado el Tour en un día glorioso de ciclismo, mientras que la lucha por el resto de plazas del pódium se encontraba abierta y en donde el ataque de Ruíz resultaría fundamental para salvar el pódium al llegar a París.

En aquel Tour de 1952 solo pudo vencerle su muy admirado Fausto Coppi, de quien dijo años después que le consideraba como el mejor y más admirado campeón al que se enfrentó. Segundo final sería el belga Stan Ockers, quien finalizaría a un mundo de Il Campeonissimo, a nada menos que 28 minutos y 17 segundos. El tercero sería aquel joven corredor salido de Orihuela, Bernardo Ruíz, que finalizó a 34 minutos 38 segundos del campeón italiano. Se convertía así en el primer corredor español que finalizaba en el podium del Tour de Francia, en un Tour de locura, inolvidable para el ciclismo, y más concretamente para el ciclismo español. Por detrás de Ruíz finalizaron auténticos corredorazos, como eran Bartali o Robic con menos de un minuto perdido, y otro gran corredor como Magni, que finalizó a tres minutos del español.

Ese fue el Tour de Ruíz, una gran participación la del corredor alicantino, que al igual que sucediera con la del belga Ockers, pasó a un segundo plano ante el excepcional Tour que realizó Coppi y ante la fotografía que le tomaron a este con Bartali y el bidón de agua, que venía a significar la unión de las dos italias, representada por ambos corredores. Tras ese Tour se hizo amigo de Coppi, quien le llevaba en su coche a los critériums hasta que la relación se rompió cuando en Perpiñán chocaron y Fausto se rompió la clavícula.

Recordemos que hasta el pódium del de Orihuela de ese año, la mejor clasificación de un español era la conseguida por Salvador Cardona en 1929, cuando finalizó la carrera en cuarta posición, edición en la que también consiguió la primera etapa para el ciclismo español, la novena etapa, que finalizaba en Luchon. Con el premio que le dieron por el pódium, unido a y los critériums post-Tour en los que participó, Bernardo acumuló un millón y medio de pesetas. Eso le convirtió en el primer millonario del ciclismo español. Él, un campesino sin recursos que repartía los productos del campo, se había convertido en el primer millonario español de este deporte.

La vida tras el pódium y una retirada a lo grande
Después del notable éxito de haber finalizado en el pódium de Francia en 1952, al año siguiente no pudo ser partícipe de la carrera. En 1954 sí que volvió a la carrera gala, pero sus prestaciones ya no eran las de años anteriores y se marchó de vacío y en una decepcionante 18ª plaza final. Siguió participando en Francia hasta el año de su retirada, si bien sus actuaciones cada vez fueron siendo más discretas (22º en 1955, 70º en 1956, 24º en 1957 y 55º en 1958).

El calendario internacional ya se escapaba de las posibilidades del alicantino. Tan sólo la victoria de etapa del Giro de Italia de 1955 destacó en aquellos sus últimos años de carrera, siendo también la primera victoria que conseguía el ciclismo español en el Giro. Pero sus prestaciones tanto en el Tour como en el Giro habían decaído notablemente en cuanto a clasificaciones generales y posibilidad de ganar etapas.

Pero el calendario nacional era otra historia. En ese calendario sí que siguió brillando la figura de Bernardo Ruíz, a pesar de encontrarse con la competencia de Bahamontes y Loroño, especialmente, o también la de Gelabert. En esos años cosechó puestos de honor en el campeonato de España (segundos puestos en 1953, 1954 y 1956), además de buenas actuaciones en la Vuelta a Asturias. También consiguió regresar al pódium de una grande en 1957, en la Vuelta a España, donde fue tercero, por detrás de Loroño y de Bahamontes.

Pero probablemente su temporada más exitosa, después de su pódium del Tour, fue su última temporada en activo, la de 1958, en la que se hizo con varios triunfos de renombre, como el Campeonato de España de Montaña, la Vuelta al Suroeste o el Circuito de Pamplona. Demostraba así que aún a pesar de encontrarse ya en decadencia con respecto a sus mejores años, seguía manteniendo su calidad intacta y todavía podía dar mucha guerra al resto de corredores nacionales. Pero se había cansado de la vida del ciclista, de vivir siempre a la carrera y fuera de su Orihuela natal, a la que siempre anhelaba cuando no se encontraba en ella. Catorce temporadas alejado de su tierra y de su gente, eran muchas temporadas.

Un tiempo después le volvió a entrar el gusanillo del ciclismo y pasó a dirigir equipos. Estuvo cuatro años dirigiendo al mítico Faema, en la división que el equipo tenía en España. Pero también se cansó de ello y decidió que había llegado el momento de establecerse definitivamente su Orihuela, donde sigue viviendo. Allí pasó el resto de sus años trabajando entre motos y bicicletas hasta que pudo jubilarse y disfrutar de todo el tiempo libre para poder pasearse.

A su retirada, nos quedó de `El Pipa´, apodo por su manía de chuparse el dedo, la leyenda de que a diferencia de sus rivales, este jamás pinchaba. Para evitar esos pinchazos, Bernardo tenía su particular secreto, que era inflar los tubulares nuevos, colgarlos como chorizos y dejarlos que se curtieran durante dos años. El material cogía dureza y despedía la gravilla de aquellas carreteras antiguas que tantos pinchazos provocaban. Una leyenda que añadir a un pionero, el primer corredor español que pisó el pódium del Tour de Francia.

Saludos a todos!!

sábado, 6 de abril de 2013

Miguel Poblet, el pionero español

Miguel Poblet Oriols nació en la localidad barcelonesa de Montcada y Reixach, un 18 de marzo de 1928. En la localidad su padre era el dueño de una tienda de bicicletas, y él fue quien le animó durante su infancia a practicar el ciclismo. Esos años de juventud no fueron nada sencillos para ellos, ya que al igual que el resto del país, vivieron una guerra y una durísima posguerra en la que el hambre y la pobreza no escaparon de una gran parte de la población.

A pesar de las dificultades que atravesaba el país, Miguel pudo iniciar sus estudios como perito mecánico en una academia situada en Barcelona, hasta donde se desplazaba en una bicicleta. Gracias a ello  con sólo 16 años, en el año 1944, ya estaba debutando como ciclista profesional, en un momento muy complicado para ganarse la vida en ese mundo. En la siguiente temporada, la del 45, comenzó a engordar su palmarés, con triunfos como el Gran Premio de Sabadell. Eso le hizo ampliar su horizonte de competición al ámbito nacional, y por ello al año siguiente consiguió triunfos de etapa en pruebas de prestigio nacional, como eran Burgos, Mallorca o Guipúzkoa. Más tarde vendrían sus tres triunfos consecutivos, entre 1947 y 1949 en el Campeonato de España de Montaña. Esas primeras temporadas suyas fueron sobre todo de consolidación como una figura nacional.

Debút en Europa
El joven corredor catalán tenía un talento natural nunca visto en este país, pero a pesar de ese talento y  de debutar tan joven en profesionales, le costó un tiempo hacerse un hueco en el panorama internacional. Hasta las temporadas de 1953 y 1954 en que firmó por el conjunto La Perle - Hutchinson, donde coincidiría con el suizo Hugo Koblet, no conoció el calendario europeo. En el conjunto francés consiguió la victoria en varias pruebas menores al sprint, lo que le hizo ir ganándose el respeto de belgas e italianos, que eran por aquel entonces los mejores corredores del pelotón.

En 1955 cambiaría de equipo, marchándose al Splendid-D´Alessandro francés. Con el cambio de equipo llegaron sus mayores éxitos hasta ese momento. Primero consiguió la victoria final en la prestigiosa y ya extinta Midi Libre. Unas semanas más tarde participaría en la 42ª edición del Tour de Francia, en donde debutaría. Allí se hizo al sprint con la primera y la última etapa de la carrera. En esa su primera victoria de etapa en el Tour, dirección de carrera hubo de recurrir por primera vez en la historia a la foto finish, la cual despejó las dudas sobre el triunfo del español. Merced a ese triunfo en la primera etapa, sería el primer líder de la carrera y por tanto luciría el maillot amarillo de líder. Sería la primera vez que un español vestiría un maillot amarillo en el Tour.

La temporada siguiente la iba a afrontar de una forma diferente, siendo ya una estrella del pelotón internacional. Primero tomó la salida en la Vuelta a España, en donde tenía una deuda pendiente, ya que el año anterior se había visto obligado a abandonar la carrera. En la ronda española tuvo una durísima pugna con el belga Rik Van Steenbergen, pero a pesar de ello pudo conseguir tres victorias de etapa. No volvería a tomar la salida en la Vuelta. Sólo seis días después de finalizar la Vuelta a España comenzaba el Giro d´Italia, en donde el catalán también tomó la salida. Si le habían ido bien las cosas en la Vuelta, mejor aún le fueron en Italia, en donde consiguió cuatro triunfos parciales. Miguel completó una buena carrera, pero la mítica etapa de Monte Bondone fue su tumba. Él, al igual que muchos otros corredores aquel día, no iban a poder soportar las terribles condiciones climatológicas y se retiraría de la carrera.

También tomaría la salida del Tour de Francia de esa edición. Tendría así la oportunidad de obtener victorias de etapa en las tres grandes rondas del calendario. Poblet no iba a desaprovechar la oportunidad de conseguirlo y en la etapa que finalizaría en La Rochelle conseguiría alzarse con el triunfo. Se convertía de esta forma en el primer corredor que conseguía victorias de etapa en las tres grandes.

En las siguientes temporadas vivió su particular idilio con el Giro. Allí es donde realizó sus mejores papeles en las grandes rondas, llegando a ser sexto en la clasificación final de la corsa italiana en tres ocasiones consecutivas entre 1957 y 1959, además de hacerse con el maillot de los puntos en 1958, el primero español. En esos tres años sumó un total de diez victorias de etapa. Su decadencia en la carrera transalpina comenzó a notarse con el cambio de década, ya que no hizo una buena general, aunque sumó otras tres victorias de etapa en 1960. Su última participación en una gran ronda fue en 1961, en el Giro, en donde no hizo una buena clasificación general, con una discreta 41ª posición final, pero en cambio si tuvo una buena participación, ya que lució la maglia rosa en las seis primeras jornadas y se hizo con otros tres triunfos más de etapa. Eso elevó su número de victorias en Italia a un total de 20, frente a las tres del Tour y de la Vuelta.
 
Su pasión, las clásicas
Pero a pesar de ser el catalán un corredor destacado en las grandes rondas, si hay un terreno donde la figura de Miguel Poblet destaca como un avanzado a su tiempo es en el terreno de las clásicas. La irrupción de Poblet en las carreras de un día fue una anomalía para un país que está mucho más acostumbrado a ver a los suyos triunfar en las rondas por etapas, no así en las clásicas de primavera.

Después de sus éxitos en las grandes rondas en 1956, Miguel se quiso fijar un objetivo más allá de ellas, puesto que sus características sobre la bicicleta eran más propias de otro tipo de carreras. Fue por ello por lo que se inscribió en la salida en la classicíssima de 1957. Por aquel entonces su equipo era filial del Faema de Van Looy, por lo que era el equipo internacional el que seleccionaba a los corredores que participaban en la prueba.

Los directores españoles de Poblet no pensaron que fuese a tener problemas en ser seleccionado como gregario, pero Van Looy no le quería ver, ya que le consideraba un rival muy peligroso y vetó su participación. A punto estuvo de no participar en la carrera, pero por fortuna para el español dirección de carrera tenía una categoría que permitía a los corredores participar por su cuenta. Miguel se inscribió como isolée y dando la razón a Van Looy, que le veía como un rival peligroso, alzó los brazos triunfante en San Remo. De nuevo, era el primer español que vencía la classicíssima, Dos años después repetiría hazaña y tendría que pasar otros 45 años más hasta que otro español consiguiese vencer en San Remo. Lo haría otra figura también muy minusvalorada dentro de su propio país. Esa figura sería Óscar Freire, quien vencería allí en tres ocasiones (2004, 2007 y 2010).

En 1958 volvería a participar en la Milán-San Remo, también con notable éxito, pues consiguió ser segundo en la prueba, solo superado por Rik Van Looy. Ese año sumó también un segundo lugar en el Giro de Lombardía (al año siguiente sería tercero) y otro segundo lugar en el pódium en el Infierno del Norte, la París-Roubaix.

Especialmente dolorosa fue la derrota de Poblet en esa 56ª edición de la París-Roubaix, en una época en la que aún no se atravesaba el Bosque de Arenberg. Aquella edición de 1958 tendría lugar el 13 de abril y se disputaría sobre 269 kilómetros. Aquella edición la carrera fue muy extraña, ya que llegaron un total de 23 corredores a los kilómetros finales, con opción de disputar la victoria. Quince de esos corredores serían belgas, seis franceses y habría un español y un irlandés. En esa situación en la que se iba a resolver la carrera, al sprint, había tres corredores que destacaban por encima de los demás; los belgas Rik Van Looy, Rik Van Steenbergen y el español Miguel Poblet. Nadie más podría batirles si llegaban todos juntos. Pero el factor sorpresa y la inferioridad le jugaron una mala pasada al español, ya que el desconocido belga Leon Van Daele saltó del grupo en el último kilómetro, dejando de lado las instrucciones del equipo Faema, ante la pasividad de sus compatriotas y compañeros de equipo, incluido Van Looy. Nadie salió a por el belga y cuando quisieron lanzar el sprint ya era demasiado tarde, no hubo forma de neutralizarle. Van Daele consiguió vencer en Roubaix, con el español segundo y Van Looy tercero. Cuando supo que apenas diez centímetros le separaron de la victoria, contó Miguel hace pocos años, que no pudo parar de llorar en un buen rato.
En 1960 sí levantó la mano en la París-Roubaix, aunque lo hizo levemente y como vencedor del sprint de grupo, lo que le hacía ser tercero de la prueba en aquella edición. Delante habían llegado Cerami y Sabbadini. Había sido segundo y tercero en Roubaix, aunque no llegó a conseguir nunca la victoria, tal y como le sucedería más de cuarenta años después a Juan Antonio Flecha.

Retirada
A pesar de ser aún joven, y de haber demostrado un excelente estado de forma en las temporadas anteriores, con numerosos pódiums en grandes pruebas, Miguel Poblet decidió retirarse tras la temporada de 1962. Se despidió ganando la prueba de los "Seis Días Ciclistas de Madrid", en donde formó pareja con el mallorquín Miguel Bover.
Esa fue la última victoria de un palmarés que contó con 106 victorias, entre las que destacan sus dos victorias en la Milán San Remo, 20 etapas en el Giro de Italia, tres en el Tour y la Vuelta, o dos Voltas a Catalunya (en donde sumó 32 victorias de etapa). También destacó en otras pruebas donde no pudo conseguir la victoria y donde jamás había brillado un español, como la París-Roubaix (hizo 2º y 3º), Giro de Lombardía (2º y 3º) o París-Tours (4º, 6º y 7º). Probablemente el único punto negro de su carrera fuese el Campeonato del Mundo, pues su mejor clasificación allí fue el 11º puesto de 1958. Aparte de todos estos logros, y de ser el primer español en casi todo, fue el primer corredor de la historia que consiguió victoria de etapa en las tres grandes vueltas en la misma temporada, la de 1956.

Desde el pasado martes día 2 de abril, Miguel Poblet había sido ingresado en el Hospital Quirón de Barcelona a causa de una insuficiencia renal que lo mantenía en un grave estado de salud. Este pasado sábado día 6, falleció a causa de su enfermedad, dejando tras de sí un legado muy complicado de equiparar.

Saludos a todos!!

martes, 24 de enero de 2012

La gran rivalidad entre Van Looy y Merckx

En el año 1964 se proclamaba campeón del mundo de aficionados un jovencísimo corredor belga, totalmente desconocido para el gran público. Ese corredor era, ni más ni menos, que Eddy Merckx, quien también firmó un contrato ese año con los dueños de la empresa de margarina Solo (Superia sería el otro sponsor del equipo) para pasar a profesionales en la temporada siguiente con ellos. Además de llegar a ser profesional, el objetivo de Eddy al firmar por ese equipo era conseguir experiencia al lado de Rik Van Looy, conocido como Rik II, quien no solo era un gran corredor, uno de los mejores de la época, sino que además fue el primer ciclista que consiguió el triunfo en los cinco monumentos.

Rik II era uno de los mejores ciclistas de su época. Fue profesional entre 1953 y 1970, y consiguió nada menos que 365 victorias en toda su carrera profesional. Fue top-ten en las tres grandes carreras e incluso pisó el pódium de la Vuelta en dos ocasiones, además de ser el primer ganador de los cinco monumentos del ciclismo. Era, por lo tanto, un magnífico espejo para Eddy en el que mirarse y tratar de aprender.
 
Pero Rik en ese equipo era el dueño y señor, y le iban a dejar a Eddy muy poca libertad. No obstante, el director deportivo del equipo era el cuñado de Rik, Hugo Mariën. En ese equipo Rik podía hacer lo que le viniera en gana, estando el resto de sus compañeros supeditados a sus gustos o exigencias. Por supuesto no iba a ser menos aquel joven chaval que acababa de pasar a profesionales, y al cual Rik le puso el sobrenombre de Jack Palance a un Eddy a quien no le sentó nada bien el particular sentido del humor de su compañero. Dicho mote, por cierto, era por la costumbre de Eddy de comer como postre arroz con sirope.
 
Mediaba un abismo entre ambos belgas. Uno, el veterano, era muy hablador, con una gran facilidad para tener amigos en el pelotón y entre los compañeros de equipo. El otro, el joven, era una persona muy tímida, que tenía poca conversación debido a que era muy reservado.

Fue avanzando la temporada de 1965 y el joven campeón amateur no estaba recibiendo ayuda en su formación. Nadie se dignaba a darle un consejo, ni el propio Van Looy ni el director deportivo. Nadie. Es más, muchos siquiera intercambiaban alguna palabra con el que sería quíntuple vencedor de Tour y Giro. Pero en ese momento él no era nadie, y Rik II lo era todo. Así que Eddy decidió que si quería ser alguien en el mundo del ciclismo, debía abandonar su actual equipo y buscar otros retos diferentes en otro equipo.
 
Si cabe esta decisión fue refrendada en la disputa del campeonato de Bélgica, cuando fue vencido por Godefroot, del equipo Wiel´s, cuando dos compañeros de este le cerraron en la disputa de la victoria. Total, a final de dicha temporada Merckx optaba por marcharse del Solo al equipo Peugeot, a pesar de que Van Buggenhout era uno de los principales opositores a que se marchase del equipo. Un Van Buggenhout que era quizás el manager más importante que había en Bélgica en ese momento.

Y fue en ese momento, al abandonar el equipo Solo, cuando surgió una rivalidad que traspasó fronteras, una rivalidad que dividió a un país entre las dos leyendas de su ciclismo.
 
Rik Van Looy era un corredor nacido en la parte flamenca de Bélgica y era considerado poco menos que un Dios por los flamencos. Merckx también era flamenco pero realizó sus estudios en francés, al trasladarse su familia a Saint-Pierre. Él también consiguió aglutinar en favor suyo el apoyo de todos los belgas, tanto flamencos como valones. Pero eso lo consiguió años después, no cuando abandonó la sombra de Van Looy para escribir su propia historia. Esos primeros años, compitiendo directamente con el ídolo flamenco y también de los belgas, Van Looy, fueron años difíciles para Merckx, en cuanto al apoyo popular a su favor.
 
Como muestra de las dificultades que encontró Merckx en el inicio de su carrera, en cuanto al apoyo popular en su propio país es que el otro campeón, aparte de ellos dos, de los cinco monumentos, Roger De Vlaeminck al menos al inicio de su carrera, lo único que quería era vencer de cualquier manera a Merckx, como verdadero flamenco y admirador de Van Looy que era.

Ambos deportistas, quienes ya habían tenido una relación distante cuando eran compañeros, fueron a partir de su separación deportiva enemigos íntimos. Van Looy, quien se encontraba ya en la decadencia de su carrera, se dedicaba únicamente a seguir la rueda de Merckx cuando competían juntos, que solía ser casi siempre, ya que el primero iba calcando el calendario del segundo. Y un día Merckx ya no pudo aguantar más y terminó llegando al insulto personal, en un critérium de fin de temporada del año 1969.
 
Rik tampoco era un santo, ya que constantemente hacía declaraciones con las que trataba de picar a su rival. Sus declaraciones iban en el sentido de que Merckx lo había tenido mucho más fácil que él, ya que mientras que él había comenzado su carrera en tiempos de Anquetil, Poulidor, o de Rik Van Steenbergen - Rik I (29 años al despuntar Rik II), Merckx empezó a despuntar cuando él mismo ya tenía 33 años y se encontraba en el ocaso de su carrera. También hacía declaraciones del estilo que Merckx no soportaba la derrota o que era frágil moralmente. También llegó a decir que con él en plenitud, Merckx jamás habría podido ser campeón del mundo.

Esas fueron algunas de las provocaciones que Van Looy lanzó contra Merckx.

El colofón de esa enemistad que tuvieron tanto Rik II como Merckx fue cuando la televisión francófona, a finales de 1978, decidió juntar tanto a estos dos ciclistas como a Rik I o Rik Van Steenbergen, quien se encontraría sentado entre ambos en la entrevista. Por fortuna el evento no fue retransmitido en directo, puesto que se produjo un duro enfrentamiento entre los dos rivales, con un Rik I como mero espectador, ya que estuvo sentado y no abrió su boca.
 
Merckx se dedicaba a responder a las provocaciones verbales de Van Looy, alguna de las cuales se señalan anteriormente. Al tiempo, Merckx le decía que su rival no corría para ganar, sino simplemente para hacerlo perder. Finalmente no llegaron a las manos, pero durante muchos minutos el enfrentamiento pudo haber pasado a algo más que palabras.

Esta rivalidad llegó a dividir y hacer postularse a los belgas en favor de un o de otro corredor(los flamencos mayoritariamente por Van Looy). Es probable que si Merckx se hubiera encontrado con un opositor más joven se podrían haber escrito páginas de leyenda con la rivalidad de ambos, pero por fortuna, la rivalidad entre ambos no llegó más lejos del insulto y los gritos, ya que Van Looy jamás se encontró a la altura de Merckx desde el momento en que estos separaron sus carreras del mismo equipo.


Saludos a todos!!