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miércoles, 12 de abril de 2017

Tom Boonen, el rey de Flandes

El pasado domingo 9 de abril de 2017 ponía fin a su carrera deportiva una leyenda de la bicicleta, quizás la última leyenda de este deporte que quedaba aún en activo. Esa leyenda es el belga Tom Boonen, quien se iba a despedir en "su carrera", la París-Roubaix, con un 13º puesto que sabe a poco analizando su trayectoria deportiva.

Debut y primeros años

En la temporada 2002 un prometedor ciclista belga nacido en la región flamenca de Mol iba a pasar a profesionales en el seno del conjunto US Postal que todos los meses de julio lideraba Lance Armstrong en el Tour de Francia. Y desde un primer momento el joven belga iba a confirmar las excelentes maneras que había apuntado en el campo amateur.

El 14 de abril de ese año, en la edición número 100 de la París-Roubaix, Tom Boonen iba a presentar sus credenciales ante el gran público. En una de las ediciones con peor climatología de los últimos años, Tommecke se iba a clasificar 3º en el velódromo de Roubaix, tras el flamante vencedor, el belga Johan Museeuw -con un ataque a 40 kilómetros de la meta- y el alemán Steffen Wesemann.

El horizonte que se le presentaba era brillante, pero para poder confirmarlo se dio cuenta que debía abandonar el seno del conjunto estadounidense en donde seguramente orientarían su carrera a ayudar en el Tour, en vez de triunfar en primavera. Tenía contrato en vigor, pero aún así iba a conseguir marcharse del equipo de Bruyneel y enrolarse en las filas de un equipo que le venía como anillo al dedo, el equipo herencia del mítico Mapei, el Quick Step - Davitamon, en el que compartiría filas con el ídolo belga del momento, Johan Museew. En el conjunto belga iba a estar bajo la dirección de Patrick Lefevere, su director hasta su retirada el pasado domingo.

En Quick Step no entraría con buen pie, ya que problemas en la rodilla le iba a provocar pasar prácticamente inédito la temporada 2003. Sería en la temporada siguiente, la de 2004, en donde se consagraría con triunfos tan importantes como el E3-Prijs Harelbeke y la Gante-Wevelgem, y cerca de una veintena más de puntos. A finales de esa temporada Johan Museew iba a poner punto y final a su exitosa carrera, dejando un trono vacío al que muchos aspiraban, pero que por condiciones, sólo un joven de 24 años iba a poder ocupar.

2005, el año de la confirmación 

En Bélgica el ciclismo es el deporte con más adeptos, y las pruebas de primavera son su religión. Allí los niños no sueñan con ser Pelé o Maradona, ni si quiera Pfaft o Scifo, sino que sueñan con encabezar el pelotón al paso por el Koppenberg, el Paterberg o llegar en solitario al velódromo de Roubaix. Es decir, sueñan con rememorar a los Merckx, De Vlaeminck, Van Steenbergen o Rik Van Looy. Tom Boonen, quien de pequeño aspiraba a lo mismo que todos esos jóvenes belgas que montan en bicicleta, iba a ser la gran esperanza del ciclismo belga para esa temporada.

En el E3 Prijs Vlaanderen iba a confirmar las esperanzas en él depositadas, consiguiendo la segunda victoria consecutiva en la prueba. Era el preludio de una temporada de ensueño, en una hazaña no repetida por nadie desde la época de Eddy Merckx, que iba a incluir el doblete Flandes-Roubaix, más el campeonato del mundo.

El primero de esos éxitos iba a darse el 3 de abril, en la Vuelta a Flandes, frente a rivales de la talla de Hincapie, Ballan, Van Petegem o Devolder. La carrera no se decidiría hasta las últimas cotas, en donde Klier, Van Petegen, Ballan, Zabel, Petito y el propio Boonen formarían el grupo cabecero. Se preveía un triunfo decidido al sprint, en donde hombres como Zabel, Boonen o Ballan tenían muchas papeletas de hacerse con el triunfo. Sin embargo, a poco más de 8 kilómetros a meta el belga iba a lanzar un durísimo ataque al que nadie iba a poder responder. Ese ataque definitivo le iba a permitir llegar en solitario a la meta de Meerbeke casi seis horas y media después de haber tomado la salida en Brujas.

Era el primer monumento en el palmarés de Tommecke, que rápidamente vendría acompañado de un segundo monumento, pues apenas una semana después se disputaba la Paris-Roubaix- El infierno del norte- en donde ya acumulaba dos actuaciones en el top-10.

Aquel segundo domingo del mes de abril la carrera se iba a decidir en los últimos kilómetros de la prueba, una vez pasado ya el sector de Camhin en Pévèle. Sería en el Carrefour de l´Arbre cuando el corredor español del Fassa Bortolo Juan Antonio Flecha lanzase un durísimo ataque al que sólo podrían responder el norteamericano Hincapié y Boonen. Los tres juntos afrontarían los últimos kilómetros en armonía y llegarían al velódromo de Roubaix a jugarse el triunfo. Sería al comienzo de la última curva, aprovechándose del peralte de la misma, cuando Boonen se lanzase por el interior, consiguiendo una ventaja suficiente para hacerse con su primer triunfo en el infierno del Norte.
“No soy Dios, no soy el nuevo Eddy Merckx, no soy el nuevo Museeuw. Por favor, dejadme ser yo mismo”

Aunque con ese palmarés muchos otros corredores habrían dado el año por concluido, Tom no se dejó llevar y siguió compitiendo hasta finales de septiembre. Consiguió varios triunfos de etapa en el Tour, además de lucir el maillot verde y el amarillo. El colofón a su espectacular temporada llegó el 25 de septiembre -el mismo día que Fernando Alonso conseguía su primer título mundial de Fórmula 1- en el Campeonato del Mundo celebrado en Madrid. Aquel día, liderando a Bélgica, Boonen vencería en un espectacular sprint a Alejandro Valverde, quien ese día lograría la primera de sus múltiples medallas mundialistas. Era la eclosión de un ciclista, del mejor clasicómano del Siglo XXI.

La rivalidad Boonen-Cancellara

La nueva temporada iba a deparar un duelo entre dos corredores que se iba a prolongar durante casi una década -ya desde 2004 ambos acumulaban puestos de honor en las clásicas-, un duelo que todo aficionado al ciclismo iba a esperar primavera tras primavera. El duelo que iba a enfrentar al belga con un suizo con el que ya había coincidido en las categorías inferiores, Fabian Cancellara, quien incluso había conseguido derrotar a Armstrong en un prólogo del Tour.

En Flandes Boonen se iba a hacer con su segundo triunfo consecutivo, consiguiendo de esta forma su tercer monumento, mientras que Cancellara ese día sería sexto. Sería en Roubaix donde el triunfador iba a ser el corredor suizo, en un ataque desde muy lejos de meta que iba a sorprender a sus rivales. Aquel día Boonen cruzó la meta en quinto lugar, pero la descalificación de Leif Hoste, Van Petegem y Gusev -cruzaron una vía del tren con las barreras bajadas, mientras que el resto del pelotón esperó- le alzó al segundo lugar final.

En 2007 el duelo entre ambos iba a tener lugar tan sólo en una prueba "menor" el E3 Prijs Vlaanderen Harelbeke, ya que tanto en Flandes (12º Boonen y 53º Cancellara) como en Roubaix (6º y 19º respectivamente) no tuvieron sus mejores actuaciones. En Harelbeke se vio una lucha maravillosa, resumida en un último kilómetro sensacional. En dicho kilómetro atacaron Quinziato y Marcus Burghardt como antesala a un brutal cambio de ritmo de Cancellara. Hubiera sido un ataque definitivo ante cualquier otro rival, pero enfrente se encontraba Boonen, quien demostró su punta de velocidad y se hizo con su cuarto triunfo consecutivo en la prueba.

En 2008 el duelo belga-suizo se iba a dar en la París-Roubaix, toda vez que en Flandes no se disputaron el triunfo final (17º y 23º). En Roubaix se hizo una gran selección de la carrera entre tramos de pavé, próximos a Mons-en-Pévèle, cuando Cancellara lanzó un fuerte ataque, al que sólo pudieron responder Ballan y Boonen. Los tres se jugarían el triunfo en el velódromo. Allí un sensacional Tommecke derrotó al suizo, segundo, y al italiano, tercero. Segunda vez que Boonen derrotaba a Cancellara en un mano a mano.

2009 no iba a deparar el tan esperado duelo entre los dos grandes especialistas en las clásicas de primavera del momento, pues el corredor suizo del Saxo Bank rindió por debajo de lo esperado en ese calendario. El belga, por su parte, aunque no iba a poder pelear el triunfo en Flandes, sí que se iba a hacer con su tercer triunfo en Roubaix, a cuyo velódromo llegó como los más grandes, en solitario, con tiempo para celebrar un triunfo que le colocaba en el selecto club de los triple vencedores del adoquín. Ya sólo le quedaba De Vlaeminck por delante.

En el 2010 se iba a vivir la gran explosión de Cancellara, quien aunque ya había conseguido un monumento, siempre había sido derrotado en el mano a mano con Boonen. Espartaco iba a vivir unas semanas de escándalo. En primer lugar se iba a hacer con el triunfo en Harelbeke, por delante de Boonen y Flecha -un trío clásico en los pódiums de aquellos años-. Una semana después tendría lugar la Ronde van Vlaanderen. Sería a menos de 20 kilómetros a meta, al paso de los dos primeros clasificados por el muro del Kapelmuur, en donde se viviría uno de los momentos que serán recordados durante décadas. A los pies de la Capilla Espartaco iba a exhibir su descomunal potencia, dejando clavado a su gran rival mientras él completaba la ascensión sentado sobre su bicicleta y entrando en la historia de la prueba. En Roubaix Cancellara simplemente iba a completar su obra, llegando al velódromo con más de dos minutos de ventaja sobre el segundo y tercer clasificado. Boonen fue quinto aquel día.

Después de lo visto en 2010 se esperaba que el duelo alcanzase cotas no vistas antes. Sin embargo el enfrentamiento fue algo descafeinado, ya que no hubo duelo ni en la Gante-Wevelgem ni en la E3, donde cada corredor se perdió una de las dos pruebas, resultando vencedor el otro, respectivamente. Ambos corredores se encontrarían en Flandes, pero serían superados por Nuyens y Chavanel, siendo el suizo quien completaría el pódium de la prueba. En Roubaix Boonen sufriría un abandono, víctima de dos caídas y de un fallo mecánico. Cancellara sería segundo en la prueba.

Un 2012 glorioso y sus últimos años

El tan ansiado duelo Boonen-Cancellara, por diversas circunstancias, no iba a volver a tener lugar en la disputa de los grandes triunfos. En 2012 Boonen viviría su mejor año desde 2005, consiguiendo vencer en un sinfín de pruebas. En primavera se iba a hacer con la victoria en todas las clásicas (Gante-Wevelgem y E3 Harelbeke, Tour de Flandes, París-Roubaix). En una Vuelta a Flandes descafeinada -no se ascendía el Kapelmuur- Boonen iba a conseguir su tercer y último triunfo, pero lo iba a conseguir contando con la baja de su gran rival, víctima de una caída en un avituallamiento en el que sufrió una fractura de clavícula. Tommecke se encontraba en gran forma, como iba a demostrar a la semana siguiente en Roubaix, con un ataque victorioso a falta de 57 kilómetros de meta. Turgot y Ballan le secundarían en el pódium, eso sí, a más de un minuto y medio de distancia. Era su cuarta victoria en Roubaix, lo que le colocaba empatado con De Vlaeminck como el hombre más laureado de la prueba.

En los siguientes años Boonen no podría ampliar su palmarés  en las clásicas, debido a que en Flandes 2013 sufrió una caída que le obligó a perderse también la edición de Roubaix de esa temporada. En ambas pruebas el vencedor resultaría ser Cancellara, devolviendo el doblete del año anterior a Boonen.

En 2014 el corredor belga sí que se encontraría en los puestos de honor de la prueba, haciendo un top-10 en ambas, aunque quedándose lejos de pelear el triunfo. En Flandes (7º) el vencedor fue Cancellara, quien con ese tercer triunfo igualaba en el palmarés a su rival. En Roubaix, aunque fue 10º, no fue la principal baza de su equipo para el triunfo final. Por fortuna para el Quick Step, la baza elegida, Niki Terpstra, fue la que resultaría vencedora de la prueba. En aquel 2014 fue el último donde los dos históricos rivales iban a conseguir subir al primer cajón del pódium. Desde entonces volverían a ocupar puestos de honor en ambas pruebas, pero jamás a lo más alto.

2015 sería un año aciago para Tom, puesto que una caída en la París-Niza le iba a dejar inédito en el calendario en el que mejor rendía, el de primavera. Un hombro dislocado tendría la culpa. 

La temporada 2016 no se presagiaba mucho mejor que la anterior, ya que un discreto rendimiento (ningún top-10) en todas las pruebas anteriores a Roubaix le hacían presagiar un mal resultado. Sin embargo el 10 de abril Boonen se iba a transformar, se iba a mostrar muy agresivo y tan sólo un excepcional Matthew Hayman le iba a superar en el sprint final. Ex campeones como Hinault iban a alabar la actitud del belga.

A lo largo de ese verano, Tommecke anunció que había firmado un contrato con su equipo que se iba a prolongar hasta el pasado 9 de abril de 2017, hasta que cruzase la meta del velódromo de Roubaix. Y su aspiración era hacerlo desde lo más alto, convirtiéndose con ello además en el único ciclista en lograr cinco victorias en la prueba. Sin embargo los buenos deseos de la leyenda no se iban a convertir en realidad. Problemas mecánicos y no ser la primera baza de su equipo -lo era Stybar- para esos últimos y decisivos kilómetros, le iba a suponer no poder optar a convertirse en el corredor más laureado de la prueba. Fue 13º finalmente. La semana anterior, en Flandes, en su casa, tampoco tuvo la fortuna de su lado (37º). Sin embargo se demostró en la que era su despedida el tremendo cariño que le tiene el público y sus propios compañeros, dándose un auténtico baño de masas en la presentación de la prueba.

El pasado domingo se despidió Tom Boonen del ciclismo profesional. No lo hizo como él había soñado, con su quinto adoquín, pero lo hizo llevándose consigo todo el cariño del público y de los compañeros de profesión, que le demostraron su respeto en la presentación de las pruebas. Su legado, entre otras muchas pruebas: 4 París-Roubaix, 3 De Ronde van Vlaanderen, 5 E3 Harelbeke, 3 Gante-Wevelgen, 2 campeonatos de Bélgica o un campeonato mundial.

Se retira el corredor, ¡¡comienza la leyenda!!


Saludos a todos!!

domingo, 20 de julio de 2014

Tour 1975: el puñetazo que costó una carrera

Tal día como hoy, 21 de julio, pero en 1974, sería la última ocasión en que el ciclista más grande de todos los tiempos subió por última vez a lo más alto del pódium de París. Aquella victoria en el Tour sería la última de Eddy Merckx en una gran vuelta por etapas. Desde aquí, para homenajear este cuarenta aniversario, quiero recordar su participación en la siguiente edición de la ronda gala, en la cual fue derrotado, pero en la que se ganó el corazón de todos los aficionados a este deporte, por su entrega en la carrera y por saber reponerse a todas las adversidades que le sucedieron durante aquella edición.

Tour de Francia 1975
El mes de julio de 1975 se presentaba en Francia con un aroma especial. Un aroma especial porque se iba a disputar la carrera más grande, el Tour, y porque en la línea de salida se iba a encontrar el corredor más grande de la historia, Eddy Merckx, quien iba a buscar en esa edición su sexto triunfo final, lo que le hubiera situado en solitario en el Olimpo de la ronda gala, puesto que en aquel momento se encontraba igualado a entorchados con Jacques Anquetil. Y eso era algo a lo que no estaban dispuestos el resto de corredores, especialmente los franceses.

Aquella edición iba a comenzar en la ciudad belga de Charleroi, y a ella iba a llegar Merckx como vigente campeón del mundo, además de haberse hecho a lo largo de la temporada con los triunfos de Lieja, Milán-San Remo, Amstel y la Vuelta a Flandes. Además, también había pisado el segundo puesto del pódium en París-Niza, en la París-Roubais y en la Vuelta a Suiza. Parecía que la Grande Bouclé tendría dueño, el mismo que en cinco de las últimas seis ediciones.

En el prólogo no conseguiría hacerse con el maillot amarillo, pero marcaría el segundo tiempo del día, por detrás del debutante Francesco Moser. El italiano no pudo debutar de mejor manera, ya que consiguió la etapa y un liderato que conservó hasta la corta contrarreloj de la sexta jornada. En ella Merckx se haría con el triunfo y con la prenda amarilla de líder. Tres días más tarde, en una nueva crono en el segundo sector de la etapa 9, el belga refrendaría su liderato. Sólo Thevenet parece aguantarle el pulso aquel día, pero ya se encuentra en la general a más de dos minutos. El Caníbal parece lanzado a por su sexto Tour.

A pesar de que Merckx parece lanzado a por el triunfo final, la carrera es muy larga y todavía quedan por disputarse las etapas de alta montaña. En la segunda etapa pirenaica, la que acababa en St. Lary-Soulan, Thevenet ataca y consigue recortarle tiempo al líder. La ventaja al final del día sigue siendo amplia, de un minuto y medio, pero lo importante del día son las sensaciones que muestra Thevenet, que se muestra en gran forma y está dispuesto a plantar batalla en las etapas alpinas.

Por delante aún iban a quedar cuatro grandes etapas de montaña en las que Francia iba a asistir expectante a la batalla que se iba a presentar entre su héroe local, Bernard Thevenet, y el tirano pentacampeón de la carrera, Eddy Merckx.

Puy de Dôme. El puñetazo a Merckx
El viernes 11 de julio iba a tener lugar la disputa de la 14ª etapa entre Aurillac y el volcán que domina majestuosamente las cercanías de Clermont-Ferrandel, el Puy de Dôme, una cima en donde por diversas circunstancias el campeón belga jamás pudo alzar los brazos. En ella iba a tener lugar la primera de las cuatro batallas que nos iban regalar los dos primeros clasificados de la general y grandes favoritos al triunfo final.

Aquella etapa no tuvo ninguna trascendencia hasta el último puerto de la jornada, salvo por una pequeña fuga que había sido permitida por el pelotón. Una vez que la carrera llegó al Puy de Dôme, el líder Merckx parecía tenerlo todo bajo control hasta que faltaban menos de cinco kilómetros para el final de la etapa. En ese momento comandaba la carrera en un pequeño grupo, acompañado de su compatriota Van Impe, del francés Thevenet y el holandés Zoetemelk. Sería precisamente en ese punto cuando Thevenet lanzó un potente demarraje, que sólo pudo ser respondido por Van Impe. Por detrás el líder no se preocupa y prefiere mantener su propio ritmo en la ascensión, con el dueto cabecero a apenas cincuenta metros de distancia.

Todo estaba bajo control, o eso parecía. Van Impe iba a superar a Thevenet antes de pasar por la pancarta del último kilómetro y se iba a hacer con la victoria de etapa. El corredor galo había flaqueado y Merckx se estaba preparando para realizar uno de sus habituales finales lleno de fuerza y conseguir reducir la distancia que les separaba. Pero en los últimos metros, antes de alcanzar la línea de meta, el líder de la carrera recibe un puñetazo en el costado derecho que le deja sin aire. Un espectador de entre la multitud que abarrotaba las rampas del puerto ha golpeado a Eddy Merckx.



Thevenet cedería en meta 15 segundos, pero consigue aventajar en otros 34 a un Merckx que llega a meta totalmente exhausto. El belga se muestra en meta muy enfadado, al tiempo que se encuentra conmocionado y asustado por la agresión. El vigente campeón del mundo, junto a la policía, vuelve sobre sus pasos y consigue identificar a su agresor, el cual es inmediatamente detenido.

Una vez que el belga se encuentra en el vestuario se muestra muy dolorido por el golpe recibido, en el hígado, además de vomitar varias veces. En el equipo comienza a cundir el pánico y tratan por ello de contactar con el médico personal de su corredor. El médico conseguirá llegar para examinar a su pupilo antes de finalizar la jornada, a pesar de encontrarse en su día libre. Su diagnóstico fue que el golpe había sensibilizado la zona hepática, pero que no era nada grave. Le recetará un anticoagulante sanguíneo para facilitar la renovación de la sangre e impedir doloroso hematomas, además de prescribirle Glifanan, un calmante para el dolor.

Merckx se despide del amarillo
El sábado 12 era día de descanso en la carrera, un día que Merckx lo pasó con grandes dificultades, debido a que la zona del golpe se muestra contracturada y apenas ha podido dormir y descansar. A sus males se suma que él es un obseso del descanso desde su accidente en el velódromo seis años atrás. No pudo encontrar esa noche una postura en la cama que le consiguiera evitar el dolor.
Merckx apenas puede dormir y descansar en la jornada de descanso posterior al día que recibió el puñetazo
En esa situación se llega a la etapa reina de la carrera, la etapa alpina en la que se afrontaban las ascensiones de St.Martin, Couillole, Champs, Allos y el final en Para-Loup, a través de 217 kilómetros y más de cinco mil metros de desnivel. Los dos grandes favoritos al triunfo final se iban a mostrar muy inquietos al comenzar la jornada. Thevenet porque sabe que se encuentra ante la oportunidad de su vida. 58 segundos son los que le separan de esa oportunidad. Merckx por su parte se mostraba nervioso porque era sabedor que la etapa era larga y dura y no había podido alimentarse bien por los problemas digestivos que arrastraba derivados del puñetazo en el hígado.

El equipo del líder, el Molteni, marcha desde el inicio tratando de controlar todos los movimientos, sabedores que Merckx no se encuentra en plenas facultades. En el Col de Champs la inquietud de Thevenet ya es más que patente y realiza hasta seis demarrajes, buscando distanciarse del maillot jaune. Pero el líder se encuentra muy bien flanqueado por Janssen y De Schoenmaecker y consiguen abortar sus ataques.

La intensidad con la que los favoritos habían afrontado el Col de Champs haría que al penúltimo puerto de la jornada, el Col d´Allos, llegasen tan sólo cinco corredores, los cinco primeros de la general. Por orden Merckx, Thevenet, Zoetemelk, Van Impe y Gimondi.

Hasta ese momento Merckx ha podido controlar sin problemas el dolor de la zona golpeada, y antes de afrontar esa subida incluso se toma una pastilla contra el dolor. Tan bien marchaba el belga que en el kilómetro final de la ascensión observó como Thevenet se mostraba sofocado y pasó a la acción. Lanzó un ataque con el que se marchó en solitario buscando sentenciar la general. En el descenso se lanza salvajemente, alcanzando en algún punto de la bajada más de 100 km/h, mientras que el francés se muestra mucho más prudente en un descenso peligroso y muy técnico. Tal era la locura del descenso que el coche del Bianchi, conducido por Giancarlo Ferreti, se salió de la carretera y rodó 150 metros por la ladera antes de estrellarse contra un árbol. Por fortuna no hubo que lamentar nada grave en aquel descenso. A la base del Para-Loup Eddy Merckx llega con unos dos minutos de ventaja con respecto al cuarteto perseguidor y el sueño de hacerse con el sexto Tour parece que se va a hacer realidad.

Pero a veces los sueños se tornan en pesadillas, y en la base de ese último puerto la de Merckx acababa de empezar. El belga pierde el golpe de pedal y da la sensación de encontrarse muy mal; se ha quedado sin fuerzas, sin que sus piernas puedan mantener un buen ritmo. A esos síntomas además habría que sumarle que el estómago le estaba ardiendo, como reconocería en la línea de meta.

Por detrás es rápidamente alcanzado y rebasado por el italiano Gimondi. Tampoco tarda mucho tiempo en hacer su aparición Thevenet, quien no sabe que hacer en esa situación y decide ponerse a rueda del belga. El director del corredor francés, Maurice de Muer, atónico comienza a gritar a su pupilo para que pase a la ofensiva, indicándole que el belga iba muerto. Thevenet realiza un cambio de ritmo y deja atrás al maillot amarillo, marchando en la búsqueda de su primer Tour. En el camino también alcanzará a Gimondi y se hará con la etapa y con la preciada prenda amarilla que en esos momentos portaba un corredor que se estaba arrastrando por las rampas del puerto. En la meta Merckx cedería casi dos minutos, pero no iba a buscar excusas: "es igual el tiempo perdido, lo he intentado todo y he perdido todo. Se acabó. No ganaré este Tour". En el hotel la visión que iba a reflejar su costado iba a ser dantesca, con un moratón enorme que casi le llegaba al pecho.
"Es igual el tiempo perdido, lo he intentado todo y he perdido todo. Se acabó. No ganaré este Tour."

Un campeón nunca se rinde
Un campeón jamás puede rendirse. Es la máxima iba a llevar a cabo el vigente Campeón del Mundo en lo que restaba de carrera, empezando por la 16ª etapa. Era una jornada que iba a afrontar las dificultades montañosas de Vars y el coloso Izoard. Sería en el descenso de Vars cuando se lanzaría el belga a tumba abierta en otro ataque que desarbolaría a Bernard Thevenet. El belga seguiría escapado con un grupo de corredores de los que no iba a recibir un relevo. A pesar de todo, iba a conseguir llegar a Guillestre con cerca de un minuto de ventaja sobre Thevenet. Sería en la transición hasta el pie del Izoard cuando será alcanzado por el buen hacer del conjunto Peugeot.

En el coloso alpino Bernard Thevenet se muestra intratable y siguiendo el consejo de un espectador de lujo aquel día, Louison Bobet, de que un campeón entra siempre solo en la Casse Deserté, hizo lo propio. Su ventaja al final del día se iba a ir hasta los tres minutos y veinte segundos en la general con respecto al segundo clasificado, Eddy Merckx. El Tour era francés.

Aún a pesar de la desventaja y de sus propios problemas físicos, Merckx sigue sin rendirse. Y no se rinde a pesar que, antes de comenzar la 17ª etapa, se engancha con el danés Ole Ritter y se da un buen golpe en la cara. Los médicos le recomiendan abandonar la carrera, pero él no puede hacer eso. Tiene que honrar al futuro campeón.

Pocos minutos más tarde, en el descenso del primer puerto de la jornada, La Madeleine, lanza un nuevo ataque. Thevenet vuelve a verse por detrás del belga, pero cuenta en su lucha con la colaboración de Bourreau, Zoetemelk y Moser, con lo que consiguen neutralizarlo. En el Colombière volverá a atacar de nuevo y llegará a alcanzar cerca de dos minutos de ventaja sobre el líder de la carrera, quien gracias a la ayuda de varios de sus compañeros nuevamente conseguirá neutralizar esa desventaja. En la meta llegarán ambos corredores junto con Zoetemelk, a casi cuatro minutos del ganador del día, el español Vicente López-Carril.

Una vez concluida la etapa, a Merckx le será diagnosticada una fractura en la mandíbula, con lo que el mundo del ciclismo no consigue salir de su asombro ante la exhibición realizada en la etapa por el Caníbal. Desde ese momento y hasta el final de la ronda gala vivirá un calvario tremendo, siendo insistido constantemente por los médicos en abandonar la carrera, ya que desde entonces y hasta varias semanas más tarde sólo pudo tomar alimento líquido. La respuesta de Merckx, la misma en todo momento: "No puedo retirarme, eso restaría méritos a la victoria de Thevenet".
"No puedo retirarme, eso restaría méritos a la victoria de Thevenet."
Cuatro días más tarde, Merckx iba a asistir como espectador de lujo a la ceremonia de coronación del francés Bernard Thevenet en los Campos Elíseos. El belga no iba a conseguir, ni aquel año ni más adelante, su sexto Tour, lo que le habría elevado a lo más alto del Olimpo del Tour. No se hizo con el triunfo, pero había realizado una de sus mayores demostraciones como corredor en aquella edición, lo cual es mucho decir en el Caníbal.

Pero, ¿habría conseguido Merckx la victoria final si no hubiera recibido ese puñetazo?
Es una pregunta que nadie podrá responder nunca. Lo que es seguro es que Merckx llegó a Francia aquel año siendo bastante odiado por el público francés, cansado de verle ganar, y se marchó del Tour sin haber conseguido el triunfo, pero habiendo conseguido entrar en el corazón de todos los franceses. Llegó al corazón del público galo después de todo lo que demostró en la carrera y que, a pesar de las recomendaciones médicas, optó por no retirarse, para así dar más prestigio al ganador de aquel año. Merckx cayó derrotado en aquella edición, pero lo hizo con una actuación digna de un auténtico campeón. Digna de Edouard Louis Joseph, Baron Merckx, más conocido como Eddy Merckx.


Clasificación Tour de Francia 1975
1- Bernard Thevenet (Peugeot) 114h. 35´ 21´´
2- Eddy Merckx (Molteni) a 2´ 47´´
3- Lucien Van Impe (Gitane-Campagnolo) a 5´ 01´´
4- Joop Zoetemelk (Gan-Mercier) a 6´ 42´´
5- Vicente López-Carril (Kas Kaskol) a 19´ 29´´
6- Felice Gimondi (Bianchi Campagnolo) a 23´ 05´´
7- Francesco Moser (Filotex) a 24´ 13´´
8- Josef Fuchs (Filotex) a 25´ 51´´
9- Edward Janssens (Molteni) a 32´ 01´´
10- Pedro Torres (Super Ser) a 35´ 36´´


Saludos a todos!

domingo, 18 de mayo de 2014

Luis Ocaña. El héroe trágico

El 19 de mayo de 1994 el ciclismo sufrió una trágica noticia. Aquel día Luis Ocaña acabó con su vida con un disparo en la cabeza. Hoy, veinte años después, desde aquí le quiero rendir homenaje al que fuera el corredor más singular del pelotón, una figura muy ninguneada en su propio país natal. Un hombre que no tenía medida, tanto en la vida como en la carretera, y cuya personalidad le hizo llevar todos los asuntos al extremo del todo o nada, como demostró su rivalidad con el Caníbal Eddy Merckx.

Y es que la historia de Ocaña es la historia de una persona maldita, pero al tiempo también es la de una persona inconformista y luchadora. El conquense fue una persona que vivió tanto en la vida y como en el ciclismo con la misma pasión, con el mismo riesgo. El exceso era su forma de vivir, su interpretación de la vida, y así lo fue hasta aquel trágico 19 de mayo de 1994.

Sus primeros años
Jesús Luis Ocaña Pernía fue hijo de la posguerra, naciendo un 9 de junio de 1945 en la localidad de Priego, Cuenca. La situación de pobreza general que se vivía en el país le hizo sufrir mucho desde niño. La escasez de trabajo hizo que cuando apenas contaba con seis años, tratando de huir de la pobreza, su padre encontrase trabajo en el Valle de Arán, en la frontera española con los Pirineos, muy cerca del Col de Portillon. Su vida siguió siendo igual de dura, tanto para los padres como para Luis y sus tres hermanos. En el Valle de Arán el trabajo no era abundante, y un tiempo después el cabeza de familia debió buscar un destino que les ofreciera otra oportunidad. La situación en el país les había obligado a abandonar España.

Ese destino lo iba a encontrar al otro lado de la frontera, en donde el padre trabajaría como leñador. Luis tenía entonces doce años, y aunque durante un tiempo siguió acudiendo a la escuela, meses después comenzaría a trabajar como carpintero, abandonando la escuela. Al lugar de trabajo se desplazaría en bicicleta, en la misma con la que echaba carreras con los amigos, a los cuales, a pesar de sus mofas por el material con el que competía contra ellos, siempre derrotaba.

El joven conquense sabía que era bueno sobre la bicicleta, pero se encontró con la oposición de su padre, quien le decía que nunca llegaría a nada en el deporte y lo que debía hacer era centrarse en su oficio, que era lo que le permitiría salir adelante. Nunca tuvo una gran relación con su padre, pero siempre admiró de él su determinación y capacidad de trabajo.

La carrera de Luis se habría echado a perder de no ser por la figura fundamental de Pierre Cescutti. Pierre tenía un equipo de chicos jóvenes y fue quien habló con el padre, convenciéndole que su hijo podía tener un futuro brillante con la bicicleta. Una vez que obtuvo el beneplácito del progenitor, Pierre le encontró alojamiento en Mont-de Marsan (que pagaba él) y le acogió en su equipo, además de negociar con el dueño de la carpintería para que le dejase tiempo libre al joven corredor para poder entrenarse.

De carácter fuerte, Ocaña no pudo compaginar mucho tiempo el oficio en la carpintería con el ciclismo. Luis tenía que hacer las cosas a su manera, en cualquier ámbito de la vida. Por eso tuvo una fuerte discusión con el dueño de la carpintería, hasta que le arrojó un martillo y este le despidió. Por fortuna para él, los triunfos no tardaron en llegar sobre la bicicleta, con lo que pudo salir adelante. Aún no era profesional, pero se iba a labrar un nombre importante como corredor independiente del equipo Mercier. Ese fuerte carácter hizo que se negase a pasar al equipo profesional como gregario de nadie y finalmente fichar por el conjunto Fagor.

Paso a profesionales
En su primer año de profesionales, en 1968, Ocaña se coronó como campeón de España. El corredor conquense, casi sin bajarse del pódium, fue a visitar a su padre, que con un cáncer de próstata se encontraba ingresado en el hospital. El padre se alegró enormemente. Ambos, padre e hijo, se emocionaron. Semanas después moriría, como consecuencia del cáncer.

Al año siguiente la mala suerte se volvería a cebar con él. En esta ocasión fue en la sexta etapa del Tour de 1969, el primero del Caníbal Merckx, y fue en forma de caída. Ocaña sufrió una aparatosa caída en los primeros compases de la etapa, la cual le dejó muy magullado y con múltiples heridas. Orgulloso, como era, volvió a subirse en la bicicleta, decidido a concluir la etapa. Conforme avanzaba, cada pedalada le iba costando más y más esfuerzo. Su equipo entero se paró a esperarlo y empujarlo cuando fuera preciso: Perurena, López Rodríguez, Galera... Ahí estaba todo su equipo para ayudarle a llegar a meta. En el Ballon de Alsacia, llegó a decir Perurena, el conquense no pudo dar una pedalada y fue empujado por sus compañeros.

Al llegar a meta, no pudo más. Le bajaron de la bicicleta semi inconsciente, sin poder hablar y habiendo perdido mucha sangre. Tuvo que ser trasladado a un hospital para poder ser atendido de las múltiples heridas que se había producido en la caída. Se había acabado de esta forma tan cruel su primera aventura en Francia. Sería el inicio de una mala suerte que le acompañaría toda la vida.

Para la temporada de 1970 iba a cambiar los colores del equipo Fagor por los del francés Bic. Ese cambio de equipo vino acompañado de su primer triunfo en una grande esa misma temporada, la Vuelta a España. En el Tour estuvo al borde del abandono a causa de problemas físicos, aunque acabaría la prueba y conseguiría una notable victoria en la etapa de St. Gaudens. Ahí fue cuando se dio verdadera cuenta de sus posibilidades y de que podía ganar al todopoderoso Merckx. Entonces fue cuando comenzó su obsesión por derrotar al belga. Desde ese momento Ocaña tendría dos enemigos: él mismo y Eddy Merckx. No podía someterse a la autoridad que imperaba desde hacía dos temporadas en el pelotón, y él sería el encargado de acabar con la autoridad. Su obsesión iba a ser derrotar a Merckx.

Derrota a Merckx y caída
Ocaña se había obsesionado con derrotar en la carretera a Merckx. Tal fue su obsesión que llegó a enviar un telegrama al belga a comienzos de la temporada de 1971 diciéndole que respirase en esos momentos, porque en el Tour no le iba a dejar hacerlo:
"Silba ahora que puedes. Stop. Vendrán días en que no podrás hacerlo. Stop. Yo me encargaré de que esos días lleguen. Stop. Firmado: Luis Ocaña (París-Niza, 1971)"
Y en la Grande Bouclé cumplió su amenaza. En la undécima etapa, con final en Orcières-Merlette, destrozó a todo el pelotón, incluido Merckx, aventajándole ese día en casi nueve minutos. Ocaña estuvo ese día exultante, al final lo había conseguido. Había derrotado al campeón Eddy Merckx. Ese Tour, después de la demostración de ese día, ya tenía dueño, pues le sacaba al segundo casi 9 minutos y al belga uno más.

El Tour parecía tener dueño, pero con Merckx ninguna ventaja es suficiente. Al día siguiente, una etapa llana sin aparente peligro, atacó desde la salida y consiguió recortarle dos minutos al líder en la meta de Marsella. Dos minutos a los que se sumaron los once segundos de la contrarreloj de Albi. Aún quedaban por disputarse todos los Pirineos, pero la fortaleza mostrada por Ocaña en la montaña, unido a los siete minutos y veintitrés segundos de ventaja con los que contaba, situaban al español como el futuro vencedor en París.

Pero a Luis Ocaña siempre le acompañó en su vida la mala suerte, como iba a demostrar la 14ª etapa, la cual uniría Revel con Luchon, a través de 214,5 kilómetros. Era la primera etapa de los Pirineos de aquella edición, y en ella los corredores iban a afrontar las subidas a los puertos de Portet d´Aspet, el Col de Menté y el Portillon.

La etapa vivió sus primeros kilómetros bajo un sol de justicia, como había sido durante toda la carrera. Merckx lanzaría dos ataques brutales en el Aspet, primer puerto del día, que serían neutralizados por el líder Ocaña. Como consecuencia de dichos ataques, se formó un un grupo cabecero donde se encontraban los hombres más fuertes de la carrera, entre ellos el propio Merckx, el líder Ocaña y corredores como Zoetemelk, Thevenet o Van Impe.

Tras ese primer descenso, los corredores afrontaban la ascensión al Col de Menté. En ese puerto no pasó nada relevante hasta que a unos dos kilómetros de la cima, el belga Merckx quiso tensar la situación, realizando un tercer demarraje terrible, que iba a poner en jaque a los pocos hombres que formaban ese grupo de favoritos. Al tiempo, el cielo se estaba cerrando sobre sus cabezas.

Nada más coronar, con Merckx primero y Ocaña segundo en ese grupo de favoritos, la lluvia haría acto de presencia, convirtiendo desde ese momento la etapa en peligrosísima para los corredores, pues el barro y riadas de agua inundarían las cunetas en el descenso de Menté. El belga se lanzaría a tumba abierta en el descenso, situación ante la cual, Maurice de Muer, director del Bic, indicó a Ocaña que le dejase marchar, pues con la renta que tenía y los 40 kilómetros de llano que había entre puerto y puerto, era mejor evitar en lo posible los riesgos. Pero Ocaña no podía, no quería, dejar marchar al belga. Quería demostrarle que él era el mejor, y por eso no podía hacer ningún tipo de concesión con nadie.

La violencia con la que había estallado la tormenta hizo que la carretera se convirtiese en un río, y los frenos de las bicicletas quedasen inutilizables, por lo que para tratar de evitar las caídas los corredores debían frenar con el pie. Aún así, todos los corredores se fueron al suelo en alguna ocasión. De esta forma, en una curva de herradura a izquierdas Merckx se salió de la calzada, con Ocaña haciendo también lo propio a continuación. El belga tuvo que colocar la cadena antes de continuar el descenso, en el que cayó otras dos veces. Ocaña por su parte rompió una rueda, la cual fue rápidamente reemplazada. Cuando iba a montar nuevamente en la bicicleta para continuar en carrera, surgió de la nada la figura de un Zoetemelk que había perdido el control de su máquina y no pudo evitar al corredor español, con el que chocó de forma virulenta. Ocaña cayó al suelo y quedó semi inconsciente. La mala suerte había aparecido y aún se multiplicaría cuando, estando en el suelo, Agostinho tuvo el mismo problema que Zoetemelk y les golpeó. El caos en aquel punto fue total y hasta un motorista de la televisión francesa cayó sobre las personas que trataban de auxiliarle.

Ocaña se había roto la clavícula en alguno de los golpes que recibió en esa caída en el descenso de Menté y no pudo volver a levantarse del suelo. El Tour se había acabado para él y tuvo que ser evacuado al hospital más cercano, para ser tratado de sus lesiones. El orgullo había hecho caer a Ocaña. Había perdido el Tour. Pero a pesar de no haber acabado el Tour, de no subirse al pódium de París, había derrotado a Merckx, que parecía que era lo que él más quería.

La etapa la ganaría Fuente, pero nadie estaba pendiente de ello, ni siquiera los miles de españoles que se concentraban desde el puerto del Portillon hasta la meta de Luchon. Estos tenían pancartas de apoyo a un Ocaña que jamás llegó a verlas, y lo pagaron con un Merckx que se mostraba tan afectado como ellos. Recibió insultos, escupitajos y hasta recibió alguna pedrada. Al día siguiente el belga no se pondría el jersey de líder, en un gesto caballeroso, en medio de lagrimas.

Nuevo fiasco en Francia
La caída y abandono en el Tour del 71 sumió a Ocaña en un periodo de crisis que sólo pudo superar volviendo a competir. Su nueva meta sería batir a Merckx en julio, en el mismo lugar donde ya le había derrotado el año anterior, el Tour de Francia.

El Tour se iba a vender como una carrera de Merckx contra Ocaña. Pero hasta entonces, la temporada de ambos corredores fue notable, con el belga sumando su tercer entorchado en el Giro, y con el español consiguiendo un nuevo campeonato de España y la Dauphiné Liberé. El duelo volvía a estar servido.

Y sería en los Pirineos, nuevamente en los Pirineos y en su primera etapa, en donde la mala suerte volvería a aparecérsele a Ocaña, esta vez en forma de caída. Fue en la etapa del Aubisque, cuando los corredores iban a afrontar el descenso del Soulor. Allí el corredor español pinchó. Merckx se acordó de lo sucedido el año anterior en Coucheron, cuando él también sufrió un pinchazo, y decidió lanzar un ataque. Ocaña se vio obligado a arriesgar en el descenso para reducir la desventaja y en una curva entró muy fuerte y se fue al suelo. Thevenet y otro compañero del francés también se fueron al suelo. Sólo el español se levantó. Llegó a meta a duras penas, muy magullado. No pudo continuar en la carrera debido a las lesiones producidas en la caída y a problemas respiratorios que tenían su origen en su infancia. Merckx y su particular trágico destino le habían vuelto a derrotar.

Victoria en París
1973 iba a ser un año diferente para Ocaña. Esa temporada sería la más exitosa para el corredor español, consiguiendo más de una decena de triunfos, en escenarios tan importantes como la Volta a Catalunya, o la Dauphiné Liberé. Pero destacaría especialmente ese año su victoria final en París, la segunda de un corredor español, tras la de Bahamontes. También hay que añadir a sus triunfos, un segundo puesto en la Vuelta a España, en donde Merckx volvió a derrotarle.

Aunque Merckx le había derrotado en la primavera, Ocaña iba a mostrarse intratable en el mes de julio en el Tour, mostrándose como el amo y señor de la carrera. Tal fue el domino del corredor español aquel año en Francia que aventajó al segundo clasificado, Thevenet, en más de un cuarto de hora. Sólo otros dos corredores después de la Segunda Guerra Mundial han hecho una hazaña similar; Koblet en 1951 y Merckx en 1969. Ese dominio se reflejó en la octava etapa de la carrera, en un fantástico duelo entre Ocaña y el asturiano José Manuel Fuente.

Esa octava etapa era una terrible travesía desde Méribel-les-Allues y Les Orres, en donde los corredores afrontarían las subidas a la Madeleine, el Galibier por la vertientes del Telegraphe, el Izoard y la ascensión final a Les Orres. Aunque en la Madeleine los corredores marcharon en grupo, en el coloso de la Grande Bouclé el asturiano Fuente realizó una serie de ataques a los que sólo pudieron responder Ocaña y Thevenet en un primer momento. A pocos kilómetros de la cima, tras un pequeño reagrupamiento, Fuente volvió a realizar un ataque al que esta vez sólo Ocaña respondió.

Ocaña le había ofrecido marchar juntos hasta la meta, y una vez allí, conseguir el triunfo de etapa. Aquello no gustó al Tarangú, que no estaba dispuesto a colaborar con su compatriota y decidió pasara a la acción. Una vez, dos veces, tres veces... así hasta veinte, que fueron las veces que atacó Fuente a Ocaña, sin conseguir dejar atrás al líder de la carrera.

No había podido el Tarangú con Ocaña y a partir de ese momento, a más de 130 kilómetros de meta, sería el de Priego quien pasase a comandar la carrera, situándose en una primera posición que no abandonaría en el resto de la jornada. Fuente marcharía desde entonces a su rueda, sin dar ningún relevo. Antes de subir el Izoard, la ventaja con Thevenet, López Carril y otros favoritos, la renta era de un minuto y medio. La ventaja aumentaría en la cima en casi tres minutos más. La etapa, no había duda, sería para alguno de los dos españoles, viendo la renta con la que contaban.

Pero a 30 kilómetros Ocaña se quedaría sólo en cabeza. El ritmo del conquense parecía que descolgaría en cualquier momento al asturiano, pero éste finalmente se quedó atrás debido a un pinchazo. Fue uno de los pocos golpes de suerte en la vida deportiva de Luis.

La renta del líder con respecto a Fuente llegó a rondar los dos minutos, pero un desfallecimiento hizo que entrase en meta con apenas uno de ventaja. Siete minutos más tarde que el ganador harían su entrada en meta Thevenet y Martínez. Perín llegaría a trece minutos y el grueso del pelotón lo haría a veinte. El coche escoba no llegaría a meta hasta pasada una hora desde la entrada del líder de la prueba. Ocaña había sido protagonista de una de las mejores etapas de toda la historia de la carrera.

Declive deportivo y vida tras retirarse
Nada más ganar el Tour, Ocaña invirtió sus ahorros en comprar un terreno vitícola y una casa de campo, a la que llamó Orcières-Merlete, la etapa en la que por primera vez había derrotado a Eddy Merckx. Cuando no competía dedicaba sus esfuerzos a sus tierras. Fueron unos meses de felicidad en la casa de Luis y Josiane, su mujer. 

Pero nuevamente la desgracia iba a sacudir al conquese. Otra vez iba a presentarse en forma de caída. Esta tuvo lugar semanas antes del Tour de 1974, en el Tour de l´Aude, y le impidió participar en la edición de ese año de la carrera francesa, en lo que iba a ser el gran duelo Ocaña-Merckx. Con 29 años, cuando debía estar en el mejor momento de su carrera, no volvió a ser protagonista en la Grande Bouclé, a pesar de correrla otras tres ocasiones más.

Su declive fue fulgurante y a una persona como él sólo le quedaba la retirada como el siguiente paso digno a su carrera. Dicho paso lo dio con 32 años, tras concluir la temporada de 1977. Su frustración intentó aplacarla trabajando en sus tierras, en las cuales quería producir armagnac, a pesar de las recomendaciones de no hacerlo. El orgullo nuevamente hizo que desoyera los consejos de sus allegados y entendidos y quiso producir el armagnac, llegando incluso a pedir ayuda para su distribución a antiguos compañeros de profesión, como Eddy Merckx o Johnny Schleck.

Pero convertirse en viticultor no fue una una buena idea, como demostró una tormenta destrozó la cosecha y que provocó que durante tres años no se pudiera producir nada en sus tierras. Ante los problemas económicos por no tener aseguradas las tierras, Luis se vio obligado a volver al ciclismo, esta vez como director. No tuvo éxito y probó suerte como comentarista. Tampoco se prodigó mucho en esta faceta.

A esos problemas económicos por perder la cosecha se sumó un grave accidente de automóvil que apunto estuvo de costarle la vida, en 1979. Volvió a sufrir otro grave accidente cuatro años más tarde. En el hospital, recuperándose de uno de esos dos accidentes, le contagiaron la hepatitis C, algo que por desgracia sucedía con mucha frecuencia en esos años en los centros médicos.

Los accidentes en coche, el final de su carrera deportiva, los fracasos en los negocios y especialmente su enfermedad, todo le golpeó al tiempo y no pudo soportarlo a largo plazo. Poco a poco la enfermedad le fue debilitando y las depresiones y las crisis cada vez eran más comunes en Luis.

Así fue hasta que el 17 de mayo de 1994 la enfermedad le provocó un ataque muy grave de pánico. 26 años antes, tras la muerte de su padre, le había dicho a sus más íntimos que si él algún día él sufría una enfermedad como la de su padre, no lo dudaría y pondría fin a su vida. Aquel 17 de mayo amenazó con quitarse la vida, hasta que su mujer llamó al médico para ver si conseguía calmarle. Finalmente Luis se consiguió calmar ante la presencia en su casa de los gendarmes (ante una llamada por intento de suicidio siempre acudían) y pareció desechar su idea del suicidio. Pero era algo temporal.

Dos días después de aquel primer gran ataque de pánico, el día 19, Luis volvió a tener un ataque con el que se puso muy nervioso. Consiguió calmarse un poco y se marchó a su despacho. Josaine extrañada aprovechó esos instantes de calma de su marido para llamar al médico por el teléfono inalámbrico que tenía escondido. Instantes después comenzó a preocuparse y fue al despacho. Allí encontró una escena dantesca. Según el informe oficial, Ocaña se había pegado un tiro en la cabeza, acabando de esta forma con su vida, a la temprana edad de 48 años.

Aquel español emigrante en Francia desde niño, el español de Mont de Marsan, como era conocido, ponía fin a su vida un 19 de mayo de 1994, sufriendo una grave enfermedad hepática y problemas de depresiones, además de problemas financieros por malas inversiones. Murió siendo uno de los deportistas más ninguneados dentro de su propio país, donde apenas recibió reconocimiento alguno. Y murió también siendo el único corredor que había sido capaz de mirar de tú a tú al mejor corredor de la historia, Eddy Merckx, el único que no se sintió inferior al belga y el único al que el Caníbal realmente pudo temer en la carretera. A título póstumo, el 27 de mayo de 2008 recibiría la Real Orden del Mérito Deportivo, en un acto que no compensaría el olvido que su figura había sufrido hasta entonces.


Saludos a todos!!

martes, 30 de julio de 2013

Tour 1971. Merckx claudica ante Ocaña

En la salida de la edición del Tour de Francia de 1971, el gran favorito iba a ser el campeón de las dos últimas ediciones, el belga Eddy Merckx, quien corría bajo los colores del potente equipo Molteni. A priori, el gran rival del belga en aquel Tour sería el español Luis Ocaña, quien capitaneaba el potente equipo Bic, en el que se encontraría gente de la calidad de Labourdette, Mortensen, o Johnny Schleck (el padre de Andy y Frank Schleck). En teoría ambos corredores, español y belga, serían los grandes favoritos a pelear por el triunfo en la gran ronda francesa, siempre con el belga un peldaño por encima. Otros corredores, como Zoetemelk o Agostinho, también presentaban en la línea de salida su candidatura al triunfo final.
 

Grenoble - Orcières-Merlette

El jueves 8 de julio se iba a disputar la undécima etapa del Tour de Francia. Una etapa corta, de 134 kilómetros, que discurriría entre Grenoble y Orcières-Merlette, atravesando los puertos de Laffrey y Noyer antes de alcanzar la meta, situada en la cima de Orcières-Merlette. Los días anteriores a esa etapa, Ocaña había ido poniendo a Merckx en serias dificultades en puertos como el Puy de Dôme o Porte, y había visto que el belga también era humano y había flaqueado.
 
La etapa iba a comenzar muy rápida, ya que el primer puerto del día, el de Laffrey, se encontraría situado en el kilómetro 13 de la etapa. Desde la salida, el equipo Kas tiraría a bloque, escapándose Fuente casi de salida. Ese fuerte ritmo de salida desarmaría por completo al equipo del belga Merckx, quien se vería sin el apoyo de sus compañeros casi desde la primera pedalada del día. Pero no iban a terminar ahí sus problemas.
 
Nada más comenzar ese primer puerto del día, en la primera rampa, Agostinho lanzará un potente ataque, siguiendo las instrucciones de su director Geminiani, que algo habría visto extraño en el pelotón para mandar a su pupilo atacar de forma tan tempranera. El primer corredor que salió a por el corredor portugués fue el español Ocaña, seguido por Van Impe y por el líder Zoetemelk. Rápidamente estos tres corredores formaron un terceto perseguidor que se entendió perfectamente y mantuvo controlado al bravo corredor portugués. Nadie más pudo alcanzar ese grupo. Gösta Pettersson lo intentó, pero no pudo contactar con el grupo cabecero, mientras que Merckx ni intentó moverse para neutralizar ese peligrosísimo movimiento. Fuente, por su parte, a pesar del ataque inicial, había hecho aguas y no se le volvería a ver ese día.
 
Eso era lo que Geminiani había visto, Merckx había flaqueado y quería eliminarle de la carrera. Era otro ciclismo. Que el belga no intentase contactar con los hombres de cabeza sin duda llenó de moral a los corredores que marchaban por delante de él, especialmente a Ocaña, quien ese día iba con una fuerza descomunal y casi no tuvo necesidad de que le diesen relevos en la persecución a Agostinho.
 
El primer corredor que coronó el puerto fue Agostinho. El hueco con el trio perseguidor era mínimo, y estos coronaron con apenas quince segundos de retraso. Petterssen sería el siguiente en coronar, cediendo un minuto más que el trío perseguidor. Merckx, por su parte, viajaría en un grupo con Guimard, Thévenet o Mortesen. El retraso de ese grupo en la cima sería de un minuto y medio con respecto al corredor portugués.
 
En el descenso y en el llano posterior al primer puerto de la jornada se formaron dos grupos diferentes, que formarían los dos frentes de batalla de la jornada. El primer grupo estaría formado por Ocaña, Zoetemelk, Van Impe y Agostinho, que había decidido levantar el pie y esperarlos. Por detrás, el otro frente de batalla sería el grupo formado por Merckx, que encabezaría la persecución al grupo que les precedía en la jornada.
 
El grupo cabecero marchó desde el momento de la neutralización al corredor cabeza de carrera con gran armonía, colaborando todos en aumentar la ventaja con respecto al grupo perseguidor. Tal era la armonía de los corredores que en el sprint de Pierre-Châtel la ventaja con el grupo de Merckx había aumentado hasta casi los dos minutos y medio. El sprint, por cierto, fue vencido por Ocaña, por delante de Zoetemelk.
 

Victoria en solitario de Ocaña

Pero la armonía entre los corredores no podía ser eterna, y marchar todos juntos hasta la meta, como se demostró en el segundo puerto del día, en el Col de Noyer. En los primeros kilómetros de dicho Col, Ocaña acelera el ritmo, buscando una hazaña imposible. Los que hasta ese momento habían sido sus compañeros de viaje, no son capaces de seguir el ritmo del corredor conquense. Quedaban más de 70 kilómetros para llegar a meta.
 
Palmo a palmo, metro a metro, Ocaña va abriendo más y más distancia con sus antiguos compañeros de aventuras. A mitad de puerto su ventaja con respecto a ese trío se sitúa sobre el minuto. Su locura poco a poco va tomando forma. El bueno de Luis va creciéndose con los kilómetros, mientras que los perseguidores se van desinflando muy alarmantemente, cediendo una distancia que ya será tan irrecuperable como para pensar que no puede haber otro ganador de etapa que no sea el corredor del equipo Bic.
 
En la cima de Noyer las diferencias ya serán alarmantes para los perseguidores. Ocaña será, evidentemente, el primer hombre en pasar por la cima del puerto. El trío formado por Van Impe, Zoetemelk y Agostinho, acumulará en la cima un retraso de prácticamente cuatro minutos. Mientras, el grupo que comanda Merckx en todo momento, coronará con un tiempo perdido de casi cinco minutos y medio con respecto a cabeza de carrera.
 
Desde ese momento, y hasta el final de la etapa, las diferencias a favor de Ocaña no hicieron sino aumentar. El último puerto, el de Merlette, supuso un paseo para el corredor español, que aumentó significativamente sus rentas al atravesar la línea de meta. Ocaña completó su hazaña en poco más de cuatro horas. El segundo corredor en atravesar la línea de meta sería el holandés Van Impe, que llegaría con una increíble desventaja de 5 minutos y 52 segundos. Merckx, que a pesar de haber estado tirando en todo momento de su grupo, pudo ser el tercer corredor en atravesar la línea de meta, a tres segundos del corredor holandés, y a nada menos que 8 minutos y 42 segundos del corredor español..
 
Luis Ocaña, aquel 8 de julio de 1971, completó una fuga heroica, bajo un sol incandescente. Además de haber realizado tan impresionante etapa, el español había hecho encajar a Merckx la primera gran derrota de su carrera. Sin embargo, a pesar de ese duro golpe, el corredor belga se negó a rendirse y, a pesar de lo que dijese en sus declaraciones, iba a pelear con todo con el fin de conseguir su tercera victoria en el Tour de Francia. El amarillo ya era suyo, y la ventaja tan tranquilizadora que París ya se podía atisbar al fondo del horizonte.
Merckx: "Ocaña nos ha matado hoy a todos, como `el Cordobés´ mata a sus toros".
 
Tal fue la batalla que presentaron aquel día los corredores que 68 de ellos llegaron fuera del límite de tiempo, por lo que la organización se vio obligada a ampliar el fuera de control, pasando este del 12 al 15% del tiempo del ganador del día, para evitar que la carrera quedase hecha un solar. Esta medida, sin embargo, no pudo ayudar a Godefrot Walter, quien era el segundo clasificado en la clasificación de puntos al comenzar la jornada, e iba a tener que abandonar la carrera.
 

Abandono en el Col de Menté

Ocaña se situó desde ese momento como el estandarte anti-Merckx, el hombre que le había hecho doblar la rodilla en señal de derrota. Pero si algo tenía el campeón belga es que jamás se rendía. Podía estar herido, o incluso encontrarse moribundo, que él iba a morir matando. Y eso es lo que hizo desde que había sido derrotado en Merlette en aquel Tour. Atacó en el largo descenso de Orcières-Merlette hacia Marsella, y, en una etapa brutal para los corredores, consiguió recortar dos minutos al líder. En la contrarreloj del día siguiente también consiguió superar al español.
 
Y como no, Merckx volvió a atacar en los Pirineos. Esta vez el ataque más importante del belga iba a tener lugar en el descenso del col de Menté, el cual, debido al granizo que estuvo cayendo durante toda la jornada, se había convertido en un arroyo de agua y barro. En ese ataque kamikaze de Merckx, Ocaña intenta seguir el ritmo del belga cuando, sin frenos, se cae en una curva a izquierdas. La caída no es grave y se levanta rápidamente, optando por cambiar la rueda con su compañero Maurice de Muer, por precaución. Pero cuando se iba a reincorporar a la carretera, Zoetemelk, que también iba sin frenos, golpeó al español, dejándolo tirado en el suelo. En el Col del Portillon, el siguiente puerto de la jornada, miles de españoles esperarían el paso triunfal del flamante líder español por el puerto. Pero Ocaña jamás llegaría al Portillon. Había tenido que ser evacuado al hospital por la gravedad del atropello sufrido.
 
En la meta aquel día, Merckx se negó a ponerse el maillot amarillo, un amarillo que ya no abandonaría hasta París. "No, no me pertenece. Este Tour lo he perdido, no tengo nada que hacer, me vuelvo a casa". Sin embargo, a pesar de sus palabras, al día siguiente salió en dirección a Superbagnères, eso sí, sin vestir la preciada prenda amarilla, como muestra de respeto hacia el líder caído. "Habría preferido quedar segundo después de una dura batalla que ganar en estas condiciones. Será una victoria manchada para siempre". Y es que, en ese Tour de 1971, Ocaña había derrotado a Merckx. Eddy había encontrado en Luis a la horma de su zapato.
 

Clasificación 11ª etapa. Grenoble - Orcières Merlette.
1- Luis Ocaña (Bic) 4 horas 2 minutos 49 segundos
2- Lucien van Impe (Sonolor-Lejeune) 5´ 52´´
3- Eddy Merckx (Molteni) a 8´ 42´´
4- Joop Zoetemelk (Mars-Flandria) m.t.
5- Gösta Pettersson (Ferretti) m.t.
6- Bernard Thévenet (Peugeot-BP) m.t.
7- Bernard Labourdette (Bic) m.t.
8- Cyrille Guimard (Fagor-Mercier) a 8´ 45´´
9- Thomas Pettersson (Ferretti) m.t.
10- Joaquim Agostinho (Hoover-De Gribaldy) m.t.

Clasificación general.
1- Luis Ocaña (Bic) 58 horas 33 minutos
2- Joop Zoetemelk (Mars-Flandria) a 8´ 43´´
3- Lucien van Impe (Sonolor-Lejeune) a 9´ 20´´
4- Gösta Pettersson (Ferretti) a 9´ 26´´
5- Eddy Merckx (Molteni) a 9´ 46´´
6- Bernard Thévenet (Peugeot-BP) a 10´ 8´´
7- Leif Mortensen (Bic) a 13´ 22´´
8- Thomas Pettersson (Ferretti) a 14´ 50´´
9- Joaquim Agostinho (Hoover-De Gribaldy) a 20´ 31´´
10- Cyrille Guimard (Fagor-Mercier) a 21´ 35´´


Saludos a todos!

miércoles, 13 de marzo de 2013

El récord de Merckx en San Remo

La idea de organizar una carrera que uniese Milán con San Remo surgió entre los años 1905 y 1906. Esa carrera se disputó por primera vez al año siguiente, en 1907, organizada por la Gazzeta dello Sport, y su alocado director, Costamagna. En la primera edición, de 288 kilómetros, algunas normas eran de locura, puesto que estaban prohibidos los avituallamientos o el cambio de ruedas. Solo pudieron finalizar esa primera edición 14 de los 33 corredores que la comenzaron, venciendo el francés Petit-Breton.
 
Pero fue a partir de 1910 cuando comenzó a agrandarse su leyenda, puesto que se disputó ese año en unas condiciones extremas. Tal fue el calvario aquel día que de los 70 inscritos, solo 7 lograron finalizarla. El vencedor fue el francés Eugène Christophe, el cual estaba convencido de haberse equivocado de carretera cuando divisó a lo lejos las casas de San Remo.

En las décadas siguientes, especialmente en los 50 y 60 se sucedieron varias ediciones al sprint, por lo que el director de la carrera decidió introducir novedades, y en los siguientes años se incluyeron en la carrera los cerros de la Cipressa y del Poggio, que fueron los que alargaron el recorrido hasta la distancia actual de 298 kilómetros.
 
La edición de 1976
El 19 de marzo de 1976 tomaron la salida de la Classicissima 192 corredores, con un favorito por encima de todo el mundo, Roger de Vlaeminck. `El Gitano´ había derrotado con contundencia a Merckx en la Tirreno-Adriático que había finalizado unos días antes. En un segundo escalafón estarían Maertens, Moser y un Merckx que no se encontraba en un buen momento físico, tal y como había demostrado en la Tirreno-Adriático, en donde había padecido una bronquitis. El propio Merckx lo sabía y así lo había declarado antes de la carrera, dando como máximo favorito al `Gitano´ De Vlaeminck.

La carrera marchó por los parámetros habituales durante los primeros dos tercios de la prueba, con numerosos intentos de fuga y el pelotón dejando hacer, ya que ninguno de los hombres fuertes del pelotón había intentado todavía nada. El movimiento más importante que hubo hasta la llegada al Capo Berta fue el de Renato Laghi y Raymond Poulidor en el Turchino, que no fructificó. 
 
No fue hasta después del kilómetro 240 de la etapa cuando se produjeron los primeros hechos reseñables del día. Fue en el descenso del Capo Berta, un pequeño puerto de poco más de tres kilómetros de longitud y una pendiente media inferior al 5%. En ese momento se quedó un grupo en cabeza formado por quince unidades. Puede que con la distancia que ya se había recorrido y los escasos 50 que faltaban a meta, ese grupo sea uno de los que haya reunido más quilates en los corredores que se iban a disputar la victoria de la Classicissima. Ese grupo estaría compuesto, aparte de por el propio Merckx, por los belgas Godefroot, Luc Leman, Rik Van Linden, Walter Planckaert, Patrick Sercu, Jean-Luc Vandenbroucke, Wilfried Wesemael y Roger De Vlaeminck, más los locales Gianbattista Baronchelli, Francesco Moser, Wladimiro Panizza, el holandés Gerrie Knetemann y el francés Michel Laurent. Había mayoría belga en ese grupo, pero ninguno deseaba el triunfo de un compatriota, y mucho menos Merckx el de De Vlaeminck ni viceversa.

Una vez concluido ese pequeño descenso del Capo Berta, el belga Merckx no hizo otra cosa sino atacar para intentar dejar descolgados a sus rivales. Atacó hasta en tres ocasiones en el llano, abriendo pequeños huecos de apenas un centenar de metros en cada ocasión. Pero el resto de corredores no le daban tregua y en cada ataque que realizaba el belga, ellos salían a neutralizar su escapada.
 
Fue cuando el grupo comenzó la subida al Poggio cuando se decidió la carrera. Llegó un brutal cuarto ataque del `Caníbal´ en las primeras rampas de la subida. Nadie esperaba ese magnífico ataque, por lo que no hubo ninguna reacción inmediata. De Vlaeminck y Maertens cruzaron sus miradas como retando al otro a salir en respuesta de Merckx, pero ninguno tomo las riendas y se fue abriendo hueco. Tan sólo el joven Vandenbroucke, de 20 años de edad saltó al ataque y terminó enlazando con cabeza de carrera, convirtiéndose ahora en un dueto en busca del triunfo.
 
Se entendieron perfectamente en la distancia que quedaba hasta coronar el Poggio y una vez que lo coronaron, parecía claro que la victoria se la jugarían ellos dos. Merckx pidió colaboración a Vandenbroucke, buscando aprovecharse de su esfuerzo, como novato que era. Jean-Luc estaba extenuado, pero aún así entró a los relevos Una vez que ambos entraron en San Remo, Merckx le hizo una seña a su joven compañero de escapada, y un Vandenbroucke muy inocente se colocó en primera posición. Quedaban tres kilómetros para la meta y `el Caníbal´ había jugado de forma majestuosa sus cartas. Él ya sólo se colocaría por delante una última vez, y sería en la línea de meta.
 
Merckx ponía de esta forma el colofón a su carrera deportiva, consiguiendo la escalofriante cifra de siete victorias en once participaciones, y quedándose en solitario con el récord de victorias absolutas de la prueba, que hasta ese momento había compartido con el italiano Girardengo, con seis triunfos cada uno. Ahora Merckx, con siete, se había quedado solo en el altar de la prueba, como en otras tantas, estableciendo un registro que no ha podido ser igualado hasta el momento, y que parece muy difícil que alguien pueda igualar jamás.

Merckx declaró a los periodistas que había en la línea de meta que "Para ganar esta carrera, he tenido que llegar a San Remo sin Roger De Vlaeminck ante un posible sprint. Para ello tuve que elegir el momento para atacar".

Por detrás, antes de coronar el Poggio se habían marchado por delante del grupo Michel Laurent y Panizza. El francés, ganador de la última París-Niza, coronó con un retraso de unos 15 segundos, seguido a pocos metros por el italiano del conjunto Scic. El resto de corredores ya no contaban para los puestos de honor de la carrera. Habían esperado un más que posible ataque de Merckx cerca de coronar el Poggio, como hiciera el año anterior, y ese ataque en la base les había desmontado por completo, dejándoles con un palmo de narices. Al acabar el descenso nada había cambiado y tanto Panizza como Laurent marchaban con unos metros de ventaja con respecto al grupo, lo que permitió que se jugaran al sprint el último cajón del podim. Finalmente esa tercera plaza iría a parar al corredor local Panizza, que fue muy superior en la llegada a un agotado Laurent, quien casi fue atrapado por un grupo que encabezó Planckaert en su llegada a meta.

De ese grupo que perseguidor, varios corredores sufrieron caídas con diferentes consecuencias. El primero en caer fue Maertens, impidiéndole de esta forma el terminar la carrera. Peor suerte sufrieron otras víctimas de caídas, como fueron los casos de Dietrich Thurau, quien sufrió una dislocación de hombro o de Boifava, que sufrió una fractura de muñeca. 107 corredores, de los 192 que habían tomado la salida, no pudieron concluir la prueba aquel día, lo que es un claro indicativo de la dureza de la 67ª edición de la Milán-San Remo.
 
"Cuando Merckx atacó no hubo forma de seguir con él" declaró Laurent al concluir la prueba. "Traté de escaparme en la subida, pero tampoco pude hacer eso, por lo que estoy contento con la cuarta posición. Creo que me encontré más fuerte hoy que durante la París-Niza".

La Milán-San Remo del récord de Merckx iba a acabar, sin embargo, con un gran escándalo. Jean-Luc Vandenbroucke inicialmente finalizó la prueba en segundo lugar, pero al no presentarse a un test antidopaje posterior a la prueba fue descalificado de su resultado. Panizza fue ascendido del tercer al segundo lugar de la carrera, mientras que la tercera plaza del pódium quedó vacante.

Clasificación 67ª Milán-San Remo:
1- Eddy Merckx (Molteni-Campagnolo) a 6h 55´28´´
2- Wladimiro Panizza (SCIC-bic.Colnago) a 28´´
3- Anulado
4- Michel Laurent (Miko-De Gribaldy) a 31´´
5- Walter Planckaert (Maes Pils-Rokado) a 33´´
6- Rik Van Linden (Bianchi-Campagnolo) m.t.
7- Patrick Sercu (Brooklyn) m.t.
8- Roger De Vlaeminck (Brooklyn) m.t.
9- Francesco Moser (Sanson) m.t.
10- Walter Godefroot (Ijsboercke-Colnago) m.t.


Saludos a todos!!

viernes, 1 de febrero de 2013

Caníbal en estado puro

El belga Eddy Merckx había sido expulsado del Giro d´Italia de 1969 por dar positivo en un control antidopaje, del que el Caníbal siempre se defendió como inocente. Como se demostraron irregularidades en el procedimiento, la sanción le fue revocada y pudo participar en un Tour de Francia en donde el belga se tomaría su particular venganza por esa expulsión.
 
Corría la mañana de un caluroso 15 de Julio de 1969, y nada hacía presagiar que el protagonista del día sería Eddie Merckx. Hacía poco más de un mes que el belga había sido expulsado de la última edición del Giro por un dudoso positivo cuando vestía la maglia rosa en la carrera italiana. Como consecuencia de las irregularidades cometidas por las autoridades, no se aplicó sanción a Merckx, y este pudo tomar la salida en el Tour de Francia, una carrera que antes de disputar la 17ª etapa, ya tenía casi en el bolsillo, pues contaba con una ventaja de más de 8 minutos con respecto a Pingeon y 9´30´´ sobre el ganador de aquel Giro, Gimondi. Se estaba tomando la venganza de su expulsión del Giro, y ya se había impuesto en 5 etapas, de las disputadas hasta ese 15 de julio, y después de aquella etapa, aún quedarían por disputarse otras seis más. Pero ya nada volvería a ser igual en el Tour desde aquella etapa que finalizaba en Mourenx. Esa etapa quedaría marcada en la leyenda de la carrera.

La etapa de aquel 15 de julio de 1969 iba a acercar a los corredores del pelotón a la localidad de Mourenx, que etimológicamente significa Tierra de moriscos. Los corredores recorrerían 214.5 kilómetros, y afrontarían la ascensión de cuatro puertos. En los primeros kilómetros del día todo transcurría con normalidad, marchando todos los favoritos en pelotón, hasta que alcanzaron el ascenso del Tourmalet. Merckx quiso endurecer la subida al mítico puerto, y mandó tirar a su compañero de equipo Van den Bossche, que impuso un ritmo tremendo. Nadie tenía claro cual era el propósito del belga, mandando imponer ese ritmo a tanta distancia de meta.
 
El ritmo infernal que estaban imponiendo en el pelotón comenzó a cobrarse sus primeras victimas, reduciendo el grupo a apenas una treintena de unidades. Tal era el ritmo que incluso Gimondi comenzó a atravesar problemas y se quedó rezagado con respecto al resto de favoritos. El tercero de la general estaba sufriendo. Pero la verdadera sorpresa de aquella subida se produjo cuando estaban a punto de coronar el puerto. A escasos metros de coronar el Tourmalet, Merckx lanzó un demarraje que dejó secos a todos sus rivales, y ninguno fue capaz de seguirle, para afrontar en solitario el descenso. Ni uno solo de los corredores intentó irse a su rueda. Era una locura atacar a tanta distancia de meta.

Como anécdota comentar que Van den Bossche siempre dijo que una de las cosas que habían resultado más duras en su etapa como ciclista fue el no haber sido ese día el primero en coronar el Tourmalet, cuando había sido él quien había realizado toda la ascensión en cabeza, tirando del grupo. Pero Eddy Merckx es implacable, y como toda respuesta a las palabras de Van de Bossche dijo que su compañero antes del Tour había firmado por otro equipo y era un detalle que no le gustó nada, puesto que demostraba que no estaba metido en carrera. Otra de tanas de las cosas que tenía Merckx, y que tan poco gustaban a sus compañeros de equipo.

Tras el descenso del mítico Tourmalet, el director del belga, Driessens, un hombre con gran afán de protagonismo, intentó convencerle para desistir de esa locura por la que estaba pasando, ya que la carrera, en lo que a la general respecta, la tenía totalmente controlada y sentenciada. Merckx no le hizo ningún caso y se presentó en las primeras rampas del Aubisque con un minuto aproximadamente de ventaja sobre los hombres que le perseguían. Tras completar la ascensión esa ventaja había subido hasta la impresionante cifra de casi ocho minutos. Y aún quedaban 70 kilómetros para finalizar la etapa, y las diferencias que se estaban dando eran una locura.

En el descenso del Aubisque las distancias con el grupo perseguidor se habían ampliado, si es que era eso aún posible, pero el pedaleo del belga, después de más de 100 kilómetros rodando en solitario comenzó a resentirse. Al principio era prácticamente inapreciable, tanto que solo en los cronómetros de dirección de carrera se podía notar. En más de una ocasión de esos 50 kilómetros aproximadamente que le quedaban para concluir la etapa, el belga pensó en abandonar su locura y reintegrarse en el pelotón, pero en ese momento un ya convencido Driessens fue el que hizo ver a su discípulo que debía completar aquella locura que había empezado hacía unas tres horas.
Merckx se encontraba ya realmente fatigado, cuando a falta de unos 15 kilómetros para llegar a meta, le hizo una visita el hombre del mazo. El belga ya casi no era capaz de pedalear, presa del agotamiento físico y de calambres en las piernas. La ventaja con la que contaba se estaba viendo reducida de una forma bastante considerable, a prácticamente la mitad de lo que había llegado a ser, pero como se encontraba cerca de meta, pudo culminar su aventura de rodar 140 kilómetros en solitario, una carrera de él contra el pelotón.
Al tiempo que entraba por la línea de meta de Mourenx, hacía lo propio en la historia del ciclismo, siendo el protagonista de una de las mayores gestas que han tenido lugar en este bello deporte después de la Segunda Guerra Mundial. Casi ocho minutos más tarde, sería Dancelli quien daría tiempo en meta al sexteto perseguidor del belga. Pero ese día solo había un protagonista, Eddy Merckx, que había entrado con letras de oro en la historia del ciclismo.
En ese Tour de Francia, Merckx no dejó ninguna migaja a nadie, siendo más caníbal que nunca, ganándolo absolutamente todo. La general, el maillot verde, el de la montaña y la combinada, fueron a parar a su propiedad, a lo que hay que sumar que también consiguió con su equipo, el Faema, la general de los equipos. Estos premios, unidos a la espectacular victoria en Mourenx habían sido su particular forma de vengarse por su expulsión del anterior Giro d´Italia.

Clasificación etapa 17. Castelnaudary - Luchon
1- Eddy Merckx (Faema) 7 h 4´ 28´´
2- Michele Dancelli (Molteni) a 7´ 56´´
3- Martin Van Den Bossche (Faema) a 7´ 57´´
4- André Bayssière (Peugeot-BP-Michelín) m.t.
5- Roger Pingeon (Peugeot-BP-Michelín) m.t.
6- Jean-Claude Theillière (Sonolor-Lejeune) m.t.
7- André Zimmermann (Sonolor-Lejeune) m.t.
8- Raymond Poulidor (Mercier) m.t.
9- Jan Jansen (Bic) a 14´ 47´´
10- Marinus Wagtmans (Willem II-Gazelle) a 14´ 48´´

Clasificación General
1- Eddy Merckx 84 h 37´ 53´´
2- Roger Pingeon (Peugeot-BP-Michelin) a 16´ 18´´
3- Raymond Poulidor (Mercier) a 20´ 43´´
4- Felice Gimondi (Salvarini) a 24´ 18´´
5- Andrés Gandarias (Kas) a 29´ 35´´
6- Marinus Wagtmans (Willem II-Gazelle) a 30´ 50´´
7- Pierfranco Vianelli (Molteni) a 35´ 22´´
8- Désiré Letort (Peugeot-BP-Michelín) a 45´ 47´´
9- Joaquim Agostinho (Magniflex) a 46´ 48´´
10- Jan Jansen (Bic) a 48´ 53´´


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