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domingo, 18 de mayo de 2014

Luis Ocaña. El héroe trágico

El 19 de mayo de 1994 el ciclismo sufrió una trágica noticia. Aquel día Luis Ocaña acabó con su vida con un disparo en la cabeza. Hoy, veinte años después, desde aquí le quiero rendir homenaje al que fuera el corredor más singular del pelotón, una figura muy ninguneada en su propio país natal. Un hombre que no tenía medida, tanto en la vida como en la carretera, y cuya personalidad le hizo llevar todos los asuntos al extremo del todo o nada, como demostró su rivalidad con el Caníbal Eddy Merckx.

Y es que la historia de Ocaña es la historia de una persona maldita, pero al tiempo también es la de una persona inconformista y luchadora. El conquense fue una persona que vivió tanto en la vida y como en el ciclismo con la misma pasión, con el mismo riesgo. El exceso era su forma de vivir, su interpretación de la vida, y así lo fue hasta aquel trágico 19 de mayo de 1994.

Sus primeros años
Jesús Luis Ocaña Pernía fue hijo de la posguerra, naciendo un 9 de junio de 1945 en la localidad de Priego, Cuenca. La situación de pobreza general que se vivía en el país le hizo sufrir mucho desde niño. La escasez de trabajo hizo que cuando apenas contaba con seis años, tratando de huir de la pobreza, su padre encontrase trabajo en el Valle de Arán, en la frontera española con los Pirineos, muy cerca del Col de Portillon. Su vida siguió siendo igual de dura, tanto para los padres como para Luis y sus tres hermanos. En el Valle de Arán el trabajo no era abundante, y un tiempo después el cabeza de familia debió buscar un destino que les ofreciera otra oportunidad. La situación en el país les había obligado a abandonar España.

Ese destino lo iba a encontrar al otro lado de la frontera, en donde el padre trabajaría como leñador. Luis tenía entonces doce años, y aunque durante un tiempo siguió acudiendo a la escuela, meses después comenzaría a trabajar como carpintero, abandonando la escuela. Al lugar de trabajo se desplazaría en bicicleta, en la misma con la que echaba carreras con los amigos, a los cuales, a pesar de sus mofas por el material con el que competía contra ellos, siempre derrotaba.

El joven conquense sabía que era bueno sobre la bicicleta, pero se encontró con la oposición de su padre, quien le decía que nunca llegaría a nada en el deporte y lo que debía hacer era centrarse en su oficio, que era lo que le permitiría salir adelante. Nunca tuvo una gran relación con su padre, pero siempre admiró de él su determinación y capacidad de trabajo.

La carrera de Luis se habría echado a perder de no ser por la figura fundamental de Pierre Cescutti. Pierre tenía un equipo de chicos jóvenes y fue quien habló con el padre, convenciéndole que su hijo podía tener un futuro brillante con la bicicleta. Una vez que obtuvo el beneplácito del progenitor, Pierre le encontró alojamiento en Mont-de Marsan (que pagaba él) y le acogió en su equipo, además de negociar con el dueño de la carpintería para que le dejase tiempo libre al joven corredor para poder entrenarse.

De carácter fuerte, Ocaña no pudo compaginar mucho tiempo el oficio en la carpintería con el ciclismo. Luis tenía que hacer las cosas a su manera, en cualquier ámbito de la vida. Por eso tuvo una fuerte discusión con el dueño de la carpintería, hasta que le arrojó un martillo y este le despidió. Por fortuna para él, los triunfos no tardaron en llegar sobre la bicicleta, con lo que pudo salir adelante. Aún no era profesional, pero se iba a labrar un nombre importante como corredor independiente del equipo Mercier. Ese fuerte carácter hizo que se negase a pasar al equipo profesional como gregario de nadie y finalmente fichar por el conjunto Fagor.

Paso a profesionales
En su primer año de profesionales, en 1968, Ocaña se coronó como campeón de España. El corredor conquense, casi sin bajarse del pódium, fue a visitar a su padre, que con un cáncer de próstata se encontraba ingresado en el hospital. El padre se alegró enormemente. Ambos, padre e hijo, se emocionaron. Semanas después moriría, como consecuencia del cáncer.

Al año siguiente la mala suerte se volvería a cebar con él. En esta ocasión fue en la sexta etapa del Tour de 1969, el primero del Caníbal Merckx, y fue en forma de caída. Ocaña sufrió una aparatosa caída en los primeros compases de la etapa, la cual le dejó muy magullado y con múltiples heridas. Orgulloso, como era, volvió a subirse en la bicicleta, decidido a concluir la etapa. Conforme avanzaba, cada pedalada le iba costando más y más esfuerzo. Su equipo entero se paró a esperarlo y empujarlo cuando fuera preciso: Perurena, López Rodríguez, Galera... Ahí estaba todo su equipo para ayudarle a llegar a meta. En el Ballon de Alsacia, llegó a decir Perurena, el conquense no pudo dar una pedalada y fue empujado por sus compañeros.

Al llegar a meta, no pudo más. Le bajaron de la bicicleta semi inconsciente, sin poder hablar y habiendo perdido mucha sangre. Tuvo que ser trasladado a un hospital para poder ser atendido de las múltiples heridas que se había producido en la caída. Se había acabado de esta forma tan cruel su primera aventura en Francia. Sería el inicio de una mala suerte que le acompañaría toda la vida.

Para la temporada de 1970 iba a cambiar los colores del equipo Fagor por los del francés Bic. Ese cambio de equipo vino acompañado de su primer triunfo en una grande esa misma temporada, la Vuelta a España. En el Tour estuvo al borde del abandono a causa de problemas físicos, aunque acabaría la prueba y conseguiría una notable victoria en la etapa de St. Gaudens. Ahí fue cuando se dio verdadera cuenta de sus posibilidades y de que podía ganar al todopoderoso Merckx. Entonces fue cuando comenzó su obsesión por derrotar al belga. Desde ese momento Ocaña tendría dos enemigos: él mismo y Eddy Merckx. No podía someterse a la autoridad que imperaba desde hacía dos temporadas en el pelotón, y él sería el encargado de acabar con la autoridad. Su obsesión iba a ser derrotar a Merckx.

Derrota a Merckx y caída
Ocaña se había obsesionado con derrotar en la carretera a Merckx. Tal fue su obsesión que llegó a enviar un telegrama al belga a comienzos de la temporada de 1971 diciéndole que respirase en esos momentos, porque en el Tour no le iba a dejar hacerlo:
"Silba ahora que puedes. Stop. Vendrán días en que no podrás hacerlo. Stop. Yo me encargaré de que esos días lleguen. Stop. Firmado: Luis Ocaña (París-Niza, 1971)"
Y en la Grande Bouclé cumplió su amenaza. En la undécima etapa, con final en Orcières-Merlette, destrozó a todo el pelotón, incluido Merckx, aventajándole ese día en casi nueve minutos. Ocaña estuvo ese día exultante, al final lo había conseguido. Había derrotado al campeón Eddy Merckx. Ese Tour, después de la demostración de ese día, ya tenía dueño, pues le sacaba al segundo casi 9 minutos y al belga uno más.

El Tour parecía tener dueño, pero con Merckx ninguna ventaja es suficiente. Al día siguiente, una etapa llana sin aparente peligro, atacó desde la salida y consiguió recortarle dos minutos al líder en la meta de Marsella. Dos minutos a los que se sumaron los once segundos de la contrarreloj de Albi. Aún quedaban por disputarse todos los Pirineos, pero la fortaleza mostrada por Ocaña en la montaña, unido a los siete minutos y veintitrés segundos de ventaja con los que contaba, situaban al español como el futuro vencedor en París.

Pero a Luis Ocaña siempre le acompañó en su vida la mala suerte, como iba a demostrar la 14ª etapa, la cual uniría Revel con Luchon, a través de 214,5 kilómetros. Era la primera etapa de los Pirineos de aquella edición, y en ella los corredores iban a afrontar las subidas a los puertos de Portet d´Aspet, el Col de Menté y el Portillon.

La etapa vivió sus primeros kilómetros bajo un sol de justicia, como había sido durante toda la carrera. Merckx lanzaría dos ataques brutales en el Aspet, primer puerto del día, que serían neutralizados por el líder Ocaña. Como consecuencia de dichos ataques, se formó un un grupo cabecero donde se encontraban los hombres más fuertes de la carrera, entre ellos el propio Merckx, el líder Ocaña y corredores como Zoetemelk, Thevenet o Van Impe.

Tras ese primer descenso, los corredores afrontaban la ascensión al Col de Menté. En ese puerto no pasó nada relevante hasta que a unos dos kilómetros de la cima, el belga Merckx quiso tensar la situación, realizando un tercer demarraje terrible, que iba a poner en jaque a los pocos hombres que formaban ese grupo de favoritos. Al tiempo, el cielo se estaba cerrando sobre sus cabezas.

Nada más coronar, con Merckx primero y Ocaña segundo en ese grupo de favoritos, la lluvia haría acto de presencia, convirtiendo desde ese momento la etapa en peligrosísima para los corredores, pues el barro y riadas de agua inundarían las cunetas en el descenso de Menté. El belga se lanzaría a tumba abierta en el descenso, situación ante la cual, Maurice de Muer, director del Bic, indicó a Ocaña que le dejase marchar, pues con la renta que tenía y los 40 kilómetros de llano que había entre puerto y puerto, era mejor evitar en lo posible los riesgos. Pero Ocaña no podía, no quería, dejar marchar al belga. Quería demostrarle que él era el mejor, y por eso no podía hacer ningún tipo de concesión con nadie.

La violencia con la que había estallado la tormenta hizo que la carretera se convirtiese en un río, y los frenos de las bicicletas quedasen inutilizables, por lo que para tratar de evitar las caídas los corredores debían frenar con el pie. Aún así, todos los corredores se fueron al suelo en alguna ocasión. De esta forma, en una curva de herradura a izquierdas Merckx se salió de la calzada, con Ocaña haciendo también lo propio a continuación. El belga tuvo que colocar la cadena antes de continuar el descenso, en el que cayó otras dos veces. Ocaña por su parte rompió una rueda, la cual fue rápidamente reemplazada. Cuando iba a montar nuevamente en la bicicleta para continuar en carrera, surgió de la nada la figura de un Zoetemelk que había perdido el control de su máquina y no pudo evitar al corredor español, con el que chocó de forma virulenta. Ocaña cayó al suelo y quedó semi inconsciente. La mala suerte había aparecido y aún se multiplicaría cuando, estando en el suelo, Agostinho tuvo el mismo problema que Zoetemelk y les golpeó. El caos en aquel punto fue total y hasta un motorista de la televisión francesa cayó sobre las personas que trataban de auxiliarle.

Ocaña se había roto la clavícula en alguno de los golpes que recibió en esa caída en el descenso de Menté y no pudo volver a levantarse del suelo. El Tour se había acabado para él y tuvo que ser evacuado al hospital más cercano, para ser tratado de sus lesiones. El orgullo había hecho caer a Ocaña. Había perdido el Tour. Pero a pesar de no haber acabado el Tour, de no subirse al pódium de París, había derrotado a Merckx, que parecía que era lo que él más quería.

La etapa la ganaría Fuente, pero nadie estaba pendiente de ello, ni siquiera los miles de españoles que se concentraban desde el puerto del Portillon hasta la meta de Luchon. Estos tenían pancartas de apoyo a un Ocaña que jamás llegó a verlas, y lo pagaron con un Merckx que se mostraba tan afectado como ellos. Recibió insultos, escupitajos y hasta recibió alguna pedrada. Al día siguiente el belga no se pondría el jersey de líder, en un gesto caballeroso, en medio de lagrimas.

Nuevo fiasco en Francia
La caída y abandono en el Tour del 71 sumió a Ocaña en un periodo de crisis que sólo pudo superar volviendo a competir. Su nueva meta sería batir a Merckx en julio, en el mismo lugar donde ya le había derrotado el año anterior, el Tour de Francia.

El Tour se iba a vender como una carrera de Merckx contra Ocaña. Pero hasta entonces, la temporada de ambos corredores fue notable, con el belga sumando su tercer entorchado en el Giro, y con el español consiguiendo un nuevo campeonato de España y la Dauphiné Liberé. El duelo volvía a estar servido.

Y sería en los Pirineos, nuevamente en los Pirineos y en su primera etapa, en donde la mala suerte volvería a aparecérsele a Ocaña, esta vez en forma de caída. Fue en la etapa del Aubisque, cuando los corredores iban a afrontar el descenso del Soulor. Allí el corredor español pinchó. Merckx se acordó de lo sucedido el año anterior en Coucheron, cuando él también sufrió un pinchazo, y decidió lanzar un ataque. Ocaña se vio obligado a arriesgar en el descenso para reducir la desventaja y en una curva entró muy fuerte y se fue al suelo. Thevenet y otro compañero del francés también se fueron al suelo. Sólo el español se levantó. Llegó a meta a duras penas, muy magullado. No pudo continuar en la carrera debido a las lesiones producidas en la caída y a problemas respiratorios que tenían su origen en su infancia. Merckx y su particular trágico destino le habían vuelto a derrotar.

Victoria en París
1973 iba a ser un año diferente para Ocaña. Esa temporada sería la más exitosa para el corredor español, consiguiendo más de una decena de triunfos, en escenarios tan importantes como la Volta a Catalunya, o la Dauphiné Liberé. Pero destacaría especialmente ese año su victoria final en París, la segunda de un corredor español, tras la de Bahamontes. También hay que añadir a sus triunfos, un segundo puesto en la Vuelta a España, en donde Merckx volvió a derrotarle.

Aunque Merckx le había derrotado en la primavera, Ocaña iba a mostrarse intratable en el mes de julio en el Tour, mostrándose como el amo y señor de la carrera. Tal fue el domino del corredor español aquel año en Francia que aventajó al segundo clasificado, Thevenet, en más de un cuarto de hora. Sólo otros dos corredores después de la Segunda Guerra Mundial han hecho una hazaña similar; Koblet en 1951 y Merckx en 1969. Ese dominio se reflejó en la octava etapa de la carrera, en un fantástico duelo entre Ocaña y el asturiano José Manuel Fuente.

Esa octava etapa era una terrible travesía desde Méribel-les-Allues y Les Orres, en donde los corredores afrontarían las subidas a la Madeleine, el Galibier por la vertientes del Telegraphe, el Izoard y la ascensión final a Les Orres. Aunque en la Madeleine los corredores marcharon en grupo, en el coloso de la Grande Bouclé el asturiano Fuente realizó una serie de ataques a los que sólo pudieron responder Ocaña y Thevenet en un primer momento. A pocos kilómetros de la cima, tras un pequeño reagrupamiento, Fuente volvió a realizar un ataque al que esta vez sólo Ocaña respondió.

Ocaña le había ofrecido marchar juntos hasta la meta, y una vez allí, conseguir el triunfo de etapa. Aquello no gustó al Tarangú, que no estaba dispuesto a colaborar con su compatriota y decidió pasara a la acción. Una vez, dos veces, tres veces... así hasta veinte, que fueron las veces que atacó Fuente a Ocaña, sin conseguir dejar atrás al líder de la carrera.

No había podido el Tarangú con Ocaña y a partir de ese momento, a más de 130 kilómetros de meta, sería el de Priego quien pasase a comandar la carrera, situándose en una primera posición que no abandonaría en el resto de la jornada. Fuente marcharía desde entonces a su rueda, sin dar ningún relevo. Antes de subir el Izoard, la ventaja con Thevenet, López Carril y otros favoritos, la renta era de un minuto y medio. La ventaja aumentaría en la cima en casi tres minutos más. La etapa, no había duda, sería para alguno de los dos españoles, viendo la renta con la que contaban.

Pero a 30 kilómetros Ocaña se quedaría sólo en cabeza. El ritmo del conquense parecía que descolgaría en cualquier momento al asturiano, pero éste finalmente se quedó atrás debido a un pinchazo. Fue uno de los pocos golpes de suerte en la vida deportiva de Luis.

La renta del líder con respecto a Fuente llegó a rondar los dos minutos, pero un desfallecimiento hizo que entrase en meta con apenas uno de ventaja. Siete minutos más tarde que el ganador harían su entrada en meta Thevenet y Martínez. Perín llegaría a trece minutos y el grueso del pelotón lo haría a veinte. El coche escoba no llegaría a meta hasta pasada una hora desde la entrada del líder de la prueba. Ocaña había sido protagonista de una de las mejores etapas de toda la historia de la carrera.

Declive deportivo y vida tras retirarse
Nada más ganar el Tour, Ocaña invirtió sus ahorros en comprar un terreno vitícola y una casa de campo, a la que llamó Orcières-Merlete, la etapa en la que por primera vez había derrotado a Eddy Merckx. Cuando no competía dedicaba sus esfuerzos a sus tierras. Fueron unos meses de felicidad en la casa de Luis y Josiane, su mujer. 

Pero nuevamente la desgracia iba a sacudir al conquese. Otra vez iba a presentarse en forma de caída. Esta tuvo lugar semanas antes del Tour de 1974, en el Tour de l´Aude, y le impidió participar en la edición de ese año de la carrera francesa, en lo que iba a ser el gran duelo Ocaña-Merckx. Con 29 años, cuando debía estar en el mejor momento de su carrera, no volvió a ser protagonista en la Grande Bouclé, a pesar de correrla otras tres ocasiones más.

Su declive fue fulgurante y a una persona como él sólo le quedaba la retirada como el siguiente paso digno a su carrera. Dicho paso lo dio con 32 años, tras concluir la temporada de 1977. Su frustración intentó aplacarla trabajando en sus tierras, en las cuales quería producir armagnac, a pesar de las recomendaciones de no hacerlo. El orgullo nuevamente hizo que desoyera los consejos de sus allegados y entendidos y quiso producir el armagnac, llegando incluso a pedir ayuda para su distribución a antiguos compañeros de profesión, como Eddy Merckx o Johnny Schleck.

Pero convertirse en viticultor no fue una una buena idea, como demostró una tormenta destrozó la cosecha y que provocó que durante tres años no se pudiera producir nada en sus tierras. Ante los problemas económicos por no tener aseguradas las tierras, Luis se vio obligado a volver al ciclismo, esta vez como director. No tuvo éxito y probó suerte como comentarista. Tampoco se prodigó mucho en esta faceta.

A esos problemas económicos por perder la cosecha se sumó un grave accidente de automóvil que apunto estuvo de costarle la vida, en 1979. Volvió a sufrir otro grave accidente cuatro años más tarde. En el hospital, recuperándose de uno de esos dos accidentes, le contagiaron la hepatitis C, algo que por desgracia sucedía con mucha frecuencia en esos años en los centros médicos.

Los accidentes en coche, el final de su carrera deportiva, los fracasos en los negocios y especialmente su enfermedad, todo le golpeó al tiempo y no pudo soportarlo a largo plazo. Poco a poco la enfermedad le fue debilitando y las depresiones y las crisis cada vez eran más comunes en Luis.

Así fue hasta que el 17 de mayo de 1994 la enfermedad le provocó un ataque muy grave de pánico. 26 años antes, tras la muerte de su padre, le había dicho a sus más íntimos que si él algún día él sufría una enfermedad como la de su padre, no lo dudaría y pondría fin a su vida. Aquel 17 de mayo amenazó con quitarse la vida, hasta que su mujer llamó al médico para ver si conseguía calmarle. Finalmente Luis se consiguió calmar ante la presencia en su casa de los gendarmes (ante una llamada por intento de suicidio siempre acudían) y pareció desechar su idea del suicidio. Pero era algo temporal.

Dos días después de aquel primer gran ataque de pánico, el día 19, Luis volvió a tener un ataque con el que se puso muy nervioso. Consiguió calmarse un poco y se marchó a su despacho. Josaine extrañada aprovechó esos instantes de calma de su marido para llamar al médico por el teléfono inalámbrico que tenía escondido. Instantes después comenzó a preocuparse y fue al despacho. Allí encontró una escena dantesca. Según el informe oficial, Ocaña se había pegado un tiro en la cabeza, acabando de esta forma con su vida, a la temprana edad de 48 años.

Aquel español emigrante en Francia desde niño, el español de Mont de Marsan, como era conocido, ponía fin a su vida un 19 de mayo de 1994, sufriendo una grave enfermedad hepática y problemas de depresiones, además de problemas financieros por malas inversiones. Murió siendo uno de los deportistas más ninguneados dentro de su propio país, donde apenas recibió reconocimiento alguno. Y murió también siendo el único corredor que había sido capaz de mirar de tú a tú al mejor corredor de la historia, Eddy Merckx, el único que no se sintió inferior al belga y el único al que el Caníbal realmente pudo temer en la carretera. A título póstumo, el 27 de mayo de 2008 recibiría la Real Orden del Mérito Deportivo, en un acto que no compensaría el olvido que su figura había sufrido hasta entonces.


Saludos a todos!!

martes, 30 de julio de 2013

Tour 1971. Merckx claudica ante Ocaña

En la salida de la edición del Tour de Francia de 1971, el gran favorito iba a ser el campeón de las dos últimas ediciones, el belga Eddy Merckx, quien corría bajo los colores del potente equipo Molteni. A priori, el gran rival del belga en aquel Tour sería el español Luis Ocaña, quien capitaneaba el potente equipo Bic, en el que se encontraría gente de la calidad de Labourdette, Mortensen, o Johnny Schleck (el padre de Andy y Frank Schleck). En teoría ambos corredores, español y belga, serían los grandes favoritos a pelear por el triunfo en la gran ronda francesa, siempre con el belga un peldaño por encima. Otros corredores, como Zoetemelk o Agostinho, también presentaban en la línea de salida su candidatura al triunfo final.
 

Grenoble - Orcières-Merlette

El jueves 8 de julio se iba a disputar la undécima etapa del Tour de Francia. Una etapa corta, de 134 kilómetros, que discurriría entre Grenoble y Orcières-Merlette, atravesando los puertos de Laffrey y Noyer antes de alcanzar la meta, situada en la cima de Orcières-Merlette. Los días anteriores a esa etapa, Ocaña había ido poniendo a Merckx en serias dificultades en puertos como el Puy de Dôme o Porte, y había visto que el belga también era humano y había flaqueado.
 
La etapa iba a comenzar muy rápida, ya que el primer puerto del día, el de Laffrey, se encontraría situado en el kilómetro 13 de la etapa. Desde la salida, el equipo Kas tiraría a bloque, escapándose Fuente casi de salida. Ese fuerte ritmo de salida desarmaría por completo al equipo del belga Merckx, quien se vería sin el apoyo de sus compañeros casi desde la primera pedalada del día. Pero no iban a terminar ahí sus problemas.
 
Nada más comenzar ese primer puerto del día, en la primera rampa, Agostinho lanzará un potente ataque, siguiendo las instrucciones de su director Geminiani, que algo habría visto extraño en el pelotón para mandar a su pupilo atacar de forma tan tempranera. El primer corredor que salió a por el corredor portugués fue el español Ocaña, seguido por Van Impe y por el líder Zoetemelk. Rápidamente estos tres corredores formaron un terceto perseguidor que se entendió perfectamente y mantuvo controlado al bravo corredor portugués. Nadie más pudo alcanzar ese grupo. Gösta Pettersson lo intentó, pero no pudo contactar con el grupo cabecero, mientras que Merckx ni intentó moverse para neutralizar ese peligrosísimo movimiento. Fuente, por su parte, a pesar del ataque inicial, había hecho aguas y no se le volvería a ver ese día.
 
Eso era lo que Geminiani había visto, Merckx había flaqueado y quería eliminarle de la carrera. Era otro ciclismo. Que el belga no intentase contactar con los hombres de cabeza sin duda llenó de moral a los corredores que marchaban por delante de él, especialmente a Ocaña, quien ese día iba con una fuerza descomunal y casi no tuvo necesidad de que le diesen relevos en la persecución a Agostinho.
 
El primer corredor que coronó el puerto fue Agostinho. El hueco con el trio perseguidor era mínimo, y estos coronaron con apenas quince segundos de retraso. Petterssen sería el siguiente en coronar, cediendo un minuto más que el trío perseguidor. Merckx, por su parte, viajaría en un grupo con Guimard, Thévenet o Mortesen. El retraso de ese grupo en la cima sería de un minuto y medio con respecto al corredor portugués.
 
En el descenso y en el llano posterior al primer puerto de la jornada se formaron dos grupos diferentes, que formarían los dos frentes de batalla de la jornada. El primer grupo estaría formado por Ocaña, Zoetemelk, Van Impe y Agostinho, que había decidido levantar el pie y esperarlos. Por detrás, el otro frente de batalla sería el grupo formado por Merckx, que encabezaría la persecución al grupo que les precedía en la jornada.
 
El grupo cabecero marchó desde el momento de la neutralización al corredor cabeza de carrera con gran armonía, colaborando todos en aumentar la ventaja con respecto al grupo perseguidor. Tal era la armonía de los corredores que en el sprint de Pierre-Châtel la ventaja con el grupo de Merckx había aumentado hasta casi los dos minutos y medio. El sprint, por cierto, fue vencido por Ocaña, por delante de Zoetemelk.
 

Victoria en solitario de Ocaña

Pero la armonía entre los corredores no podía ser eterna, y marchar todos juntos hasta la meta, como se demostró en el segundo puerto del día, en el Col de Noyer. En los primeros kilómetros de dicho Col, Ocaña acelera el ritmo, buscando una hazaña imposible. Los que hasta ese momento habían sido sus compañeros de viaje, no son capaces de seguir el ritmo del corredor conquense. Quedaban más de 70 kilómetros para llegar a meta.
 
Palmo a palmo, metro a metro, Ocaña va abriendo más y más distancia con sus antiguos compañeros de aventuras. A mitad de puerto su ventaja con respecto a ese trío se sitúa sobre el minuto. Su locura poco a poco va tomando forma. El bueno de Luis va creciéndose con los kilómetros, mientras que los perseguidores se van desinflando muy alarmantemente, cediendo una distancia que ya será tan irrecuperable como para pensar que no puede haber otro ganador de etapa que no sea el corredor del equipo Bic.
 
En la cima de Noyer las diferencias ya serán alarmantes para los perseguidores. Ocaña será, evidentemente, el primer hombre en pasar por la cima del puerto. El trío formado por Van Impe, Zoetemelk y Agostinho, acumulará en la cima un retraso de prácticamente cuatro minutos. Mientras, el grupo que comanda Merckx en todo momento, coronará con un tiempo perdido de casi cinco minutos y medio con respecto a cabeza de carrera.
 
Desde ese momento, y hasta el final de la etapa, las diferencias a favor de Ocaña no hicieron sino aumentar. El último puerto, el de Merlette, supuso un paseo para el corredor español, que aumentó significativamente sus rentas al atravesar la línea de meta. Ocaña completó su hazaña en poco más de cuatro horas. El segundo corredor en atravesar la línea de meta sería el holandés Van Impe, que llegaría con una increíble desventaja de 5 minutos y 52 segundos. Merckx, que a pesar de haber estado tirando en todo momento de su grupo, pudo ser el tercer corredor en atravesar la línea de meta, a tres segundos del corredor holandés, y a nada menos que 8 minutos y 42 segundos del corredor español..
 
Luis Ocaña, aquel 8 de julio de 1971, completó una fuga heroica, bajo un sol incandescente. Además de haber realizado tan impresionante etapa, el español había hecho encajar a Merckx la primera gran derrota de su carrera. Sin embargo, a pesar de ese duro golpe, el corredor belga se negó a rendirse y, a pesar de lo que dijese en sus declaraciones, iba a pelear con todo con el fin de conseguir su tercera victoria en el Tour de Francia. El amarillo ya era suyo, y la ventaja tan tranquilizadora que París ya se podía atisbar al fondo del horizonte.
Merckx: "Ocaña nos ha matado hoy a todos, como `el Cordobés´ mata a sus toros".
 
Tal fue la batalla que presentaron aquel día los corredores que 68 de ellos llegaron fuera del límite de tiempo, por lo que la organización se vio obligada a ampliar el fuera de control, pasando este del 12 al 15% del tiempo del ganador del día, para evitar que la carrera quedase hecha un solar. Esta medida, sin embargo, no pudo ayudar a Godefrot Walter, quien era el segundo clasificado en la clasificación de puntos al comenzar la jornada, e iba a tener que abandonar la carrera.
 

Abandono en el Col de Menté

Ocaña se situó desde ese momento como el estandarte anti-Merckx, el hombre que le había hecho doblar la rodilla en señal de derrota. Pero si algo tenía el campeón belga es que jamás se rendía. Podía estar herido, o incluso encontrarse moribundo, que él iba a morir matando. Y eso es lo que hizo desde que había sido derrotado en Merlette en aquel Tour. Atacó en el largo descenso de Orcières-Merlette hacia Marsella, y, en una etapa brutal para los corredores, consiguió recortar dos minutos al líder. En la contrarreloj del día siguiente también consiguió superar al español.
 
Y como no, Merckx volvió a atacar en los Pirineos. Esta vez el ataque más importante del belga iba a tener lugar en el descenso del col de Menté, el cual, debido al granizo que estuvo cayendo durante toda la jornada, se había convertido en un arroyo de agua y barro. En ese ataque kamikaze de Merckx, Ocaña intenta seguir el ritmo del belga cuando, sin frenos, se cae en una curva a izquierdas. La caída no es grave y se levanta rápidamente, optando por cambiar la rueda con su compañero Maurice de Muer, por precaución. Pero cuando se iba a reincorporar a la carretera, Zoetemelk, que también iba sin frenos, golpeó al español, dejándolo tirado en el suelo. En el Col del Portillon, el siguiente puerto de la jornada, miles de españoles esperarían el paso triunfal del flamante líder español por el puerto. Pero Ocaña jamás llegaría al Portillon. Había tenido que ser evacuado al hospital por la gravedad del atropello sufrido.
 
En la meta aquel día, Merckx se negó a ponerse el maillot amarillo, un amarillo que ya no abandonaría hasta París. "No, no me pertenece. Este Tour lo he perdido, no tengo nada que hacer, me vuelvo a casa". Sin embargo, a pesar de sus palabras, al día siguiente salió en dirección a Superbagnères, eso sí, sin vestir la preciada prenda amarilla, como muestra de respeto hacia el líder caído. "Habría preferido quedar segundo después de una dura batalla que ganar en estas condiciones. Será una victoria manchada para siempre". Y es que, en ese Tour de 1971, Ocaña había derrotado a Merckx. Eddy había encontrado en Luis a la horma de su zapato.
 

Clasificación 11ª etapa. Grenoble - Orcières Merlette.
1- Luis Ocaña (Bic) 4 horas 2 minutos 49 segundos
2- Lucien van Impe (Sonolor-Lejeune) 5´ 52´´
3- Eddy Merckx (Molteni) a 8´ 42´´
4- Joop Zoetemelk (Mars-Flandria) m.t.
5- Gösta Pettersson (Ferretti) m.t.
6- Bernard Thévenet (Peugeot-BP) m.t.
7- Bernard Labourdette (Bic) m.t.
8- Cyrille Guimard (Fagor-Mercier) a 8´ 45´´
9- Thomas Pettersson (Ferretti) m.t.
10- Joaquim Agostinho (Hoover-De Gribaldy) m.t.

Clasificación general.
1- Luis Ocaña (Bic) 58 horas 33 minutos
2- Joop Zoetemelk (Mars-Flandria) a 8´ 43´´
3- Lucien van Impe (Sonolor-Lejeune) a 9´ 20´´
4- Gösta Pettersson (Ferretti) a 9´ 26´´
5- Eddy Merckx (Molteni) a 9´ 46´´
6- Bernard Thévenet (Peugeot-BP) a 10´ 8´´
7- Leif Mortensen (Bic) a 13´ 22´´
8- Thomas Pettersson (Ferretti) a 14´ 50´´
9- Joaquim Agostinho (Hoover-De Gribaldy) a 20´ 31´´
10- Cyrille Guimard (Fagor-Mercier) a 21´ 35´´


Saludos a todos!

jueves, 18 de octubre de 2012

Agostinho, la historia de un soldado

Hablar de Joaquím Agostinho es probablemente hablar del mejor ciclista luso de la historia. Un corredor que nació en Torres Vedras, cerca de Lisboa, en 1943 y que compitió nada menos que durante 16 temporadas en el pelotón profesional, de 1968 a 1984, compartiendo pelotón con los Merckx, Ocaña o Hinault, siendo una más que firme amenaza para todos ellos.
 
Nacido en el seno de una familia de campesinos, fue el cuarto hijo de la misma, dedicándose desde muy pequeño al trabajo en el campo, compaginándolo con su sueño de jugar en el equipo de su vida, el Sporting de Lisboa. Entre el campo y su sueño transcurrió su vida hasta que en 1964 es destinado a servir en la Guerra de Mozambique. Allí sufrió la explosión de una mina al paso del camión en el que viajaba, de la que se salvó de milagro. También vio morir a muchos compañeros de forma inútil y lo que trajo mayores consecuencias físicas para él, contrajo la malaria. Pero también estaban los daños psicológicos que pusiera haber sufrido allí. Su vida había quedado marcada, inevitablemente, por casi tres años de guerra.

De siempre se dijo, ya que él jamás lo confirmó, que a su vuelta a casa, y para olvidar todos los males vividos en esos últimos años de su ida, Agostinho se volcó absolutamente en la práctica deportiva. Esta práctica deportiva era ya el ciclismo, una afición de la que se empapó en la guerra, ya con 21 años, debido a que participó en en las carreras que organizaban los propios militares, a pesar de que prácticamente no era capaz de mantener el equilibrio sobre la bicicleta. A pesar de su falta de habilidad, circunstancia que luego se pudo apreciar como profesional, Agostinho se enamoró de la bicicleta, mejorando significativamente sus resultados en esas carreras conforme pasaban las semanas.
 
Ya en su regreso a Lisboa quiso participar en una carrera local, pero al no disponer de una bicicleta propia, participó con una bici prestada por una amiga de su hermana, una bicicleta de mujer. A pesar de que hacía apenas 5 años no sabía montar en bicicleta, y que la que iba a usar aquel día se la habían prestado, Agostinho consiguió la victoria en la prueba con nada menos que una vuelta de ventaja con respecto al segundo clasificado del día.

Ese hito captó la atención de Joao Roque, quien había ganado la Vuelta a Portugal unos años atrás, y lo llevó a participar en carreras de mayor nivel. Poco después ganó el campeonato de Portugal y finaliza segundo la Vuelta a Portugal, por detrás de su compatriota, el corredor del SL Benfica, Américo Silva.

Se encontraba en un momento muy dulce, y le llevan a Brasil a correr la Vuelta a Sao Paulo, en la que se impone a un pelotón en la que corren otros corredores europeos, lo que hace que Jean de Gribaldy, patrón del equipo Frimatic, se fije en él y decida contratarlo para su equipo. En solo un año había pasado de estar participando en una guerra a haber firmado un contrato profesional con un equipo francés.

Hulk, como le apodaba la prensa internacional, debutaba en Francia al año siguiente, con dos victorias de etapa (etapas 5ª y 14ª), pero pudo seguir compaginando el calendario que su equipo le ofrecía en Francia con su participación en las carreras de casa. Durante ese periodo en el que compagina ese calendario, obtiene nada menos que 6 campeonatos de Portugal de forma consecutiva, de 1968 a 1973, consiguiendo la victoria tanto en ruta como contrarreloj, además de ganar en tres ocasiones la Vuelta a Portugal (1970-71-72) y obtuvo nada menos que 23 victorias parciales.

Nadie le puede hacer sombra en Portugal, donde gana prácticamente en todas las carreras en las que compite, por lo que decide tomar la decisión de no volver a disputar ese calendario, aconsejado por Raphael Geminiani, que le dijo: “Tienes que elegir entre ser un campeón portugués o ser un campeón mundial”. No se lo pensó mucho Joaquim y optó por disputar el calendario europeo.
 
Vuelta a España
En la Vuelta a España participó en cinco ocasiones, siendo la primera de ellas en 1972, una participación que pudo ser trágica, ya que camino de Tarragona sufrió una caída contra una montonera de cemento y se fracturó la base del cráneo. Sólo una rápida actuación médica evitó un fatal desenlace.

Al año siguiente, compartiendo equipo con Luis Ocaña en el Bic, intentaron hacer frente al campeón belga Merckx, que iba a participar por única vez en la Vuelta. Pero no hubo forma de parar al belga, que consiguió nada menos que seis victorias de etapa y ganó la gran ronda. Ocaña le siguió en la clasificación y Agostinho fue finalmente sexto en la general.
 
Pero su mejor participación tuvo lugar al año siguiente, en 1974, prueba en la que ya no participó el vigente campeón, Merckx, pero que si contó con la participación de Thevenet, José Manuel Fuente "el Tarangú" aparte de su compañero y último campeón en Francia, Ocaña. Pero poco duró Thevenet entre los favoritos, ya que se hundió en la clasificación general, olvidándose de poder optar a ganar la ronda española. La carrera fue más o menos normal, salvo por el desfallecimiento del galo, hasta la 13ª jornada que finalizaba en el Naranco. Al paso por el puerto de Pajares, Joaquim se escapa junto a Lasa, que era compañero del líder "el Tarangú". Lasa y Joaquim se fueron entendiendo perfectamente, a pesar que el director del español había ordenado que no lo hiciera. En la bajada del puerto, bajo la lluvia, Agostinho se queda cortado con respecto a Lasa y el Tarangú alcanza a ambos corredores, y mosqueado por la actitud de su compañero, ataca en el Naranco, realizando una brutal exhibición, adelantando en aproximadamente un minuto a los siguientes cuatro corredores: Perurena, Lasa, Ocaña y Agostinho.
 
Parecía que esa jornada decidiría la carrera, pero una victoria en Cangas de Onís y una caída de Fuente el penúltimo día, hacen que en la última jornada, una contrarreloj de 35 kilómetros, Agostinho llegue con posibilidades de hacerse con la victoria. Un Ocaña enfermo, cediendo poco más de un minuto, fue el único capaz de aguantar el tipo ante la exhibición descomunal que realizó el portugués aquel día. Pero el final de la Vuelta fue caótico, ya que aunque en un principio dijeron que Agostinho había recuperado los 2 minutos y 35 segundos de retraso que tenía con respecto a Fuente, y que por lo tanto era el ganador de la carrera, minutos más tarde la organización se contradijo y declaró que Fuente había salvado la Vuelta por el estrecho margen de once segundos.

Por supuesto, Agostinho siempre dijo que le habían robado esa Vuelta, que le pertenecía. Pero aunque la organización reconoció errores de cronometraje aquel día, jamás se corrigió el resultado que dieron los jueces aquella tarde del 12 de mayo de 1974. Joaquim jamás volvió a brillar de esa manera en la Vuelta, porque aunque se vistió de líder dos años más tarde, jamás volvió a estar tan cerca del triunfo.
 
Tour de Francia
Como se decía anteriormente, Agostinho debutó en el Tour en 1969, el mismo año en el que “el caníbal” Merckx obtenía su primera victoria en la carrera. Joaquim debutaría con 2 victorias de etapa y con un octavo puesto final en la general. Fue un corredor asiduo en el top-ten de la carrera, ya que en nada menos que en otras siete ocasiones se clasificó entre los diez primeros, incluyendo dos terceros puestos, en 1978 y 1979, y consiguió también cuatro victorias de etapa.
 
El punto álgido en la carrera del luso tuvo lugar precisamente en esos dos años, luciendo los colores del mítico equipo Flandria, ya que pudo finalmente alcanzar un pódium que había estado trabajando muchos años. Es cierto que no pudo ser partícipe en ningún momento de la disputa de la victoria final, monopolizada por la disputa entre Zoetemelk e Hinault, con triunfo de este último.
 
Si 1978 había sido bueno, el siguiente año fue aún mejor, ya que aunque la carrera vio como se repetía la actuación del año anterior, esta vez Agostinho tuvo su día de gloria en la carrera, el 15 de julio, con final de etapa en Alpe d´Huez y pasos previos por Madeleine y Galibier.

A pie del último puerto llegó una escapada compuesta por Alban, Nillson, Laurent y Wellens, pero esta quedó en nada ante la actuación que tuvo el bueno de Joaquim. Este atacó en las primeras rampas del Alpe d´Huez, aprovechando el marcaje mutuo que se hacían los dos grandes favoritos, Zoetemelk e Hinault. A su rueda salió Bernaudeau, gregario del francés, pero poco duró a su rueda, ya que tras varios de los chepazos habituales de Agostinho, este se quedó en solitario y fue adelantando a los componentes de la fuga. Llegó a meta con más de tres minutos con respecto a los dos grandes favoritos de la carrera. Aquel día, un 15 de julio de 1979, contando con 36 años, Joaquim Agostinho se había consagrado ante los ojos de todo el mundo, consolidando, además, su segundo pódium consecutivo en Francia.
 
Aquella fue su última gran participación en el Tour, ya que las caídas fueron su cruz. Esas caídas que le impidieron volver a conseguir ninguna victoria en las siguientes cuatro temporadas, rompiendo el maleficio en su última Vuelta al Algarve. Caídas que, por ejemplo, le llevaron a volver a abrirse nuevamente el cráneo en otra ocasión. Sin duda alguna, estaba gafado en ese aspecto. Pero aún a pesar de todo, llegó a firmar un 11º lugar en la que sería su última participación en el Tour de Francia, contando ya con 40 años.

Para la leyenda quedó una frase suya después de una dura jornada en el Tour, hablando sobre la dureza de la carrera: “Cuando me acuerdo de la guerra, me río de los que dicen que subir el Mont Ventoux es duro”.
 
Fin de su carrera
 
1984 iba a ser su última temporada como profesional, para después pasar a ser manager y descubre talentos, tal y como declaró a TVE en una entrevista que le hicieron días antes de la que sería su última participación en la Vuelta al Algarve. Contaba ya con 41 años, y había planeado disputar de nuevo el calendario portugués, con los colores del Sporting, y posteriormente participar por 14ª vez en el Tour de Francia, igualando a Darrigade y a Poulidor.
Pero jamás pudo tomar la salida en el Tour de Francia, ya que disputando la Vuelta al Algarve, que lideraba, en los últimos instantes de la contrarreloj, un perro se cruzó en su camino, no pudiendo evitar atropellarlo yéndose él al suelo y dándose un fuerte golpe en la cabeza.

La muerte fue muy controvertida, ya que el corredor no fue trasladado al hospital de forma inmediata, sino que se le llevó al hotel y se le aplicó una bolsa de hielo en la cabeza. Al poco rato comenzó a sangrarle la nariz, pero en lugar de trasladarlo al hospital al momento, se tardaron más de 4 horas en llevarle, con el agravante de que el hospital se encontraba a 400 kilómetros (la distancia que había entre Faro y Lisboa) y en el traslado el corredor entró en coma. El corredor se debatió 10 días entre la vida y la muerte, hasta que a primera hora del 10 de mayo fallecía de manera trágica, dejando abierto el debate sobre qué habría sucedido si el corredor hubiera recibido una adecuada atención médica.
 
Joaquim Agostinho murió con 41 años de edad, habiendo obtenido un total de 76 victorias en su dilatada carrera. Palmares en el que figuraban 4 victorias en el Tour de Francia, 3 en la Vuelta a España, un pódium en esta última carrera y otros dos en Francia, a lo que hay que sumar su espectacular palmares en Portugal, con 3 Vueltas a Portugal, con 23 victorias de etapa y 6 campeonatos de su país. Como forma de homenaje, el Tour de Francia decidió colocar un busto suyo a tamaño natural en la curva número 14 del Alpe d´Huez.
 
 
Saludos a todos!!