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domingo, 20 de julio de 2014

Tour 1975: el puñetazo que costó una carrera

Tal día como hoy, 21 de julio, pero en 1974, sería la última ocasión en que el ciclista más grande de todos los tiempos subió por última vez a lo más alto del pódium de París. Aquella victoria en el Tour sería la última de Eddy Merckx en una gran vuelta por etapas. Desde aquí, para homenajear este cuarenta aniversario, quiero recordar su participación en la siguiente edición de la ronda gala, en la cual fue derrotado, pero en la que se ganó el corazón de todos los aficionados a este deporte, por su entrega en la carrera y por saber reponerse a todas las adversidades que le sucedieron durante aquella edición.

Tour de Francia 1975
El mes de julio de 1975 se presentaba en Francia con un aroma especial. Un aroma especial porque se iba a disputar la carrera más grande, el Tour, y porque en la línea de salida se iba a encontrar el corredor más grande de la historia, Eddy Merckx, quien iba a buscar en esa edición su sexto triunfo final, lo que le hubiera situado en solitario en el Olimpo de la ronda gala, puesto que en aquel momento se encontraba igualado a entorchados con Jacques Anquetil. Y eso era algo a lo que no estaban dispuestos el resto de corredores, especialmente los franceses.

Aquella edición iba a comenzar en la ciudad belga de Charleroi, y a ella iba a llegar Merckx como vigente campeón del mundo, además de haberse hecho a lo largo de la temporada con los triunfos de Lieja, Milán-San Remo, Amstel y la Vuelta a Flandes. Además, también había pisado el segundo puesto del pódium en París-Niza, en la París-Roubais y en la Vuelta a Suiza. Parecía que la Grande Bouclé tendría dueño, el mismo que en cinco de las últimas seis ediciones.

En el prólogo no conseguiría hacerse con el maillot amarillo, pero marcaría el segundo tiempo del día, por detrás del debutante Francesco Moser. El italiano no pudo debutar de mejor manera, ya que consiguió la etapa y un liderato que conservó hasta la corta contrarreloj de la sexta jornada. En ella Merckx se haría con el triunfo y con la prenda amarilla de líder. Tres días más tarde, en una nueva crono en el segundo sector de la etapa 9, el belga refrendaría su liderato. Sólo Thevenet parece aguantarle el pulso aquel día, pero ya se encuentra en la general a más de dos minutos. El Caníbal parece lanzado a por su sexto Tour.

A pesar de que Merckx parece lanzado a por el triunfo final, la carrera es muy larga y todavía quedan por disputarse las etapas de alta montaña. En la segunda etapa pirenaica, la que acababa en St. Lary-Soulan, Thevenet ataca y consigue recortarle tiempo al líder. La ventaja al final del día sigue siendo amplia, de un minuto y medio, pero lo importante del día son las sensaciones que muestra Thevenet, que se muestra en gran forma y está dispuesto a plantar batalla en las etapas alpinas.

Por delante aún iban a quedar cuatro grandes etapas de montaña en las que Francia iba a asistir expectante a la batalla que se iba a presentar entre su héroe local, Bernard Thevenet, y el tirano pentacampeón de la carrera, Eddy Merckx.

Puy de Dôme. El puñetazo a Merckx
El viernes 11 de julio iba a tener lugar la disputa de la 14ª etapa entre Aurillac y el volcán que domina majestuosamente las cercanías de Clermont-Ferrandel, el Puy de Dôme, una cima en donde por diversas circunstancias el campeón belga jamás pudo alzar los brazos. En ella iba a tener lugar la primera de las cuatro batallas que nos iban regalar los dos primeros clasificados de la general y grandes favoritos al triunfo final.

Aquella etapa no tuvo ninguna trascendencia hasta el último puerto de la jornada, salvo por una pequeña fuga que había sido permitida por el pelotón. Una vez que la carrera llegó al Puy de Dôme, el líder Merckx parecía tenerlo todo bajo control hasta que faltaban menos de cinco kilómetros para el final de la etapa. En ese momento comandaba la carrera en un pequeño grupo, acompañado de su compatriota Van Impe, del francés Thevenet y el holandés Zoetemelk. Sería precisamente en ese punto cuando Thevenet lanzó un potente demarraje, que sólo pudo ser respondido por Van Impe. Por detrás el líder no se preocupa y prefiere mantener su propio ritmo en la ascensión, con el dueto cabecero a apenas cincuenta metros de distancia.

Todo estaba bajo control, o eso parecía. Van Impe iba a superar a Thevenet antes de pasar por la pancarta del último kilómetro y se iba a hacer con la victoria de etapa. El corredor galo había flaqueado y Merckx se estaba preparando para realizar uno de sus habituales finales lleno de fuerza y conseguir reducir la distancia que les separaba. Pero en los últimos metros, antes de alcanzar la línea de meta, el líder de la carrera recibe un puñetazo en el costado derecho que le deja sin aire. Un espectador de entre la multitud que abarrotaba las rampas del puerto ha golpeado a Eddy Merckx.



Thevenet cedería en meta 15 segundos, pero consigue aventajar en otros 34 a un Merckx que llega a meta totalmente exhausto. El belga se muestra en meta muy enfadado, al tiempo que se encuentra conmocionado y asustado por la agresión. El vigente campeón del mundo, junto a la policía, vuelve sobre sus pasos y consigue identificar a su agresor, el cual es inmediatamente detenido.

Una vez que el belga se encuentra en el vestuario se muestra muy dolorido por el golpe recibido, en el hígado, además de vomitar varias veces. En el equipo comienza a cundir el pánico y tratan por ello de contactar con el médico personal de su corredor. El médico conseguirá llegar para examinar a su pupilo antes de finalizar la jornada, a pesar de encontrarse en su día libre. Su diagnóstico fue que el golpe había sensibilizado la zona hepática, pero que no era nada grave. Le recetará un anticoagulante sanguíneo para facilitar la renovación de la sangre e impedir doloroso hematomas, además de prescribirle Glifanan, un calmante para el dolor.

Merckx se despide del amarillo
El sábado 12 era día de descanso en la carrera, un día que Merckx lo pasó con grandes dificultades, debido a que la zona del golpe se muestra contracturada y apenas ha podido dormir y descansar. A sus males se suma que él es un obseso del descanso desde su accidente en el velódromo seis años atrás. No pudo encontrar esa noche una postura en la cama que le consiguiera evitar el dolor.
Merckx apenas puede dormir y descansar en la jornada de descanso posterior al día que recibió el puñetazo
En esa situación se llega a la etapa reina de la carrera, la etapa alpina en la que se afrontaban las ascensiones de St.Martin, Couillole, Champs, Allos y el final en Para-Loup, a través de 217 kilómetros y más de cinco mil metros de desnivel. Los dos grandes favoritos al triunfo final se iban a mostrar muy inquietos al comenzar la jornada. Thevenet porque sabe que se encuentra ante la oportunidad de su vida. 58 segundos son los que le separan de esa oportunidad. Merckx por su parte se mostraba nervioso porque era sabedor que la etapa era larga y dura y no había podido alimentarse bien por los problemas digestivos que arrastraba derivados del puñetazo en el hígado.

El equipo del líder, el Molteni, marcha desde el inicio tratando de controlar todos los movimientos, sabedores que Merckx no se encuentra en plenas facultades. En el Col de Champs la inquietud de Thevenet ya es más que patente y realiza hasta seis demarrajes, buscando distanciarse del maillot jaune. Pero el líder se encuentra muy bien flanqueado por Janssen y De Schoenmaecker y consiguen abortar sus ataques.

La intensidad con la que los favoritos habían afrontado el Col de Champs haría que al penúltimo puerto de la jornada, el Col d´Allos, llegasen tan sólo cinco corredores, los cinco primeros de la general. Por orden Merckx, Thevenet, Zoetemelk, Van Impe y Gimondi.

Hasta ese momento Merckx ha podido controlar sin problemas el dolor de la zona golpeada, y antes de afrontar esa subida incluso se toma una pastilla contra el dolor. Tan bien marchaba el belga que en el kilómetro final de la ascensión observó como Thevenet se mostraba sofocado y pasó a la acción. Lanzó un ataque con el que se marchó en solitario buscando sentenciar la general. En el descenso se lanza salvajemente, alcanzando en algún punto de la bajada más de 100 km/h, mientras que el francés se muestra mucho más prudente en un descenso peligroso y muy técnico. Tal era la locura del descenso que el coche del Bianchi, conducido por Giancarlo Ferreti, se salió de la carretera y rodó 150 metros por la ladera antes de estrellarse contra un árbol. Por fortuna no hubo que lamentar nada grave en aquel descenso. A la base del Para-Loup Eddy Merckx llega con unos dos minutos de ventaja con respecto al cuarteto perseguidor y el sueño de hacerse con el sexto Tour parece que se va a hacer realidad.

Pero a veces los sueños se tornan en pesadillas, y en la base de ese último puerto la de Merckx acababa de empezar. El belga pierde el golpe de pedal y da la sensación de encontrarse muy mal; se ha quedado sin fuerzas, sin que sus piernas puedan mantener un buen ritmo. A esos síntomas además habría que sumarle que el estómago le estaba ardiendo, como reconocería en la línea de meta.

Por detrás es rápidamente alcanzado y rebasado por el italiano Gimondi. Tampoco tarda mucho tiempo en hacer su aparición Thevenet, quien no sabe que hacer en esa situación y decide ponerse a rueda del belga. El director del corredor francés, Maurice de Muer, atónico comienza a gritar a su pupilo para que pase a la ofensiva, indicándole que el belga iba muerto. Thevenet realiza un cambio de ritmo y deja atrás al maillot amarillo, marchando en la búsqueda de su primer Tour. En el camino también alcanzará a Gimondi y se hará con la etapa y con la preciada prenda amarilla que en esos momentos portaba un corredor que se estaba arrastrando por las rampas del puerto. En la meta Merckx cedería casi dos minutos, pero no iba a buscar excusas: "es igual el tiempo perdido, lo he intentado todo y he perdido todo. Se acabó. No ganaré este Tour". En el hotel la visión que iba a reflejar su costado iba a ser dantesca, con un moratón enorme que casi le llegaba al pecho.
"Es igual el tiempo perdido, lo he intentado todo y he perdido todo. Se acabó. No ganaré este Tour."

Un campeón nunca se rinde
Un campeón jamás puede rendirse. Es la máxima iba a llevar a cabo el vigente Campeón del Mundo en lo que restaba de carrera, empezando por la 16ª etapa. Era una jornada que iba a afrontar las dificultades montañosas de Vars y el coloso Izoard. Sería en el descenso de Vars cuando se lanzaría el belga a tumba abierta en otro ataque que desarbolaría a Bernard Thevenet. El belga seguiría escapado con un grupo de corredores de los que no iba a recibir un relevo. A pesar de todo, iba a conseguir llegar a Guillestre con cerca de un minuto de ventaja sobre Thevenet. Sería en la transición hasta el pie del Izoard cuando será alcanzado por el buen hacer del conjunto Peugeot.

En el coloso alpino Bernard Thevenet se muestra intratable y siguiendo el consejo de un espectador de lujo aquel día, Louison Bobet, de que un campeón entra siempre solo en la Casse Deserté, hizo lo propio. Su ventaja al final del día se iba a ir hasta los tres minutos y veinte segundos en la general con respecto al segundo clasificado, Eddy Merckx. El Tour era francés.

Aún a pesar de la desventaja y de sus propios problemas físicos, Merckx sigue sin rendirse. Y no se rinde a pesar que, antes de comenzar la 17ª etapa, se engancha con el danés Ole Ritter y se da un buen golpe en la cara. Los médicos le recomiendan abandonar la carrera, pero él no puede hacer eso. Tiene que honrar al futuro campeón.

Pocos minutos más tarde, en el descenso del primer puerto de la jornada, La Madeleine, lanza un nuevo ataque. Thevenet vuelve a verse por detrás del belga, pero cuenta en su lucha con la colaboración de Bourreau, Zoetemelk y Moser, con lo que consiguen neutralizarlo. En el Colombière volverá a atacar de nuevo y llegará a alcanzar cerca de dos minutos de ventaja sobre el líder de la carrera, quien gracias a la ayuda de varios de sus compañeros nuevamente conseguirá neutralizar esa desventaja. En la meta llegarán ambos corredores junto con Zoetemelk, a casi cuatro minutos del ganador del día, el español Vicente López-Carril.

Una vez concluida la etapa, a Merckx le será diagnosticada una fractura en la mandíbula, con lo que el mundo del ciclismo no consigue salir de su asombro ante la exhibición realizada en la etapa por el Caníbal. Desde ese momento y hasta el final de la ronda gala vivirá un calvario tremendo, siendo insistido constantemente por los médicos en abandonar la carrera, ya que desde entonces y hasta varias semanas más tarde sólo pudo tomar alimento líquido. La respuesta de Merckx, la misma en todo momento: "No puedo retirarme, eso restaría méritos a la victoria de Thevenet".
"No puedo retirarme, eso restaría méritos a la victoria de Thevenet."
Cuatro días más tarde, Merckx iba a asistir como espectador de lujo a la ceremonia de coronación del francés Bernard Thevenet en los Campos Elíseos. El belga no iba a conseguir, ni aquel año ni más adelante, su sexto Tour, lo que le habría elevado a lo más alto del Olimpo del Tour. No se hizo con el triunfo, pero había realizado una de sus mayores demostraciones como corredor en aquella edición, lo cual es mucho decir en el Caníbal.

Pero, ¿habría conseguido Merckx la victoria final si no hubiera recibido ese puñetazo?
Es una pregunta que nadie podrá responder nunca. Lo que es seguro es que Merckx llegó a Francia aquel año siendo bastante odiado por el público francés, cansado de verle ganar, y se marchó del Tour sin haber conseguido el triunfo, pero habiendo conseguido entrar en el corazón de todos los franceses. Llegó al corazón del público galo después de todo lo que demostró en la carrera y que, a pesar de las recomendaciones médicas, optó por no retirarse, para así dar más prestigio al ganador de aquel año. Merckx cayó derrotado en aquella edición, pero lo hizo con una actuación digna de un auténtico campeón. Digna de Edouard Louis Joseph, Baron Merckx, más conocido como Eddy Merckx.


Clasificación Tour de Francia 1975
1- Bernard Thevenet (Peugeot) 114h. 35´ 21´´
2- Eddy Merckx (Molteni) a 2´ 47´´
3- Lucien Van Impe (Gitane-Campagnolo) a 5´ 01´´
4- Joop Zoetemelk (Gan-Mercier) a 6´ 42´´
5- Vicente López-Carril (Kas Kaskol) a 19´ 29´´
6- Felice Gimondi (Bianchi Campagnolo) a 23´ 05´´
7- Francesco Moser (Filotex) a 24´ 13´´
8- Josef Fuchs (Filotex) a 25´ 51´´
9- Edward Janssens (Molteni) a 32´ 01´´
10- Pedro Torres (Super Ser) a 35´ 36´´


Saludos a todos!

domingo, 18 de mayo de 2014

Luis Ocaña. El héroe trágico

El 19 de mayo de 1994 el ciclismo sufrió una trágica noticia. Aquel día Luis Ocaña acabó con su vida con un disparo en la cabeza. Hoy, veinte años después, desde aquí le quiero rendir homenaje al que fuera el corredor más singular del pelotón, una figura muy ninguneada en su propio país natal. Un hombre que no tenía medida, tanto en la vida como en la carretera, y cuya personalidad le hizo llevar todos los asuntos al extremo del todo o nada, como demostró su rivalidad con el Caníbal Eddy Merckx.

Y es que la historia de Ocaña es la historia de una persona maldita, pero al tiempo también es la de una persona inconformista y luchadora. El conquense fue una persona que vivió tanto en la vida y como en el ciclismo con la misma pasión, con el mismo riesgo. El exceso era su forma de vivir, su interpretación de la vida, y así lo fue hasta aquel trágico 19 de mayo de 1994.

Sus primeros años
Jesús Luis Ocaña Pernía fue hijo de la posguerra, naciendo un 9 de junio de 1945 en la localidad de Priego, Cuenca. La situación de pobreza general que se vivía en el país le hizo sufrir mucho desde niño. La escasez de trabajo hizo que cuando apenas contaba con seis años, tratando de huir de la pobreza, su padre encontrase trabajo en el Valle de Arán, en la frontera española con los Pirineos, muy cerca del Col de Portillon. Su vida siguió siendo igual de dura, tanto para los padres como para Luis y sus tres hermanos. En el Valle de Arán el trabajo no era abundante, y un tiempo después el cabeza de familia debió buscar un destino que les ofreciera otra oportunidad. La situación en el país les había obligado a abandonar España.

Ese destino lo iba a encontrar al otro lado de la frontera, en donde el padre trabajaría como leñador. Luis tenía entonces doce años, y aunque durante un tiempo siguió acudiendo a la escuela, meses después comenzaría a trabajar como carpintero, abandonando la escuela. Al lugar de trabajo se desplazaría en bicicleta, en la misma con la que echaba carreras con los amigos, a los cuales, a pesar de sus mofas por el material con el que competía contra ellos, siempre derrotaba.

El joven conquense sabía que era bueno sobre la bicicleta, pero se encontró con la oposición de su padre, quien le decía que nunca llegaría a nada en el deporte y lo que debía hacer era centrarse en su oficio, que era lo que le permitiría salir adelante. Nunca tuvo una gran relación con su padre, pero siempre admiró de él su determinación y capacidad de trabajo.

La carrera de Luis se habría echado a perder de no ser por la figura fundamental de Pierre Cescutti. Pierre tenía un equipo de chicos jóvenes y fue quien habló con el padre, convenciéndole que su hijo podía tener un futuro brillante con la bicicleta. Una vez que obtuvo el beneplácito del progenitor, Pierre le encontró alojamiento en Mont-de Marsan (que pagaba él) y le acogió en su equipo, además de negociar con el dueño de la carpintería para que le dejase tiempo libre al joven corredor para poder entrenarse.

De carácter fuerte, Ocaña no pudo compaginar mucho tiempo el oficio en la carpintería con el ciclismo. Luis tenía que hacer las cosas a su manera, en cualquier ámbito de la vida. Por eso tuvo una fuerte discusión con el dueño de la carpintería, hasta que le arrojó un martillo y este le despidió. Por fortuna para él, los triunfos no tardaron en llegar sobre la bicicleta, con lo que pudo salir adelante. Aún no era profesional, pero se iba a labrar un nombre importante como corredor independiente del equipo Mercier. Ese fuerte carácter hizo que se negase a pasar al equipo profesional como gregario de nadie y finalmente fichar por el conjunto Fagor.

Paso a profesionales
En su primer año de profesionales, en 1968, Ocaña se coronó como campeón de España. El corredor conquense, casi sin bajarse del pódium, fue a visitar a su padre, que con un cáncer de próstata se encontraba ingresado en el hospital. El padre se alegró enormemente. Ambos, padre e hijo, se emocionaron. Semanas después moriría, como consecuencia del cáncer.

Al año siguiente la mala suerte se volvería a cebar con él. En esta ocasión fue en la sexta etapa del Tour de 1969, el primero del Caníbal Merckx, y fue en forma de caída. Ocaña sufrió una aparatosa caída en los primeros compases de la etapa, la cual le dejó muy magullado y con múltiples heridas. Orgulloso, como era, volvió a subirse en la bicicleta, decidido a concluir la etapa. Conforme avanzaba, cada pedalada le iba costando más y más esfuerzo. Su equipo entero se paró a esperarlo y empujarlo cuando fuera preciso: Perurena, López Rodríguez, Galera... Ahí estaba todo su equipo para ayudarle a llegar a meta. En el Ballon de Alsacia, llegó a decir Perurena, el conquense no pudo dar una pedalada y fue empujado por sus compañeros.

Al llegar a meta, no pudo más. Le bajaron de la bicicleta semi inconsciente, sin poder hablar y habiendo perdido mucha sangre. Tuvo que ser trasladado a un hospital para poder ser atendido de las múltiples heridas que se había producido en la caída. Se había acabado de esta forma tan cruel su primera aventura en Francia. Sería el inicio de una mala suerte que le acompañaría toda la vida.

Para la temporada de 1970 iba a cambiar los colores del equipo Fagor por los del francés Bic. Ese cambio de equipo vino acompañado de su primer triunfo en una grande esa misma temporada, la Vuelta a España. En el Tour estuvo al borde del abandono a causa de problemas físicos, aunque acabaría la prueba y conseguiría una notable victoria en la etapa de St. Gaudens. Ahí fue cuando se dio verdadera cuenta de sus posibilidades y de que podía ganar al todopoderoso Merckx. Entonces fue cuando comenzó su obsesión por derrotar al belga. Desde ese momento Ocaña tendría dos enemigos: él mismo y Eddy Merckx. No podía someterse a la autoridad que imperaba desde hacía dos temporadas en el pelotón, y él sería el encargado de acabar con la autoridad. Su obsesión iba a ser derrotar a Merckx.

Derrota a Merckx y caída
Ocaña se había obsesionado con derrotar en la carretera a Merckx. Tal fue su obsesión que llegó a enviar un telegrama al belga a comienzos de la temporada de 1971 diciéndole que respirase en esos momentos, porque en el Tour no le iba a dejar hacerlo:
"Silba ahora que puedes. Stop. Vendrán días en que no podrás hacerlo. Stop. Yo me encargaré de que esos días lleguen. Stop. Firmado: Luis Ocaña (París-Niza, 1971)"
Y en la Grande Bouclé cumplió su amenaza. En la undécima etapa, con final en Orcières-Merlette, destrozó a todo el pelotón, incluido Merckx, aventajándole ese día en casi nueve minutos. Ocaña estuvo ese día exultante, al final lo había conseguido. Había derrotado al campeón Eddy Merckx. Ese Tour, después de la demostración de ese día, ya tenía dueño, pues le sacaba al segundo casi 9 minutos y al belga uno más.

El Tour parecía tener dueño, pero con Merckx ninguna ventaja es suficiente. Al día siguiente, una etapa llana sin aparente peligro, atacó desde la salida y consiguió recortarle dos minutos al líder en la meta de Marsella. Dos minutos a los que se sumaron los once segundos de la contrarreloj de Albi. Aún quedaban por disputarse todos los Pirineos, pero la fortaleza mostrada por Ocaña en la montaña, unido a los siete minutos y veintitrés segundos de ventaja con los que contaba, situaban al español como el futuro vencedor en París.

Pero a Luis Ocaña siempre le acompañó en su vida la mala suerte, como iba a demostrar la 14ª etapa, la cual uniría Revel con Luchon, a través de 214,5 kilómetros. Era la primera etapa de los Pirineos de aquella edición, y en ella los corredores iban a afrontar las subidas a los puertos de Portet d´Aspet, el Col de Menté y el Portillon.

La etapa vivió sus primeros kilómetros bajo un sol de justicia, como había sido durante toda la carrera. Merckx lanzaría dos ataques brutales en el Aspet, primer puerto del día, que serían neutralizados por el líder Ocaña. Como consecuencia de dichos ataques, se formó un un grupo cabecero donde se encontraban los hombres más fuertes de la carrera, entre ellos el propio Merckx, el líder Ocaña y corredores como Zoetemelk, Thevenet o Van Impe.

Tras ese primer descenso, los corredores afrontaban la ascensión al Col de Menté. En ese puerto no pasó nada relevante hasta que a unos dos kilómetros de la cima, el belga Merckx quiso tensar la situación, realizando un tercer demarraje terrible, que iba a poner en jaque a los pocos hombres que formaban ese grupo de favoritos. Al tiempo, el cielo se estaba cerrando sobre sus cabezas.

Nada más coronar, con Merckx primero y Ocaña segundo en ese grupo de favoritos, la lluvia haría acto de presencia, convirtiendo desde ese momento la etapa en peligrosísima para los corredores, pues el barro y riadas de agua inundarían las cunetas en el descenso de Menté. El belga se lanzaría a tumba abierta en el descenso, situación ante la cual, Maurice de Muer, director del Bic, indicó a Ocaña que le dejase marchar, pues con la renta que tenía y los 40 kilómetros de llano que había entre puerto y puerto, era mejor evitar en lo posible los riesgos. Pero Ocaña no podía, no quería, dejar marchar al belga. Quería demostrarle que él era el mejor, y por eso no podía hacer ningún tipo de concesión con nadie.

La violencia con la que había estallado la tormenta hizo que la carretera se convirtiese en un río, y los frenos de las bicicletas quedasen inutilizables, por lo que para tratar de evitar las caídas los corredores debían frenar con el pie. Aún así, todos los corredores se fueron al suelo en alguna ocasión. De esta forma, en una curva de herradura a izquierdas Merckx se salió de la calzada, con Ocaña haciendo también lo propio a continuación. El belga tuvo que colocar la cadena antes de continuar el descenso, en el que cayó otras dos veces. Ocaña por su parte rompió una rueda, la cual fue rápidamente reemplazada. Cuando iba a montar nuevamente en la bicicleta para continuar en carrera, surgió de la nada la figura de un Zoetemelk que había perdido el control de su máquina y no pudo evitar al corredor español, con el que chocó de forma virulenta. Ocaña cayó al suelo y quedó semi inconsciente. La mala suerte había aparecido y aún se multiplicaría cuando, estando en el suelo, Agostinho tuvo el mismo problema que Zoetemelk y les golpeó. El caos en aquel punto fue total y hasta un motorista de la televisión francesa cayó sobre las personas que trataban de auxiliarle.

Ocaña se había roto la clavícula en alguno de los golpes que recibió en esa caída en el descenso de Menté y no pudo volver a levantarse del suelo. El Tour se había acabado para él y tuvo que ser evacuado al hospital más cercano, para ser tratado de sus lesiones. El orgullo había hecho caer a Ocaña. Había perdido el Tour. Pero a pesar de no haber acabado el Tour, de no subirse al pódium de París, había derrotado a Merckx, que parecía que era lo que él más quería.

La etapa la ganaría Fuente, pero nadie estaba pendiente de ello, ni siquiera los miles de españoles que se concentraban desde el puerto del Portillon hasta la meta de Luchon. Estos tenían pancartas de apoyo a un Ocaña que jamás llegó a verlas, y lo pagaron con un Merckx que se mostraba tan afectado como ellos. Recibió insultos, escupitajos y hasta recibió alguna pedrada. Al día siguiente el belga no se pondría el jersey de líder, en un gesto caballeroso, en medio de lagrimas.

Nuevo fiasco en Francia
La caída y abandono en el Tour del 71 sumió a Ocaña en un periodo de crisis que sólo pudo superar volviendo a competir. Su nueva meta sería batir a Merckx en julio, en el mismo lugar donde ya le había derrotado el año anterior, el Tour de Francia.

El Tour se iba a vender como una carrera de Merckx contra Ocaña. Pero hasta entonces, la temporada de ambos corredores fue notable, con el belga sumando su tercer entorchado en el Giro, y con el español consiguiendo un nuevo campeonato de España y la Dauphiné Liberé. El duelo volvía a estar servido.

Y sería en los Pirineos, nuevamente en los Pirineos y en su primera etapa, en donde la mala suerte volvería a aparecérsele a Ocaña, esta vez en forma de caída. Fue en la etapa del Aubisque, cuando los corredores iban a afrontar el descenso del Soulor. Allí el corredor español pinchó. Merckx se acordó de lo sucedido el año anterior en Coucheron, cuando él también sufrió un pinchazo, y decidió lanzar un ataque. Ocaña se vio obligado a arriesgar en el descenso para reducir la desventaja y en una curva entró muy fuerte y se fue al suelo. Thevenet y otro compañero del francés también se fueron al suelo. Sólo el español se levantó. Llegó a meta a duras penas, muy magullado. No pudo continuar en la carrera debido a las lesiones producidas en la caída y a problemas respiratorios que tenían su origen en su infancia. Merckx y su particular trágico destino le habían vuelto a derrotar.

Victoria en París
1973 iba a ser un año diferente para Ocaña. Esa temporada sería la más exitosa para el corredor español, consiguiendo más de una decena de triunfos, en escenarios tan importantes como la Volta a Catalunya, o la Dauphiné Liberé. Pero destacaría especialmente ese año su victoria final en París, la segunda de un corredor español, tras la de Bahamontes. También hay que añadir a sus triunfos, un segundo puesto en la Vuelta a España, en donde Merckx volvió a derrotarle.

Aunque Merckx le había derrotado en la primavera, Ocaña iba a mostrarse intratable en el mes de julio en el Tour, mostrándose como el amo y señor de la carrera. Tal fue el domino del corredor español aquel año en Francia que aventajó al segundo clasificado, Thevenet, en más de un cuarto de hora. Sólo otros dos corredores después de la Segunda Guerra Mundial han hecho una hazaña similar; Koblet en 1951 y Merckx en 1969. Ese dominio se reflejó en la octava etapa de la carrera, en un fantástico duelo entre Ocaña y el asturiano José Manuel Fuente.

Esa octava etapa era una terrible travesía desde Méribel-les-Allues y Les Orres, en donde los corredores afrontarían las subidas a la Madeleine, el Galibier por la vertientes del Telegraphe, el Izoard y la ascensión final a Les Orres. Aunque en la Madeleine los corredores marcharon en grupo, en el coloso de la Grande Bouclé el asturiano Fuente realizó una serie de ataques a los que sólo pudieron responder Ocaña y Thevenet en un primer momento. A pocos kilómetros de la cima, tras un pequeño reagrupamiento, Fuente volvió a realizar un ataque al que esta vez sólo Ocaña respondió.

Ocaña le había ofrecido marchar juntos hasta la meta, y una vez allí, conseguir el triunfo de etapa. Aquello no gustó al Tarangú, que no estaba dispuesto a colaborar con su compatriota y decidió pasara a la acción. Una vez, dos veces, tres veces... así hasta veinte, que fueron las veces que atacó Fuente a Ocaña, sin conseguir dejar atrás al líder de la carrera.

No había podido el Tarangú con Ocaña y a partir de ese momento, a más de 130 kilómetros de meta, sería el de Priego quien pasase a comandar la carrera, situándose en una primera posición que no abandonaría en el resto de la jornada. Fuente marcharía desde entonces a su rueda, sin dar ningún relevo. Antes de subir el Izoard, la ventaja con Thevenet, López Carril y otros favoritos, la renta era de un minuto y medio. La ventaja aumentaría en la cima en casi tres minutos más. La etapa, no había duda, sería para alguno de los dos españoles, viendo la renta con la que contaban.

Pero a 30 kilómetros Ocaña se quedaría sólo en cabeza. El ritmo del conquense parecía que descolgaría en cualquier momento al asturiano, pero éste finalmente se quedó atrás debido a un pinchazo. Fue uno de los pocos golpes de suerte en la vida deportiva de Luis.

La renta del líder con respecto a Fuente llegó a rondar los dos minutos, pero un desfallecimiento hizo que entrase en meta con apenas uno de ventaja. Siete minutos más tarde que el ganador harían su entrada en meta Thevenet y Martínez. Perín llegaría a trece minutos y el grueso del pelotón lo haría a veinte. El coche escoba no llegaría a meta hasta pasada una hora desde la entrada del líder de la prueba. Ocaña había sido protagonista de una de las mejores etapas de toda la historia de la carrera.

Declive deportivo y vida tras retirarse
Nada más ganar el Tour, Ocaña invirtió sus ahorros en comprar un terreno vitícola y una casa de campo, a la que llamó Orcières-Merlete, la etapa en la que por primera vez había derrotado a Eddy Merckx. Cuando no competía dedicaba sus esfuerzos a sus tierras. Fueron unos meses de felicidad en la casa de Luis y Josiane, su mujer. 

Pero nuevamente la desgracia iba a sacudir al conquese. Otra vez iba a presentarse en forma de caída. Esta tuvo lugar semanas antes del Tour de 1974, en el Tour de l´Aude, y le impidió participar en la edición de ese año de la carrera francesa, en lo que iba a ser el gran duelo Ocaña-Merckx. Con 29 años, cuando debía estar en el mejor momento de su carrera, no volvió a ser protagonista en la Grande Bouclé, a pesar de correrla otras tres ocasiones más.

Su declive fue fulgurante y a una persona como él sólo le quedaba la retirada como el siguiente paso digno a su carrera. Dicho paso lo dio con 32 años, tras concluir la temporada de 1977. Su frustración intentó aplacarla trabajando en sus tierras, en las cuales quería producir armagnac, a pesar de las recomendaciones de no hacerlo. El orgullo nuevamente hizo que desoyera los consejos de sus allegados y entendidos y quiso producir el armagnac, llegando incluso a pedir ayuda para su distribución a antiguos compañeros de profesión, como Eddy Merckx o Johnny Schleck.

Pero convertirse en viticultor no fue una una buena idea, como demostró una tormenta destrozó la cosecha y que provocó que durante tres años no se pudiera producir nada en sus tierras. Ante los problemas económicos por no tener aseguradas las tierras, Luis se vio obligado a volver al ciclismo, esta vez como director. No tuvo éxito y probó suerte como comentarista. Tampoco se prodigó mucho en esta faceta.

A esos problemas económicos por perder la cosecha se sumó un grave accidente de automóvil que apunto estuvo de costarle la vida, en 1979. Volvió a sufrir otro grave accidente cuatro años más tarde. En el hospital, recuperándose de uno de esos dos accidentes, le contagiaron la hepatitis C, algo que por desgracia sucedía con mucha frecuencia en esos años en los centros médicos.

Los accidentes en coche, el final de su carrera deportiva, los fracasos en los negocios y especialmente su enfermedad, todo le golpeó al tiempo y no pudo soportarlo a largo plazo. Poco a poco la enfermedad le fue debilitando y las depresiones y las crisis cada vez eran más comunes en Luis.

Así fue hasta que el 17 de mayo de 1994 la enfermedad le provocó un ataque muy grave de pánico. 26 años antes, tras la muerte de su padre, le había dicho a sus más íntimos que si él algún día él sufría una enfermedad como la de su padre, no lo dudaría y pondría fin a su vida. Aquel 17 de mayo amenazó con quitarse la vida, hasta que su mujer llamó al médico para ver si conseguía calmarle. Finalmente Luis se consiguió calmar ante la presencia en su casa de los gendarmes (ante una llamada por intento de suicidio siempre acudían) y pareció desechar su idea del suicidio. Pero era algo temporal.

Dos días después de aquel primer gran ataque de pánico, el día 19, Luis volvió a tener un ataque con el que se puso muy nervioso. Consiguió calmarse un poco y se marchó a su despacho. Josaine extrañada aprovechó esos instantes de calma de su marido para llamar al médico por el teléfono inalámbrico que tenía escondido. Instantes después comenzó a preocuparse y fue al despacho. Allí encontró una escena dantesca. Según el informe oficial, Ocaña se había pegado un tiro en la cabeza, acabando de esta forma con su vida, a la temprana edad de 48 años.

Aquel español emigrante en Francia desde niño, el español de Mont de Marsan, como era conocido, ponía fin a su vida un 19 de mayo de 1994, sufriendo una grave enfermedad hepática y problemas de depresiones, además de problemas financieros por malas inversiones. Murió siendo uno de los deportistas más ninguneados dentro de su propio país, donde apenas recibió reconocimiento alguno. Y murió también siendo el único corredor que había sido capaz de mirar de tú a tú al mejor corredor de la historia, Eddy Merckx, el único que no se sintió inferior al belga y el único al que el Caníbal realmente pudo temer en la carretera. A título póstumo, el 27 de mayo de 2008 recibiría la Real Orden del Mérito Deportivo, en un acto que no compensaría el olvido que su figura había sufrido hasta entonces.


Saludos a todos!!

martes, 30 de julio de 2013

Tour 1971. Merckx claudica ante Ocaña

En la salida de la edición del Tour de Francia de 1971, el gran favorito iba a ser el campeón de las dos últimas ediciones, el belga Eddy Merckx, quien corría bajo los colores del potente equipo Molteni. A priori, el gran rival del belga en aquel Tour sería el español Luis Ocaña, quien capitaneaba el potente equipo Bic, en el que se encontraría gente de la calidad de Labourdette, Mortensen, o Johnny Schleck (el padre de Andy y Frank Schleck). En teoría ambos corredores, español y belga, serían los grandes favoritos a pelear por el triunfo en la gran ronda francesa, siempre con el belga un peldaño por encima. Otros corredores, como Zoetemelk o Agostinho, también presentaban en la línea de salida su candidatura al triunfo final.
 

Grenoble - Orcières-Merlette

El jueves 8 de julio se iba a disputar la undécima etapa del Tour de Francia. Una etapa corta, de 134 kilómetros, que discurriría entre Grenoble y Orcières-Merlette, atravesando los puertos de Laffrey y Noyer antes de alcanzar la meta, situada en la cima de Orcières-Merlette. Los días anteriores a esa etapa, Ocaña había ido poniendo a Merckx en serias dificultades en puertos como el Puy de Dôme o Porte, y había visto que el belga también era humano y había flaqueado.
 
La etapa iba a comenzar muy rápida, ya que el primer puerto del día, el de Laffrey, se encontraría situado en el kilómetro 13 de la etapa. Desde la salida, el equipo Kas tiraría a bloque, escapándose Fuente casi de salida. Ese fuerte ritmo de salida desarmaría por completo al equipo del belga Merckx, quien se vería sin el apoyo de sus compañeros casi desde la primera pedalada del día. Pero no iban a terminar ahí sus problemas.
 
Nada más comenzar ese primer puerto del día, en la primera rampa, Agostinho lanzará un potente ataque, siguiendo las instrucciones de su director Geminiani, que algo habría visto extraño en el pelotón para mandar a su pupilo atacar de forma tan tempranera. El primer corredor que salió a por el corredor portugués fue el español Ocaña, seguido por Van Impe y por el líder Zoetemelk. Rápidamente estos tres corredores formaron un terceto perseguidor que se entendió perfectamente y mantuvo controlado al bravo corredor portugués. Nadie más pudo alcanzar ese grupo. Gösta Pettersson lo intentó, pero no pudo contactar con el grupo cabecero, mientras que Merckx ni intentó moverse para neutralizar ese peligrosísimo movimiento. Fuente, por su parte, a pesar del ataque inicial, había hecho aguas y no se le volvería a ver ese día.
 
Eso era lo que Geminiani había visto, Merckx había flaqueado y quería eliminarle de la carrera. Era otro ciclismo. Que el belga no intentase contactar con los hombres de cabeza sin duda llenó de moral a los corredores que marchaban por delante de él, especialmente a Ocaña, quien ese día iba con una fuerza descomunal y casi no tuvo necesidad de que le diesen relevos en la persecución a Agostinho.
 
El primer corredor que coronó el puerto fue Agostinho. El hueco con el trio perseguidor era mínimo, y estos coronaron con apenas quince segundos de retraso. Petterssen sería el siguiente en coronar, cediendo un minuto más que el trío perseguidor. Merckx, por su parte, viajaría en un grupo con Guimard, Thévenet o Mortesen. El retraso de ese grupo en la cima sería de un minuto y medio con respecto al corredor portugués.
 
En el descenso y en el llano posterior al primer puerto de la jornada se formaron dos grupos diferentes, que formarían los dos frentes de batalla de la jornada. El primer grupo estaría formado por Ocaña, Zoetemelk, Van Impe y Agostinho, que había decidido levantar el pie y esperarlos. Por detrás, el otro frente de batalla sería el grupo formado por Merckx, que encabezaría la persecución al grupo que les precedía en la jornada.
 
El grupo cabecero marchó desde el momento de la neutralización al corredor cabeza de carrera con gran armonía, colaborando todos en aumentar la ventaja con respecto al grupo perseguidor. Tal era la armonía de los corredores que en el sprint de Pierre-Châtel la ventaja con el grupo de Merckx había aumentado hasta casi los dos minutos y medio. El sprint, por cierto, fue vencido por Ocaña, por delante de Zoetemelk.
 

Victoria en solitario de Ocaña

Pero la armonía entre los corredores no podía ser eterna, y marchar todos juntos hasta la meta, como se demostró en el segundo puerto del día, en el Col de Noyer. En los primeros kilómetros de dicho Col, Ocaña acelera el ritmo, buscando una hazaña imposible. Los que hasta ese momento habían sido sus compañeros de viaje, no son capaces de seguir el ritmo del corredor conquense. Quedaban más de 70 kilómetros para llegar a meta.
 
Palmo a palmo, metro a metro, Ocaña va abriendo más y más distancia con sus antiguos compañeros de aventuras. A mitad de puerto su ventaja con respecto a ese trío se sitúa sobre el minuto. Su locura poco a poco va tomando forma. El bueno de Luis va creciéndose con los kilómetros, mientras que los perseguidores se van desinflando muy alarmantemente, cediendo una distancia que ya será tan irrecuperable como para pensar que no puede haber otro ganador de etapa que no sea el corredor del equipo Bic.
 
En la cima de Noyer las diferencias ya serán alarmantes para los perseguidores. Ocaña será, evidentemente, el primer hombre en pasar por la cima del puerto. El trío formado por Van Impe, Zoetemelk y Agostinho, acumulará en la cima un retraso de prácticamente cuatro minutos. Mientras, el grupo que comanda Merckx en todo momento, coronará con un tiempo perdido de casi cinco minutos y medio con respecto a cabeza de carrera.
 
Desde ese momento, y hasta el final de la etapa, las diferencias a favor de Ocaña no hicieron sino aumentar. El último puerto, el de Merlette, supuso un paseo para el corredor español, que aumentó significativamente sus rentas al atravesar la línea de meta. Ocaña completó su hazaña en poco más de cuatro horas. El segundo corredor en atravesar la línea de meta sería el holandés Van Impe, que llegaría con una increíble desventaja de 5 minutos y 52 segundos. Merckx, que a pesar de haber estado tirando en todo momento de su grupo, pudo ser el tercer corredor en atravesar la línea de meta, a tres segundos del corredor holandés, y a nada menos que 8 minutos y 42 segundos del corredor español..
 
Luis Ocaña, aquel 8 de julio de 1971, completó una fuga heroica, bajo un sol incandescente. Además de haber realizado tan impresionante etapa, el español había hecho encajar a Merckx la primera gran derrota de su carrera. Sin embargo, a pesar de ese duro golpe, el corredor belga se negó a rendirse y, a pesar de lo que dijese en sus declaraciones, iba a pelear con todo con el fin de conseguir su tercera victoria en el Tour de Francia. El amarillo ya era suyo, y la ventaja tan tranquilizadora que París ya se podía atisbar al fondo del horizonte.
Merckx: "Ocaña nos ha matado hoy a todos, como `el Cordobés´ mata a sus toros".
 
Tal fue la batalla que presentaron aquel día los corredores que 68 de ellos llegaron fuera del límite de tiempo, por lo que la organización se vio obligada a ampliar el fuera de control, pasando este del 12 al 15% del tiempo del ganador del día, para evitar que la carrera quedase hecha un solar. Esta medida, sin embargo, no pudo ayudar a Godefrot Walter, quien era el segundo clasificado en la clasificación de puntos al comenzar la jornada, e iba a tener que abandonar la carrera.
 

Abandono en el Col de Menté

Ocaña se situó desde ese momento como el estandarte anti-Merckx, el hombre que le había hecho doblar la rodilla en señal de derrota. Pero si algo tenía el campeón belga es que jamás se rendía. Podía estar herido, o incluso encontrarse moribundo, que él iba a morir matando. Y eso es lo que hizo desde que había sido derrotado en Merlette en aquel Tour. Atacó en el largo descenso de Orcières-Merlette hacia Marsella, y, en una etapa brutal para los corredores, consiguió recortar dos minutos al líder. En la contrarreloj del día siguiente también consiguió superar al español.
 
Y como no, Merckx volvió a atacar en los Pirineos. Esta vez el ataque más importante del belga iba a tener lugar en el descenso del col de Menté, el cual, debido al granizo que estuvo cayendo durante toda la jornada, se había convertido en un arroyo de agua y barro. En ese ataque kamikaze de Merckx, Ocaña intenta seguir el ritmo del belga cuando, sin frenos, se cae en una curva a izquierdas. La caída no es grave y se levanta rápidamente, optando por cambiar la rueda con su compañero Maurice de Muer, por precaución. Pero cuando se iba a reincorporar a la carretera, Zoetemelk, que también iba sin frenos, golpeó al español, dejándolo tirado en el suelo. En el Col del Portillon, el siguiente puerto de la jornada, miles de españoles esperarían el paso triunfal del flamante líder español por el puerto. Pero Ocaña jamás llegaría al Portillon. Había tenido que ser evacuado al hospital por la gravedad del atropello sufrido.
 
En la meta aquel día, Merckx se negó a ponerse el maillot amarillo, un amarillo que ya no abandonaría hasta París. "No, no me pertenece. Este Tour lo he perdido, no tengo nada que hacer, me vuelvo a casa". Sin embargo, a pesar de sus palabras, al día siguiente salió en dirección a Superbagnères, eso sí, sin vestir la preciada prenda amarilla, como muestra de respeto hacia el líder caído. "Habría preferido quedar segundo después de una dura batalla que ganar en estas condiciones. Será una victoria manchada para siempre". Y es que, en ese Tour de 1971, Ocaña había derrotado a Merckx. Eddy había encontrado en Luis a la horma de su zapato.
 

Clasificación 11ª etapa. Grenoble - Orcières Merlette.
1- Luis Ocaña (Bic) 4 horas 2 minutos 49 segundos
2- Lucien van Impe (Sonolor-Lejeune) 5´ 52´´
3- Eddy Merckx (Molteni) a 8´ 42´´
4- Joop Zoetemelk (Mars-Flandria) m.t.
5- Gösta Pettersson (Ferretti) m.t.
6- Bernard Thévenet (Peugeot-BP) m.t.
7- Bernard Labourdette (Bic) m.t.
8- Cyrille Guimard (Fagor-Mercier) a 8´ 45´´
9- Thomas Pettersson (Ferretti) m.t.
10- Joaquim Agostinho (Hoover-De Gribaldy) m.t.

Clasificación general.
1- Luis Ocaña (Bic) 58 horas 33 minutos
2- Joop Zoetemelk (Mars-Flandria) a 8´ 43´´
3- Lucien van Impe (Sonolor-Lejeune) a 9´ 20´´
4- Gösta Pettersson (Ferretti) a 9´ 26´´
5- Eddy Merckx (Molteni) a 9´ 46´´
6- Bernard Thévenet (Peugeot-BP) a 10´ 8´´
7- Leif Mortensen (Bic) a 13´ 22´´
8- Thomas Pettersson (Ferretti) a 14´ 50´´
9- Joaquim Agostinho (Hoover-De Gribaldy) a 20´ 31´´
10- Cyrille Guimard (Fagor-Mercier) a 21´ 35´´


Saludos a todos!

miércoles, 8 de febrero de 2012

Guimard, el director anónimo

El mundo del deporte, y más concreto el mundo del ciclismo, es un mundo en el que conviven multitud de personas, profesionales, que tienen un nombre muy conocido y tienen un gran reconocimiento, y hay un número mucho mayor aún de gente anónima, de todas aquellas personas de quienes se diría su nombre, y nadie, o casi nadie sería capaz de recordar, una gente que vive permanentemente en el anonimato, gente que del anonimato hacen su trabajo diario.

Dentro de ese segundo grupo de profesionales, de los anónimos, se encontraría Cyrille Guimard. Al nombrarle, muy pocos sabrían decir quien es, o que importancia tiene él dentro del mundo de la bicicleta. Pero se puede afirmar, sin lugar a dudas, que el ciclismo sin él habría sido muy diferente. Para muestra, solo Johan Bryneel ha ganado más Tours de Francia que él, quien está, a su vez, igualado en palmarés con el dueto Echávarri-Unzué.

Nació en el año 1947 y a los 21 años ya había llegado al mundo del ciclismo, como corredor. Previamente había sido ajustador en los astilleros de Saint Nazarine, algo que forjó su férreo carácter. Fue corredor durante 9 temporadas, solamente, pero aún así adornó su palmares con nada menos que 94 victorias, destacando las 7 victorias de etapa que obtuvo en el Tour de Francia o las dos de la Vuelta a España, a lo que hay que sumar la clasificación combinada y de los puntos de la Vuelta del 71. Aun a pesar de que su palmarés tenía cierta consistencia por sus triunfos, se cansó de darle a los pedales a los 29 años. Acto seguido decidió que su lugar estaba en ese mundo, sí, pero en la dirección. Se dice de él que tenía un carácter bastante fuerte, algo que le llevó a tener enfrentamientos con compañeros, cuando era corredor, o con sus propios corredores, cuando fue director.
 
Debutó en la misma temporada de su retirada, la del 76 como director de un equipo, el Gitane-Campagnolo, el cual era el heredero de una escuadra mítica, la del Sonolor-Lejeune. Ese equipo había estado dirigido por un mito de la dirección, otra persona que a día de hoy nadie reconocería, Jean Stablinski, pero quien fue descubridor de los dos mayores talentos nacidos en la década de los 70, Van Impe y Bernard Hinault.

En esa su primera temporada como director, la de 1976, tuvo la fortuna de que su pupilo, Van Impe, fuese el ganador de la carrera. Pero en ella ya tuvo su primer enfrentamiento conocido con su discípulo, y es que durante la carrera llegó a amenazar al belga con lanzarlo a la cuneta desde el coche, puesto que este no se había atrevido a atacar al corredor que en aquel momento portaba el maillot amarillo, al holandés Joop Zoetemelk.
 
Sin embargo el belga acabaría diciendo de él que era uno de los mejores directores que había tenido en su carrera, y que sin su ayuda probablemente no habría podido vencer en ese Tour de Francia, puesto que era el mejor que había para motivar a un corredor.

Guimard había llegado y había besado el santo. Tenía 30 y en una temporada como director de un equipo, ya había ganado su primer Tour de Francia. Pero su fortuna no se iba a acabar ahí. Aún le esperaba mucho más.
 
En 1978 Renault compraba la fábrica de su equipo, por lo que entonces el equipo pasaba a tener como patrocinador principal a Renault. Y este equipo viviría, junto con el ciclismo francés, una auténtica época dorada, ya que desde ese 1978 hasta 1984, el Tour se les escapó solo en el año 80. Es decir, de 7 posibles títulos, había conseguido 6. Y el séptimo se les escapó por una lesión de Hinault (tendinitis) cuando marchaba líder de la carrera. Y el dominio de su equipo no solo se limitaba al Tour, sino que también triunfaba en la Vuelta a España (Hinault), en el Giro de Italia (Hinault de nuevo) o en los Mundiales (Hinault y Lemond).
 
Vivía Guimard en la cresta de la ola. Todo corredor que tocaba se convertía en oro, bien fuese Van Impe, allá por su primera participación como director, o bien fuesen Hinault o Fignon. Pero es que además era un descubridor nato de talentos, puesto que a su palmarés de éxitos había que sumar que él pasó al profesionalismo a gente de la talla de Charly Mottet o especialmente a Lemond y Fignon.

Cuando ese ciclo dorado estaba llegando a su fin, cosa que tanto Guimard como Renault ignoraban, hubo un grave enfrentamiento entre Hinault y el director. Renault no tardó mucho en decantarse por un bando, ya que por un lado estaba el ídolo del país, Hinault, pero era un ídolo que comenzaba a verse ya como decaía en su rendimiento. Por el otro lado del enfrentamiento se encontraba Guimard, junto con sus jóvenes promesas, mencionando especialmente a Fignon. Finalmente Hinault abandonó la estructura dirigida por Guimard, y a pesar de estar entrando en decadencia, aún fue capaz de volver a levantar los brazos en París en 1985 como triunfador de la carrera, y al año siguiente el ser segundo final de la carrera.
 
A finales de 1985 Renault decidió retirar su patrocinio del ciclismo y Guimard se asoció con Fignon, corriendo ambos juntos, primero en el Systeme U, y hasta el año 1995 en el Castorama. Los éxitos no les sonrieron como años atrás, pero aún así Fignon consiguió una victoria en el Giro de Italia (1989) y pisó los pódiums de la Vuelta y del Tour, carrera esta última que no venció por la irrisoria diferencia de 8 segundos con respecto a Lemond.

Su declive completo como director sucedió a partir del año 1997, ocupando la dirección del recién creado Cofidis. Se le acusó de llevar una contabilidad ficticia, de malversar fondos, de bancarrota y varias lindezas más, circunstancias que hicieron que se perdiera para siempre el rostro de Guimard en la primera línea del ciclismo francés.
 
Aún así, su amor por este deporte le hizo volver hace ya 5 años, a un equipo continental, el Roubaix-Lille Métropole, donde tiene que jugar con un presupuesto muy ajustado para poder seguir perviviendo año tras año. Eso sí, a pesar del escaso presupuesto con el que cuenta, el ojo lo sigue manteniendo. De ese equipo ya pasó al profesionalismo Hutarovich (vencedor en una etapa de la Vuelta 2010) y sobre todo fue el primero que detectó el talento de Andy Schleck y a quien mimó hasta que Riis, en una dudosa maniobra, como toda su carrera, se lo arrebató para llevárselo al CSC. Sin duda fue un gesto que sentó bastante mal a Guimard, ya que era su nueva perla.
 
Como legado suyo, aparte de los 7 tours en los que ha resultado victorioso nos ha quedado que en el aspecto deportivo fue el primer director que habló de periodos o picos de forma con las temporadas de los ciclistas. Concretamente hablaba de dos picos de forma a lo largo de una temporada, y no como realizaban algunos corredores como Kelly o Stephen Roche, quienes estaban a tope de rendimiento prácticamente toda la temporada.


Saludos a todos!!