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viernes, 6 de diciembre de 2013

Chava, una década sin tí

Hoy, 6 de diciembre de 2013, se cumple una década desde que José María "el Chava" Jiménez nos abandonara. Lo hizo estando ingresado en una clínica de desintoxicación, muy lejos ya de los focos que en años anteriores le habían encumbrado ante los aficionados al ciclismo. Su muerte, al igual que sucedió con la de Marco Pantani meses después, le convirtió en mito de este deporte.
 
José María Jiménez, el "Chava", ciclista precoz nacido en el Barraco un 6 de febrero de 1971, hace hoy diez años que nos abandonó. Un ciclista querido por la afición, que pudo haber tenido un palmarés mucho más extenso de lo que lo tuvo, pero de haber sido así, no habría sido el Chava. Desde aquí, un pequeño homenaje, recordando la que ha sido su mejor clasificación en una gran vuelta por etapas, la Vuelta a España de 1998.
 
Vuelta España 1998
La salida de la Vuelta a España de 1998 venía marcada aún por los últimos coletazos del Caso Festina que había tenido lugar durante el último Tour. El ciclismo había perdido su credibilidad de cara al público en general, pero aún así, el espectáculo debía continuar.
 
A pesar de estar todavía reciente el Caso Festina, sus corredores no habían sido oficialmente sancionados, por lo que a la Vuelta pudieron acudir como el equipo más potente del pelotón, con toda su artillería preparada para tratar de lavar su imagen, Zülle, Virenque y Dufaux. En cuanto al pelotón nacional, la ONCE se iba a presentar con Jalabert como indiscutible líder, con Zarrabeitia y Mauri como fieles escuderos. En el Banesto, por su parte, iba a llevar como jefe de filas a un Olano a que el trazado más humanizado favorecía mucho, con un inconsistente Chava Jiménez en la recámara.
 
Esa Vuelta comenzó sin muchas novedades en las cinco primeras etapas, salvo porque Virenque se vio involucrado en varios cortes que le hicieron perder algo de tiempo. No parecía el francés muy por la labor de involucrarse en carrera.
 
En la sexta etapa de esa edición se iba a estrenar un puerto inédito hasta el momento, el Xorret del Catí, un puerto de apenas tres kilómetros de longitud pero con rampas de hasta el 22% de desnivel. Fue precisamente en esas rampas, y respondiendo a un ataque del recién recuperado del cáncer Armstrong, donde el Chava lanzó su primer demarraje de aquella edición y consiguió distanciarse de los Heras, Dufaux o Jalabert de manera suficiente para afrontar el ligero descenso final y ser el primer vencedor en las rampas del Xorret del Catí.
 
Chava había sido el primero de los favoritos en golpear en la Vuelta, aunque su rendimiento real aún era una incógnita, más aún analizando el decepcionante Tour de Francia que había hecho antes de abandonar, donde en ningún momento fue capaz de seguir a los hombres más fuertes de la carrera. Jiménez, además, iba a recibir el premio de vestirse con el jersey de líder de la carrera, aventajando a Heras en más de medio minuto y en casi uno a su compañero y supuesto jefe de filas, Abraham Olano.
 
Las siguientes jornadas iban a ser bastante tranquilas, tanto para el Chava como para su equipo, pudiendo mantener el maillot de líder sin mayores dificultades. Los problemas para el abulense iban a llegar en la novena etapa, con una contrarreloj de 39 kilómetros que, a priori, le iban a hacer perder la preciada prenda amarilla y cualquier opción de hacer una buena general, viendo su rendimiento de años anteriores.
 
Como efectivamente se presuponía, Chava cedió gran cantidad de tiempo en la crono y perdió el liderato de la carrera. El nuevo líder iba a ser su compañero Olano, con él a más de tres minutos en la general. Se recuperaban los roles que inicialmente había en el Banesto, con Olano de jefe y Jiménez de gregario de lujo del de Anoeta. Pero el Chava no había dicho aún, ni mucho menos, su última palabra en aquella Vuelta.
 
El Kelme siembra y el Chava recoge
La décima etapa de la ronda española finalizaba en la Estación Invernal de Pal. Aquel día la cosa empezó a ponerse seria para el líder en el penúltimo puerto de la etapa, el de Ordino. Ahí un ataque en conjunto de los Kelme, primero Heras y luego Escartín, desarboló a un líder que no pudo más que buscar refugio en la rueda del Triki Beltrán. Chava, por su parte, cumpliendo excelentemente con su labor de gregario, se había pegado a la rueda de los Kelme. Por la cima del puerto coronó Escartín en primer lugar, marchando Jiménez a su rueda sin darle un solo relevo. Con un retraso de unos 45 segundos coronó el grupo de un glorioso Beltrán, quien marcaba el ritmo al líder de la carrera.
 
El Chava se estaba encontrando muy bien de piernas durante toda la última ascensión del día, no obstante, había ido a rueda del corredor de Biescas durante muchos kilómetros. Por ello pidió permiso desde el pinganillo para atacar y hacerse con la victoria de etapa. Una vez se lo negaron, dos veces, tres... Los kilómetros pasaban y el grupo perseguidor de Olano no conseguía reducir las distancias. Jiménez comenzaba a desesperarse, mientras que veía las pancartas de siete, seis, cinco a meta. Al paso por cada una de ellas preguntaba y recibía la negativa de sus directores, hasta que al paso por la pancarta de tres el silencio fue la respuesta que obtuvo. Volvió a preguntar para asegurarse y de nuevo silencio. Ante ello, no dudó más y lanzó un primer demarraje que fue contestado por Escartín, pero que no pudo hacer nada para responder a un segundo ataque del corredor del Barraco. En la línea de meta Chava aventajó en 18 segundos a Escartín y en 1 minuto y 31 segundos al grupo de su jefe de filas.
 
"El Chava consiguió dos victorias de etapa aprovechándose del trabajo del Kelme y de su función de gregario de lujo"

Chava Jiménez se había vuelto a meter en carrera, situándose a apenas 1´36´´ del líder y compañero de equipo. Se acababa de encender un pequeño fuego en el Banesto, pero que si no se sabía controlar, podría acabar en un gran incendio. De momento las declaraciones de los protagonistas eran bastante pacíficas, con Olano ejerciendo de líder y Jiménez de gregario totalmente sometido a la imposición de su jefe de filas.
 
La siguiente etapa, la undécima con final en Cerler, iba a ser un calco de la de anterior con final en Pal, con los Kelme tratando de derrocar al líder en beneficio de Heras o Escartín y con el Chava recogiendo lo sembrado por el conjunto dirigido por Álvaro Pino. En todo momento fueron los Kelme los que llevaron la voz cantante en la etapa, pero el vencedor de la jornada volvió a ser el Chava, quien derrotó aquel día en el sprint a Heras, Escartín y Clavero, mientras que por su parte, Olano había vuelto a ceder con respecto a los favoritos, dejándose en meta unos exiguos 19 segundos, por la falta de dureza del puerto final.
 
Hasta aquí había durado la paz entre los dos compañeros de equipo. Desde ese momento, a través de la radio, se inició una guerra entre ambos corredores, contando cada uno con el respaldo de uno de los dos medios radiofónicos nacionales. Quizás el último gran pique en los medios nacionales con el ciclismo de por medio.
 
Las siguientes dos etapas fueron de relativa tranquilidad en el seno del pelotón, con la excepción de la 14ª etapa, que iba a ver como los corredores del Banesto iban a vivir un auténtico infierno en una etapa aparentemente sin peligro que acabó como una persecución del equipo a un numeroso grupo en el que se había colado Heras (8º en la general). Finalmente aquel día acabó sin jugándose al sprint, pero los chicos de Unzué se habían llevado un buen susto.
 
 
La mujer de Olano incendia las Ondas
La 16ª etapa, que finalizaba en las Lagunas de Neila dejó como resultado la cuarta victoria parcial del Chava Jiménez. Todo lo importante de la etapa sucedió durante los últimos tres kilómetros de la subida final a las Lagunas. Poco después de pasar por la pancarta de tres a meta, y viendo el Chava que la situación de carrera estaba más o menos controlada por Olano (respondiendo en persona a unos inútiles ataques de Jalabert), el Chava decidió derramar, buscando su cuarto triunfo de etapa.
 
"Una pequeña pájara de Olano y el ataque del Chava hicieron llegar la sangre al río"
No parecía que la sangre fuera a ir al río hasta que al paso por la pancarta del último kilómetro, Olano se vino abajo sin motivo aparente, y nuevamente Beltrán debió sacrificarse para su jefe de filas. La renta en meta entre el Chava y Olano fue de 46 segundos en favor del corredor del Barraco, insuficientes para poner en aprietos su liderazgo en la carrera.
 
Las declaraciones en meta no fueron nada altisonantes entre todos los protagonistas del día, hasta que que todo el mundo pudo escuchar las que realizaría Karmele, la mujer de Olano, en la radio. Desde ese momento el ambiente en el conjunto Banesto se volvió muy tenso (entre otras cosas, Olano acababa contrato y estaba negociando la renovación), produciéndose el famoso suceso en el ascensor de un hotel entre el Chava, Karmele y un periodista de un medio afín al corredor abulense. La sangre había llegado al río en el seno del conjunto Banesto.
 
La traca final en la Sierra madrileña
Se estaba llegando al final de la Vuelta y aunque la presión que desde el exterior se estaba ejerciendo sobre los corredores del Banesto, en la etapa de Segovia consiguieron firmar una pequeña tregua y trabajar todos con el mismo propósito, conservar el jersey de líder. Ese día de Segovia lo conservaron, pero aún quedaba Navacerrada.
 
El día de Navacerrada la etapa estuvo marcada por el mal tiempo, y por la lucha constante que tuvo que sufrir Olano aquel día. En el penúltimo puerto vio como se formaba una fuga en la que se encontraría gente como Zülle, Escartín o su compañero Chava como secante, mientras que él y su equipo perseguían por detrás. Después de muchos kilómetros persiguiendo, el Banesto consiguió neutralizar la fuga a pie de Navacerrada, último puerto de la jornada.
 
Una vez en el puerto, en las primeras rampas, atacó Heras, llevándose consigo a rueda a Escartín, Armstrong y al Chava. Olano se volvía a quedar descolgado, a merced de la ayuda del Triki. La ventaja de ese cuarteto fue aumentando kilómetro a kilómetro, de manera que el Chava se estaba convirtiendo en el líder provisional de la prueba, ya que habían neutralizado los 31 segundos de desventaja que tenía en la general.
 
"Su superioridad en montaña contrastaba con su escaso rendimiento contra el reloj, lo que le privó de hacer mejores generales"

En la línea de meta fue el ruso Zinchenko, que venía de una fuga anterior, quien se hizo con el triunfo de etapa, su tercero aquel año en la ronda española. Por detrás, Jiménez y Heras entraron a su rueda y Olano se dejó nada menos que 1 minuto y 7 segundos. Eso convertía a Jiménez en el nuevo líder de la prueba, con 6 segundos de ventaja con respecto a Escartín y 38 con Olano.
 
La desventaja de Olano con los hombres que le precedían en la general hacían pensar que la Vuelta era suya, como demostró al día siguiente en la crono de Fuenlabrada, pero la fractura con su equipo y con el Chava ya se había producido muchas jornadas antes, con la actuación de ambos en la carretera, y de sus allegados en las ondas radiofónicas. A Olano le acompañaron en el pódium Escartín y su compañero Jiménez, que pudo salvar su tercera plaza por apenas seis segundos con respecto a Armstrong.
 
Clasificación general.
1- Abraham Olano (Banesto)
2- Fernando Escartín (Kelme) a 1´23´´
3- José María Jiménez (Banesto) a 2´12´´
4- Lance Armstrong (US Postal) a 2´18´´
5- Laurent Jalabert (ONCE) a 2´37´´
6- Roberto Heras (Kelme) a 2´58´´
7- Álvaro González de Galdeano (Euskaltel) a 5´51´´
8- Alex Zülle (Festina) a 6´05´´
9- Marco Serpellini (Brescialat) a 8´ 58´´
10- Marcos Serrano (Kelme) a 10´17´´
 
 
Su mejor clasificación
La Vuelta a España de 1998 supuso la mejor clasificación general del Chava Jiménez, con un tercer puesto final, viviéndolo además con gran intensidad, debido a la polémica que se desató en el seno del equipo Banesto en aquella edición, por las disputas vividas en los medios entre los que apoyaban al Chava y los que apoyaban a Olano. Aunque esa Vuelta del 98 fue su mejor clasificación, no fue su mejor participación en una gran ronda, ya que en la Vuelta de 2001, en donde consiguió tres victorias de etapa, pudo haber sido suya de no ser por esa mala cabeza que tenía, ya que en la carretera demostró ser el mejor corredor del pelotón en esa edición. La
 
Su mala cabeza, unida a sus vicios y malos hábitos de vida, hizo que apenas cinco años después de subir al pódium de Madrid, y dos años después de ser el mejor corredor en la ronda española, José María Jiménez nos abandonase para siempre mientras se encontraba en una clínica de desintoxicación, tratando de curarse de sus adicciones, no ya para volver a ser corredor profesional, pues todavía tenía edad de serlo, sino para tratar de volver a ser persona.
 
 
Saludos a todos!!

lunes, 13 de agosto de 2012

Vuelta 99: Su Majestad L´Angliru

Tour de Francia y el Giro de Italia tenían una serie de puertos míticos, algo de lo que la Vuelta carecía aún en el año 1998, aparte de con los Lagos de Covadonga. Pero eso era algo que iba a acabar con la presentación del recorrido de la Vuelta de 1999. En esa presentación iba a haber un bombazo llamado Angliru. Su Majestad L´Angliru.

Esa presencia de l´Angliru en la edición de 1999 fue un gran reclamo a nivel mediático, tanto para el espectador, como para los deportistas y los medios de comunicación. El ambiente que se creó durante los días previos a la disputa de esa etapa fue un ambiente propio del Tour más que de la Vuelta. Millares de aficionados fueron acumulándose en las cunetas del puerto desde esos días previos y la Guardia Civil incluso llegó a cortar el acceso al tráfico ya 3 días antes de la etapa.

Casi 5 millones de personas delante del televisor durante la retransmisión integrada de la etapa de ese día significaron un éxito sin precedentes para este nuevo puerto en la Vuelta. Con este puerto la organización de la Vuelta había encontrado a su gallina de los huevos de oro. El final de aquella etapa fue apoteósico, lo que sin duda ayudó al éxito de audiencia, pero el Angliru ya formaba parte de la leyenda incluso antes de disputarse.

Un puerto de l´Angliru que iba a formar parte de la 9ª etapa de esa Vuelta 99, una etapa que todos sabían que iba a formar parte de la historia y fue por ello por lo que la tensión del ambiente podía cortarse con un cuchillo.

Los ataques por parte de los corredores no cesaron desde que se dio el banderazo de salida de la etapa, con la ONCE tratando de mantener un mínimo control de la carrera, y como eso iba a resultar imposible, Manolo Saiz optó por sacrificar al quinto clasificado de la general, Iñigo Cuesta, metiéndolo en una fuga conformada por 26 corredores. Ese grupo de fugados apenas alcanzó el minuto de ventaja, debido al trabajo en el pelotón del Kelme. La fuga no fue la definitiva y sobre el kilómetro 50 fue neutralizado el corredor de la ONCE, dejando por delante de él un grupo de 12 corredores, en el que habría gente tan importante como Bettini, Nardello o Chente García Acosta.

Durante el puerto de Ventana no hubo variaciones y hubo de esperar a la Cobertoria para ver algo de movimiento, con un ataque de Bettini rápidamente neutralizado por Nardello, Ivanov, Lelli y Orlando Rodrigues. Por detrás la ONCE controlaba a los fugados, llegando incluso a reducir el tiempo de ventaja de esos fugados antes de comenzar un descenso que sería clave.

El descenso de la Cobertoria estaría marcado por una fina lluvia que ya había aparecido en el puerto anterior, lo que unido a las heces que habían dejado las vacas en las jornadas previas en la carretera, convirtieron ese descenso en una auténtica pista de patinaje, que provocó numerosos percances en el pelotón.

Igor González de Galdeano fue una de las primera víctimas, con una caída en la que se golpeó la cabeza y destrozó el casco. Con los minutos las noticias fueron tranquilizadoras, pero no volvió a haber noticias de Igor hasta la línea de meta. Roberto Heras o Iván Parra también cayeron, al igual que un Piepoli que era uno de los grandes favoritos a la victoria aquel día, quien además cayó también en dos ocasiones en el Cordal.

Pero sin duda el corredor más perjudicado en aquel descenso y en aquella etapa fue uno de los grandes favoritos a la victoria final, Fernando Escartín. Un Fernando que perdió el control de su bicicleta en una curva y se golpeó el pecho contra el quitamiedos. Ese golpe le hizo romperse 3 costillas y el antebrazo izquierdo, y con ello dijo adiós definitivamente a la posibilidad de alzarse con la victoria en alguna grande.

La carrera estaba rota, en el pelotón y en los fugados, ya que por delante Ivanov marchaba con unos metros de ventaja con respecto a Nardello y Rodrigues, mientras que el pelotón estaba únicamente formado por 16 corredores, entre ellos Olano y Ullrich.

Después de ese descenso iban a faltar pocos kilómetros para el ascenso al gran coloso de la ronda española, pero antes había que afrontar la subida al Cordal, un, a priori, insignificante puerto comparado con lo que quedaba de etapa. El Cordal fue coronado en solitario por Ruslan Ivanov y poco después de un minuto coronaría el pelotón, en donde ya habían neutralizado a Nardello y Rodrigues.

El descenso lo iba a encabezar Van de Wouwer, seguido de Olano y con los escaladores puros sufriendo por no perder la rueda de estos. Pero fue en una curva a izquierdas cuando un Van de Wouwer que seguía encabezando al pelotón quien se fue al suelo, arrastrando con él a varios corredores más, entre ellos al líder de la carrera, Abraham Olano. Nadie se paró a esperar al de Anoeta, salvo su compañero Zarrabeitia y llegando a pie de l´Angliru con un minuto de retraso con respecto a los Ullrich, Chava o Heras.

Llegó a pie de puerto en primer lugar Ivanov, seguidos por un grupo liderado por Rubiera, en el que también marchaban Heras, Tonkov, Chava Jiménez y Ullrich y a algo menos de un minuto marchaba el líder Olano, con Zarrabeitia, Rebellin, Nardello y Aebersold. A unos 10 kilómetros de meta saltó de ese grupo cabecero Tonkov y abrió rápidamente un pequeño hueco de 30 segundos con respecto al grupo que iba y unos 20 segundos más con Olano y su grupo.
 
Zarrabeitia dijo basta y desde ese momento Olano se puso al frente de su grupo, reduciendo metro a metro la diferencia con el grupo delantero. En el descansillo de Viapará, a unos 8 de meta, las diferencias se habían estabilizado en torno a los 50 segundos, entre Tonkov y el grupo reunificado de los Olano y Ullrich. En ese momento, después del descansillo es donde una pintada pone "Aquí comienza el Infierno". Un infierno que se traduce en una pendiente media del 13% y una máxima del 23.6%.
La primera rampa de Les Cabanes iba a ir acompañada de un ataque de Roberto Heras, al que solo pudo seguir un Chava Jiménez inspiradísimo aquel día. Por detrás quedó un dueto formado por los dos grandes favoritos de la carrera, Ullrich y Olano. Al final de ese primer kilómetro infernal Heras se giró y vio como el Chava marchaba pegado a su rueda. La diferencia en los siguientes kilómetros de Heras-Chava con respecto a Tonkov se mantenía en torno al minuto.

Fue a 4 kilómetros de meta aproximadamente, cuando la renta de Tonkov era de casi un minuto con los dos españoles y de unos 20 segundos más con el dueto del líder, donde se produjo una de las sorpresas de la jornada. El Triki Beltrán, quien se había visto cortado en el descenso de la Cobertoria, se estaba echando encima de Ullrich y de Olano. Se le vio intercambiar algunas palabras con una de las motos que acompañaba a ambos corredores e inmediatamente, en pie sobre la bicicleta, los adelantó sin contemplaciones. Olano dejó hacer al alemán Ullrich, y al ver que este no reaccionaba, él sí lo hizo y se fue a por el corredor jienense.

Las distancias se mantenían, e incluso iban favoreciendo a Tonkov justo a la llegada a la mítica Cueña les Cabres. En la Cueña fue donde se vio como nunca antes en directo a los corredores. Ni el famoso Mortirolo podía ofrecer esas imágenes. Tonkov prácticamente no podía ni avanzar en esas rampas con una media superior al 17%, y sus perseguidores tampoco marchaban mucho mejor que el ruso. Era igual para todos los corredores menos para uno, un único corredor capaz de hacer levantarse a los aficionados del sofá con su sola presencia en carrera. Ese corredor no podía ser otro que el malogrado Chava Jiménez, quien en ese kilómetro infernal de la Cueña decidió aumentar su ritmo, ya que había visto que el que llevaba Heras no iba a ser suficiente para neutralizar al ruso, dejando totalmente descolgado al bejarano. Otro Banesto, Piepoli, iba a adelantar a un Ullrich que estaba sufriendo en demasia en las rampas más duras del puerto.
 
Al acabar la Cueña, la distancia de cabeza de carrera se había visto reducida a unos 40 segundos con el Chava, manteniéndose con el resto de corredores. El Chava iba encendido, alternando el ponerse en pie con ir sentado, y el ruso poco a poco se iba apagando, con su pedaleo regular y sentado sobre la bicicleta. Se estaba echando el corredor del Banesto encima del corredor del Mapei. El resto de corredores no existían ya para esa etapa.
 
En medio de la niebla, dentro ya del último kilómetro, el Chava se echó literalmente encima de Tonkov. Le había recortado más de 40 segundos en unos infernales últimos 3 kilómetros.
 
Los últimos metros de la etapa serían en un ligero descenso, de poco más de 300 metros, tras los cuales estaría ubicada la línea de meta. Una línea de meta que ninguno de los dos corredores llegaría a ver, debido a que la densa niebla impedía que nadie viera a una distancia de un par de palmos más lejos de su rueda. Gracias a que el Chava adelantó a Tonkov justo antes de iniciar ese ligero descenso, fue quien entró en meta como el primer ganador en ese puerto, debido a que ninguno de los dos corredores realizó ningún sprint. El Chava desbordaba alegría una vez que hubo cruzado la meta, justo lo contrario de lo que decía la cara de un ruso muy decepcionado con el desenlace de la etapa.
 
Por detrás de los dos corredores llegó, a más de un minuto Roberto Heras, que escalaba de esta forma, muchos puestos en la general de la carrera. El cuarto en entrar sería un Triki Beltrán que con diferencia había sido el corredor que había empleado menos tiempo en subir el puerto, pero su fallo en la Cobertoria le había perjudicado enormemente. Olano sería quinto en la etapa, afianzando un liderato que solo unas costillas rotas unos kilómetros antes pudieron arrebatarle, aunque eso no se supo hasta varios días después. Todos y cada uno de los corredores iban llegando de uno en uno a la línea de meta, sirviéndose únicamente de sus fuerzas, sin poderse aprovechar del esfuerzo de ninguno otro corredor. Uno de los últimos corredores que llegó a meta fue nada menos que el sprinter McEwen, quien se permitió el lujo de cruzar la meta haciendo un caballito, tradición que haría también años más tarde, aunque aquel día lo hizo más de media hora después de que el ganador de la etapa hubiese cruzado la línea de meta.

No podía haber ganado un corredor más propicio para el aficionado español que el Chava en el estreno de un puerto que desde mucho antes de subirse por primera vez ya era leyenda. Desde ese momento L´Angliru tendría un ganador a la altura de su fama, nada menos que un ganador con el que todos los aficionados al ciclismo en los años 90 se pusieron en pie para celebrar sus gestas y se decepcionaban, cada vez que su cabeza no funcionaba.

Clasificación Etapa:
1- José María Jiménez (Banesto)
2- Pavel Tonkov (Mapei) m.t.
3- Roberto Heras (Kelme) a 1´01´´
4- Manolo Beltrán (Banesto) a 1´14´´
5- Abraham Olano (ONCE) a 1´44´´
6- Leonardo Piepoli (Banesto) a 2´04´´
7- Jan Ullrich (Telekom) a 2´46´´
8- José Luis Rubiera (Kelme) m.t.
9- Davide Rebellin (Polti) a 3´01´´
10- Igor González Galdeano (Vitalicio Seguros) a 3´09´´
11- Roberto Laiseka (Euskaltel) m.t.

Clasificación General:
1- Abraham Olano (ONCE)
2- Jan Ullrich (Telekom) a 2´08´´
3- Pavel Tonkov (Mapei) a 2´58´´
4- Igor González Galdeano (Vitalicio Seguros) a 3´58´´
5- Roberto Heras (Kelme) a 4´24´´
6- Ángel Casero (Vitalicio Seguros) a 4´44´´
7- José María Jiménez (Banesto) a 5´29´´
8- Manolo Beltrán (Banesto) a 6´26´´
9- Davide Rebellin (Polti) a 6´53´´
10- Leonardo Piepoli (Banesto) a 7´19´´

Saludos a todos!!