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viernes, 6 de diciembre de 2013

Chava, una década sin tí

Hoy, 6 de diciembre de 2013, se cumple una década desde que José María "el Chava" Jiménez nos abandonara. Lo hizo estando ingresado en una clínica de desintoxicación, muy lejos ya de los focos que en años anteriores le habían encumbrado ante los aficionados al ciclismo. Su muerte, al igual que sucedió con la de Marco Pantani meses después, le convirtió en mito de este deporte.
 
José María Jiménez, el "Chava", ciclista precoz nacido en el Barraco un 6 de febrero de 1971, hace hoy diez años que nos abandonó. Un ciclista querido por la afición, que pudo haber tenido un palmarés mucho más extenso de lo que lo tuvo, pero de haber sido así, no habría sido el Chava. Desde aquí, un pequeño homenaje, recordando la que ha sido su mejor clasificación en una gran vuelta por etapas, la Vuelta a España de 1998.
 
Vuelta España 1998
La salida de la Vuelta a España de 1998 venía marcada aún por los últimos coletazos del Caso Festina que había tenido lugar durante el último Tour. El ciclismo había perdido su credibilidad de cara al público en general, pero aún así, el espectáculo debía continuar.
 
A pesar de estar todavía reciente el Caso Festina, sus corredores no habían sido oficialmente sancionados, por lo que a la Vuelta pudieron acudir como el equipo más potente del pelotón, con toda su artillería preparada para tratar de lavar su imagen, Zülle, Virenque y Dufaux. En cuanto al pelotón nacional, la ONCE se iba a presentar con Jalabert como indiscutible líder, con Zarrabeitia y Mauri como fieles escuderos. En el Banesto, por su parte, iba a llevar como jefe de filas a un Olano a que el trazado más humanizado favorecía mucho, con un inconsistente Chava Jiménez en la recámara.
 
Esa Vuelta comenzó sin muchas novedades en las cinco primeras etapas, salvo porque Virenque se vio involucrado en varios cortes que le hicieron perder algo de tiempo. No parecía el francés muy por la labor de involucrarse en carrera.
 
En la sexta etapa de esa edición se iba a estrenar un puerto inédito hasta el momento, el Xorret del Catí, un puerto de apenas tres kilómetros de longitud pero con rampas de hasta el 22% de desnivel. Fue precisamente en esas rampas, y respondiendo a un ataque del recién recuperado del cáncer Armstrong, donde el Chava lanzó su primer demarraje de aquella edición y consiguió distanciarse de los Heras, Dufaux o Jalabert de manera suficiente para afrontar el ligero descenso final y ser el primer vencedor en las rampas del Xorret del Catí.
 
Chava había sido el primero de los favoritos en golpear en la Vuelta, aunque su rendimiento real aún era una incógnita, más aún analizando el decepcionante Tour de Francia que había hecho antes de abandonar, donde en ningún momento fue capaz de seguir a los hombres más fuertes de la carrera. Jiménez, además, iba a recibir el premio de vestirse con el jersey de líder de la carrera, aventajando a Heras en más de medio minuto y en casi uno a su compañero y supuesto jefe de filas, Abraham Olano.
 
Las siguientes jornadas iban a ser bastante tranquilas, tanto para el Chava como para su equipo, pudiendo mantener el maillot de líder sin mayores dificultades. Los problemas para el abulense iban a llegar en la novena etapa, con una contrarreloj de 39 kilómetros que, a priori, le iban a hacer perder la preciada prenda amarilla y cualquier opción de hacer una buena general, viendo su rendimiento de años anteriores.
 
Como efectivamente se presuponía, Chava cedió gran cantidad de tiempo en la crono y perdió el liderato de la carrera. El nuevo líder iba a ser su compañero Olano, con él a más de tres minutos en la general. Se recuperaban los roles que inicialmente había en el Banesto, con Olano de jefe y Jiménez de gregario de lujo del de Anoeta. Pero el Chava no había dicho aún, ni mucho menos, su última palabra en aquella Vuelta.
 
El Kelme siembra y el Chava recoge
La décima etapa de la ronda española finalizaba en la Estación Invernal de Pal. Aquel día la cosa empezó a ponerse seria para el líder en el penúltimo puerto de la etapa, el de Ordino. Ahí un ataque en conjunto de los Kelme, primero Heras y luego Escartín, desarboló a un líder que no pudo más que buscar refugio en la rueda del Triki Beltrán. Chava, por su parte, cumpliendo excelentemente con su labor de gregario, se había pegado a la rueda de los Kelme. Por la cima del puerto coronó Escartín en primer lugar, marchando Jiménez a su rueda sin darle un solo relevo. Con un retraso de unos 45 segundos coronó el grupo de un glorioso Beltrán, quien marcaba el ritmo al líder de la carrera.
 
El Chava se estaba encontrando muy bien de piernas durante toda la última ascensión del día, no obstante, había ido a rueda del corredor de Biescas durante muchos kilómetros. Por ello pidió permiso desde el pinganillo para atacar y hacerse con la victoria de etapa. Una vez se lo negaron, dos veces, tres... Los kilómetros pasaban y el grupo perseguidor de Olano no conseguía reducir las distancias. Jiménez comenzaba a desesperarse, mientras que veía las pancartas de siete, seis, cinco a meta. Al paso por cada una de ellas preguntaba y recibía la negativa de sus directores, hasta que al paso por la pancarta de tres el silencio fue la respuesta que obtuvo. Volvió a preguntar para asegurarse y de nuevo silencio. Ante ello, no dudó más y lanzó un primer demarraje que fue contestado por Escartín, pero que no pudo hacer nada para responder a un segundo ataque del corredor del Barraco. En la línea de meta Chava aventajó en 18 segundos a Escartín y en 1 minuto y 31 segundos al grupo de su jefe de filas.
 
"El Chava consiguió dos victorias de etapa aprovechándose del trabajo del Kelme y de su función de gregario de lujo"

Chava Jiménez se había vuelto a meter en carrera, situándose a apenas 1´36´´ del líder y compañero de equipo. Se acababa de encender un pequeño fuego en el Banesto, pero que si no se sabía controlar, podría acabar en un gran incendio. De momento las declaraciones de los protagonistas eran bastante pacíficas, con Olano ejerciendo de líder y Jiménez de gregario totalmente sometido a la imposición de su jefe de filas.
 
La siguiente etapa, la undécima con final en Cerler, iba a ser un calco de la de anterior con final en Pal, con los Kelme tratando de derrocar al líder en beneficio de Heras o Escartín y con el Chava recogiendo lo sembrado por el conjunto dirigido por Álvaro Pino. En todo momento fueron los Kelme los que llevaron la voz cantante en la etapa, pero el vencedor de la jornada volvió a ser el Chava, quien derrotó aquel día en el sprint a Heras, Escartín y Clavero, mientras que por su parte, Olano había vuelto a ceder con respecto a los favoritos, dejándose en meta unos exiguos 19 segundos, por la falta de dureza del puerto final.
 
Hasta aquí había durado la paz entre los dos compañeros de equipo. Desde ese momento, a través de la radio, se inició una guerra entre ambos corredores, contando cada uno con el respaldo de uno de los dos medios radiofónicos nacionales. Quizás el último gran pique en los medios nacionales con el ciclismo de por medio.
 
Las siguientes dos etapas fueron de relativa tranquilidad en el seno del pelotón, con la excepción de la 14ª etapa, que iba a ver como los corredores del Banesto iban a vivir un auténtico infierno en una etapa aparentemente sin peligro que acabó como una persecución del equipo a un numeroso grupo en el que se había colado Heras (8º en la general). Finalmente aquel día acabó sin jugándose al sprint, pero los chicos de Unzué se habían llevado un buen susto.
 
 
La mujer de Olano incendia las Ondas
La 16ª etapa, que finalizaba en las Lagunas de Neila dejó como resultado la cuarta victoria parcial del Chava Jiménez. Todo lo importante de la etapa sucedió durante los últimos tres kilómetros de la subida final a las Lagunas. Poco después de pasar por la pancarta de tres a meta, y viendo el Chava que la situación de carrera estaba más o menos controlada por Olano (respondiendo en persona a unos inútiles ataques de Jalabert), el Chava decidió derramar, buscando su cuarto triunfo de etapa.
 
"Una pequeña pájara de Olano y el ataque del Chava hicieron llegar la sangre al río"
No parecía que la sangre fuera a ir al río hasta que al paso por la pancarta del último kilómetro, Olano se vino abajo sin motivo aparente, y nuevamente Beltrán debió sacrificarse para su jefe de filas. La renta en meta entre el Chava y Olano fue de 46 segundos en favor del corredor del Barraco, insuficientes para poner en aprietos su liderazgo en la carrera.
 
Las declaraciones en meta no fueron nada altisonantes entre todos los protagonistas del día, hasta que que todo el mundo pudo escuchar las que realizaría Karmele, la mujer de Olano, en la radio. Desde ese momento el ambiente en el conjunto Banesto se volvió muy tenso (entre otras cosas, Olano acababa contrato y estaba negociando la renovación), produciéndose el famoso suceso en el ascensor de un hotel entre el Chava, Karmele y un periodista de un medio afín al corredor abulense. La sangre había llegado al río en el seno del conjunto Banesto.
 
La traca final en la Sierra madrileña
Se estaba llegando al final de la Vuelta y aunque la presión que desde el exterior se estaba ejerciendo sobre los corredores del Banesto, en la etapa de Segovia consiguieron firmar una pequeña tregua y trabajar todos con el mismo propósito, conservar el jersey de líder. Ese día de Segovia lo conservaron, pero aún quedaba Navacerrada.
 
El día de Navacerrada la etapa estuvo marcada por el mal tiempo, y por la lucha constante que tuvo que sufrir Olano aquel día. En el penúltimo puerto vio como se formaba una fuga en la que se encontraría gente como Zülle, Escartín o su compañero Chava como secante, mientras que él y su equipo perseguían por detrás. Después de muchos kilómetros persiguiendo, el Banesto consiguió neutralizar la fuga a pie de Navacerrada, último puerto de la jornada.
 
Una vez en el puerto, en las primeras rampas, atacó Heras, llevándose consigo a rueda a Escartín, Armstrong y al Chava. Olano se volvía a quedar descolgado, a merced de la ayuda del Triki. La ventaja de ese cuarteto fue aumentando kilómetro a kilómetro, de manera que el Chava se estaba convirtiendo en el líder provisional de la prueba, ya que habían neutralizado los 31 segundos de desventaja que tenía en la general.
 
"Su superioridad en montaña contrastaba con su escaso rendimiento contra el reloj, lo que le privó de hacer mejores generales"

En la línea de meta fue el ruso Zinchenko, que venía de una fuga anterior, quien se hizo con el triunfo de etapa, su tercero aquel año en la ronda española. Por detrás, Jiménez y Heras entraron a su rueda y Olano se dejó nada menos que 1 minuto y 7 segundos. Eso convertía a Jiménez en el nuevo líder de la prueba, con 6 segundos de ventaja con respecto a Escartín y 38 con Olano.
 
La desventaja de Olano con los hombres que le precedían en la general hacían pensar que la Vuelta era suya, como demostró al día siguiente en la crono de Fuenlabrada, pero la fractura con su equipo y con el Chava ya se había producido muchas jornadas antes, con la actuación de ambos en la carretera, y de sus allegados en las ondas radiofónicas. A Olano le acompañaron en el pódium Escartín y su compañero Jiménez, que pudo salvar su tercera plaza por apenas seis segundos con respecto a Armstrong.
 
Clasificación general.
1- Abraham Olano (Banesto)
2- Fernando Escartín (Kelme) a 1´23´´
3- José María Jiménez (Banesto) a 2´12´´
4- Lance Armstrong (US Postal) a 2´18´´
5- Laurent Jalabert (ONCE) a 2´37´´
6- Roberto Heras (Kelme) a 2´58´´
7- Álvaro González de Galdeano (Euskaltel) a 5´51´´
8- Alex Zülle (Festina) a 6´05´´
9- Marco Serpellini (Brescialat) a 8´ 58´´
10- Marcos Serrano (Kelme) a 10´17´´
 
 
Su mejor clasificación
La Vuelta a España de 1998 supuso la mejor clasificación general del Chava Jiménez, con un tercer puesto final, viviéndolo además con gran intensidad, debido a la polémica que se desató en el seno del equipo Banesto en aquella edición, por las disputas vividas en los medios entre los que apoyaban al Chava y los que apoyaban a Olano. Aunque esa Vuelta del 98 fue su mejor clasificación, no fue su mejor participación en una gran ronda, ya que en la Vuelta de 2001, en donde consiguió tres victorias de etapa, pudo haber sido suya de no ser por esa mala cabeza que tenía, ya que en la carretera demostró ser el mejor corredor del pelotón en esa edición. La
 
Su mala cabeza, unida a sus vicios y malos hábitos de vida, hizo que apenas cinco años después de subir al pódium de Madrid, y dos años después de ser el mejor corredor en la ronda española, José María Jiménez nos abandonase para siempre mientras se encontraba en una clínica de desintoxicación, tratando de curarse de sus adicciones, no ya para volver a ser corredor profesional, pues todavía tenía edad de serlo, sino para tratar de volver a ser persona.
 
 
Saludos a todos!!

martes, 4 de septiembre de 2012

Vuelta 93. Naranco, la apoteosis del Clas

La 17ª etapa de la Vuelta a España de 1993, la etapa reina, que finalizaba en los Lagos de Covadonga, dejaba al suizo Tony Rominger como líder de la carrera, aventajando a su compatriota Alex Zülle en tan solo 33 segundos, dejando la general totalmente abierta cuando aún faltaba todavía una etapa con final en alto y el último día una contrarreloj.
El 14 de mayo iba a disputarse la 19ª etapa de la Vuelta. Después la disputa de esta ya solo quedaría una etapa relativamente sencilla, que concluiría en el Ferrol y una contrarreloj final por Santiago de Compostela que favorecía claramente al joven corredor de la ONCE, un Zülle que se había erigido en el líder sorprendente del equipo debido al fiasco que había supuesto el corredor holandés Erik Breunkink. Era una etapa muy peligrosa, en que si los favoritos si sabían moverse, podían salir muy beneficiados, ya que el perfil de la misma era bastante abrupto, muy proclive para poder buscar diferencias. Un  tipo de perfil en que un corredor ofensivo y con ganas de hacer sangre, como lo era Rominger en ese momento de su carrera, podía hacer mucho daño al resto del pelotón. Y necesitaba hacerlo, puesto que los 33 segundos con los que comenzaría la etapa se antojaban insuficientes ante la contrarreloj del último día.
 
La etapa partiría alrededor de la 1 y media del medio día en la localidad asturiana de Gijón y concluiría en el Alto del Naranco, pasando previamente el pelotón por el Alto de la Reigada (3ª) en el kilómetro 35, el Alto de la Cobertoria (1ª) sobre el kilómetro 100, Alto Padrún (3ª) sobre el 130 y el Alto de la Manzaneda (3ª) poco antes del 140, finalizando en el ya mencionado Naranco (1ª), totalizando 153 kilómetros de etapa.

El Clas-Cajastur, con Juan Fernández como director a la cabeza, sabía que la entidad de los puertos de aquella 19ª etapa no eran suficientes para que Rominger dejara de rueda a un Zülle que no solo no había ido a menos después de haber cedido el maillot de líder de la carrera, sino que parecía que se estaba creciendo y con la distancia que había entre los dos primeros corredores de la general, era el claro favorito para hacerse con la victoria final. Por ese motivo el equipo asturiano decidió que había que pasar a la ofensiva, intentando buscar el que su rival cediera tiempo, con un terreno que era muy dificil de controlar por parte de los equipos.
 
El Alto de la Cobertoria sería el lugar elegido por el equipo asturiano para tocar la corneta de batalla, buscando dejar a Zülle sin compañeros, buscando, si se podía alianzas con otros equipos y atacar al joven suizo en su punto débil, los descensos. El equipo Amaya mandó atacar a Vicente Aparicio nada más comenzar el puerto, siendo alcanzado más adelante por su compañero Rincón y por Iñaki Gastón. Por detrás tiraba con mucha fuerza el Clas y poco antes de coronar el puerto, alcanzaban a estos 3 fugados, quedándose el grupo de esta manera formado por 8 corredores: Rominger, Gastón, Zülle, Cubino, Montoya, Aparicio, Rincón y Perico Delgado.

Tony Rominger, un corredor con una gran iniciativa, lo vio claro, era el momento de hacer daño a su compatriota, que no estaba apoyado por ningún compañero de su equipo. Era el momento de hacer sangre y el suizo lo iba a hacer. Rominger adelantó a su compañero Iñaki Gastón, y le pidió que le siguiera. Ambos se lanzaron en el peligrosísimo descenso abriendo un hueco de varios metros con los otros 6 corredores con los que habían coronado. Desde ese momento, ambos corredores del Clas no volvieron a tener referencias sobre sus perseguidores hasta que les alcanzó el coche de su director, Juan Fernández, que les daba una noticia que no esperaban, Zülle se había caído en el descenso y marchaba en el pelotón, a más de 2 minutos de donde se encontraban ellos, mientras que el grupo perseguidor, compuesto ahora por 5 corredores, estaba a menos de un minuto.
 
Zülle desde siempre había tenido un grave problema de vista, puesto que padecía una miopía muy pronunciada. Ese problema de vista hacía que el suizo no tuviese un gran manejo de la bicicleta, especialmente en los descensos, un hecho que se acentuaba con la presencia de la lluvia. Una lluvia como la que iban a empezar a sufrir los ciclistas en esta señalada etapa, máxime en un descenso tan peligroso como el de la Cobertoria.
 
Todos esos factores sumados; el de un peligroso descenso, unas gotas de lluvia, el asfalto mojado y sus problemas de vista, hicieron que el joven corredor suizo se fuera al suelo en una curva a izquierdas con poca visibilidad, al intentar perseguir al dueto del Clas, con más riesgo de lo aconsejable. Su bicicleta cayó por un terraplén y tardaron bastante más tiempo del recomendable en poder rescatarla y que el corredor se reincorporase a la carrera. Una vez concluida la etapa, en el set que TVE preparaba para que pasasen los corredores después de cada etapa, Pedro González le preguntó que como se encontraba, a lo que el respondió con una histórica frase en su peculiar español, ante esos micrófonos de TVE:
"Culo duele, bici flores".
Desde el momento en el que Zülle fue absorbido por el pelotón, sus compañeros de la ONCE Leanizbarrutia, Torres y Díaz Zabala se habían puesto a trabajar como posesos para intentar reducir lo máximo posible la ventaja antes de la subida al Padrún. Tan fuerte tiraron esos tres ONCE que consiguieron alcanzar al grupo de los cuatro Amaya y a Perico Delgado, siendo la diferencia con cabeza de carrera de aproximadamente un minuto. A pie de ese puerto fue donde Iñaki Gastón dejó a un Tony Rominger que realizaría a partir de ahí el resto de la etapa en solitario, luchando contra los ONCE por conservar la ventaja que habían adquirido en el descenso y en los primeros kilómetros del llano, gracias al trabajo impagable de Gastón. La ventaja al coronar el Padrún de Rominger era de 51 segundos, por lo que apenas le habían reducido unos segundos la ventaja Breukink y Bruyneel, que ahora eran los que trabajaban en favor de su jefe de filas, en un grupo formado ahora por 10 unidades.
 
En el descenso del Padrún el cielo se cerró y comenzó a caer una inmensa cantidad de agua sobre los corredores, que estaban completando una de las mejores etapas de la historia de la carrera. Desde las primeras rampas de la Manzaneda también el publico asturiano comenzó a aparecer en las cunetas dando un cálido apoyo al corredor del equipo de su tierra, Rominger, un Rominger que agradecería ese cálido apoyo manteniéndose en cabeza de forma firme y casi sin ceder terreno con los perseguidores. Unos perseguidores que ahora estaban encabezados por un Bruyneel que prácticamente no conseguía recortar segundos, a pesar del gran trabajo que estaba realizando. La ventaja de Rominger al coronar la Manzaneda sería de 46 segundos con respecto al grupo de los ONCE y del resto de favoritos.

Después de realizar este último descenso del día los corredores pasaban por Oviedo y allí fue aclamado Rominger por "su" publico, a su paso por la ciudad, una ovación como pocas veces se recuerda en ningún corredor. Inmediatamente al paso por la ciudad los corredores afrontaban el último ascenso del día, el del Naranco. El primer corredor en afrontar sus rampas sería Rominger, que mantenía la ventaja con el grupo que desde sus primeras rampas ya lideraría Zülle. A su rueda marcharían hasta 3 corredores del equipo Amaya; Cubino, Rincón y Montoya, pero que en ningún momento darían un solo relevo, ya que entre ellos se estaban jugando la tercera plaza del podium final y no iba a pedalear ninguno en beneficio de otro que no fuera él mismo. También De Santos y Perico Delgado marchaban en ese grupo.

Rominger en esos últimos kilómetros ya comenzaba a dar signos de fatiga, puesto que llevaba cerca de 50 kilómetros de fuga, de los cuales más de 25 fueron en solitario, pero el público "le estaba empujando" y no podía defraudarles. Sacó fuerzas de flaqueza y siguió pedaleando para conseguir que el equipo de la tierra se hiciera con la victoria de etapa, para delirio de la gente que se encontraba de forma masiva en las cunetas.

A 3 kilómetros de meta la ventaja apenas la había conseguido reducir Zülle a 42 segundos y su grupo veía como se reducía el número de miembros que lo componían, ya que Montoya o Delgado habían cedido. 2 kilómetros más adelante, al paso por la última pancarta, ya solo llevaba dos corredores más a rueda del suizo, ambos del conjunto Amaya, Rincón y Cubino. Este último, el corredor de Béjar, cuna de grandes ciclistas, al poco de pasar por esa última pancarta lanzó un demarraje con el que dejó atrás a sus compañeros de fatigas. Un ataque que fue suficiente para dejar atrás a esos dos corredores, pero no para neutralizar la obra maestra que había ejecutado y que estaba a punto de rematar Tony Rominger.

Un Tony Rominger que iba a cruzar la línea de meta con un tiempo de 3 horas, 59 minutos y 41 segundos, brazo derecho en alto y feliz por la jugada maestra que había realizado en la etapa, con un ataque casi kamikaze a más de 50 de meta. 34 segundos después cruzaba la línea de meta el sensacional corredor bejarano, Laudelino Cubino. 10 segundos más tarde cruzaban esa línea Zülle y Rincón. Con esas diferencias Rominger aventajaba a su compatriota en 1 minuto y 17 segundos, a priori suficiente para conseguir la victoria final de la ronda española aún con la última contrarreloj, favorable a su rival. A 54 segundos cruzó la línea de meta Montoya y 5 segundos más tarde lo hizo Pedro Delgado. Fueron los únicos corredores que se acercaron en menos de 2 minutos a Rominger. Los siguientes en llegar a meta fueron los últimos dos corredores que apoyaron con su trabajo a Zülle, Bruyneel y Breukink, que llegaron justo a rueda de Zaina.

Finalmente entre los hombres importantes del pelotón, llegó a más de 4 minutos y medio el otro corredor que fue un héroe aquel día en la tierra del equipo, Iñaki Gastón, quien gracias a su trabajo había propiciado el desenlace de la etapa. Rominger había completado hasta ese momento la que era la mejor etapa de su vida, una etapa que llenaría al corredor de confianza y le ayudaría a conseguir grandes éxitos en un futuro reciente. 

Clasificación etapa:
1- Tony Rominger (Clas) 3 horas 59´ 41´´
2- Laudelino Cubino (Amaya) 34´´
3- Alex Zülle (ONCE) a 44´´
4- Oliverio Rincón (Amaya) a 44´´
5- Jesús Montoya (Amaya) a 54´´
6- Pedro Delgado (Banesto) a 59´´
7- Enrico Zaina (Mercatone Uno) a 2´02´´
8- Johan Bruyneel (ONCE) a 2´11´´
9- Erik Breunkink (ONCE) a 2´11´´
10- José Luis de Santos (Banesto) a 4´31´´

Clasificación General:
1º Tony Rominger (Clas) 96h 07´03"
2º Alex Zülle (ONCE) a 1´17"
3º Laudelino Cubino (Amaya) a 4´14"
4º Oliverio Rincón (Amaya) a 5´49"
5º Jesús Montoya (Amaya) a 6´34"
6º Pedro Delgado (Banesto) a 8´20"


Saludos a todos!!

lunes, 27 de agosto de 2012

Vuelta 92: Una etapa propia del Tour

La 9ª etapa de la Vuelta Ciclista a España del año 1992 era una etapa llamada a hacer historia. Probablemente nunca antes había tenido lugar un encadenado montañoso en la Vuelta como el que los organizadores habían preparado para dicha etapa. La jornada discurriría por los Pirineos, un lugar que ese año no iba a ser visitado por la caravana del Tour, y de eso bien que se aprovecharon Víctor Cordero y todos los que con él trabajaban organizando la Vuelta, realizando un recorrido de una etapa más propia del Tour que de la Vuelta. Y bien que agradeció el espectador ese nuevo recorrido ultramontañoso de aquel día.
 
La etapa reina de la Vuelta contaría con 5 puertos, de los cuales los tres primeros serían catalogados de 1ª categoría; el Portillón, el Peyresourde y el col d´Aspin, mientras que los dos últimos puertos que se ascenderían en la jornada estarían catalogados como HC, y serían nada menos que los dos colosos de los Pirineos, el Tourmalet y Luz Ardiden.
 
La jornada anterior a esta etapa reina había supuesto un duro golpe para los hombres de la ONCE, que veían como el vencedor del año anterior, Melchor Mauri, había quedado contra las cuerdas, situándose en el puesto undécimo de la general, a solo 2´38´´, pero dando una sensación de fragilidad que no había dado el año anterior. El conjunto de los ciegos también había perdido a un corredor importante, como era Anselmo Fuerte, si bien si tenía bien ubicados en la general al belga Johan Bruyneel y al suizo Alex Zülle (2º y 4º respectivamente), con la esperanza de asaltar el liderazgo de un Montoya que había dado signos de flaqueza en los últimos minutos de la etapa anterior de Pla de Beret, vencida por Jon Unzaga.
 
El día amaneció frio, más incluso que en la jornada anterior, pero eso no impidió que no se realizasen numerosos intentos de fuga. El ritmo de la carrera estaba siendo altísimo, y los pasos por Portillón, Peyresure y Aspin se produjeron sin permitir que se marchara ninguna fuga. Ese ritmo tan alto se estaba cobrando numerosas víctimas, siendo las más significativas dos corredores del conjunto ONCE. Melchor Mauri en el final del Aspin comenzaba a ceder unos metros con respecto al grueso del pelotón y Anselmo Fuerte marchaba aún con más problemas. Había cedido en el grupo mucho antes y en esas últimas rampas su cuerpo le estaba pidiendo que abandonase la carrera. Aún no lo haría, pero si unos cuantos minutos más tarde, agotado por el esfuerzo que todos los corredores tuvieron que afrontar aquel día.
 
Mauri por su parte conseguiría reponerse y enlazar en el descenso del Aspin, al tiempo que Lale Cubino e Iñaki Gastón intentaban escaparse del grupo de los favoritos. De poco le serviría conectar al de Vic, ya que al paso por el siguiente puerto cedería casi 19 minutos que hacía que sus opciones de hacer algo en la general volasen por los aires. El descenso acabaría sin ninguna otra novedad reseñable, aparte de que las temperaturas que los corredores estaban soportando eran inferiores a los 10º en muchos puntos de lo que llevaban de etapa, acentuándose esa sensación de frío en los descensos, debido a la velocidad.
 
Según llegó el pelotón a Saint Marie de Campan, con las primeras rampas de un cubierto por la niebla Tourmalet, los corredores que contaban con varios hombres en el grupo intentaron mandar a alguno de estos por delante. Los equipos más activos fueron el Banesto de Delgado, el Clas de Rominger y los Amaya del líder Montoya y de un Cubino que sería el primer hombre importante de la general que se decidiría a atacar. Cubino lanzaría un primer ataque desde muy lejos, a unos 13 kilómetros para coronar Tourmalet y a casi 50 kilómetros de meta. Un ataque muy valiente y buscando claramente el ganar la Vuelta, aún cuando todavía faltaban muchas jornadas para la conclusión de la misma. Inicialmente Giovannetti le acompañó en su ataque, pero este desistió apenas unos metros después en su intento de seguir al corredor del Amaya.
 
Lale se lanzó en ese momento en solitario a por la cabeza de carrera, que correspondía a su compañero de equipo, Francisco Quevedo, que se haría famoso meses después, al ser el farolillo rojo del Tour de Francia de ese año. Quevedo le hizo de lanzador durante unos pocos centenares de metros y cuando aún faltaban más de 10 kilómetros para coronar, Lale ya era cabeza de carrera en solitario y en una posición muy ventajosa de carrera, abriendo un hueco bastante importante.
 
Eso hizo que saltasen las alarmas en el pelotón de favoritos, pero nadie quiso asumir la responsabilidad de realizar la persecución, debido a que Perico Delgado se encontraba entre ellos, y si trabaja otro corredor que no fuera él le estarían llevando en carroza para que sentenciase la etapa en un puerto, Luz Ardiden, que conocía a las mil maravillas. Como nadie iba a asumir la responsabilidad, finalmente se decidió Perico a tirar del grupo y casi de forma inmediata a un primer arreón suyo, este grupo pasó a estar integrado únicamente por 8 unidades: Montoya, Rominger, Parra, Echave, Giovannetti, Bruyneel y Buenahora. Pero en ese grupo Bruyneel iba con el gancho, como se demostró en un segundo arreón del segoviano, que dejó totalmente fundido y a partir de ahí con el cable cruzado al belga. Tan hundido le dejó que en esos 10 kilómetros que quedaban para coronar, cedió más de 5 minutos con el grupo.
 
Perico lideraba un grupo de 7 corredores en el que Montoya había sido aleccionado para permanecer pegado a la rueda bajo cualquier circunstancia, salvo desfallecimiento del segoviano. De tal forma le habían aleccionado a Montoya que cuando Pedro, presa de una rabieta por no recibir ni un mísero relevo de ningún corredor, decidió pararse, literalmente, poniendo pie a tierra, Montoya hizo lo propio deteniéndose, al tiempo que alcanzaban los corredores la zona de la Mongie. No le sirvió de nada a Perico y reaccionó realizando una importante aceleración, que esta vez se cobraría al Kelme Buenahora. Los 7 corredores serían a partir de ese momento 6, liderados en todo momento por Delgado, persiguiendo a un séptimo corredor que al coronar el Tourmalet les aventajaba en casi un minuto y medio. No había más corredores que importasen ya, ni para la etapa, ni para la general final de la carrera.
 
Hasta ese momento las condiciones climatológicas habían impedido que hubiese imágenes en directo de la carrera, pero a partir de ese momento se solucionaron los problemas técnicos y los aficionados pudieron disfrutar de una jornada apasionante.
 
El descenso estaría marcado por el suelo mojado, por efecto de una niebla que ya había desaparecido, pero que había dejado esas consecuencias, aparte del frío que estaban padeciendo los ciclistas en esas jornadas. En un descenso en el que Cubino no arriesgó mucho, el sexteto perseguidor pudo reducirle en unos 20 segundos la desventaja con la que contaban.
 
Con poco más de un minuto se plantó Lale en la base de un puerto, Luz Ardiden, en el que ya había vencido en un par de ocasiones, ambas en la década anterior. Por detrás ya no era Perico Delgado quien marcaba el ritmo del grupo, sino un Rominger que impuso un fuerte ritmo y dejó descolgados a sus cinco acompañantes. Delgado intentó seguir el ritmo del suizo, pero este marchaba muy fuerte y prefirió marcarse su propio ritmo. A su rueda marchaba, como no, un Montoya que estaba dejando marchar a Rominger, en un error del que se daría cuenta jornadas más tarde. Desde ese momento y hasta la línea de meta marcharon juntos Echave, Fabio Parra, Giovannetti y Delgado.
 
Laudelino Cubino fue el corredor que cruzó en primer lugar la línea de meta, obteniendo de esta forma su tercera victoria en tan importante cima y postulándose como un candidato muy serio a la victoria en la ronda española, todo ello merced a un sensacional ataque en las rampas más duras del Tourmalet, un ataque que no obtuvo respuesta directa por parte de ningún otro corredor.
 
El siguiente en cruzar la línea de meta fue el suizo Rominger, que había marchado claramente de menos a más durante esa última ascensión y prácticamente se había echado encima de un ya agotado Cubino. Seguramente si el puerto llega a ser algo más largo, este habría sido neutralizado por Rominger. A continuación hizo su aparición en solitario por la línea de meta el maillot amarillo de líder de la carrera, un líder que con un potente ataque en el último kilómetro había dejado tirados a sus otros cuatro compañeros y defendía de una forma sensacional su jersey de líder. Llegó a 1 minuto y 22 segundos de su compañero y ganador de etapa Cubino.
 
El grupo de Giovannetti, Echave y Parra apareció a 19 segundos más tarde que el líder y Perico 2 segundos más tarde que sus compañeros. Un Perico que jamás se caracterizó por tener un gran sprint final y que además a esas alturas de etapa, ya era víctima del agotamiento.
 
Los siguientes corredores, sencillamente, ya no contaban para nada, no eran importantes. Aunque habría que destacar la llegada de un venido a menos Robert Millar, a más de 5 minutos, Álvaro Mejía a casi 7, Zülle a casi 9, Cabestany treinta segundos más tarde o un Melchor Mauri totalmente hundido, cruzando la línea de meta con poco más de 27 minutos de retraso con el ganador.
 
La Vuelta a España había dado en aquella su etapa reina un vuelco increíble, con varios hundimientos de hombres importantes de los que no podía esperarse tal actuación, como el de Zülle, Roche, Raúl Alcalá, o de roma mayúscula el de Mauri, y con ascensos en la general impresionantes, como el que protagonizó un desconocido entonces para las generales Rominger, que ascendió de la 9ª a la 2ª plaza de la general en aquella magnífica etapa o el del ganador de la misma, Cubino, postulándose ambos como unos candidatos muy serios a la victoria final, con permiso del líder, Montoya, que había defendido su posición con una gran maestría.
 
Clasificación Etapa:
1- Laudelino Cubino (Amaya)
2- Tony Rominger (Clas) a 19´´
3- Jesús Montoya (Amaya) a 1´22´´
4- Federico Echave (Clas) a 1´41´´
5- Fabio Parra (Amaya) m.t.
6- Marco Giovannetti (Gatorade) m.t.
7- Pedro Delgado (Banesto) a 1´43´´
8- Rober Millar (TVM) a 5´06´´
9- Francisco Javier Mauleón (Clas) a 6´21´´
10- Iñaki Gastón (Clas) a 6´23´´
 
Clasificación General:
1- Jesús Montoya (Amaya)
2- Tony Rominger (Clas) a 1´07´´
3- Laudelino Cubino (Amaya) a 1´19´´
4- Pedro Delgado (Banesto) a 1´34´´
5- Federico Echave (Clas) a 1´41´´
6- Marco Giovannetti (Gatorade) a 2´36´´
7- Fabio Parra (Amaya) a 3´10´´
8- Stephen Roche (Carrera) a 7´44´´
9- Alex Zülle (ONCE) a 8´32´´
10- Peio Ruiz-Cabestany (Gatorade) a 9´50´´
 
 
Saludos a todos!!

martes, 24 de julio de 2012

Atlanta 96: el broche de oro de Indurain

Los Juegos Olímpicos supusieron para Miguel Indurain el inicio y el final de su vida deportiva profesional. Participó en las olimpiadas de Los Ángeles 84, aunque no finalizó la prueba de ruta, y 12 años más tarde, convertido en el número 1 del mundo, volvió a repetir experiencia olímpica, curiosamente también en Estados Unidos, en Atlanta 96, alcanzando en esta ocasión la cima en el Olimpo del ciclismo.

Hasta los Juegos Olímpicos de Atlanta, en 1996, en que sí participaron profesionales, tanto en la prueba en línea como en la prueba contra el reloj, el ciclismo había sido un territorio vetado para los profesionales en las olimpiadas. Es por ese motivo de disputarlas solamente ciclistas amateurs, por lo que cada país inscribía a sus más firmes promesas jóvenes. Este era, por tanto, el mejor escaparate posible para esos amateurs participantes, ya que si conseguían brillar durante la prueba, se garantizaban inmediatamente un contrato profesional al concluir los juegos, en una época muy acostumbrada a que en los finales de temporada los jóvenes corredores participasen en alguna prueba, para que tuvieran una primera toma de contacto con los corredores profesionales.
 
Y fueron esos Juegos Olímpicos de Los Ángeles 84 los que supusieron para Miguel Indurain el dar el salto al profesionalismo, aún a pesar de que no lograse finalizar la prueba en ruta. Sus victorias en el campo amateur no habían pasado desapercibidas para los que serían sus directores, José Miguel Echávarri y Eusebio Unzué, en la estructura del equipo Reynolds, quienes no dudaron en su contratación. Aunque entonces no lo sabía nadie, se iba a iniciar la trayectoria de uno de los corredores más exitosos de la historia después de esos Juegos Olímpicos.

12 años después, un Miguel Indurain en el ocaso de su dilatada carrera, iba a volver a ser parte de la selección española en unos Juegos Olímpicos, debido a la apertura a la participación en los Juegos a los corredores profesionales. Esto iba a permitir a Miguel participar e intentar poner un broche dorado a su carrera, después del fiasco que había sufrido en el Tour de Francia en el que por primera vez en seis años, había sido derrotado por otro corredor. Su idea era la de retirarse después de intentar obtener una medalla olímpica, aunque luego las circunstancias impidieron que la última imagen que quedase de Indurain fuese la de un corredor victorioso, en el cénit de su carrera, y no la que realmente quedó, la de un corredor derrotado y retirándose camino de los Lagos de Covadonga.

El Tour había finalizado el día 21 de julio y las pruebas ciclistas no iban a comenzar hasta 10 días después, el día 31, con la prueba de ruta y 3 días después la especialidad del navarro, la contrarreloj. Tenía, por lo tanto, Miguel unos días para intentar elevar el nivel que había mostrado en el Tour, donde no había alcanzado el máximo de su rendimiento deportivo.

La prueba en ruta de ciclismo tendría lugar el día 31 de julio, y a dicha prueba presentaría España un equipo compuesto por Miguel Indurain y Abraham Olano, quienes competirían también en la prueba contra el reloj, a los que se sumarían Manuel Fernández Ginés, Marino Alonso y Melchor Mauri. A priori un equipo de garantías, salvo para el sprint.
 
Finalmente el equipo se dejó ver, pero no pudieron alcanzar una medalla, quedándose Mauri con un sexto puesto final. Indurain finalizó en la posición 26ª y Olano en la 67ª. Pero la prueba contrarreloj sería otra historia. En ella los máximos favoritos sí serían los españoles, que iban a competir con muchos de los rivales con los que también habían competido días atrás en la última CRI del Tour. Participarían en esa contrarreloj olímpica gente como Boardman, Rominger, Brochard, Jonker, Zülle o Erik Breunkink, además del flamante ganador del Tour, Bjarne Riis, todos ellos partícipes en esa última CRI. Además se sumaría gente como Bryneel, Jalabert o un joven Lance Armstrong, quienes se habían retirado durante la disputa del Tour, o dos grandes especialistas, como Rich y Peschel (este último a raíz de la incomprensible no selección de Jan Ullrich para las olimpiadas por la cabezonería del seleccionador alemán), que habían preparado en exclusiva el evento olímpico.
 
Esa prueba contra el reloj tendría lugar el 3 de agosto, es decir, 3 días después de la prueba de ruta de la que resultó vencedor el suizo Pascal Richard, y se disputaría sobre el mismo circuito de 13.05 kilómetros en que se había disputado la prueba en ruta; un circuito sin prácticamente ninguna dificultad, muy llano, con amplias carreteras y muchas curvas, por lo que no era del todo favorable a los grandes rodadores del pelotón, aunque había un pequeño repecho a mitad de recorrido que resultaría definitivo. Los corredores deberían dar cuatro vueltas a dicho circuito, para completar una distancia total de 52.20 kilómetros.
 
40 corredores fueron los que tomaron parte aquel día de la prueba, siendo los últimos en tomar la salida los españoles Olano e Indurain (dorsales 2 y 1, respectivamente). Los corredores saldrían en 4 tandas de 10 corredores cada una, y se esperaba a que terminase una tanda completa para comenzar con la siguiente.

De la primera tanda de corredores, fue Dariusz Baranowski (ex Banesto o Liberty) quien marcó un mejor crono, siendo este de una hora, 7 minutos y 8 segundos, aunque parecía poco probable que ese crono fuese importante al terminar la jornada. Por centésimas había sido mejor que el de Rich. Pero es que un tercer corredor, Hen Dekker de la segunda tanda, igualaría también ese crono, aunque situándose el tercero momentáneamente. Con este triple empate finalizarían las dos primeras tandas, aunque se esperaba que todos los grandes favoritos mejorasen dicho crono.

La penúltima tanda estaría compuesta entre otros por gente como Jalabert, Zülle, Jonker, Fondriest o un Lance Armstrong que sería quien cerrase esa tanda. Jonker sí que consiguió mejorar el triple empate, y aventajó a los 3 corredores en 14 segundos. Jalabert hizo aguas aquel día y su crono estuvo muy lejos de los mejores. Otro que parecía que haría aguas ese día, viendo sus cronos intermedios, fue el compañero de la ONCE de Jonker, Zülle, pero este demostró su calidad con una última gran vuelta y consiguió un mejor tiempo momentáneo de 1 hora, 6 minutos y 33 segundos. Pero ese registro fue merendado por Fondriest solo unos instantes después. Un Fondriest que apareció por meta con un crono de 1 hora, 5 minutos y 1 segundos. Sus vueltas fueron las mejores de ese día hasta el momento, realizando unos tiempos de paso de 16 minutos y 12 segundos en la primera vuelta, 16´31´´ en la segunda, 16´12 en la tercera y una mejor vuelta en la última, con 16 minutos y 6 segundos. Ese registro empezaba a poner muy cara la lucha por las medallas. El último corredor de esa tanda, Armstrong, se había acercado a los cronos del italiano en los parciales, pero en meta apenas pudo mejorar en 5 segundos el registro que había marcado el suizo Alex Zülle, situándose segundo provisional.

Y llegaría el turno de la última tanda, una última tanda compuesta por Erik Breukink, Igor Bonciucov, Duván Ramírez (5º y 4º el año anterior en el mundial contrarreloj), Rominger, Riis, Boardman, Berzin, Peschel, Olano e Indurain, por orden de salida.

Los tres primeros corredores de esta tanda, rápidamente se quedarían sin opciones de hacer algo importante, ya que al primer paso por meta ya cederían más de un minuto. El siguiente corredor era Rominger, quien se encontraría cerca de doblar a Ramírez en su primera vuelta, pero lejos del mejor crono del día. El vencedor del Tour, Riis, tampoco iba a mejorar los cronos, y cedería 40 segundos con el primer paso por meta de Fondriest.
 
Pero detrás del danés venía como un Boeing-747 el británico Boardman, con una bici de plato único, aspecto fundamental en el desarrollo posterior de la prueba. Su tiempo en el primer paso mejoraba en 21 segundos el conseguido por Fondriest en esa primera vuelta, marcando un crono desorbitado de 15´51´´. Ni Berzin ni Peschel se iban a acercar siquiera al crono de Fondriest en el primer paso por meta, por lo que habría que descartarlos para cualquier tipo de lucha.
 
Solamente Olano e Indurain, de esa última tanda, pudieron acercarse levemente a ese tiempo magistral que había marcado Boardman, cediendo 17 y 18 segundos y siendo 2º y 3º provisional respectivamente con respecto al tiempo del británico.

En la segunda vuelta, antes del llegar al kilómetro 20, el británico seguía aumentando sus rentas. Con respecto al ya segundo clasificado, Indurain, se mantenían las distancias, siendo la desventaja del navarro de 18 segundos, pero la distancia con Olano ya era de 22 segundos y con Fondriest, que ya había terminado su participación, era ya de 29 segundos. Pero ese repecho del circuito comenzaba a afectar al rendimiento del británico, ya que ese plato único le estaba perjudicando de manera notable.
Con el paso por la mitad del recorrido, se pudo observar como Riis o Rominger no iban a poder pelear por medallas, pero el suizo, a diferencia del danés, estaba mejorando sus tiempos, mientras que Riis fue doblado por Boardman. Al paso por el punto cronometrado, Boardman marcaba un registro de 32´11´´, siendo 32 segundos mejor que el que había permanecido hasta ese momento. Berzin entraría hundido por meta y Peschel tampoco podría mejorar los registros, y en el horizonte del alemán ya se podía distinguir la figura de Olano, quien venía recuperando tiempo y en ese punto intermedio cedía solo 15 segundos con un Boardman que parecía perder fuelle conforme avanzaba la jornada.
 
Pero aún quedaba una última figura por aparecer por ese punto intermedio, la de un Indurain que había incrementado su ritmo y se había acercado peligrosamente al tiempo al mejor crono, puesto que pasó con un retraso de tan solo 3 segundos. Le había recuperado 15 segundos en una segunda gran vuelta del navarro.

La tercera vuelta iba a confirmar lo que la segunda vuelta apuntaba. Boardman iba perdiendo fuelle con respecto a sus grandes rivales de la prueba, mientras que Indurain y Olano habían incrementado su ritmo y se habían acercado peligrosamente a sus registros, dando una sensación de mucha mayor entereza que el británico. El ritmo de Miguel iba in crescendo, mejorando sus tiempos a cada vuelta que pasaba, mientras que el del británico había sufrido un bajón importantísimo con respecto al tiempo de la primera vuelta, por lo que en el repecho ya habían invertido el orden de sus posiciones ambos ciclistas.
 
Al paso por la línea de meta Indurain aventajaba en 12 segundos a Boardman y en 20 a un Abraham Olano que estaba a un paso de doblar a Peschel, dejándole sin opción alguna de medalla e incluso de diploma olímpico. El tiempo de Indurain fue de 48 minutos y 15 segundos. La lucha por las 3 medallas parecía prácticamente decidida en ese kilómetro 39, ya que el cuarto corredor clasificado, Fondriest, se encontraba a 40 segundos del primer tiempo, y no tenía forma de mejorar su tiempo, ya que ya su participación terminó muchos minutos antes.

Con esas diferencias llegaron los corredores a la última vuelta al circuito. Rominger había mejorado sus registros y eso le iba a permitir ser el 5º tiempo final en meta, acabando a más de un minuto de Fondriest, pero mejorando los registros del corredor local, Armstrong. Ni Riis ni Breukink iban a pelear por nada, terminando a casi 4 minutos el primero y a 4 y medio el segundo de ellos.
 
Boardman, por su parte, se había equivocado al no poner un plato pequeño en su bicicleta, y eso lo había pagado gastando unas fuerzas que no solo le estaban costando el oro, sino que le estaban dificultando mucho el poder hacerse con la plata. Su tiempo en meta iba a ser de 1 hora 4 minutos y 36 segundos, habiendo realizado en esa última vuelta su segundo mejor crono, pero muy lejos del tiempo de su primera vuelta. Iba a mejorar en 25 segundos el que era el mejor tiempo hasta ese momento en meta, el de Fondriest.
 
El siguiente corredor en hacer acto de aparición por meta debería haber sido Berzin, pero este, al igual que Peschel, había sido doblado por Olano, cobrándose este su pequeña venganza por no haberse podido vestir de amarillo en el pasado Tour, y sería así el español quien llegaría antes a meta. Olano estaba volando, realizando una vuelta brutal, la mejor vuelta que se vio aquel día en toda la contrarreloj. En la recta Olano voló, para establecer un mejor tiempo de 1 hora, 4 minutos y 17 segundos. Su vuelta había sido brutal, de 15 minutos y 42 segundos, nada menos que 27 segundos mejor que el tiempo de la última vuelta de Boardman, que había visto como su renta se había esfumado y le había dejado sin el oro provisional.
 
Pero aún quedaba un último corredor por hacer su entrada en meta, habida cuenta que ni Berzin ni Peschel contaba para ninguna quiniela. Ese corredor que aún faltaba por finalizar era Indurain. Un Miguel que se había guardado un pequeño punto para realizar un fuerte final y poder obtener así el oro. Realizó su mejor vuelta, aunque fue 8 segundos peor que el tiempo realizado por Olano, pero la renta que había acumulado en las vueltas anteriores fue suficiente para culminar su carrera deportiva.

Indurain paró el crono en una hora, 4 minutos y 5 segundos, siendo 12 segundos mejor que el marcado por Olano y 31 mejor que el de Boardman. Solo Fondriest consiguió finalizar a menos de 2 minutos del oro. Con este oro olímpico Miguel Indurain ponía el punto final a su carrera deportiva, cerrando el círculo que abrió 12 años antes en Los Ángeles. Culminaba su exitosa carrera y ponía un broche dorado a la carrera más exitosa de un ciclista español.

Clasificación CRI. Atlanta 96
1- Miguel Indurain (ESP) 1:04:05
2- Abraham Olano (ESP) 1:04:17
3- Chris Boardman (GBR) 1:04:36
4- Murizio Fondriest (ITA) 1:05:01
5- Tony Rominger (SUI) 1:06:05
6- Lance Armstrong (USA) 1:06:28
7- Alex Zülle (SUI) 1:06:33
8- Patrick Jonker (AUS) 1:06:54
9- Dariusz Baranowski (POL) 1:07:08
10- Michal Rich (ALE) 1:07:08
Saludos a todos!!

martes, 22 de mayo de 2012

Pantani sentencia el Giro en Montecampione

Giro d´Italia de 1998 estaba próximo a finalizar en su 81ª edición, y lo iba a hacer por todo lo grande con la disputa de su 19ª etapa, la más larga de esa edición. En esa etapa los corredores iban a recorrer un total de 243 kilómetros, los que separaban Cavalese y Montecampione.
 
Esta 19ª etapa iba a ser la última de montaña de esa edición del Giro, cuando aún quedaba la disputa de una CRI y otra etapa más, aparte de la jornada de homenajes en la que los corredores llegaban a la meta final de Milán. Se iba a afrontar una jornada infernal, con subidas a dos puertos sin catalogar, un puerto de 2 (Fai della Paganella), un 1ª (Croce Domini), el especial de Montecampione. La etapa iba a tener lugar en un 4 de junio, una fecha que para un corredor del pelotón era muy especial, ya que se cumplían 4 años de su primera victoria en una grande. Se trataba de la primera victoria de Marco Pantani en Merano, el día anterior de la histórica etapa de Aprica 94.
 
Ya había pasado el momento de la carrera en el que el suizo Alex Zülle parecía que se haría con el Giro de forma indiscutible. Pero la etapa de Selva di Val Gardena había semi-enterrado sus opciones de victoria y había dejado un interesante duelo por la carrera entre Tonkov y Pantani. Zülle aún no había muerto, pero ya andaba con la estocada.
 
La etapa se sabía que iba a ser muy dura, y los corredores que aún quedaban en carrera llegaban con el depósito casi vacío, por lo que tardó bastante tiempo en formarse una fuga en el pelotón. El Mercatone, el equipo del líder Pantani, fue quien asumió el mando de las operaciones en todo momento, lo que fue restando moral a los rivales. Todo fue según esta normalidad hasta la llegada al Passo de la Croce Domini, en donde Zülle pegó una petada de las que casi no se recuerdan en el mundo del ciclismo. Sus piernas habían dicho basta, y él negando con la cabeza lanza con rabia su botellín al suelo, presa de la impotencia de no poder seguir peleando por algo que había tenido tan cerca de la mano. Terminaría la etapa, porque Zülle era todo un campeón, pero lo haría cediendo más de media hora con respecto al ganador de la etapa.
 
Al tiempo que Zülle se quedaba en la primera dificultad, los Mercatone dejaban el grupo en 29 unidades, cuando aún no había empezado la etapa de verdad. En el grupo estaban todos los favoritos de la carrera, con excepción de Zülle, allí se encontraban los Pantani, Tonkov, Conti, Camenzind, Garcelli, Leblanc, Savoldelli, Gontchar, Guerini o un ya muy venido a menos Bugno. Durante la subida se había fugado el sueco Axelsson, buscando aparecer en las pantallas de los telespectadores, hasta que fue neutralizado durante el descenso del puerto, justo antes de afrontar la última subida y final en alto de la prueba.
 
Ese último puerto, el de Montecampione, era un puerto larguísimo de más de 20 kilómetros, por lo que los corredores tendrían tiempo de atacar. En las primeras rampas del mismo los Mercatone marcan un ritmo brutal, un ritmo que obliga a los propios corredores del conjunto verde y amarillo a apartarse de la cabeza de carrera después de tirar del grupo durante solo un centenar de metros. A 17 kilómetros de meta, y cuando ya solo le quedaba a Pantani a su fiel gregario Podenzana fue cuando el de Cesena pasó al ataque. Tonkov sale rápidamente a por el pirata, pero será el único corredor capaz de seguirle el ritmo. El resto no pudo sino mirarlos como se alejaban en el horizonte.

Tonkov sigue la rueda de Marco muy a duras penas, especialmente cuando este se pone en pie sobre su bicicleta. Cada vez que Marco se alzaba sobre su bicicleta se abría un hueco de un metro de distancia entre ambos corredores, pero el ruso consigue neutralizar ofensiva tras ofensiva del de Cesena, poniéndose él igualmente en pie sobre su bicicleta. El resto ya no existe, es un mano a mano entre el italiano y el ruso.
 
Poco después de pasar el cartel de 14 a meta, Pantani gira su cabeza a mirar que había sucedido después de su terrible ofensiva, viendo que Tonkov está literalmente pegado a su rueda y detrás no hay carrera. Decide en ese momento echarse a un lado, dando a entender al ruso que quiere que colabore en la aventura. Tonkov finalmente pasa al relevo, pero un simple relevo de cortesía, vigilando lo que hace al tiempo Pantani, ya que temía una arrancada de este. Se plantea un duelo en cabeza de carrera a sangre fría, ya que Pantani sabía que los 27 segundos de renta que tenía en la general eran a todas luces insuficientes para mantener su privilegiada posición cuando todavía tendría que disputar una CRI y aún quedaba más de la mitad del puerto.
 
Pantani vuelve a cargar con fuerza al frente de la carrera, pero el corredor ruso del Mapei se encuentra intratable, con un pedaleo muy alegre, viendo la que le estaba tirando encima Pantani. Un segundo relevo, también de cortesía de Tonkov preceden a una nueva terrible carga de Pantani, quien en las rampas del 8-9% sprintaba a más de 20 kilómetros por hora. Pero Tonkov era una lapa, no había forma de despegarlo de su rueda, y no solo eso, sino que además parecía que quería entrar al relevo, como queriendo hacer ver a Pantani que su ataque era completamente inútil.

Cuando faltaban 9 kilómetros a meta, ya pasado el ecuador del puerto, era cuando las rampas del mismo eran más suaves, por lo que Pantani decidió tomarse el mayor respiro de la subida. Hasta que faltaban 6 a meta, fueron relevándose ambos corredores por mera cortesía, pero se estaban guardando ambos todo su arsenal. Al concluir esa zona “suave” del puerto, Pantani volvió a la carga con todas sus energías, y ese metro que conseguía cada vez que se ponía en pie, cada vez era más difícilmente respondido por parte de Tonkov.

El pedaleo de Marco Pantani era una tortura para Tonkov. Cada vez era más evidente que Pavel Tonkov se encontraba en apuros. Pantani aprovechaba cada una de las curvas de herradura para sentarse y lanzar un latigazo cuando salía de la curva, para así hacer aún más daño en su ataque. Pero Tonkov neutralizaba una y otra vez sus ataques, aunque cada vez con mayor esfuerzo.
 
Durante los siguientes 3 kilómetros (del 6 al 3) Tonkov siguió soldado a la rueda de Pantani, aguantando las envestidas de este. Cada vez que Pantani se levantaba sobre la bicicleta a Tonkov le costaba más volver a pegarse a la rueda de este. Cuando antes tardaba 3 segundos, ahora tardaba 15 segundos en hacerlo, hasta que a la salida de una galería, en la enésima envestida de Pantani, los 2 metros de ventaja se transforman en 3 y luego en 4, y por fin se abre el hueco que durante toda la subida había estado buscando desesperadamente Marco Pantani. Se produce el momento que el gran comentarista italiano, Adriano De Zan narra de la siguiente manera:
https://www.youtube.com/embed/sZexDoC4to0

Pantani por fin se había despegado de Tonkov y aún le quedaban más de 2 kilómetros para abrir hueco con respecto a su rival. En el paso de 2 a meta la distancia entre ambos corredores era de 20 segundos, ampliada en otros 4 más medio kilómetro más adelante. Tonkov había doblado la rodilla, pero no se iba a dejar ganar tan fácilmente. En el último kilómetro la diferencia ya era superior a los 40 segundos. Pantani cada vez forzaba más su pedaleo, dándolo todo, exprimiendo hasta el último segundo que pudiera conseguir de renta de cara a la última CRI de la prueba. Su entrada en la meta, simplemente una imagen para el recuerdo: él, erguido sobre la bicicleta, alzando los brazos en cruz, al tiempo que daba un resoplido, de alivio. Su cara era todo un poema, era una cara de alivio ante lo que acaba de sufrir para poder derrotar a su rival.
 
El siguiente corredor que aparecería en meta no podía ser otro que Tonkov, quien llegaría a meta con un gesto de sufrimiento terrible, llegando totalmente vacío, y a una distancia de 57 segundos, lo que parecía que sentenciaba la carrera a favor del corredor italiano. El siguiente corredor que haría acto de aparición en la línea de meta sería un Guerini que iba a consolidar la tercera plaza del cajón, repitiendo y confirmando su actuación del año anterior, en que concluyó en idéntica posición. El retraso con respecto a Pantani sería de 3 minutos y 16 segundos. Le siguieron en meta corredores como Dani Clavero, Camenzind, o Savoldelli, pero ellos daba la sensación, a tenor por la lucha vista, que no habían estado en la etapa.
 
En la general Pantani y Tonkov iban a quedar separados por un minuto y medio, tiempo en teoría insuficiente para el italiano de defender su maglia rosa. Pero se respiraba en el ambiente que el ganador, por primera vez desde que Indurain hiciera acto de aparición en la carrera, volvería a ser un corredor local, que la victoria de aquel 4 de junio no iba a ser en vano y que el premio al final de la carrera sería el mayor posible.


Saludos a todos!!

martes, 6 de marzo de 2012

Vandenbroucke y la París-Niza

En los primeros días del mes de marzo de la temporada más convulsa de la historia del ciclismo, la de 1998, se iba a disputar la carrera que da por iniciado el calendario europeo de ciclismo. Desde el 9 de marzo hasta el 16, se iba a disputar la París-Niza, quizás la carrera de una semana más prestigiosa del calendario mundial, sólo por detrás de la Dauphine Liberé.

Dicha carrera había sido ganada en las tres ediciones anteriores por el corredor francés, Laurent Jalabert, del conjunto ONCE, y que para esta edición también partía como el máximo favorito a alzarse con el triunfo final. Para tratar de alzarse con su cuarto entorchado, acudía a la carrera acompañado por Marcelino García, quien siempre rendía en esos primeros meses del calendario, y por un joven David Etxebarría. Otro de los candidatos a alzarse con el triunfo en la carrera era el corredor suizo Alex Zülle, quien acababa de abandonar la disciplina de la ONCE para incorporarse a las filas del Festina, con una oferta mareante de por medio.
 
Prácticamente nadie apostaba por nadie que no fuera el triple campeón, Jalabert, o el campeón de 1993 de esta carrera, Zülle, pero en esas que se coló en medio de los focos un crio, prácticamente, un chaval del Mapei que contaba en sus espaldas con sólo 22 años. Esa joven promesa era el belga Frank Vandenbroucke.
 
La carrera iba a constar de 7 etapas, a las que había que unir un prólogo, en forma de contrarreloj, de 10.2 kilómetros. En total, en la carrera se iban a recorrer casi 1.300 kilómetros y sobre todos y cada uno de ellos se iba a ver a un Vandenbroucke que iba a derrochar clase y calidad, realizando una exhibición constante.

Ya directamente iba a obtener su primera victoria parcial en el prólogo. En recorrer esos poco más de 10 kilómetros iba a invertir un tiempazo, e iba a superar al Jalabert más contrarrelojista de su carrera, puesto que no hay que olvidar que había obtenido el campeonato del mundo contra el crono a finales de la temporada pasada. Pero no iba a poder con un corredor belga que ese día iba a volar por las calles de París. Iba a endosar nada menos que 7 segundos a Jalabert, quien fue segundo, pero aún le endoso otros 12 segundos más al tercero del día, Boscardin, corredor del Festina, quien se quedó a 19 segundos de vestir el maillot de líder en aquel prólogo. No había comenzado la carrera y Vandenbroucke ya había dado muestras de su calidad y se había vestido con la prenda de líder, una prenda que llevaría desde ese día hasta el final de la carrera.

Las siguientes 3 etapas de la carrera serían unas etapas relativamente cómodas, a priori, para el pelotón, para que se produjese una final resuelta con un sprint, pero para sorpresa del mismo ya el primer día David Etxebarría conseguía evitar dicho sprint y llegaba con 2 segundos de alentado con respecto a Aus y 5 con un sorprendente tercero, Vandenbroucke. Este seguía a su bola, haciendo un tercero en la segunda etapa casi sin proponérselo. Las siguientes dos etapas si que fueron al sprint, vencidos por Steels ambas, y sin variaciones significativas en la general.

Pero sería la siguiente etapa, la cuarta, la que dictaría la sentencia de la carrera. Esa cuarta etapa finalizaría en el Col de la Republique, es decir, sería un final en alto. Era una etapa corta, de apenas 113 kilómetros, pero esa distancia no supondría ningún impedimento al corredor belga para exhibirse y acabar con la incertidumbre de quien sería el ganador final de la carrera.
 
Vandenbroucke realizaría un demarraje durante esa ascensión del Col de la Republique y solo Marcelino Alonso sería capaz de cogerle rueda, realizando un corte con el resto de favoritos. En la entrada en meta pudo descolgar al corredor de la ONCE, que entró a un par de segundos de él. Por detrás, hubo de espera otros 20 segundos más para que hiciera su entrada un terceto de corredores, entre los que se encontraba Zülle, y otros 5 segundos más para que entre el vigente campeón, Jalabert.

La carrera, salvo sorpresas, se había decidido, gracias a las dos exhibiciones que había realizado el joven corredor belga, pero aún podía llegarle algún susto, máxime cuando no tenía la ayuda de ningún corredor de su equipo, puesto que ese Mapei, en esa París-Niza, estaba plagado de estrellas, entre ellas un Museew que jamás daba una pedalada de más si no era para sí mismo.
 
Por fortuna para Vandenbroucke la carrera fue cómoda de ahí hasta el final, con dos fugas consecutivas en las que venció Tchmil y con una etapa final que casi fue de homenaje, en la que venció al sprint Capelle, venciendo a Steels, también un Mapei que corría para sí mismo.


Había muchos gallos en ese corral y que Vandenbroucke ganase esa carrera se debía simplemente a que tenía unas piernas impresionantes, ya que no recibió ayuda ninguna de su equipo. Y eso que su temporada no había hecho más que comenzar, como demostró un mes después, al vencer en la Gante-Wevelgem o en la Vuelta a Galicia.
 
Era el preludio de su majestuosa temporada de 1999, a la que faltó el broche de un campeonato mundial que viajó a España en las espaldas de Óscar Freire.


Saludos a todos!!

martes, 10 de enero de 2012

El Paso de Gois

El Paso de Gois es una estrecha carretera, que tiene apenas 4.5 kilómetros de longitud. Esa estrecha carretera sirve para comunicar la Isla de Mourmoutier con el continente, en Francia, y ni siquiera es transitable durante todo el día. Sólo se puede atravesar dicho camino durante unas pocas horas al día, cuando la marea está baja, puesto que cuando esta sube, llega a sumergir dicho camino a una profundidad de entre 1.5 y 4 metros bajo las aguas. Esta carretera no pudo ser construida hasta 1939, y tardó 5 años en construirse, ya que los obreros tenían que los trabajar durante 2 horas 2 veces al día, solo cuando la marea estaba en su punto más bajo.

El Tour de 1999 se presentaba en su salida con la ausencia de un ganador de la carrera. Los últimos cuatro ganadores, por diferentes motivos, no iban a tomar partida en la carrera: Miguel Indurain se había retirado hacía ya casi 3 años; Bjarne Riis acababa de anunciar su retirada para esa temporada; Jan Ullrich se encontraba recuperándose de una caída semanas antes a la carrera, y el último ganador, Marco Pantani se había negado a participar en la carrera tras su expulsión por el positivo del Giro de ese mismo año.
 
Por lo tanto en la salida de la carrera se barajaban muchos nombres como favoritos o como aspirantes a poder llevar el amarillo en París. Posiblemente el candidato que sonaba con más fuerza, al menos en los medios españoles, era Abraham Olano. Otros favoritos de primer nivel también, eran el suizo Alex Zülle o el ruso Pavel Tonkov. Un escalón por debajo se podía situar a Escartín o a Richard Virenque, e incluso al norteamericano Bobby Julich, tercero en la última edición de la carrera.
 
Aunque su nombre era muy conocido, debido a su enfermedad y a haberla superado, Lance Armstrong también sonaba entre los candidatos, aunque con mucha menos fuerza. De hecho, en su país el candidato del que se hablaba era del ya mencionado Julich. Sólo Miguel Indurain, en su crónica para un periódico nacional dio como único favorito al corredor de Texas.

En esa edición del Tour, la carrera iba a afrontar la dificultad del Passage du Gois, un paso que comunicaba la Isla de Mourmoutier con el continente, en la segunda etapa de la carrera. Ese paso estaba situado a más de 90 kilómetros de la meta, y era un paso muy estrecho de unos 4.5 kilómetros, que se lo iban a encontrar los corredores humedecido y con sal en el asfalto, debido a que sólo es transitable unas pocas horas al día, ya que luego la corriente sube y lo deja oculto bajo las aguas.
 
La aproximación a dicho paso no fue excesivamente rápida, ya que aún faltaban muchos kilómetros, más de 90, para el final de la etapa. Pero los nervios fueron haciendo acto de aparición entre todo el pelotón, ya que vieron que la carretera estaba mojada, que era resbaladiza y unido a estos dos factores, la estrechez del recorrido. Es por eso por lo que empezó a haber problemas y el resultado fue que los corredores empezaron a caer al suelo. Unos caían ellos solos por lo resbaladizo, otros por tocar la maneta del freno, y otros más por atropellar a esos primeros corredores que se habían ido al suelo.

El resultado fue que al entrar al Passage el pelotón entró como una unidad, y al salir del mismo se había fraccionado en cinco grupos reconocibles, más corredores sueltos. El primer grupo estaba formado por 15 unidades, entre los que destacaban los nombres de Cipollini, Armstrong, Hincapie, Kirsipuu y Dufaux. Por detrás les fueron alcanzando varios grupitos de corredores, y se formó un gran grupo. Ese grupo fue alcanzado por Olano, quien iba acompañado de hasta 6 compañeros del grupo deportivo ONCE, por lo que no hubo ningún tipo de duda por parte de su director, Manolo Saiz, y les ordenó ponerse en cabeza a tirar, ya que faltaban muchos favoritos en ese primer grupo. ONCE comenzó a recibir la ayuda de hasta tres equipos más, US Postal, Cofidis y Casino.
 
25 kilómetros después del Passage de Gois, en el sprint intermedio de Machecoul la diferencia de ese primer grupo era de 1´10´´, pero en los algo menos de 70 kilómetros de etapa que quedaban hasta la meta de Saint-Nazaire la diferencia se fue disparando con el resto de grupos. En meta vencería el belga Tom Steels, batiendo en la llegada a Kirsipuu o a Cipollini, mientras que el estonio Kirsipuu, gracias a las bonificaciones, arrebataba el maillot amarillo a Armstrong (ganó el prólogo). 70 corredores entraron en el mismo tiempo, y algo descolgados entraron Wesemann (18´´) y Andreu (48´´). Pasaban los minutos y nadie cruzaba la línea de meta, hasta que a los 6 minutos y 3 segundos exactamente cruzaba la línea otro gran grupo. Entre medias, sólo un par de corredores aislados habían llegado a meta. En ese grupo estaba incluido Zülle, del conjunto Banesto.
 
Que el conjunto ONCE se pusiera a tirar, aún cuando sabían que Zülle (antiguo corredor de ellos) y Beltrán se habían caído durante la etapa fue la chispa que hizo prender la llama para una nueva guerra entre los dos conjuntos fuertes de España, el Banesto y la ONCE. Hubo cruces de declaraciones entre ambos directores, acusándose mutuamente, en lo que supuso la fin a la paz momentánea que habían acordado el año anterior, con motivo del Tour del Caso Festina.

Zülle ese año finalizó nuevamente la carrera en la segunda posición del pódium, sólo por detrás de Armstrong. Si bien es cierto que en la general final terminó a más de 7 minutos del norteamericano y que en Gois perdió 6´03´´, no es lo mismo afrontar todas las etapas decisivas (las dos CRI y toda la montaña) empatados a tiempo que empezar con más de 6 minutos de retraso.
 
Esta etapa del Paso de Gois demostró que hay etapas que no te hacen ganar un Tour, pero si las hay que te lo pueden hacer perder. Y no fue únicamente el caso de Zülle (quien además cumplía años ese día), puesto que también Gotti, Belli, Boogerd, Christophe Rinero y Jean-Cyril Robin (ambos Cofidis, junto a Julich, el año anterior fueron como motos), además que para ganarlo no sólo hace falta estar muy atento, sino también tener suerte y no tener percances.





Saludos a todos!!

martes, 12 de julio de 2011

Pero el futbol sigue intocable...

El 11 de julio del año 1998 comenzó el Tour de Francia de ese año. Aquel mes de julio fue el principio del fin del ciclismo. Hasta ese momento los ciclistas eran considerados como poco menos que superhéroes. A partir de ese momento comenzaron a ser considerados como una lacra de la sociedad, unos drogadictos. Comenzó el ciclismo a perder audiencia de una forma escandalosa, de la que todavía no se han recuperado del todo. También cayeron, con los años, muchos patrocinadores, sin aparecer unos nuevos, que mantuvieran las estructuras anteriores.
Ese Tour comenzaba de manera muy convulsa, puesto que unos días antes había sido detenido el masajista belga Willy Voet, del equipo Festina de Richard Virenque (2º el año anterior). Fue detenido transportando en su coche 250 dosis de EPO y más de 100 de anabolizantes. Seguramente lo habitual que llevaban los equipos en esa época, que tenía una cultura equivocada y diferente de la actual, con respecto al dopaje. Se dice que fue detenido por un chivatazo proveniente de otro equipo francés, sin conocerse el nombre, el cual tenía envidia del éxito con el que gozaba el Festina, además de las estrellas que reunía en su equipo; Zülle, Virenque, Dufaux, Brochard...

Durante todo ese mes se sometieron a los ciclistas a numerosos registros en sus hoteles, a los equipos, con sus vehículos... y se produjo la detención de todo el equipo Festina y el testimonio bajo una gran presión policial de alguno de sus corredores. Se produjeron más detenciones, por supuesto, entre ellas la de Nicolás Terrados, en aquel momento, médico del grupo deportivo ONCE.
 
La detención de Nicolás se produjo, inicialmente, por introducir sustancias dopantes en Francia, pero posteriormente el juez dictaminó que tan solo estaba introduciendo en el país galo medicamentos extranjeros en Francia sin autorización administrativa. Y es que en Francia está prohibido introducir medicamentos extranjeros sin dicha autorización, y en ello se basaron para realizar la gran cantidad de registros que se realizaron durante la disputa de aquel Tour. A la sazón, esos 4 medicamentos fueron: Celestone, Prednisona, Couldina y Ventolín, productos todos ellos que darían positivo si los toma un ciclista. Para evitar que se considerasen productos dopantes, se entregaron al juez que llevaba el caso los certificados médicos de los miembros del equipo que necesitaban de esos productos.
 
Entre las sustancias requisadas por la gendarmería, no se encontró EPO ni otras sustancias ilegales, pero se usó en contra de Terrados las declaraciones que Zülle realizó a la policía, en las que dijo que no solo había tomado EPO en ese último año en Festina, sino que también en los 4 anteriores. Años en los que perteneció a la ONCE de Manolo Saiz.
 
Con todos estos motivos, al que se suma el tener que abonar 1 millón de pesetas por importar esos medicamentos, y entre los que se encuentra su detención con productos sospechosos de dopaje (aunque el juez no los considerase como tal), sin ninguna duda con la actual sombra de sospecha que hay sobre el ciclismo, cualquier persona diría que el doctor Terrados dopaba a los ciclistas del equipo al que pertenecía, la ONCE.

Pues bien, actualmente, cuando han transcurrido 13 años de aquel escándalo del Caso Festina, y cuando ya nadie se acuerda de la asociación de su nombre a la medicina deportiva, justo en el mes de julio, casualmente, se ha conocido que el doctor Nicolás Torrados pasa a colaborar, de forma externa y como fisiólogo con el Sevilla FC de José María del Nido y Marcelino García Toral. Con este último lleva colaborando nada menos que desde el año 2006.
 
Aparte de este nuevo trabajo que le ha surgido en Nervión, este médico es especialista en medicina deportiva, director del centro regional de medicina deportiva del Principado de Asturias, profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Oviedo, a lo que añade el hecho de ser colaborador del Comité Olímpico Español, nada menos. También su nombre ha sido asociado en otros momentos al FC Barcelona, aunque esto último no está totalmente demostrado.
 
Una persona que debería estar alejada del deporte por su escándalo en el Caso Festina (llevaba productos dopantes, aunque no ilegales, cosas de la vida), tiene nada menos que 2 colaboraciones al más alto nivel deportivo, una con un gran club de fútbol de la 1º división y con el propio COE. No olvidemos que hay Olimpiadas el año próximo.

Pues bien, mientras que unos son considerados como unos drogadictos, unos tramposos, como la lacra de la sociedad, mientras que se juegan la vida a cada momento; los ciclistas; otros son tratados como héroes, a los que se les paga millonadas, se les perdona todo, hasta la mala educación; especialmente los futbolistas. Y todos son tratados por las mismas personas: Terrados, Eufemiano Fuentes... De este último recordemos sus colaboraciones con R. Sociedad, Betis, R. Madrid, Barcelona...

Pero, eh, que no, que en el futbol no hay dopaje, que eso es exclusivo del ciclismo.


Saludos a todos!!

martes, 28 de junio de 2011

Mende 1995

Aprovechando que en los próximos días va a dar comienzo la edición del año 2011 del Tour de Francia, hoy voy a relatar una de las etapas más míticas que han tenido lugar en la carrera, o al menos en los tiempos posteriores a Eddie Merckx. La etapa que tuvo lugar hace ahora 16 años, en el día de la fiesta nacional francesa, un 14 de Julio del año 1995. La etapa número 12 que unía las localidades de Saint Etienne y el aeródromo de Mende tras recorrer 222´5 kilómetros y nada menos que superar 5 puertos de montaña, aunque ninguno superaba la catalogación de 2ª categoría.

En el recorrido había innumerables problemas, ya que tenía numerosos repechos, aparte de los puertos puntuables, además de circular por carreteras estrechas, y como era propio de la época, con el asfalto levantado por el calor. Es decir, que si ese día se producía una fuga, sería muy complicado para cualquier equipo el controlarla.
 
En esas que el mejor equipo, y el más combativo de aquel Tour, la ONCE de Zülle y Jalabert fue metiendo corredores en todos y cada uno de los saltos que se producían del pelotón. Hasta que en el kilómetro 24 se consolidó el salto que realizó Jaja, acompañado por Bottaro, del todopoderoso Gewiss del médico Michele Ferrari. A dicho dúo, pocos kilómetros después se unió el también ONCE, Melchor Mauri, consolidando de esta forma la escapada, rozando una ventaja de casi 3 minutos cuando aún no iban ni 40 kilómetros de etapa.
 
Por detrás se fueron produciendo diversos contraataques y en uno de ellos se marcharon del pelotón Massimo Podenzana (Brescialat), Andrea Peron (Motorola) y Neil Stephens (ONCE), consiguiendo enlazar con el trío de cabeza en el km 75, momento en el que la renta ya llegaba a los 3´45". Con tres ONCE en la cabeza de carrera la ventaja fue aumentando hasta alcanzar una máxima renta de 10´40" allá por el kilómetro 129 de la etapa. Con esa diferencia era Jalabert líder virtual de la carrera y el equipo Banesto no sabía cómo salir de la trampa en la en que los hombres de Manolo Saiz les habían hecho caer. El Tour de Francia estaba ardiendo.

Fue en ese momento, cuando se alcanzó la máxima ventaja de la fuga cuando los directores del Banesto comenzaron a buscar alianzas con el resto de los equipos. El director del Gewiss, Bombini, les dijo que hasta que tenían corredor en la fuga, Bottaro, y que hasta que la fuga no fuera seguro que llegaba a meta, no ayudarían, aún a pesar de que momentáneamente estuviera echando del podio Jalabart a Riis. Transcurrieron así varios kilómetros, hasta que por fin los Gewiss comenzaron a tirar del pelotón, al tiempo que Bottaro dejaba de colaborar en la fuga, para reservar fuerzas. Pero el Gewiss no fue el único equipo que tiró del pelotón, junto a Banesto, sino que muchos corredores tiraron de forma desinteresada, ya que era Indurain a quien estaba perjudicando esta fuga. Y es que con la forma de ser y de ganar del navarro, se había ganado muchos amigos en el pelotón, y era este el momento en el que ellos le iban a tender su mano para ayudarle.
 
Tiraba del pelotón gente del MG, del Kelme, todo el Gewiss, el Banesto... y por delante dejaban de relevar Pondezana y Perón, dejando todo el peso de la fuga a Melchor Mauri, puesto que Jalabert no relevaba. Esta actitud de los otros directores sentó fatal a Manolo Saiz, que lo calificó de mercenariato.
 
Al llegar al pueblo de Mende, antes del ascenso al velódromo, la fuga contaba con casi 7 minutos de ventaja, gracias a Stephens y sobre todo a Mauri, los 2 ONCE que se habían quedado ya descolgados de la fuga. Quedaban de esta forma tan solo 3 kilómetros, de ascensión al velódromo, para concluir la etapa.
 
Jalabert lanzó un primer ataque y automáticamente se quedó en solitario en cabeza de carrera, para lograr una magnífica victoria. Por detrás, por su parte, se sucedían los ataques, por orden, de Pantani, Zülle y posteriormente y a ritmo, de Indurain que se llevó a su rueda a Riis.
 
Jalabert había reventado el Tour, y aunque no había conseguido más que ser el líder provisional durante muchos kilómetros, consiguió en meta unas rentas de casi 6 minutos con respecto a sus más directos rivales de la general; Indurain, Zülle y Riis respectivamente, adelantando además en la general a este último y colándose en el podio, a falta todavía de 8 etapas para el final de la carrera.

Desde la ONCE habían puesto en jaque todo el Tour, pero aunque no se habían llevado el premio gordo del maillot amarillo, habían podido disfrutar en el día grande de Francia de un espectáculo sin paliativos, en el que Jalabert entró en el corazón de los franceses (hasta entonces coto privado de Virenque) y Manolo Saiz se destapó como un gran estratega que disputó de tú a tú un Tour al mejor Indurain que se vio jamás en las carreteras.




Saludos a todos!!