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viernes, 6 de diciembre de 2013

Chava, una década sin tí

Hoy, 6 de diciembre de 2013, se cumple una década desde que José María "el Chava" Jiménez nos abandonara. Lo hizo estando ingresado en una clínica de desintoxicación, muy lejos ya de los focos que en años anteriores le habían encumbrado ante los aficionados al ciclismo. Su muerte, al igual que sucedió con la de Marco Pantani meses después, le convirtió en mito de este deporte.
 
José María Jiménez, el "Chava", ciclista precoz nacido en el Barraco un 6 de febrero de 1971, hace hoy diez años que nos abandonó. Un ciclista querido por la afición, que pudo haber tenido un palmarés mucho más extenso de lo que lo tuvo, pero de haber sido así, no habría sido el Chava. Desde aquí, un pequeño homenaje, recordando la que ha sido su mejor clasificación en una gran vuelta por etapas, la Vuelta a España de 1998.
 
Vuelta España 1998
La salida de la Vuelta a España de 1998 venía marcada aún por los últimos coletazos del Caso Festina que había tenido lugar durante el último Tour. El ciclismo había perdido su credibilidad de cara al público en general, pero aún así, el espectáculo debía continuar.
 
A pesar de estar todavía reciente el Caso Festina, sus corredores no habían sido oficialmente sancionados, por lo que a la Vuelta pudieron acudir como el equipo más potente del pelotón, con toda su artillería preparada para tratar de lavar su imagen, Zülle, Virenque y Dufaux. En cuanto al pelotón nacional, la ONCE se iba a presentar con Jalabert como indiscutible líder, con Zarrabeitia y Mauri como fieles escuderos. En el Banesto, por su parte, iba a llevar como jefe de filas a un Olano a que el trazado más humanizado favorecía mucho, con un inconsistente Chava Jiménez en la recámara.
 
Esa Vuelta comenzó sin muchas novedades en las cinco primeras etapas, salvo porque Virenque se vio involucrado en varios cortes que le hicieron perder algo de tiempo. No parecía el francés muy por la labor de involucrarse en carrera.
 
En la sexta etapa de esa edición se iba a estrenar un puerto inédito hasta el momento, el Xorret del Catí, un puerto de apenas tres kilómetros de longitud pero con rampas de hasta el 22% de desnivel. Fue precisamente en esas rampas, y respondiendo a un ataque del recién recuperado del cáncer Armstrong, donde el Chava lanzó su primer demarraje de aquella edición y consiguió distanciarse de los Heras, Dufaux o Jalabert de manera suficiente para afrontar el ligero descenso final y ser el primer vencedor en las rampas del Xorret del Catí.
 
Chava había sido el primero de los favoritos en golpear en la Vuelta, aunque su rendimiento real aún era una incógnita, más aún analizando el decepcionante Tour de Francia que había hecho antes de abandonar, donde en ningún momento fue capaz de seguir a los hombres más fuertes de la carrera. Jiménez, además, iba a recibir el premio de vestirse con el jersey de líder de la carrera, aventajando a Heras en más de medio minuto y en casi uno a su compañero y supuesto jefe de filas, Abraham Olano.
 
Las siguientes jornadas iban a ser bastante tranquilas, tanto para el Chava como para su equipo, pudiendo mantener el maillot de líder sin mayores dificultades. Los problemas para el abulense iban a llegar en la novena etapa, con una contrarreloj de 39 kilómetros que, a priori, le iban a hacer perder la preciada prenda amarilla y cualquier opción de hacer una buena general, viendo su rendimiento de años anteriores.
 
Como efectivamente se presuponía, Chava cedió gran cantidad de tiempo en la crono y perdió el liderato de la carrera. El nuevo líder iba a ser su compañero Olano, con él a más de tres minutos en la general. Se recuperaban los roles que inicialmente había en el Banesto, con Olano de jefe y Jiménez de gregario de lujo del de Anoeta. Pero el Chava no había dicho aún, ni mucho menos, su última palabra en aquella Vuelta.
 
El Kelme siembra y el Chava recoge
La décima etapa de la ronda española finalizaba en la Estación Invernal de Pal. Aquel día la cosa empezó a ponerse seria para el líder en el penúltimo puerto de la etapa, el de Ordino. Ahí un ataque en conjunto de los Kelme, primero Heras y luego Escartín, desarboló a un líder que no pudo más que buscar refugio en la rueda del Triki Beltrán. Chava, por su parte, cumpliendo excelentemente con su labor de gregario, se había pegado a la rueda de los Kelme. Por la cima del puerto coronó Escartín en primer lugar, marchando Jiménez a su rueda sin darle un solo relevo. Con un retraso de unos 45 segundos coronó el grupo de un glorioso Beltrán, quien marcaba el ritmo al líder de la carrera.
 
El Chava se estaba encontrando muy bien de piernas durante toda la última ascensión del día, no obstante, había ido a rueda del corredor de Biescas durante muchos kilómetros. Por ello pidió permiso desde el pinganillo para atacar y hacerse con la victoria de etapa. Una vez se lo negaron, dos veces, tres... Los kilómetros pasaban y el grupo perseguidor de Olano no conseguía reducir las distancias. Jiménez comenzaba a desesperarse, mientras que veía las pancartas de siete, seis, cinco a meta. Al paso por cada una de ellas preguntaba y recibía la negativa de sus directores, hasta que al paso por la pancarta de tres el silencio fue la respuesta que obtuvo. Volvió a preguntar para asegurarse y de nuevo silencio. Ante ello, no dudó más y lanzó un primer demarraje que fue contestado por Escartín, pero que no pudo hacer nada para responder a un segundo ataque del corredor del Barraco. En la línea de meta Chava aventajó en 18 segundos a Escartín y en 1 minuto y 31 segundos al grupo de su jefe de filas.
 
"El Chava consiguió dos victorias de etapa aprovechándose del trabajo del Kelme y de su función de gregario de lujo"

Chava Jiménez se había vuelto a meter en carrera, situándose a apenas 1´36´´ del líder y compañero de equipo. Se acababa de encender un pequeño fuego en el Banesto, pero que si no se sabía controlar, podría acabar en un gran incendio. De momento las declaraciones de los protagonistas eran bastante pacíficas, con Olano ejerciendo de líder y Jiménez de gregario totalmente sometido a la imposición de su jefe de filas.
 
La siguiente etapa, la undécima con final en Cerler, iba a ser un calco de la de anterior con final en Pal, con los Kelme tratando de derrocar al líder en beneficio de Heras o Escartín y con el Chava recogiendo lo sembrado por el conjunto dirigido por Álvaro Pino. En todo momento fueron los Kelme los que llevaron la voz cantante en la etapa, pero el vencedor de la jornada volvió a ser el Chava, quien derrotó aquel día en el sprint a Heras, Escartín y Clavero, mientras que por su parte, Olano había vuelto a ceder con respecto a los favoritos, dejándose en meta unos exiguos 19 segundos, por la falta de dureza del puerto final.
 
Hasta aquí había durado la paz entre los dos compañeros de equipo. Desde ese momento, a través de la radio, se inició una guerra entre ambos corredores, contando cada uno con el respaldo de uno de los dos medios radiofónicos nacionales. Quizás el último gran pique en los medios nacionales con el ciclismo de por medio.
 
Las siguientes dos etapas fueron de relativa tranquilidad en el seno del pelotón, con la excepción de la 14ª etapa, que iba a ver como los corredores del Banesto iban a vivir un auténtico infierno en una etapa aparentemente sin peligro que acabó como una persecución del equipo a un numeroso grupo en el que se había colado Heras (8º en la general). Finalmente aquel día acabó sin jugándose al sprint, pero los chicos de Unzué se habían llevado un buen susto.
 
 
La mujer de Olano incendia las Ondas
La 16ª etapa, que finalizaba en las Lagunas de Neila dejó como resultado la cuarta victoria parcial del Chava Jiménez. Todo lo importante de la etapa sucedió durante los últimos tres kilómetros de la subida final a las Lagunas. Poco después de pasar por la pancarta de tres a meta, y viendo el Chava que la situación de carrera estaba más o menos controlada por Olano (respondiendo en persona a unos inútiles ataques de Jalabert), el Chava decidió derramar, buscando su cuarto triunfo de etapa.
 
"Una pequeña pájara de Olano y el ataque del Chava hicieron llegar la sangre al río"
No parecía que la sangre fuera a ir al río hasta que al paso por la pancarta del último kilómetro, Olano se vino abajo sin motivo aparente, y nuevamente Beltrán debió sacrificarse para su jefe de filas. La renta en meta entre el Chava y Olano fue de 46 segundos en favor del corredor del Barraco, insuficientes para poner en aprietos su liderazgo en la carrera.
 
Las declaraciones en meta no fueron nada altisonantes entre todos los protagonistas del día, hasta que que todo el mundo pudo escuchar las que realizaría Karmele, la mujer de Olano, en la radio. Desde ese momento el ambiente en el conjunto Banesto se volvió muy tenso (entre otras cosas, Olano acababa contrato y estaba negociando la renovación), produciéndose el famoso suceso en el ascensor de un hotel entre el Chava, Karmele y un periodista de un medio afín al corredor abulense. La sangre había llegado al río en el seno del conjunto Banesto.
 
La traca final en la Sierra madrileña
Se estaba llegando al final de la Vuelta y aunque la presión que desde el exterior se estaba ejerciendo sobre los corredores del Banesto, en la etapa de Segovia consiguieron firmar una pequeña tregua y trabajar todos con el mismo propósito, conservar el jersey de líder. Ese día de Segovia lo conservaron, pero aún quedaba Navacerrada.
 
El día de Navacerrada la etapa estuvo marcada por el mal tiempo, y por la lucha constante que tuvo que sufrir Olano aquel día. En el penúltimo puerto vio como se formaba una fuga en la que se encontraría gente como Zülle, Escartín o su compañero Chava como secante, mientras que él y su equipo perseguían por detrás. Después de muchos kilómetros persiguiendo, el Banesto consiguió neutralizar la fuga a pie de Navacerrada, último puerto de la jornada.
 
Una vez en el puerto, en las primeras rampas, atacó Heras, llevándose consigo a rueda a Escartín, Armstrong y al Chava. Olano se volvía a quedar descolgado, a merced de la ayuda del Triki. La ventaja de ese cuarteto fue aumentando kilómetro a kilómetro, de manera que el Chava se estaba convirtiendo en el líder provisional de la prueba, ya que habían neutralizado los 31 segundos de desventaja que tenía en la general.
 
"Su superioridad en montaña contrastaba con su escaso rendimiento contra el reloj, lo que le privó de hacer mejores generales"

En la línea de meta fue el ruso Zinchenko, que venía de una fuga anterior, quien se hizo con el triunfo de etapa, su tercero aquel año en la ronda española. Por detrás, Jiménez y Heras entraron a su rueda y Olano se dejó nada menos que 1 minuto y 7 segundos. Eso convertía a Jiménez en el nuevo líder de la prueba, con 6 segundos de ventaja con respecto a Escartín y 38 con Olano.
 
La desventaja de Olano con los hombres que le precedían en la general hacían pensar que la Vuelta era suya, como demostró al día siguiente en la crono de Fuenlabrada, pero la fractura con su equipo y con el Chava ya se había producido muchas jornadas antes, con la actuación de ambos en la carretera, y de sus allegados en las ondas radiofónicas. A Olano le acompañaron en el pódium Escartín y su compañero Jiménez, que pudo salvar su tercera plaza por apenas seis segundos con respecto a Armstrong.
 
Clasificación general.
1- Abraham Olano (Banesto)
2- Fernando Escartín (Kelme) a 1´23´´
3- José María Jiménez (Banesto) a 2´12´´
4- Lance Armstrong (US Postal) a 2´18´´
5- Laurent Jalabert (ONCE) a 2´37´´
6- Roberto Heras (Kelme) a 2´58´´
7- Álvaro González de Galdeano (Euskaltel) a 5´51´´
8- Alex Zülle (Festina) a 6´05´´
9- Marco Serpellini (Brescialat) a 8´ 58´´
10- Marcos Serrano (Kelme) a 10´17´´
 
 
Su mejor clasificación
La Vuelta a España de 1998 supuso la mejor clasificación general del Chava Jiménez, con un tercer puesto final, viviéndolo además con gran intensidad, debido a la polémica que se desató en el seno del equipo Banesto en aquella edición, por las disputas vividas en los medios entre los que apoyaban al Chava y los que apoyaban a Olano. Aunque esa Vuelta del 98 fue su mejor clasificación, no fue su mejor participación en una gran ronda, ya que en la Vuelta de 2001, en donde consiguió tres victorias de etapa, pudo haber sido suya de no ser por esa mala cabeza que tenía, ya que en la carretera demostró ser el mejor corredor del pelotón en esa edición. La
 
Su mala cabeza, unida a sus vicios y malos hábitos de vida, hizo que apenas cinco años después de subir al pódium de Madrid, y dos años después de ser el mejor corredor en la ronda española, José María Jiménez nos abandonase para siempre mientras se encontraba en una clínica de desintoxicación, tratando de curarse de sus adicciones, no ya para volver a ser corredor profesional, pues todavía tenía edad de serlo, sino para tratar de volver a ser persona.
 
 
Saludos a todos!!

miércoles, 11 de septiembre de 2013

L´Angliru, el Olimpo del ciclismo

“Existe en Asturias, en plena Sierra del Aramo, en el Municipio de Riosa, cerca de 15 kilómetros de Oviedo, una montaña (…) que las retinas de los telespectadores jamás la olvidarían. Lo mismo que se dice que Los Lagos de Covadonga podrán ser la equivalencia española al Alpe d’Huez francés, la Gamonal podría equipararse e incluso, sin exagerar, superar al Mortirolo italiano.”

Descubriendo el Angliru

El Angliru (L'Angliru en bable), situado a apenas 15 kilómetros de Oviedo, era uno de tantos caminos de montaña en donde los ganaderos asturianos cuidaban sus ganados, hasta que en 1996, un director de información del conjunto ONCE, Miguel Prieto, conoció el puerto. Quedó tan impresionado por la dureza del mismo, que al año siguiente envió una carta a Unipublic (organizadora de la Vuelta) en la cual recomendaba que ese terrible puerto debía ser incluido en el recorrido de la Vuelta a España.

La carta incluía un perfil de los últimos kilómetros de la ascensión al puerto, ante lo que los directores de la Vuelta (y los de Unipublic) quedaron impresionados. La propuesta de Prieto llegó a buen puerto y optaron por hacer realidad tanto su deseo, como el de los propios organizadores, ya que hacía tiempo que venían buscando un puerto que tuviera el mismo impacto que Los Lagos de Covadonga tuvieron en su momento en la ronda española. Con esa montaña, la Vuelta a España iba a conseguir el puerto más duro de Europa, iba a ser su particular Mortirolo.

En octubre de 1998 La Nueva España adelantó que el Angliru formaría parte del recorrido de la Vuelta del año siguiente, algo que confirmaría Enrique Franco, director de la Vuelta, pocos días después. En el mes de mayo siguiente el propio Enrique Franco, junto con el alcalde de Riosa, Víctor Cordero (director de Unipublic), la consejera de cultura del Principado y el director regional de deportes, firmarían el contrato para la llegada de la ronda española al Alto de L´Angliru. En ese momento comenzarían las obras de adecuación de la carretera de acceso y de la explanada donde se ubicaría la línea de meta (la carretera había sido asfaltada en 1997).

El Angliru, de esta forma, iba a estar listo para que el 12 de septiembre de 1999 el pelotón de la Vuelta a España afrontase sus rampas imposibles. Desde aquella fecha, se ha convertido en el calvario de profesionales y de miles de cicloturistas.

El Olimpo del Ciclismo

El puerto se encuentra situado en el corazón de la sierra del Aramo, en el concejo de Riosa. Tiene 1.570 metros de altitud, una longitud de 12.6 kilómetros de longitud y un desnivel de más de 1.200 metros, lo que hacen que su desnivel medio sea de más del 10%, en la vertiente de La Riosa. La pendiente máxima de esa carretera es del 23,5 %, en la famosa Cueña les Cabres, a la altura del kilómetro 10,8 de ascensión. El Olimpo del Ciclismo reza un cartel situado en la base del puerto, y es que llegar a su cima es como tocar el techo.

El inicio es relativamente sencillo, teniendo en sus cinco kilómetros iniciales con una pendiente máxima de "apenas" el 9%. Lo duro comienza una vez que se llega a la zona recreativa de Viapará, la última zona humana de este puerto, falso llano incluido. Nada más dejar atrás Viapará, tal y como nos recuerda una pintada en el suelo, comienza el infierno.

Después del descansillo, tras una curva a izquierdas, los corredores se chocan de bruces con la Cuesta les Cabanes, una pared de 150 metros, con una pendiente del 22%, a la altura del kilómetro 7. Durante el siguiente kilómetro, una larga recta, la pendiente suaviza, hasta que se llega a una curva a derechas, la de Llagos, en el kilómetro 8,5 de subida, con una pendiente del 15,5 %. Otra recta de prácticamente un kilómetro con pendientes superiores al 10 % de media. Después de esa segunda recta interminable, los corredores afrontan la horquilla de Picones-Cobayos, una horquilla a la que se llega al límite de tus fuerzas, y te deja sin aliento.

La primera de esas dos curvas es la de Los Picones, en el kilómetro 9,5. La segunda pared de la subida. Y aún falta lo más duro del puerto. A la altura del kilómetro 10,2 de subida los ciclistas afrontan la segunda curva de esa horquilla, la de  Cobayos, la segunda rampa en porcentaje del puerto, con un 21,5 % de desnivel medio.

Una vez que los corredores dejan atrás ese entrelazado de curvas, llegan a la recta más famosa del ciclismo mundial, la recta en la que se encuentra La Cueña les Cabres, la pared del ciclismo profesinal, con su 23,5 % de porcentaje máximo (kilómetro 10,8). Ahí los corredores, que ya marchan al límite de sus fuerzas, ven como se les cae el mundo al suelo. Solo pueden agarrar fuerte el manillar, meter todo el desarrollo que les dejen sus bicicletas y tirar de riñones, ya que es imposible ponerse en pie sobre la bicicleta en esos momentos, para poder completar el paso por el infierno.

Una vez que se pasa la Cueña, ya se deja atrás la mayor rampa del puerto, a cambio de haberse quedado sin aliento y totalmente vacío de fuerzas. En esos momentos los corredores tienen la sensación de que no avanzan, y aún les quedan las dos últimas grandes rampas del puerto, El Aviru (kilómetro 11,5) al 21,5 % y Les Piedrusines, al 20 %, como forma de colofón del puerto, a punto de coronarlo. Los últimos metros, medio kilómetro aproximadamente, son en ligera bajada para llegar a una pequeña área de descanso donde se ubica la meta.

¿El puerto más duro de Europa?

Desde que en el mes de octubre de 1998 se dio a conocer que el puerto se subiría en la edición del año siguiente, L´Angliru ha sido objeto de numerosos mitos, siendo el más habitual el mito de que por la dureza de sus rampas no se pueden hacer diferencias entre los favoritos. Pero nada más lejos de la realidad, porque aunque la velocidad de ascensión es baja, las diferencias se pueden hacer enormes, cuando no convertirse en definitivas de cara al resultado final de la prueba, como sucedió en la última ascensión, la de 2011.

Desde que el puerto fue ascendido por primera vez, en 1999, y haciendo una comparación con las ascensiones a los puertos más importantes españoles y del Tour y el Giro desde aquel año, se puede observar como ese mito sobre que no se crean diferencias en el Angliru sería totalmente falso. Esos puertos con los que hacer la comparación serían los Lagos de Covadonga, la Pandera o la Covatilla, en España, y en el extranjero Luz Ardiden, Tourmalet (por la vertiente de la Mongie) o el monte Zoncolan (el Mortirolo no se consideraría porque no es final de etapa).

Analizando los datos de esos puertos (en Wikipedia analizan la diferencia entre el primero, segundo y tercero de la etapa, indistintamente si el ganador llegó en fuga o del grupo de favoritos), tan solo los Lagos y el Mont Ventoux podrían aguantar la comparación con el Angliru. La diferencia media entre los tres primeros clasificados de la etapa, comparando con los otros puertos, convierten al Angliru no solo en el puerto que más diferencias ha creado entre los corredores en la Vuelta, sino que también lo es en los puertos de las otras grandes en la última década.

Los duelos en el Angliru

1999. El Chava entra en la leyenda
Con una expectación sin precedentes, el 12 de septiembre de 1999 se afrontaba por primera vez la ascensión a la que ya en ese momento era  mítica cima asturiana. La etapa constaría de 175 kilómetros, y partiría de León, atravesando los puertos de Ventana, La Cobertoria, y el Cordal, antes de la llegada al coloso asturiano.

Aquel día el pelotón iba a llegar hecho pedazos a la subida más importante del día, con el líder retrasado con respecto al grupo de favoritos debido a una caída en el puerto del Cordal. En esa última subida Tonkov, a unos 10 kilómetros de meta lanzó un poderoso ataque con el que abrió un hueco importante con el resto de corredores. El corredor ruso parecía lanzado a por la victoria (marchaba con un minuto de ventaja) cuando en el punto más duro de la subida, La Cueña Les Cabres, el Chava Jiménez lanzó un poderoso ataque al que ni Roberto Heras, su compañero hasta ese momento, pudo seguir.

Metro a metro, segundo a segundo, fue recortando el de El Barraco la desventaja que le llevaba el corredor ruso, hasta que justo cuando coronaban el puerto, alcanzó la rueda del corredor del Mapei. En los últimos dos kilómetros de la subida le recortó cuarenta segundos. En un final de etapa sorprendente, el Chava adelantó a Tonkov justo cuando afrontaban el ligero descenso que conducía a la meta, siendo el primer corredor en conseguir la victoria en el Angliru. El Chava había entrado en la leyenda de la Vuelta.

2000. Heras sentencia la Vuelta
Al año siguiente el Angliru volvería a ser la estrella del recorrido de la ronda española. En aquella edición se subiría un 15 de septiembre, y en la etapa habría dos carreras diferentes. La primera carrera sería por el triunfo de etapa, que se lo jugaría una fuga, mientras que la segunda carrera sería por la general de la etapa, en un duelo entre Roberto Heras y Ángel Casero.

De la primera pelea, la de la lucha por el triunfo de etapa, el vencedor sería el ganador del último Giro de Italia, el italiano Gilberto Simoni. El corredor italiano llegaría a pie de puerto siendo partícipe en una fuga en la que se encontrarían Díaz Justo, Brozyna o Hruska. Estos dos últimos corredores serían, precisamente los últimos a los que dejaría atrás el italiano, antes de llegar al descansillo de Viapará. Desde ese momento, a 10 kilómetros de meta, Simoni realizaría en solitario el resto de la subida, aventajando en la línea de meta en más de dos minutos al segundo clasificado, el checo Hruska, y en casi tres al tercero, el español Heras.

La otra pelea de la etapa sería la de la general, que tendría lugar entre el corredor valenciano Ángel Casero y el salmantino Roberto Heras. Realmente esta pelea quedaría en nada, pues Casero cedería rápidamente la rueda del grupo de Heras. En Les Cabanes, respondiendo a un ataque de Tonkov, el del Kelme lanzó un contrataque con el que dejó cortado al corredor ruso y se quedó solo tratando de aumentar su renta con Casero. En la meta, el corredor se dejaría 3 minutos y 41 segundos con Heras, distancia que sería fundamental en el devenir de la Vuelta, ya que en Madrid la distancia entre ambos corredores fue menor de la que se dio en el Angliru.

2002. Guerra en el Kelme
Tras una tregua de un año, la Vuelta decidió recuperar el Angliru para la décimoquinta etapa de la prueba, la que iba a llevar a los corredores desde Gijón al coloso asturiano. Aquel iba a ser el día más difícil de todos cuantos se ha subido el puerto hasta la fecha, tanto por las condiciones meteorológicas como por la situación que se vivió en el equipo Kelme. Al comienzo de la etapa parecía que se viviría una batalla entre los US Postal, con Heras a la cabeza, y los Kelme, con Óscar Sevilla portando el jersey dorado de líder de la carrera, pero al final de la misma habría estallado una guerra abierta en el conjunto Kelme, una guerra entre Aitor González y Óscar Sevilla.

El triunfo de la etapa correspondió aquel día a Roberto Heras, quien se había quedado solo en cabeza de carrera a la altura de Les Cabanes. El segundo en meta fue Joseba Beloki, mientras que el tercero iba a ser el gran protagonista del día, Aitor González, quien sería el protagonista por abrir una guerra con su compañero Sevilla, el líder de la carrera (del que estaba separado por un segundo).

Aitor no solo no esperó al de Osa de Montiel durante la subida al puerto, sino que además fue el primer corredor en atacar, justo cuando su compañero estaba atravesando sus peores momentos en la subida del puerto. El director del equipo, Vicente Belda, le pidió a Aitor insistentemente, a través de la radio, que se parase y esperase a su compañero, pero González decidió hacer la guerra por su cuenta y no respetar las órdenes de equipo. La tensión desde aquel día hasta el final de la Vuelta fue tremendo en el conjunto alicantino, a pesar de que González fue el vencedor final de la prueba.
 
2008. Contador certifica su tercera grande
Seis años tuvieron que esperar los aficionados y los corredores a que la organización se decidiese a incluir de nuevo al Angliru en la prueba. En esta ocasión la subida sería un 13 de septiembre, en un soleado día. En aquella etapa a pie de ese último puerto llegaría un grupo de escapados que rápidamente sería neutralizado, debido especialmente al duro trabajo que realizó durante toda la etapa el conjunto Astana.

La ventaja de ese grupo cabecero fue rápidamente reducida, dejando en cabeza de carrera al grupo de favoritos, un grupo en el que estarían corredores como Contador, Leipheimer, Purito Rodriguez, Valverde, Dani Moreno o Mosquera. Ese grupo quedaría reducido a los cuatro primeros nombres cuando en Les Cabanes Valverde lanzó un potente ataque. En la Cueña Les Cabres sería el corredor de Pinto quien lanzaría un ataque que le dejaría en cabeza de carrera.

Desde ese momento, la ventaja de Contador lo único que hizo fue aumentar hasta que atravesó la línea de meta, siendo el cuarto vencedor en la cima del Angliru. Valverde sería segundo aquel día a 42 segundos del ganador, demostrando que también podía con la alta montaña. Purito sería el tercero, a 58 segundos, mientras que Leiphemier sería el cuarto del día, cediendo otros siete segundos más que Purito. La distancia entre Contador y Leipheimer aquel día fue determinante en el triunfo del pinteño sobre el norteamericano en la clasificación final.

2011. Cobo vence y cambio de papeles en Sky
El 30 de abril del año 2011 un Juanjo Cobo cabizbajo se bajó de la bicicleta en la Vuelta a Asturias. Días después llamó a Matxin, su director, y le dijo que colgaba la bicicleta y sería electricista. Matxin, que era quien mejor conocía a su corredor, le dijo que se tomase un tiempo y recapacitase. Apenas cuatro meses después de haber anunciado a su director que lo dejaba, el 4 de septiembre, el día en que se subía el Angliru en la Vuelta, Cobo era otra persona. Su mente, en la que todo era o claro u oscuro, en aquella ocasión iba a verlo todo claro. 
 
La táctica del equipo Geox había determinado aquel día que la zona ideal para que Cobo lanzase su ataque era poco antes de La Cueña Les Cabres, es decir, a escasos cuatro kilómetros para la meta. Pero Cobo, que aquel día tenía piernas, decidió que no podía esperar tanto, que la cima del Angliru y la victoria en Madrid le estaban esperando y atacó cuando faltaban más de seis kilómetros a meta. Por detrás, el líder Wiggins no era capaz de seguir su ritmo y desde su equipo, el Sky, decidían sacrificar a Froome para ayudar a su jefe de filas. Dos kilómetros más tarde, el director del equipo británico se daría cuenta de su error y le diría a Froome que se fuera a por el corredor cántabro. Ya no había nada que hacer, Cobo iba súper y nadie le vería hasta después de atravesar la línea de meta. Era el nuevo líder de la prueba. Froome, por su parte, no podría hacer mucho, y llegaría a meta (4º) con 48 segundos de retraso, acompañado por Poels (2º) y Menchov (3º).

Chris Froome se quedaría aquel día a 20 segundos en la general de Cobo, una distancia que jamás lograría recuperar en aquella Vuelta, de la que el corredor cántabro resultaría el ganador, con el keniata nacionalizado británico en segundo lugar. Wiggins, sin quererlo, aquel día le había costado a Froome la primera de las dos grandes que no pudo ganar por poco tiempo.


Nota: Carta completa enviada por Miguel Prieto, el "descubridor" del Angliru, a los organizadores de la Vuelta a España:
http://www.angliru-riosa.com/vuelta_ciclista/carta.htm


Saludos a todos!!

miércoles, 13 de febrero de 2013

La última gran cabalgada del Pirata

Marco Pantani se presentó en el Tour de Francia de 2000 como un corredor sin un objetivo claro sobre su participación en la carrera. Sólo las circunstancias de la misma y la actitud dictatorial de Armstrong consiguieron sacar de la burbuja de autodestrucción en la que se había sumido el italiano desde su expulsión en el Giro del año anterior y provocaron que viéramos por última vez en las carreteras francesas a Pantani acometiendo un gran ataque en montaña.

Marco Pantani se presento en el Tour de Francia del año 2000 como un corredor muy diferente al que había ganado esa misma carrera dos años antes. En la salida no está mental ni físicamente preparado para ganar, pues ya no era aquel corredor. Llegó a la carrera después de casi un año de retiro, tras su expulsión en el Giro de Italia del 99, que ya tenía en su mano. Desde aquella expulsión, únicamente había participado en el último Giro, aunque lejos de su nivel habitual y sin encontrarse al máximo de su rendimiento, culminando su participación con una aparatosa caída en las últimas etapas.
 
Marco no tenía opciones reales de ganar la carrera, pero si hubiera corrido con cabeza podría haber optado a subirse al pódium, y de esta forma podría haberse congraciado con la dirección del Tour, después de los desencuentros que hubo entre ambas partes a raíz de los sucesos ocurridos en la edición en la que se proclamó como ganador. No había hecho ninguna concentración específica de trabajo desde el año anterior, no había realizado ningún tipo de preparación y no tenía ningún objetivo concreto para ese año.

Pasan los primeros días de carrera, y Marco es uno más entre el pelotón, sin poder asomar la cabeza en ningún momento entre los hombres de cabeza. No era su momento, sino todo lo contrario, era el momento de intentar no perder tiempo con respecto a los buenos rodadores de la carrera. Antes de llegar a los Pirineos, primera cordillera montañosa de esa edición, la participación de Pantani no estaba siendo buena, puesto que rondaba el 90º puesto de la general, a unos 6 minutos del verdadero capo de la carrera, aunque aún no líder, el norteamericano Lance Armstrong. Y la cosa no iba a mejorar, sino todo lo contrario en la primera etapa montañosa de Hautacam, donde fue el último de los escaladores en llegar a meta de entre los favoritos, y cedió unos cuatro minutos con respecto al ahora nuevo líder, Armstrong. Pero si por algo se caracterizó Marco durante toda su vida deportiva, fue por su persistencia y por no tirar jamás la toalla. 

La humillación de Mont Ventoux
Llegó la etapa del Mont Ventoux, y parecía que iba a vivir nuevamente una odisea el italiano, ya que se quedó rápidamente cortado del grupo de favoritos en las primeras rampas del Monte Pelado. Marco peleó contra sí mismo y se reenganchó, después de muchos kilómetros de persecución, al grupo de los favoritos. Aún así, eso no era suficiente para él, alguien como él no podía conformarse con solo ir a rueda de un grupo, así que atacó en varias ocasiones hasta que consiguió marcharse en solitario. Los corredores le ven salir y alguno intenta salir a su rueda, pero ninguno puede seguir su ritmo. Ni Heras, ni Virenque, ni por supuesto Ullrich. Todos quedan cortados. Todos salvo uno, que cuando vio que la ventaja del Pirata era suficiente, cambió el ritmo del grupo y en un sprint prodigioso en la montaña se puso rápidamente en paralelo al italiano. Ese corredor no era otro que el líder de la carrera, Lance Armstrong, quien marchó en esos últimos kilómetros con él. Hubo una cierta armonía entre ambos, hasta que se produjo la llegada a meta, donde el americano humilló a Pantani, ya que no se conformó con regalar la etapa, intentando hacer un gesto al estilo Indurain, sino que con sus posteriores declaraciones dejó claro que le regaló la etapa, haciendo ver a todo el mundo que él era el hombre más fuerte. Pantani era un campeón, no un corredor cualquiera, y no quería las migajas que el líder le quisiera regalar.

Armstrong había humillado al de Cesena en el Mont Ventoux, y eso probablemente afectó a una persona con graves alteraciones emocionales. Hubo cruce de declaraciones entre ambos corredores, culminando cuando Lance llamó Elefantino a Pantani, un insulto que había detestado desde que pequeño. Desde ese momento Pantani decidió hacer de los Alpes una cruzada contra los corredores del US Postal, encabezados por la persona que no le había respetado a él, todo un campeón del Tour. 

Después de esa victoria en el Mont Ventoux, Marco era el 12º clasificado de la general. La siguiente etapa iba a ser la de Briancon, en la que los corredores atravesarían el Izoard. Pantani volvió a atacar en la montaña. A Armstrong no le sentó nada bien ese ataque. Él era el hombre más fuerte de la carrera y no entendía porque ese corredor al que ya había regalado una etapa no se sometía a la ley que él dictaba. El italiano estaba cabreando al líder y este no conseguía entender como después de todos los palos que se había llevado ya en aquel Tour, este todavía seguía atacando y lo hacía sin someterse a lo que él mandaba. Esto era lo que más cabreaba al americano, más que la infinidad de ataques que hizo, sino que el cesenático no temía lo que Lance pudiera hacerle en carrera.
 
Por supuesto Lance saltó a por Pantani en el Izoard y ambos se fueron, con el italiano intentando dejar descolgado al americano y este pegado a su rueda. Pero ese no era el juego que quería Marco, que solo quería destrozar al líder y en el descenso termina con su ataque y se reincorporan ambos al grupo de los favoritos, con una bronca tremenda del líder a Marco y este pasando del asunto e intentando divisar una mejor oportunidad en el horizonte. Aún así Pantani no se rindió por aquel día, y cuando llegaron al repecho de Briançon, lanzó un nuevo ataque. Esta vez si se fue, tan solo por un puñado de segundos, pero había escapado por fin alguien del cerco del americano sin que este lo hubiera autorizado. Ahora Pantani era el noveno corredor de la general, conseguido gracias a ser el corredor más testarudo del pelotón y a no rendirse en ningún momento.

Para la etapa de Courchevel ya hay otro Pantani. No es el de las dos temporadas anteriores, pero es un corredor completamente diferente al de la primera semana de carrera y con una gran confianza en sí mismo. Aquel día consiguió la que será su última victoria en una gran carrera por etapas, y lo hará a lo grande, como las que había conseguido durante la década anterior. Al comenzar el puerto de Courchevel incrementa su ritmo, se pone en primer lugar del grupo y su ritmo no puede seguirlo ningún otro corredor. Tan solo el Chava Jiménez consigue ir a su rueda varios kilómetros, pero será inútil, ya que el Pirata le deja descolgado y se alza con la victoria en solitario en la cima de Courchevel, sacando una gran ventaja al grupo de favoritos. Como premio, Marco se colocaba en sexta posición de la general, a un mundo del líder, a 9 minutos y 3 segundos, pero con el segundo puesto relativamente a tiro, ya que Ullrich, el segundo de la general, se encontraba a 7 minutos y 26 segundos del líder, por lo tanto, con poco más de un minuto y medio de ventaja con respecto a Pantani. Beloki, Moreau y Heras se encontraban entre ambos. El pódium, corriendo con cabeza, era una realidad, estaba al alcance de su mano.

Courchevel-Morzine. 196 kilómetros de sufrimiento
Comenzó la última etapa montañosa de la carrera, la que iba a llevar a los corredores a Morzine, en una etapa que comenzaba en Courchevel y que llevaba a los corredores a Morzine a través de 196.5 kilómetros. En ella iban a atravesar cinco puertos de montaña; Saisies sería el primer puerto, en el kilómetro 80 de carrera. Un primera categoría de más de 15 kilómetros a más del 6%. El Aravis, de 8 kilómetros y segunda categoría, estaría en el kilómetro 106. En el kilómetro 131 los corredores se encontrarían con la Colombiere, un primera de casi 12 kilómetros. La penúltima dificultad del día sería el Chatillon, un tercera de poco menos de 5 kilómetros. Por último, la última dificultad montañosa del día y del Tour sería el Joux Plane, un HC de 12 kilómetros y un desnivel medio superior al 8%. Una etapa en la que se podía jugar a ser ciclista.

Y a eso precisamente quiso jugar Pantani, a ser ciclista, en una última gran aparición a 130 kilómetros de la meta, que pudo haber sido histórica de haber salido como le hubiera gustado al protagonista de la misma. Pero no salió bien, como casi todo en la vida del italiano.

Antes de llegar a ese ataque, en los primeros kilómetros de la etapa, una caída afecta, entre otros, a Marco Pantani, que aparentemente no tiene ninguna consecuencia, y a Marcos Serrano, que este sí tendrá más problemas, puesto que se tendría que retirar con dos costillas rotas, aunque inicialmente se creyó que era una fractura de clavícula. La carrera va lanzada, ya que antes del primer puerto de montaña se llegaba al sprint intermedio de Albertville, en donde McEwen se lleva los 6 puntos, por 4 de Zabel y 2 de Francois Simon.

El pelotón, después de ese sprint intermedio sigue lanzado, y yendo a mil por hora es como llegan a esa primera dificultad montañosa de Saisies. En las primeras rampas el pelotón se divide, entre los que van a seguir a los favoritos y los que se van a desentender de la etapa. Faltaban más de 130 kilómetros para llegar a meta y entre los favoritos se podía cortar el ambiente con un cuchillo. Y ese cuchillo lo iba a llevar Marco Pantani entre sus dientes. Allí, a tan descomunal distancia de meta aceleró el ritmo dejando atrás a los demás corredores. Era un ataque kamikaze. Nadie sabía que hacer, era simple y llanamente, una locura lo que estaba haciendo Pantani, el sexto clasificado de la general. En el pelotón cundió la psicosis. Los corredores comenzaron a ponerse nerviosos. Los favoritos no sabían que hacer, si intentar ir por el italiano y exponerse a una pájara descomunal, o intentar mantener en un pelotón que cada vez se mostraba más nervioso. Y el más nervioso de ese pelotón iba a ser su líder. Ese corredor al que había humillado, vejado, abroncado... le estaba haciendo sentir el miedo a perder, en un sentimiento que jamás había sentido antes y que jamás volvió a sentir en la carretera.

El americano se estresó, se puso colérico, echando la mano de forma constante al pinganillo. No sabía como actuar, que hacer con ese maldito italiano que no había querido someterse a su tiranía. Estaba muy nervioso, sin saber que hacer y hablando a cada minuto con su coche, desde donde intentaban calmarlo. Finalmente desde el coche consiguieron calmarlo y que se mantuviera a rueda de sus compañeros Hamillton y Livinston, que serán quienes controlen la situación a partir de ese momento y quienes salvaran la carrera del americano, quien ya no se encontraba en sus cabales después de ese ataque. Si hubiera habido un mano a mano con Marco, este no habría ganado la carrera, porque no tenía físico para hacerlo, pero habría hecho perder el Tour del americano, que era lo que buscaba con ese ataque.

Pantani había echado un guante en Saisies para todo aquel corredor que quisiera ganar el Tour. Un ataque lejano era la única opción real de ganar la carrera, no se podía esperar al último puerto, porque las distancias no serían lo suficientemente grandes como para recortar lo necesario. Pero ningún otro corredor recogió el guante tendido por el italiano. Si hubo algún conato de agacharse a recogerlo, por parte de Ullrich o Heras, pero prefirieron el cobijo del pelotón, mucho más como para ellos y sobre todo para los US Postal. Tan sólo Escartín y Pascal Hervé, dos corredores que no preocupaban para nada en la general, optaron por salir del calor del pelotón e irse con Pantani en esa su última locura.

Ambos enlazaron con Pantani después de unos kilómetros de ascensión, pues este no pisó el acelerador, esperándoles, ya que sabía que no se encontraba preparado para hacer en solitario la aventura en que se había convertido la etapa. La etapa podría terminar muy mal para él, pero eso no le importaba. Él era así, o todo o nada. Poco a poco fueron abriendo un pequeño hueco con los favoritos, liderados por los US Postal que por primera vez en toda la carrera estaban rindiendo a un nivel similar al año anterior.

Este trío cabecero comienza a abrir un pequeño hueco con respecto a los favoritos, de apenas un puñado de segundos, entendiéndose a la perfección entre Pantani y Escartín, que colaboraban intensamente, con Hervé a rueda de ellos prácticamente todo el rato. No se podía pedir más del francés, un corredor mediocre a las órdenes de otro corredor también muy mediocre, aunque este último sólo tácticamente (Virenque). Saisies es coronado por este terceto con 1 minuto y 3 segundos de ventaja. Pantani acechaba así el pódium, pues se quedaba a apenas una veintena de segundos de Ullrich y Beloki.

Esa ventaja ascendió en otros nueve segundos en el siguiente puerto del día, el Aravis, mientras la carrera seguía con el mismo guión desde el puerto anterior. Pantani y Escartín colaborando, y los US Postal tirando atrás y calmando a su líder. El hueco que había conseguido el trío cabecero no invitaba a soñar con un vuelco en la general, y la máxima renta de que dispuso se dio en la tercera subida del día, la del Colombiere, en donde llegaron a tener 1 minuto y 40 segundos de ventaja a mitad de la subida. Pero el cansancio ya era muy patente entre un Escartín que era un quiero y no puedo y un Pantani que lo había dado todo en esa carrera. La ventaja al coronar ese puerto ya era inferior al minuto.

Se inicia el descenso y Moreau es el primer corredor en lanzarse a por los fugados, a los que casi ya ven. Será el primer corredor que contacte con ellos, siguiéndole poco después el resto de los favoritos del grupo, entre los que se encontraría ya un mucho más calmado Armstrong. Se había acabado así con más de 80 kilómetros de persecución y sufrimiento. Se había acabado así el sueño de Pantani de voltear el Tour y hacérselo perder al egocéntrico líder de la carrera. Pantani se situó al final del grupo para tomar aire. Su aventura le había dejado agotado. Allí sería escoltado por sus compañeros Velo y Siboni, a quienes ya no abandonaría en el resto de la etapa.

Se forma durante el descenso y los kilómetros que preceden al Joux Plane un pequeño grupo cabecero formado entre otros por Guido Trentin, Kivilev o Rous, que coge una cierta ventaja con los favoritos. Llegan entonces los corredores al último puerto de la jornada y la cosa comenzó a ponerse sería. Heras empezó a mostrarse muy ofensivo, al igual que Armstrong. Los ataques más importantes estaban corriendo a cargo del bejarano, a por quien rápidamente salía el líder, con Virenque siempre pegado a su rueda. Ullrich por su parte, como había sucedido durante todo el Tour, comenzaba a hacer aguas en la alta montaña cuando la cosa se ponía seria, aunque consigue aguantar sin perder la compostura a una distancia que le permite reintegrarse cada vez que haya algún ligero parón. Por delante se ha marchado Trentin en cabeza, siendo perseguido por Kivilev, aunque no les duraría mucho la alegría. Pantani ya hacía algún kilómetro que había cedido la rueda de los más fuertes y eso le costaría perder mucho tiempo en meta, siempre acompañado por sus fieles Velo y Siboni.

Por fin llega un ataque de Roberto Heras en el que consigue marcharse sin que nadie salga a su rueda. Armstrong comienza a ceder ante el ritmo que están marcando Virenque y Ullrich en la persecución de Heras e incrementan su ritmo. Faltan 20 a meta y Lance está pasando una crisis muy importante. Por fortuna para él, se corona a 10 de meta, por lo que si administra bien sus fuerzas, no tiene porque temer una pájara que le haga perder la carrera. En la persecución del corredor del Kelme, Virenque va más fuerte que Ullrich y decide saltar a por el bejarano, al que alcanzará a 5 de coronar. El alemán por su parte va regulando bien y mantiene a ambos corredores a una distancia prudencial. En medio de su hundimiento, Armstrong tiene la suerte de encontrarse con un pequeño grupo, cuando ya cedía más de un minuto con cabeza de carrera, entre los que se encuentran Botero o Moreau.

Heras y Virenque coronarán el Joux Plane en primer lugar, seguido, a 20 segundos, por el alemán Ullrich, que nada más pasar la pancarta del puerto se detiene a cambiar de bicicleta por un problema de frenos. El grupo en el que marcha Beloki, con Escartín y Hervé, coronan poco más de un minuto más tarde que cabeza de carrera. Mientras, el grupo de Armstrong lo hace con este fundido y a 2 minutos y 11 segundos de cabeza. Ahora solo queda un rápido descenso y Lance habrá salvado un Tour que por su tozudez podría haber perdido en Saisies de haber intentado hacer la guerra en solitario con Pantani.

Dentro ya del último kilómetro, mientras se están jugando la victoria, Heras entra demasiado rápido a una curva a izquierdas, chocando con la valla y destrozando su rueda delantera. Acababa de decir adiós a sus opciones de triunfo aquel día. Virenque se vio favorecido por ese accidente y pudo alzar los brazos al llegar en solitario a la meta de Morzine. Ullrich sería segundo a 24 segundos y Heras perdería otros tres segundos más, siendo tercero. Armstrong se mantuvo en el grupo que se encontraba y llegó a meta con dos minutos de retraso con el ganador del día. Había superado el peor día el día más duro de su carrera deportiva.

Por su parte Pantani perdió una minutada finalmente en la etapa, cediendo nada menos que casi 14 minutos. Al día siguiente se retiró de la carrera aduciendo problemas físicos, diciendo que durante la noche había pasado unos terribles problemas intestinales.

Adiós al Tour
Pantani, en aquel Tour, podría haber regresado al ciclismo de élite por todo lo alto, peleando y quizás consiguiendo un pódium en el Tour de su retorno, pero este prefirió ser fiel a sí mismo, aunque no consiguiera ese pódium. Prefirió revelarse contra el sistema establecido, en este caso por Armstrong, con la ayuda de la UCI. Prefirió la pasión a la razón, prefirió morir matando a ser un sumiso más de ese nuevo ciclismo impuesto por el nuevo orden establecido después del Caso Festina. Su valor aquel día de julio le salió muy cara. El Tour jamás volvió a abrir las puertas a la participación de Pantani en su carrera. El director de la carrera, Leblanc, no aguantaba que el italiano no hablase del Tour como la mejor carrera del mundo cuando era el vigente campeón. En el 2000 Pantani al no terminar la carrera le dio la oportunidad de borrarle de la carrera en sucesivas ediciones, y Leblanc no lo dejó pasar, cerrando para siempre las puertas al hombre que mayor espectáculo daba en carrera, que sumaba ocho victorias de etapa, todas en la alta montaña, y que a su victoria del 98 sumaba otros dos pódiums, siendo uno de los tres campeones de la carrera que quedaba en activo.

Apenas escasos cuatro años más tarde de aquellas jornadas en las que Pantani se reveló contra el sistema, un 14 de febrero de 2004, este apareció muerto en esa habitación del hotel de Rimini, totalmente irreconocible y rodeado de una gran cantidad de cocaína, abandonado por todo el mundo. Ese 14 de febrero de hace 9 años, Pantani nos abandonó para siempre, pero a cambio dejó su recuerdo imborrable en la memoria de los aficionados del ciclismo.

Clasifiación etapa 16. Chourchevel - Morzine.
1- Richard Virenque (Polti) 5h 32´ 20´´
2- Jan Ullrich (Telekom) a 24´´
3- Roberto Heras (Kelme) a 27´´
4- Fernando Escartin (Kelme) a 1´ 09´´
5- Joseba Beloki (Festina) a 1´ 11´´
6- Pascal Hervé (Polti) s.t.
7- Guido Trentin (Vini Caldirola) a 2´ 01´´
8- Lance Armstrong (US Postal) s.t.
9- Christophe Moreau (Festina) s.t.
10- Santiago Botero (Kelme) s.t.
...
38- MARCO PANTANI (Mercatone Uno) a 13´ 44´´

Clasificación General
1- Lance Armstrong (US Postal) 72h 12´ 30´´
2- Jan Ullrich (Telekom) a 5´ 37´´
3- Joseba Beloki (Festina) a 6´ 38´´
4- Roberto Heras (Kelme) a 6´ 43´´
5- Richard Virenque (Polti) a 7´ 36´´
6- Christophe Moreau (Festina) a 8´ 22´´
7- Santiago Botero (Kelme) a 10´ 19´´
8- Fernando Escartin (Kelme) a 11´ 35´´
9- Francisco Mancebo (Banesto) a 13´ 07´´
10- Manolo Beltrán (Banesto) a 13´ 08´´
...
14- MARCO PANTANI (Mercatone Uno) a 20´ 46´´


Saludos a todos!!

jueves, 6 de diciembre de 2012

Chava Jiménez, su penúltimo acto

La vuelta España llegaba a su octava etapa de la carrera, en la que los corredores iban a afrontar como única dificultad montañosa del día el puerto del Alto de la Cruz de la Demanda, en donde estaría situada la meta. La etapa fue muy tranquila, hasta que llegaron a ese puerto, en donde en sus primeras rampas los corredores del conjunto ONCE llegaron situados en cabeza del pelotón, intentando apretar al líder de la carrera, un Santiago Botero, que el día anterior se había exhibido en la contrarreloj. Pero poco aguantaron en cabeza los corredores del conjunto amarillo, ya que a la orden de un reaparecido Chava Jiménez, fueron sus compañeros del iBanesto.com los que se pusieron en cabeza. 

Al paso por la pancarta de 10 kilómetros a meta los corredores, comandados por los hombres del conjunto de Eusebio Unzué, marchaban a mil kilómetros por hora. Dos kilómetros más adelante comenzaron las hostilidades, siendo el vasco Iban Mayo, del Euskaltel, el primero que intentó abrir hueco, aunque su acelerón apenas inquietó a los favoritos, donde rápidamente se puso en cabeza Pipe Gómez, compañero del líder Botero, para intentar mantener un mínimo de control en la carrera. A la rueda de los Kelme van tomando posiciones los Beloki, Mercado, Chava Jiménez o Leipheimer.

Aprovechando una de las múltiples zonas de descansillo que ofrece el puerto, Botero se puso en cabeza del grupo, pero nada más pasar por la pancarta de 7 a meta, y al tiempo que las cámaras enfocan a un Igor González de Galdeano que sufre en la cola del pelotón, Chava Jiménez lanza un ataque y coge unos metros de ventaja, justo cuando los corredores afrontaban nuevamente las rampas duras del Alto de la Demanda. Situado a más de 6 minutos en la general, no suponía ningún problema para los hombres fuertes, por lo que nadie salta a por su rueda, otrora peligrosa para los favoritos.

Carlos Sastre vio como el resto de corredores no salían a por el hombre del iBanesto.com, por lo que decidió que ya había aguantado bastante en el pelotón y se fue a por el Chava, al que alcanzó enseguida. A pesar de ser un corredor del equipo de Manolo Saiz y otro del de Eusebio Unzué, con una simple mirada se entendieron en busca del objetivo, la victoria de etapa. No obstante, y a pesar de esa gran rivalidad existente entre ambos conjuntos, ellos eran cuñados, y eso estaba por encima de cualquier otro aspecto.

Por detrás todos los corredores marchaban al ritmo que seguía marcando Pipe Gómez, con corredores que iban cómodamente tras él, como Óscar Sevilla, Joseba Beloki, Levi Leipheimer o Iban Mayo, quien disputaba su primera grande. El líder, Botero, comenzaba a sufrir el ritmo que marcaba su compañero, en la persecución de los líderes, por lo que se podía ver como la apuesta del conjunto Kelme de cara a la general iba a ser Sevilla. Ángel Casero, por su parte, estaba pasando sus peores minutos, marchando a cola del grupo de favoritos.

El líder de la carrera estaba pasando unos momentos muy malos, con grandes dificultades para aguantar la rueda de los hombres más fuertes, y el primero que vio eso fue Manolo Saiz, que no dudó en sacrificar una posible victoria de etapa y al paso por la pancarta de 6 a meta, mandó parar a Carlos Sastre, quien con todo el dolor de su corazón, pero cumpliendo muy profesionalmente con su labor, dejó escapar a su cuñado, el Chava, y se dejó atrapar por un grupo que ahora comandaba su compañero Zarrabeitia, haciendo mucho daño dentro del grupo.

Le quedaban 5 kilómetros al Chava de lucha en solitario contra los pocos favoritos que marchaban comandados por los ONCE. Zarrabeitia se apartó según neutralizaron a Sastre, quien tomó el relevo, demostrando que se encontraba muy fuerte aquel día. Beloki se estaba mostrando ambicioso, con Sastre marcándole un fuerte ritmo, en el intento de eliminar de la lucha a Botero y a todo aquel corredor al que pillasen por el camino. Las diferencias se estaban estabilizando, con el Chava a unos 20 segundos de ventaja y Botero a más de 50 por detrás, pero sin llegar a eliminar a otros hombres como Casero.

El gas de Sastre se estaba acabando y al pasar por la pancarta de 3 a meta se apartó, habiendo realizado un trabajo excelente y dejando solo a Beloki contra unos corredores que no habían dicho su última palabra. Laiseka fue el primero en lanzar un pequeño demarraje, seguido Heras, ambos con más intenciones que fuerzas realmente. Sus ataques no dieron mucho de sí y Beloki se puso a tirar del grupo, destrozándolo por completo y provocando que los corredores ahora marchasen de uno en uno. Solo Laiseka, Leipheimer,  Mercado y Heras fueron capaces de aguantarle a rueda, aunque el bejarano pocos metros pudo hacer en ese grupo. Mientras, por su parte, Sevilla entraba en una grave crisis y era rebasado hasta por un Casero que estaba recuperando sensaciones. Beloki seguía con su ofensiva y tan solo Juanmi Mercado, a duras penas era capaz de seguir al corredor vasco, que se estaba mostrando agresivo como nunca en su carrera deportiva, en las búsqueda del liderazgo de la carrera.

El Chava había entrado en el último kilómetro del puerto, donde suavizaban los porcentajes del mismo, y lo hacía con una veintena de segundos con respecto a Beloki, por lo que la victoria era prácticamente suya. Sólo le quedaban mil metros más de sufrimiento, después de ese último año tan duro que había pasado, especialmente en el plano psicológico, más que en el físico. Cruzó la meta en primer lugar, con 23 segundos de ventaja con Beloki, quien se iba a colocar como nuevo líder de la carrera, merced a los más de 40 segundos que había cedido Sevilla y el minuto y medio que cedió Botero. El tercero de la etapa fue Juanmi Mercado, que entró cinco segundos detrás de Beloki. Leipheimer y Laiseka serían los siguientes en entrar, casi a rueda de Mercado.

El `Chava´ ya lo había anunciado el día anterior: "un escalador nunca deja de serlo", y cumplió con su palabra. Ganó en lo Alto de la Cruz de la Demanda, con un ataque sensacional, en la que era su primera victoria desde hacía catorce meses y la primera de las tres parciales que obtendría en aquella Vuelta a España, su última gran aparición ante un público que admiraba sus espectaculares ataques en las rampas de los puerto.


Carlos Sastre: "Mi único sueño en esta vida era haber llegado los dos juntos en una etapa de montaña. Eso pudo haber sido en la Vuelta a España de 2001, pero por diferentes intereses de los equipos, estando los dos escapados, mi equipo me hizo parar para tirar de Beloki".



Clasificación 8ª etapa. Reinosa - Alto de la Cruz de la Demanda (Valdezcaray)
1- José María Jiménez (iBanesto.com) 4 horas 42 minutos 58 segundos
2- Joseba Beloki (ONCE) a 23´´
3- Juan Miguel Mercado (iBanesto.com) a 28´´
4- Levi Leipheimer (US Postal) a 30´´
5- Roberto Laiseka (Euskaltel) m.t.
6- Manuel Beltrán (Mapei) a 47´´
7- Iban Mayo (Euskaltel) a 48´´
8- Iñigo Cuesta (Cofidis) a 57´´
9- Roberto Heras (US Postal) a 1´
10- Ángel Casero (Festina) a 1´ 2´´
...
13- Carlos Sastre (ONCE) a 1´ 36´´

Clasificación general
1- Joseba Beloki (ONCE) 25 horas 6 minutos 17 segundos
2- Óscar Sevilla (Kelme) a 15´´
3- Ángel Casero (Festina) a 51´´
4- David Plaza (Festina) a 1´ 27´´
5- Santiago Botero (Kelme) a 1´ 28´´
6- Levi Leipheimer (US Postal) a 1´ 54´´
7- Juan Miguel Mercado (iBanesto.com) a 2´
8- Roberto Heras (US Postal) a 2´ 47´´
9- Iban Mayo (Euskaltel) a 3´ 14´´
10- Igor González de Galdeano (ONCE) a 3´ 29´´


Saludos a todos!!

martes, 25 de septiembre de 2012

El día grande de Euskaltel


El Tour del centenario alcanzaba en su octava etapa a una de las cimas más míticas de la carrera. Se llegaría, nada más y nada menos que al Alpe D´Huez. Una cima en la que el conjunto Euskaltel Euskadi viviría el que hasta entonces era el día más grande de su historia.

Cuatro años de auténtico dominio de un equipo y de un único corredor en el Tour de Francia no hacían presagiar nada positivo para el Tour del centenario, en la etapa en que se alcanzaba uno de los puertos con más tradición de la carrera, el Alpe D´Huez. Y la etapa no iba a marchar muy desencaminada del guión marcado en los años anteriores por el conjunto US Postal, ya que antes de afrontar la montaña de los holandeses, se iba a subir el Galibier, un puerto que aquel día se subiría en pelotón. Malas expectativas para quienes habían presagiado una bonita etapa con mucha batalla.
 
Alpe D´Huez también se comenzó de idéntica forma, con el pelotón marchando a bloque y con un par de corredores pertenecientes a una fuga por delante, siendo estos Astarloza y el campeón francés, Didier Roux. Pero en esos derroteros marchaba la etapa cuando equipo US Postal impuso un ritmo muy fuerte, a poco más de 10 kilómetros a meta, con un Manolo Beltrán que puso un ritmo brutal, más bien un sprint de un kilómetro casi, que provocó que se cortasen multitud de corredores. Los americanos estaban metiendo el miedo en el cuerpo, recordando la que liaron dos años atrás, con un Armstrong soberbio.

Pero tras ese sprint brutal del "Triki", en el grupo de los US Postal se quedaron solo los carteros "Chechu" Rubiera, Heras y Armstrong, aparte de Vinokourov, Hamilton, Mayo y Moreau, una vez que se apartó el "Triki". Por detrás se vieron cortados Beloki, Ullrich o el líder de la carrera, el francés Virenque. Apenas unos pocos centenares de metros después Moreau cedería de la rueda de ese grupo, el más fuerte del día, según sus propias palabras, por un problema en la rueda.
 
Un rastro de corredores por detrás; Laiseka, Menchov o Mancebo, Vinokourov, Ullrich o Garzelli y por último, justo a punto de enlazar con ese grupo Beloki y Zubeldia, en orden inverso a como se encontraban en esos momentos en la etapa. Esos dos últimos corredores no tardarían mucho en reincorporarse a ese grupo del jefe Armstrong, que estaría ya únicamente con Roberto Heras de compañeros de equipo, y  nada más alcanzarlos, Beloki no debió ver con buena cara al texano y lanzó un fuerte ataque, a algo más de 8 de meta. Se había abierto la veda, y nada ni nadie podría controlar la etapa de aquel día desde ese mismo momento.

Rápidamente alcanzó la cabeza de carrera, que hasta ese momento seguía perteneciendo a Astarloza y Didier Roux. Se fue abriendo un hueco entre el corredor vasco y el americano, pero que jamás superó los 15 segundos cuando este último decidió que debía asumir él la responsabilidad de la carrera y se fue a por el corredor de la ONCE. A la rueda del americano iría otro compatriota suyo, Hamilton, y a la de este, a su vez, otro corredor vasco, Iban Mayo, este último, un desconocido para el gran público.
 
A poco más de 7 kilómetros y medio de meta, Beloki fue neutralizado por ese terceto que se convertía así en cuarteto. Pero poco duraría ese grupo, ya que apenas un centenar de metros más adelante, tras pasar una de las famosas curvas de herradura del Alpe D´Huez, a izquierdas, Mayo lanzó un fuerte ataque con el que abrió un importante hueco con respecto a los dos americanos y al de la ONCE.
 
Armstrong y Beloki jugaban al gato y al ratón, siendo Joseba el ratón y Lance el gato, pues iba en todo momento a cazar la rueda del vasco. Joseba lanzó un par de ataques de peseta, para tantear al americano, alternándose también con movimientos de Tyler Hamilton, pero a esa rueda no respondía Armstrong, quien tenía un único objetivo al que perseguir. Zubeldia por su parte siempre sufría más, pero siempre terminaba entrando en ese grupo.

Mayo había abierto un hueco muy importante, casi definitivo de 40 segundos, que iban a propiciar que el resto de corredores quedase muy lejos de la pelea por alcanzarle. Por su parte, iba a enlazar con el entonces cuarteto perseguidor, el bejarano Roberto Heras, quien debía seguir trabajando para su jefe, y con él entraría a su rueda el jefe de circunstancias del equipo, entonces todavía, Telekom, Vinokourov y poco detrás sería Roberto Laiseka quien contactaría con el grupo. Paco Mancebo también sufría muchísimo, con el gesto torcido, característico suyo, también iba a enlazar, poco después con ese ya numeroso grupo.

Por su parte el líder de la carrera, Richard Virenque, se encontraba hundido ya en la carrera, a más de 2 minutos y medio, una renta que le iba a provocar tener que ceder el maillot amarillo que portaba hasta esos momentos. Ullrich marchaba a poco más de un minuto de ese grupo de Armstrong y Beloki, cediendo, aunque en ese momento aún no lo sabía, sus opciones de ganar aquel Tour.

A poco más de 5 de meta, cuando el hueco de Mayo con ese grupo formado por 7 corredores superaba ya el minuto, el kazajo Vinokourov optó por realizar su aventura en solitario, saltando de ese grupo, contando con el consentimiento de Armstrong, que solo saltaba a la rueda de Beloki. Basso también enlazaría con ese grupo poco después del ataque del corredor kazajo. 

Al paso por la pancarta de 5 a meta, Vino marcharía a 1´15´´ de Mayo, estando el grupo 30 segundos por detrás del kazajo. Hamilton también saltaría del grupo, seguido de Zubeldia, lo que situaba a 2 corredores del conjunto naranja entre los 4 primeros de la etapa, en su terreno, la alta montaña. Pero Beloki ese día tenía grandes piernas y no solo quería neutralizar a Hamilton, sino que quería seguir poniendo a prueba la fortaleza del teórico líder de la prueba. Pero este no iba a perder ni un segundo la rueda de Joseba y se iba a pegar, literalmente a su rueda trasera. Con ese ataque quedaron neutralizados Hamilton y Zubeldia. Un pequeño parón en el grupo. Otro parón más.
 
Pero poco iba a durar la tregua, pues aunque fue neutralizada su ofensiva de forma inmediata, Joseba Beloki lanzó un nuevo ataque, el cuarto serio que lanzaba aquel día a Armstrong, quien como gran campeón que era, sabía que esa rueda era la buena aquel día y de nuevo se pego a ella.

Al paso por la pancarta de 3 meta, Mayo ya aventajaba a Vinokourov en casi un minuto y medio, y en más de 2 al grupo que ahora formaban Beloki, Hamilton, Armstrong, Basso y Zubeldia, siendo este último el que se encontraba al frente del mismo, para ralentizar un poco el ritmo del grupo y que así su compañero del Euskaltel Euskadi, Iban Mayo, pudiera seguir ampliando sus diferencias y así certificar esa importantísima victoria para su equipo, el cual en ese momento aún no tenía garantizado su patrocinio para la siguiente temporada.
 
Al poco de pasar por la pancarta de 3 a meta, sería Hamilton quien lanzaría un ataque, que sería secundado por el quinto ataque del día de Beloki. Pero ya no tenía las mismas piernas que cuando lanzó el primer ataque, varios kilómetros atrás, y ni Armstrong, ni Zubeldia ni Hamilton tuvieron muchos problemas para seguir a su rueda. Basso esta vez sí que cedería la rueda de ese grupo, durante unos instantes, al tiempo que se conocían las primeras diferencias a las que se encontraba un olvidado aquel día por las cámaras de televisión Jan Ullrich, que circulaba a aproximadamente un minuto del grupo de favoritos, pero que a pesar de ese retraso, aún seguiría metido en la lucha por la carrera, máxime después de la actuación que realizaría días después en la contrarreloj de Cap Decouverte.

El último kilómetro de Mayo sería un kilómetro de gloria. Un día de gloria para Iban, pero también un kilómetro de gloria para su equipo, el Euskaltel Euskadi, equipo que aunque ya había conseguido ganar en el Tour, conseguía ese día, sin duda, la etapa más importante de todas las logradas por el conjunto naranja hasta aquel día. 5 horas, 57 minutos y 38 segundos sería su tiempo al cruzar la línea de meta. Iban Mayo había sido el protagonista del día más grande hasta ese momento del Euskaltel Euskadi.
 
Segundo en la meta entró el kazajo Vinokourov, y tercero, marcando tiempo en un grupo formado por hasta 7 corredores, llegaría Armstrong, seguido de Mancebo en el sprint de grupo. 

Lance se vestiría de líder aquel día, pero su participación durante la etapa, o mejor dicho, la actuación de Beloki en la misma, habían sembrado de dudas el horizonte al que se iba a enfrentar el texano, con un grupo de 6 corredores en poco más de 2 minutos, algo que hasta ese momento jamás había permitido el corredor norteamericano.

Clasificación etapa:
1- Iban Mayo (Euskaltel Euskadi) 5 h. 57´ 38´´
2- Alexandre Vinokourov (Telekom) a 1´44´´
3- Lance Armstrong (US Postal) a 2´12´´
4- Francisco Mancebo (iBanesto.com) m.t.
5- Haimar Zubeldia (Euskaltel Euskadi) m.t.
6- Joseba Beloki (ONCE-Eroski) m.t.
7- Tyler Hamilton (CSC) m.t.
8- Ivan Basso (Fassa Bortolo) m.t.
9- Roberto Laiseka (Euskaltel Euskadi) m.t.
10- Pietro Caucchioli (Alessio) a 3´36´´
....
13- Jan Ullrich (Bianchi) a 3´36´´

Clasificación General:
1- Lance Armstrong (US Postal) 35 h. 12´ 50´´
2- Joseba Beloki (ONCE-Eroski) a 40´´
3- Iban Mayo (Euskaltel Euskadi) a 1´10´´
4- Alexandre Vinokourov (Telekom) a 1´17´´
5- Francisco Mancebo (iBanesto.com) a 1´37´´
6- Tyler Hamilton (CSC) a 1´52´´
7- Roberto Heras (US Postal) a 1´58´´
8- Jan Ullrich (Bianchi) a 2´10´´
9- Ivan Basso (Fassa Bortolo) a 2´25´´
10- Jorg Jaksche (ONCE-Eroski) a 3´19´´


Saludos a todos!!

lunes, 13 de agosto de 2012

Vuelta 99: Su Majestad L´Angliru

Tour de Francia y el Giro de Italia tenían una serie de puertos míticos, algo de lo que la Vuelta carecía aún en el año 1998, aparte de con los Lagos de Covadonga. Pero eso era algo que iba a acabar con la presentación del recorrido de la Vuelta de 1999. En esa presentación iba a haber un bombazo llamado Angliru. Su Majestad L´Angliru.

Esa presencia de l´Angliru en la edición de 1999 fue un gran reclamo a nivel mediático, tanto para el espectador, como para los deportistas y los medios de comunicación. El ambiente que se creó durante los días previos a la disputa de esa etapa fue un ambiente propio del Tour más que de la Vuelta. Millares de aficionados fueron acumulándose en las cunetas del puerto desde esos días previos y la Guardia Civil incluso llegó a cortar el acceso al tráfico ya 3 días antes de la etapa.

Casi 5 millones de personas delante del televisor durante la retransmisión integrada de la etapa de ese día significaron un éxito sin precedentes para este nuevo puerto en la Vuelta. Con este puerto la organización de la Vuelta había encontrado a su gallina de los huevos de oro. El final de aquella etapa fue apoteósico, lo que sin duda ayudó al éxito de audiencia, pero el Angliru ya formaba parte de la leyenda incluso antes de disputarse.

Un puerto de l´Angliru que iba a formar parte de la 9ª etapa de esa Vuelta 99, una etapa que todos sabían que iba a formar parte de la historia y fue por ello por lo que la tensión del ambiente podía cortarse con un cuchillo.

Los ataques por parte de los corredores no cesaron desde que se dio el banderazo de salida de la etapa, con la ONCE tratando de mantener un mínimo control de la carrera, y como eso iba a resultar imposible, Manolo Saiz optó por sacrificar al quinto clasificado de la general, Iñigo Cuesta, metiéndolo en una fuga conformada por 26 corredores. Ese grupo de fugados apenas alcanzó el minuto de ventaja, debido al trabajo en el pelotón del Kelme. La fuga no fue la definitiva y sobre el kilómetro 50 fue neutralizado el corredor de la ONCE, dejando por delante de él un grupo de 12 corredores, en el que habría gente tan importante como Bettini, Nardello o Chente García Acosta.

Durante el puerto de Ventana no hubo variaciones y hubo de esperar a la Cobertoria para ver algo de movimiento, con un ataque de Bettini rápidamente neutralizado por Nardello, Ivanov, Lelli y Orlando Rodrigues. Por detrás la ONCE controlaba a los fugados, llegando incluso a reducir el tiempo de ventaja de esos fugados antes de comenzar un descenso que sería clave.

El descenso de la Cobertoria estaría marcado por una fina lluvia que ya había aparecido en el puerto anterior, lo que unido a las heces que habían dejado las vacas en las jornadas previas en la carretera, convirtieron ese descenso en una auténtica pista de patinaje, que provocó numerosos percances en el pelotón.

Igor González de Galdeano fue una de las primera víctimas, con una caída en la que se golpeó la cabeza y destrozó el casco. Con los minutos las noticias fueron tranquilizadoras, pero no volvió a haber noticias de Igor hasta la línea de meta. Roberto Heras o Iván Parra también cayeron, al igual que un Piepoli que era uno de los grandes favoritos a la victoria aquel día, quien además cayó también en dos ocasiones en el Cordal.

Pero sin duda el corredor más perjudicado en aquel descenso y en aquella etapa fue uno de los grandes favoritos a la victoria final, Fernando Escartín. Un Fernando que perdió el control de su bicicleta en una curva y se golpeó el pecho contra el quitamiedos. Ese golpe le hizo romperse 3 costillas y el antebrazo izquierdo, y con ello dijo adiós definitivamente a la posibilidad de alzarse con la victoria en alguna grande.

La carrera estaba rota, en el pelotón y en los fugados, ya que por delante Ivanov marchaba con unos metros de ventaja con respecto a Nardello y Rodrigues, mientras que el pelotón estaba únicamente formado por 16 corredores, entre ellos Olano y Ullrich.

Después de ese descenso iban a faltar pocos kilómetros para el ascenso al gran coloso de la ronda española, pero antes había que afrontar la subida al Cordal, un, a priori, insignificante puerto comparado con lo que quedaba de etapa. El Cordal fue coronado en solitario por Ruslan Ivanov y poco después de un minuto coronaría el pelotón, en donde ya habían neutralizado a Nardello y Rodrigues.

El descenso lo iba a encabezar Van de Wouwer, seguido de Olano y con los escaladores puros sufriendo por no perder la rueda de estos. Pero fue en una curva a izquierdas cuando un Van de Wouwer que seguía encabezando al pelotón quien se fue al suelo, arrastrando con él a varios corredores más, entre ellos al líder de la carrera, Abraham Olano. Nadie se paró a esperar al de Anoeta, salvo su compañero Zarrabeitia y llegando a pie de l´Angliru con un minuto de retraso con respecto a los Ullrich, Chava o Heras.

Llegó a pie de puerto en primer lugar Ivanov, seguidos por un grupo liderado por Rubiera, en el que también marchaban Heras, Tonkov, Chava Jiménez y Ullrich y a algo menos de un minuto marchaba el líder Olano, con Zarrabeitia, Rebellin, Nardello y Aebersold. A unos 10 kilómetros de meta saltó de ese grupo cabecero Tonkov y abrió rápidamente un pequeño hueco de 30 segundos con respecto al grupo que iba y unos 20 segundos más con Olano y su grupo.
 
Zarrabeitia dijo basta y desde ese momento Olano se puso al frente de su grupo, reduciendo metro a metro la diferencia con el grupo delantero. En el descansillo de Viapará, a unos 8 de meta, las diferencias se habían estabilizado en torno a los 50 segundos, entre Tonkov y el grupo reunificado de los Olano y Ullrich. En ese momento, después del descansillo es donde una pintada pone "Aquí comienza el Infierno". Un infierno que se traduce en una pendiente media del 13% y una máxima del 23.6%.
La primera rampa de Les Cabanes iba a ir acompañada de un ataque de Roberto Heras, al que solo pudo seguir un Chava Jiménez inspiradísimo aquel día. Por detrás quedó un dueto formado por los dos grandes favoritos de la carrera, Ullrich y Olano. Al final de ese primer kilómetro infernal Heras se giró y vio como el Chava marchaba pegado a su rueda. La diferencia en los siguientes kilómetros de Heras-Chava con respecto a Tonkov se mantenía en torno al minuto.

Fue a 4 kilómetros de meta aproximadamente, cuando la renta de Tonkov era de casi un minuto con los dos españoles y de unos 20 segundos más con el dueto del líder, donde se produjo una de las sorpresas de la jornada. El Triki Beltrán, quien se había visto cortado en el descenso de la Cobertoria, se estaba echando encima de Ullrich y de Olano. Se le vio intercambiar algunas palabras con una de las motos que acompañaba a ambos corredores e inmediatamente, en pie sobre la bicicleta, los adelantó sin contemplaciones. Olano dejó hacer al alemán Ullrich, y al ver que este no reaccionaba, él sí lo hizo y se fue a por el corredor jienense.

Las distancias se mantenían, e incluso iban favoreciendo a Tonkov justo a la llegada a la mítica Cueña les Cabres. En la Cueña fue donde se vio como nunca antes en directo a los corredores. Ni el famoso Mortirolo podía ofrecer esas imágenes. Tonkov prácticamente no podía ni avanzar en esas rampas con una media superior al 17%, y sus perseguidores tampoco marchaban mucho mejor que el ruso. Era igual para todos los corredores menos para uno, un único corredor capaz de hacer levantarse a los aficionados del sofá con su sola presencia en carrera. Ese corredor no podía ser otro que el malogrado Chava Jiménez, quien en ese kilómetro infernal de la Cueña decidió aumentar su ritmo, ya que había visto que el que llevaba Heras no iba a ser suficiente para neutralizar al ruso, dejando totalmente descolgado al bejarano. Otro Banesto, Piepoli, iba a adelantar a un Ullrich que estaba sufriendo en demasia en las rampas más duras del puerto.
 
Al acabar la Cueña, la distancia de cabeza de carrera se había visto reducida a unos 40 segundos con el Chava, manteniéndose con el resto de corredores. El Chava iba encendido, alternando el ponerse en pie con ir sentado, y el ruso poco a poco se iba apagando, con su pedaleo regular y sentado sobre la bicicleta. Se estaba echando el corredor del Banesto encima del corredor del Mapei. El resto de corredores no existían ya para esa etapa.
 
En medio de la niebla, dentro ya del último kilómetro, el Chava se echó literalmente encima de Tonkov. Le había recortado más de 40 segundos en unos infernales últimos 3 kilómetros.
 
Los últimos metros de la etapa serían en un ligero descenso, de poco más de 300 metros, tras los cuales estaría ubicada la línea de meta. Una línea de meta que ninguno de los dos corredores llegaría a ver, debido a que la densa niebla impedía que nadie viera a una distancia de un par de palmos más lejos de su rueda. Gracias a que el Chava adelantó a Tonkov justo antes de iniciar ese ligero descenso, fue quien entró en meta como el primer ganador en ese puerto, debido a que ninguno de los dos corredores realizó ningún sprint. El Chava desbordaba alegría una vez que hubo cruzado la meta, justo lo contrario de lo que decía la cara de un ruso muy decepcionado con el desenlace de la etapa.
 
Por detrás de los dos corredores llegó, a más de un minuto Roberto Heras, que escalaba de esta forma, muchos puestos en la general de la carrera. El cuarto en entrar sería un Triki Beltrán que con diferencia había sido el corredor que había empleado menos tiempo en subir el puerto, pero su fallo en la Cobertoria le había perjudicado enormemente. Olano sería quinto en la etapa, afianzando un liderato que solo unas costillas rotas unos kilómetros antes pudieron arrebatarle, aunque eso no se supo hasta varios días después. Todos y cada uno de los corredores iban llegando de uno en uno a la línea de meta, sirviéndose únicamente de sus fuerzas, sin poderse aprovechar del esfuerzo de ninguno otro corredor. Uno de los últimos corredores que llegó a meta fue nada menos que el sprinter McEwen, quien se permitió el lujo de cruzar la meta haciendo un caballito, tradición que haría también años más tarde, aunque aquel día lo hizo más de media hora después de que el ganador de la etapa hubiese cruzado la línea de meta.

No podía haber ganado un corredor más propicio para el aficionado español que el Chava en el estreno de un puerto que desde mucho antes de subirse por primera vez ya era leyenda. Desde ese momento L´Angliru tendría un ganador a la altura de su fama, nada menos que un ganador con el que todos los aficionados al ciclismo en los años 90 se pusieron en pie para celebrar sus gestas y se decepcionaban, cada vez que su cabeza no funcionaba.

Clasificación Etapa:
1- José María Jiménez (Banesto)
2- Pavel Tonkov (Mapei) m.t.
3- Roberto Heras (Kelme) a 1´01´´
4- Manolo Beltrán (Banesto) a 1´14´´
5- Abraham Olano (ONCE) a 1´44´´
6- Leonardo Piepoli (Banesto) a 2´04´´
7- Jan Ullrich (Telekom) a 2´46´´
8- José Luis Rubiera (Kelme) m.t.
9- Davide Rebellin (Polti) a 3´01´´
10- Igor González Galdeano (Vitalicio Seguros) a 3´09´´
11- Roberto Laiseka (Euskaltel) m.t.

Clasificación General:
1- Abraham Olano (ONCE)
2- Jan Ullrich (Telekom) a 2´08´´
3- Pavel Tonkov (Mapei) a 2´58´´
4- Igor González Galdeano (Vitalicio Seguros) a 3´58´´
5- Roberto Heras (Kelme) a 4´24´´
6- Ángel Casero (Vitalicio Seguros) a 4´44´´
7- José María Jiménez (Banesto) a 5´29´´
8- Manolo Beltrán (Banesto) a 6´26´´
9- Davide Rebellin (Polti) a 6´53´´
10- Leonardo Piepoli (Banesto) a 7´19´´

Saludos a todos!!