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viernes, 6 de diciembre de 2013

Chava, una década sin tí

Hoy, 6 de diciembre de 2013, se cumple una década desde que José María "el Chava" Jiménez nos abandonara. Lo hizo estando ingresado en una clínica de desintoxicación, muy lejos ya de los focos que en años anteriores le habían encumbrado ante los aficionados al ciclismo. Su muerte, al igual que sucedió con la de Marco Pantani meses después, le convirtió en mito de este deporte.
 
José María Jiménez, el "Chava", ciclista precoz nacido en el Barraco un 6 de febrero de 1971, hace hoy diez años que nos abandonó. Un ciclista querido por la afición, que pudo haber tenido un palmarés mucho más extenso de lo que lo tuvo, pero de haber sido así, no habría sido el Chava. Desde aquí, un pequeño homenaje, recordando la que ha sido su mejor clasificación en una gran vuelta por etapas, la Vuelta a España de 1998.
 
Vuelta España 1998
La salida de la Vuelta a España de 1998 venía marcada aún por los últimos coletazos del Caso Festina que había tenido lugar durante el último Tour. El ciclismo había perdido su credibilidad de cara al público en general, pero aún así, el espectáculo debía continuar.
 
A pesar de estar todavía reciente el Caso Festina, sus corredores no habían sido oficialmente sancionados, por lo que a la Vuelta pudieron acudir como el equipo más potente del pelotón, con toda su artillería preparada para tratar de lavar su imagen, Zülle, Virenque y Dufaux. En cuanto al pelotón nacional, la ONCE se iba a presentar con Jalabert como indiscutible líder, con Zarrabeitia y Mauri como fieles escuderos. En el Banesto, por su parte, iba a llevar como jefe de filas a un Olano a que el trazado más humanizado favorecía mucho, con un inconsistente Chava Jiménez en la recámara.
 
Esa Vuelta comenzó sin muchas novedades en las cinco primeras etapas, salvo porque Virenque se vio involucrado en varios cortes que le hicieron perder algo de tiempo. No parecía el francés muy por la labor de involucrarse en carrera.
 
En la sexta etapa de esa edición se iba a estrenar un puerto inédito hasta el momento, el Xorret del Catí, un puerto de apenas tres kilómetros de longitud pero con rampas de hasta el 22% de desnivel. Fue precisamente en esas rampas, y respondiendo a un ataque del recién recuperado del cáncer Armstrong, donde el Chava lanzó su primer demarraje de aquella edición y consiguió distanciarse de los Heras, Dufaux o Jalabert de manera suficiente para afrontar el ligero descenso final y ser el primer vencedor en las rampas del Xorret del Catí.
 
Chava había sido el primero de los favoritos en golpear en la Vuelta, aunque su rendimiento real aún era una incógnita, más aún analizando el decepcionante Tour de Francia que había hecho antes de abandonar, donde en ningún momento fue capaz de seguir a los hombres más fuertes de la carrera. Jiménez, además, iba a recibir el premio de vestirse con el jersey de líder de la carrera, aventajando a Heras en más de medio minuto y en casi uno a su compañero y supuesto jefe de filas, Abraham Olano.
 
Las siguientes jornadas iban a ser bastante tranquilas, tanto para el Chava como para su equipo, pudiendo mantener el maillot de líder sin mayores dificultades. Los problemas para el abulense iban a llegar en la novena etapa, con una contrarreloj de 39 kilómetros que, a priori, le iban a hacer perder la preciada prenda amarilla y cualquier opción de hacer una buena general, viendo su rendimiento de años anteriores.
 
Como efectivamente se presuponía, Chava cedió gran cantidad de tiempo en la crono y perdió el liderato de la carrera. El nuevo líder iba a ser su compañero Olano, con él a más de tres minutos en la general. Se recuperaban los roles que inicialmente había en el Banesto, con Olano de jefe y Jiménez de gregario de lujo del de Anoeta. Pero el Chava no había dicho aún, ni mucho menos, su última palabra en aquella Vuelta.
 
El Kelme siembra y el Chava recoge
La décima etapa de la ronda española finalizaba en la Estación Invernal de Pal. Aquel día la cosa empezó a ponerse seria para el líder en el penúltimo puerto de la etapa, el de Ordino. Ahí un ataque en conjunto de los Kelme, primero Heras y luego Escartín, desarboló a un líder que no pudo más que buscar refugio en la rueda del Triki Beltrán. Chava, por su parte, cumpliendo excelentemente con su labor de gregario, se había pegado a la rueda de los Kelme. Por la cima del puerto coronó Escartín en primer lugar, marchando Jiménez a su rueda sin darle un solo relevo. Con un retraso de unos 45 segundos coronó el grupo de un glorioso Beltrán, quien marcaba el ritmo al líder de la carrera.
 
El Chava se estaba encontrando muy bien de piernas durante toda la última ascensión del día, no obstante, había ido a rueda del corredor de Biescas durante muchos kilómetros. Por ello pidió permiso desde el pinganillo para atacar y hacerse con la victoria de etapa. Una vez se lo negaron, dos veces, tres... Los kilómetros pasaban y el grupo perseguidor de Olano no conseguía reducir las distancias. Jiménez comenzaba a desesperarse, mientras que veía las pancartas de siete, seis, cinco a meta. Al paso por cada una de ellas preguntaba y recibía la negativa de sus directores, hasta que al paso por la pancarta de tres el silencio fue la respuesta que obtuvo. Volvió a preguntar para asegurarse y de nuevo silencio. Ante ello, no dudó más y lanzó un primer demarraje que fue contestado por Escartín, pero que no pudo hacer nada para responder a un segundo ataque del corredor del Barraco. En la línea de meta Chava aventajó en 18 segundos a Escartín y en 1 minuto y 31 segundos al grupo de su jefe de filas.
 
"El Chava consiguió dos victorias de etapa aprovechándose del trabajo del Kelme y de su función de gregario de lujo"

Chava Jiménez se había vuelto a meter en carrera, situándose a apenas 1´36´´ del líder y compañero de equipo. Se acababa de encender un pequeño fuego en el Banesto, pero que si no se sabía controlar, podría acabar en un gran incendio. De momento las declaraciones de los protagonistas eran bastante pacíficas, con Olano ejerciendo de líder y Jiménez de gregario totalmente sometido a la imposición de su jefe de filas.
 
La siguiente etapa, la undécima con final en Cerler, iba a ser un calco de la de anterior con final en Pal, con los Kelme tratando de derrocar al líder en beneficio de Heras o Escartín y con el Chava recogiendo lo sembrado por el conjunto dirigido por Álvaro Pino. En todo momento fueron los Kelme los que llevaron la voz cantante en la etapa, pero el vencedor de la jornada volvió a ser el Chava, quien derrotó aquel día en el sprint a Heras, Escartín y Clavero, mientras que por su parte, Olano había vuelto a ceder con respecto a los favoritos, dejándose en meta unos exiguos 19 segundos, por la falta de dureza del puerto final.
 
Hasta aquí había durado la paz entre los dos compañeros de equipo. Desde ese momento, a través de la radio, se inició una guerra entre ambos corredores, contando cada uno con el respaldo de uno de los dos medios radiofónicos nacionales. Quizás el último gran pique en los medios nacionales con el ciclismo de por medio.
 
Las siguientes dos etapas fueron de relativa tranquilidad en el seno del pelotón, con la excepción de la 14ª etapa, que iba a ver como los corredores del Banesto iban a vivir un auténtico infierno en una etapa aparentemente sin peligro que acabó como una persecución del equipo a un numeroso grupo en el que se había colado Heras (8º en la general). Finalmente aquel día acabó sin jugándose al sprint, pero los chicos de Unzué se habían llevado un buen susto.
 
 
La mujer de Olano incendia las Ondas
La 16ª etapa, que finalizaba en las Lagunas de Neila dejó como resultado la cuarta victoria parcial del Chava Jiménez. Todo lo importante de la etapa sucedió durante los últimos tres kilómetros de la subida final a las Lagunas. Poco después de pasar por la pancarta de tres a meta, y viendo el Chava que la situación de carrera estaba más o menos controlada por Olano (respondiendo en persona a unos inútiles ataques de Jalabert), el Chava decidió derramar, buscando su cuarto triunfo de etapa.
 
"Una pequeña pájara de Olano y el ataque del Chava hicieron llegar la sangre al río"
No parecía que la sangre fuera a ir al río hasta que al paso por la pancarta del último kilómetro, Olano se vino abajo sin motivo aparente, y nuevamente Beltrán debió sacrificarse para su jefe de filas. La renta en meta entre el Chava y Olano fue de 46 segundos en favor del corredor del Barraco, insuficientes para poner en aprietos su liderazgo en la carrera.
 
Las declaraciones en meta no fueron nada altisonantes entre todos los protagonistas del día, hasta que que todo el mundo pudo escuchar las que realizaría Karmele, la mujer de Olano, en la radio. Desde ese momento el ambiente en el conjunto Banesto se volvió muy tenso (entre otras cosas, Olano acababa contrato y estaba negociando la renovación), produciéndose el famoso suceso en el ascensor de un hotel entre el Chava, Karmele y un periodista de un medio afín al corredor abulense. La sangre había llegado al río en el seno del conjunto Banesto.
 
La traca final en la Sierra madrileña
Se estaba llegando al final de la Vuelta y aunque la presión que desde el exterior se estaba ejerciendo sobre los corredores del Banesto, en la etapa de Segovia consiguieron firmar una pequeña tregua y trabajar todos con el mismo propósito, conservar el jersey de líder. Ese día de Segovia lo conservaron, pero aún quedaba Navacerrada.
 
El día de Navacerrada la etapa estuvo marcada por el mal tiempo, y por la lucha constante que tuvo que sufrir Olano aquel día. En el penúltimo puerto vio como se formaba una fuga en la que se encontraría gente como Zülle, Escartín o su compañero Chava como secante, mientras que él y su equipo perseguían por detrás. Después de muchos kilómetros persiguiendo, el Banesto consiguió neutralizar la fuga a pie de Navacerrada, último puerto de la jornada.
 
Una vez en el puerto, en las primeras rampas, atacó Heras, llevándose consigo a rueda a Escartín, Armstrong y al Chava. Olano se volvía a quedar descolgado, a merced de la ayuda del Triki. La ventaja de ese cuarteto fue aumentando kilómetro a kilómetro, de manera que el Chava se estaba convirtiendo en el líder provisional de la prueba, ya que habían neutralizado los 31 segundos de desventaja que tenía en la general.
 
"Su superioridad en montaña contrastaba con su escaso rendimiento contra el reloj, lo que le privó de hacer mejores generales"

En la línea de meta fue el ruso Zinchenko, que venía de una fuga anterior, quien se hizo con el triunfo de etapa, su tercero aquel año en la ronda española. Por detrás, Jiménez y Heras entraron a su rueda y Olano se dejó nada menos que 1 minuto y 7 segundos. Eso convertía a Jiménez en el nuevo líder de la prueba, con 6 segundos de ventaja con respecto a Escartín y 38 con Olano.
 
La desventaja de Olano con los hombres que le precedían en la general hacían pensar que la Vuelta era suya, como demostró al día siguiente en la crono de Fuenlabrada, pero la fractura con su equipo y con el Chava ya se había producido muchas jornadas antes, con la actuación de ambos en la carretera, y de sus allegados en las ondas radiofónicas. A Olano le acompañaron en el pódium Escartín y su compañero Jiménez, que pudo salvar su tercera plaza por apenas seis segundos con respecto a Armstrong.
 
Clasificación general.
1- Abraham Olano (Banesto)
2- Fernando Escartín (Kelme) a 1´23´´
3- José María Jiménez (Banesto) a 2´12´´
4- Lance Armstrong (US Postal) a 2´18´´
5- Laurent Jalabert (ONCE) a 2´37´´
6- Roberto Heras (Kelme) a 2´58´´
7- Álvaro González de Galdeano (Euskaltel) a 5´51´´
8- Alex Zülle (Festina) a 6´05´´
9- Marco Serpellini (Brescialat) a 8´ 58´´
10- Marcos Serrano (Kelme) a 10´17´´
 
 
Su mejor clasificación
La Vuelta a España de 1998 supuso la mejor clasificación general del Chava Jiménez, con un tercer puesto final, viviéndolo además con gran intensidad, debido a la polémica que se desató en el seno del equipo Banesto en aquella edición, por las disputas vividas en los medios entre los que apoyaban al Chava y los que apoyaban a Olano. Aunque esa Vuelta del 98 fue su mejor clasificación, no fue su mejor participación en una gran ronda, ya que en la Vuelta de 2001, en donde consiguió tres victorias de etapa, pudo haber sido suya de no ser por esa mala cabeza que tenía, ya que en la carretera demostró ser el mejor corredor del pelotón en esa edición. La
 
Su mala cabeza, unida a sus vicios y malos hábitos de vida, hizo que apenas cinco años después de subir al pódium de Madrid, y dos años después de ser el mejor corredor en la ronda española, José María Jiménez nos abandonase para siempre mientras se encontraba en una clínica de desintoxicación, tratando de curarse de sus adicciones, no ya para volver a ser corredor profesional, pues todavía tenía edad de serlo, sino para tratar de volver a ser persona.
 
 
Saludos a todos!!

martes, 19 de junio de 2012

El malogrado Mariano Rojas

Mariano Rojas era considerado por muchos especialistas como la mayor promesa del ciclismo español de su momento, coincidiendo con el ocaso del campeón navarro Miguel Indurain. Lamentablemente un terrible accidente acabó con su vida de forma prematura y de un plumazo también con su fulgurante progresión en el ciclismo. Era Mariano Rojas, el hermano mayor de José Joaquín Rojas, quien actualmente corre en el Team Movistar de Unzué.

Mariano Rojas nació en la misma localidad que quien fuera seleccionador español de futbol, José Antonio Camacho. Nació en Cieza (Murcia), en el año 1974, el mismo año en el que conquistaba su último Tour de Francia el caníbal Eddy Merckx. Mariano, al igual que sucede con casi toda la gente que terminan siendo deportistas, siempre estuvo ligado al mundo del deporte. Desde pequeño practicó deportes como el volleyball o el futbol, hasta que se dio cuenta que su futuro no estaba ligado a ninguno de estos deportes, se dio cuenta de que su deporte era el ciclismo.
 
Una vez que se decidió por dedicarse al mundo de las dos ruedas, Ángel Guardiola fue su primer preparador, en la escuela de ciclismo de su pueblo, y vio en él a un corredor con una gran fortaleza física. Muy pronto se dio cuenta de que tenía un gran futuro y ya siendo cadete consiguió sus primeros triunfos, allá por los años 1989 o 1990. Consiguió triunfos como el del Trofeo Interclubs, un trofeo que se disputó en una localidad próxima a su localidad natal, tuvo lugar en Molina de Segura.

Al año siguiente, en 1991, por razones de edad, pasó a formar parte de la categoría de juveniles. Formó parte del equipo Creamar del Club Ciclista Molinense. Consiguió numerosas victorias ese año, aparte del campeonato regional. Pero realmente un hito de esa temporada hizo que su nombre comenzase a sonar con mucha fuerza. Ese hito fue su 8º puesto en el campeonato de España de fondo en carretera de su categoría. Ya empezaba a ser conocido en el mundo ciclista.

Con estas credenciales, Mariano dio el salto al mundo amateur. Lo hizo de la mano del equipo Gres de Nules, siendo sus directores Pérez Moya y Montoya. En ese mismo equipo, una temporada después, en 1993, fue donde cuando consiguió un gran número de victorias, llegando a los dos dígitos. Pero fue precisamente en una no victoria donde Manolo Saiz le echó el ojo al que sería su pupilo. Fue en el Circuito Montañés, en donde finalizó en tercera posición, después de cuajar una gran actuación durante la carrera. Manolo, quien era director de la ONCE, le propuso entonces el firmar por su equipo y dar el salto a profesionales. Mariano no se lo pensó mucho y antes de cumplir los 20 años, ya pertenecía al pelotón profesional.
 
En 1994 firmó por el conjunto ONCE y pasó a formar parte del pelotón profesional. Durante ese año realizó buenas actuaciones individuales, como en la Vuelta a Murcia, vuelta en la que siempre que participó terminó entre los 10 primeros puestos de la clasificación general, o en el Campeonato de España, en donde en aquella su primera participación finalizó en el puesto 25.
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1994 había sido el año de toma de contacto con el profesionalismo, teniendo solo 20 años, y lo había pasado con una gran nota. Pero aunque 1994 había sido notable, su actuación podía mejorarse, y eso iba a suceder en 1995, en que alcanzaría el sobresaliente. En esa su segunda temporada como profesional, participaría por primera y única vez en el Tour de Francia, siendo el más joven de todos los participantes en la grande boucle. Habían acordado su director y él que acudiese a la carrera y se retirase después de la 10ª etapa. Querían conocer como era la mejor carrera del mundo con los mejores corredores del mundo.
 
Ese año la participación del equipo en la carrera fue excelente, con una 2ª posición final de Zülle, una 4ª de Jalabert y una 6ª de Melchor Mauri. Y la participación de Mariano no iba a ir a la zaga con la de sus compañeros, estando en todo momento situado en los 10 primeros lugares de la general, lo que hizo cambiar de idea a su director, decidiendo mantenerle en la carrera.
 
Aguantó en carrera, en contra de lo acordado antes de comenzar el Tour, hasta la etapa en la que se subía el Tourmalet. Fue precisamente en una de las laderas de esa mítica montaña donde vivió sus últimos momentos en esa carrera, ya que sufrió una caída en la que se rompió la clavícula y se vio obligado a abandonar la carrera. No terminó su participación en el Tour, pero fue reconocida su labor con el premio al mejor deportista murciando de 1995.

Para el año 1996 ya estuvo recuperado totalmente de su lesión de clavícula y comenzó el año tal y como terminó el año anterior, acumulando puestos de honor en las clasificaciones generales de Mallorca o París-Niza. Entre puestos de honor acudió a disputar la entonces aún llamada Dauphiné Libere. Allí una caída le hizo frenar la progresión que estaba llevando ese año. Se recuperó de la caída e iba a acudir a los Campeonatos de España, que ese año iban a disputarse en Sabiñánigo. Para llegar hasta allí se desplazaría el viernes 21 de junio en su vehículo, un Renault 21.
 
Esta sería la última vez que se viera a Mariano con vida, puesto que mientras iba conduciendo su coche se salió en una curva, teniendo un accidente muy grave. Su coche quedó completamente destrozado, como muestran las imágenes de la prensa, y Mariano quedó en una situación muy grave. Dos días más tarde moría mientras se encontraba ingresado en el Hospital Virgen de la Arrixaca de Murcia, con motivo de una insuficiencia respiratoria.

El día 12 de ese mismo mes había cumplido los 22 años. Era prácticamente un crío y sus ilusiones y las de la España ciclista se quedaban en una maldita curva de una carretera de Murcia, cerca de Archena. La gran promesa del ciclismo español había alcanzado su final de una forma muy trágica, siendo además en un momento crítico para el ciclismo español, ya que ese sería el año de la no victoria de Indurain en París, y con su retirada dejaría un hueco enorme que podría haber sido rellenado, en parte, por Mariano Rojas, y que no pudo ser llenado hasta la aparición de Alberto Contador.

Justo en esta semana, que comenzó con el fallecimiento del joven aficionado al ciclismo de 15 años, Alberto Rueda (el día 17 por la mañana), se cumplirán 16 años del terrible accidente que acabó con la vida de Mariano Rojas. Pero también se cumplen 13 años de la muerte de otra gran promesa española, Manolo Sanroma, quien falleció trágicamente en un accidente durante la disputa de la 2ª etapa de la Volta Catalunya, un 19 de junio de 1999. Dos grandes promesas del mundo del ciclismo que debido a lo prematuro de su fallecimiento prácticamente han sido olvidadas, aún a pesar de las grandes actuaciones que tuvieron durante su corta, pero intensa, carrera deportiva.
Saludos a todos!!

martes, 5 de junio de 2012

La espectacular Dauphiné del 96

Miguel Indurain afrontaba en 1996 la posibilidad de pasar a la historia como el primer y único corredor que podía conseguir 6 Tours de Francia, conseguidos encima de manera consecutiva. Tan solo Anquetil, Merckx e Hinault habían conseguido salir victoriosos en 5 Tours, aunque a diferencia del navarro, ninguno lo había conseguido de forma consecutiva. La preparación de Miguel de cara al Tour había sido muy buena, consiguiendo las generales en la Vuelta a Asturias o la Euskal Bicicleta. Pero en la Clásica de los Alpes había sembrado dudas, finalizando 8º y siendo derrotado por Laurent Jalabert y su ONCE.

Esa derrota de Miguel a manos del francés Jalabert fue muy comentada en la prensa francesa. Tan comentada fue que incluso se comenzaba a hablar de Jalabert como la gran alternativa a Indurain para conseguir la victoria en el Tour.
 
Pero antes de llegar al Tour había de por medio una Dauphiné Libere (en 2002 renombrada como Critérium du Dauphiné Libere y desde 2009 como Critérium du Dauphine), y en esta ambos ciclistas debían demostrar sus credenciales de cara al Tour, el navarro para demostrar que la Clásica fue un accidente y el francés para confirmarse realmente como alternativa a la tiranía del navarro. Pero no iban a ser los únicos corredores importantes que tomarían parte de la Dauphiné, ya que también tomarían la salida corredores como Rominger, Virenque, Boardman o el pódium del año anterior en el Tour, un Bjarne Riis que había cambiado el Gewiss por el Telekom. Por lo tanto, en la Dauphiné habría muchos de los candidatos a hacerse con la victoria.

El día del prólogo, el 2 de junio, fue un día lluvioso. La lluvia marcó toda la etapa prólogo, con sus escasos 6 kilómetros, en los que el corredor que menos tiempo invirtió en recorrerlos fue un habitual de este tipo de modalidad, Chris Boardman, realizándolo en algo menos de 8 minutos. 11 segundos perdió Brochard, 13 perdió Rominger, 15 Indurain y hasta 24 se disparó la pérdida de Jalabert.
 
Las 3 siguientes etapas eran llanas, y a priori tranquilas. La primera de ellas fue a parar a las piernas de un fugado Kasputis. En la siguiente vencía Simon, con un sorprendente Indurain que se metía tercero en la etapa, y la última de esas tres etapas llanas iba a parar al palmarés de Bouvard. Hasta ahí iban a llegar las comodidades de la carrera, puesto que las siguientes etapas serían una con final en Mount Ventoux, una CRI, otra con final en Briançon y una última etapa en Grenoble, respectivamente. Todas ellas, etapas muy complicadas de controlar por los equipos, además de haber una CRI que teóricamente favorecía al navarro Indurain.

En la cuarta etapa de la carrera, la del Mount Ventoux, un valiente Virenque, acompañado por Heulot, lanzaban un duro ataque a 13 kilómetros de la cima, es decir, con casi todo el puerto por ascender. Indurain por su parte sufría y Rominger y el líder cedían terreno. Jalabert por su parte permanecía expectante, hasta que a 10 de meta decidió que ya había esperado lo suficiente. Ni Indurain ni nadie fueron capaces de salir al ataque de un Jalabert que rápidamente dio caza a los corredores que se habían fugado anteriormente, de los que solo Virenque fue capaz de seguir el ritmo, y con ello llegaba el entendimiento hasta la meta entre ambos galos. La ventaja de ambos fue aumentando hasta la línea de meta, donde venció sin oposición Virenque. En meta Indurain se dejaba más de 1 minuto y Rominger más de 2. Jalabert había dado un buen palo a la carrera y se situaba en cabeza de la general con 10 segundos con respecto a Virenque y 53 con Indurain, un Indurain que había sido derrotado en dos ocasiones consecutivas por Jalabert y su equipo.
 
Pero al día siguiente se disputaría la prueba por excelencia de Indurain, una contrarreloj de 42 kilómetros, por lo que Jalabert debería sufrir mucho si quería mantener el liderato de la carrera. Las apuestas apuntaban únicamente a una victoria de Indurain y eso fue lo que sucedió, aventajando en 28 segundos a Rominger y 50 a un Jalabert que conservaba el maillot de líder de la carrera. La ventaja de Indurain, desde luego, no era la que esperaban desde su equipo viendo que la contrarreloj tenía una longitud considerable.

La penúltima etapa terminaría en Briançon, tras subir Allos, Vars e Izoard, y desde los medios franceses ya se había anunciado a bombo y platillo la victoria de su compatriota, aún a pesar de estar él e Indurain separados por 3 segundos en la general. Por supuesto también le señalaban como el elegido para ganar el Tour. El tiempo les quitaría la razón.
 
En el puerto de Vars Jalabert no iba con buenas sensaciones, y de ello se hizo eco un Indurain que lanzó un ataque que fue respondido por Rominger, Escartín y Leblanc, pero no así por el líder, al que sus compañeros de equipo le tuvieron que ayudar a neutralizar el más de medio minuto que había conseguido el navarro en la cima del puerto. Enlazó con Indurain, pero eso no hizo más que desatar la tormenta que se le vendría encima en el Izoard; Indurain realizó varias aceleraciones, hasta que Jaja se abrió de patas. Uno a uno los rivales del navarro se fueron echando a un lado de la carretera, incapaces de seguir su impresionante ritmo. Coronó con 20 segundos de ventaja con respecto a sus más inmediatos seguidos y más de 2 minutos con un líder que estaba haciendo aguas ante el ataque del último vencedor de la carrera. Pero el descenso estaba mojado por el chaparrón que estaba cayendo y Miguel no quiso arriesgar más de la cuenta, así que fue neutralizado por varios corredores. Pero en la subida final en la ciudadela de Briançon Miguel volvió a acelerar el ritmo y entró victorioso en la línea de meta. Jalabert cedería casi dos minutos aquel día, por lo que también le cedería su maillot de líder.
 
La última etapa finalizaría en Grenoble, después de afrontar el Lautaret, Coq, Porte y el final en la Bastilla. En ella, en el Col de Coq, Jalabert se retiraría de la carrera, aquejado de problemas de salud, según informaba su director, Manolo Saiz. La etapa no tuvo mucha más historia, salvo los ataques de Leblanc o de Virenque, o el pinchazo que sufrió Miguel en el descenso del Col de Porte, lo cual le impidió luchar por la victoria de etapa, aunque entró sexto en la línea de meta, a poco más de medio minuto del vencedor. Un vencedor que fue Leblanc, quien atacó abajo del muro de la Bastilla y consiguió entrar en meta por delante de Rominger y de Escartín. 
 
En la general final Indurain se impondría con 1 minuto y 21 segundos al suizo Tony Rominger y con 11 segundos más con respecto a Virenque, pero sobre todo había destacado de esa carrera lo ofensivo que se había mostrado, muy lejos de la imagen de persona fría y calculadora que solía ofrecer en las carreras. Pero también hay que destacar la profunda decepción que se llevó la prensa y la afición francesa en esa carrera, ya que al que veían como la gran alternativa, Jalabert, había sido derrotado magistralmente por el pentacampeón del Tour, Miguel Indurain, que ahora se volvía a mostrar como el único favorito a conseguir la victoria en dicha carrera.


Saludos a todos!!

martes, 6 de marzo de 2012

Vandenbroucke y la París-Niza

En los primeros días del mes de marzo de la temporada más convulsa de la historia del ciclismo, la de 1998, se iba a disputar la carrera que da por iniciado el calendario europeo de ciclismo. Desde el 9 de marzo hasta el 16, se iba a disputar la París-Niza, quizás la carrera de una semana más prestigiosa del calendario mundial, sólo por detrás de la Dauphine Liberé.

Dicha carrera había sido ganada en las tres ediciones anteriores por el corredor francés, Laurent Jalabert, del conjunto ONCE, y que para esta edición también partía como el máximo favorito a alzarse con el triunfo final. Para tratar de alzarse con su cuarto entorchado, acudía a la carrera acompañado por Marcelino García, quien siempre rendía en esos primeros meses del calendario, y por un joven David Etxebarría. Otro de los candidatos a alzarse con el triunfo en la carrera era el corredor suizo Alex Zülle, quien acababa de abandonar la disciplina de la ONCE para incorporarse a las filas del Festina, con una oferta mareante de por medio.
 
Prácticamente nadie apostaba por nadie que no fuera el triple campeón, Jalabert, o el campeón de 1993 de esta carrera, Zülle, pero en esas que se coló en medio de los focos un crio, prácticamente, un chaval del Mapei que contaba en sus espaldas con sólo 22 años. Esa joven promesa era el belga Frank Vandenbroucke.
 
La carrera iba a constar de 7 etapas, a las que había que unir un prólogo, en forma de contrarreloj, de 10.2 kilómetros. En total, en la carrera se iban a recorrer casi 1.300 kilómetros y sobre todos y cada uno de ellos se iba a ver a un Vandenbroucke que iba a derrochar clase y calidad, realizando una exhibición constante.

Ya directamente iba a obtener su primera victoria parcial en el prólogo. En recorrer esos poco más de 10 kilómetros iba a invertir un tiempazo, e iba a superar al Jalabert más contrarrelojista de su carrera, puesto que no hay que olvidar que había obtenido el campeonato del mundo contra el crono a finales de la temporada pasada. Pero no iba a poder con un corredor belga que ese día iba a volar por las calles de París. Iba a endosar nada menos que 7 segundos a Jalabert, quien fue segundo, pero aún le endoso otros 12 segundos más al tercero del día, Boscardin, corredor del Festina, quien se quedó a 19 segundos de vestir el maillot de líder en aquel prólogo. No había comenzado la carrera y Vandenbroucke ya había dado muestras de su calidad y se había vestido con la prenda de líder, una prenda que llevaría desde ese día hasta el final de la carrera.

Las siguientes 3 etapas de la carrera serían unas etapas relativamente cómodas, a priori, para el pelotón, para que se produjese una final resuelta con un sprint, pero para sorpresa del mismo ya el primer día David Etxebarría conseguía evitar dicho sprint y llegaba con 2 segundos de alentado con respecto a Aus y 5 con un sorprendente tercero, Vandenbroucke. Este seguía a su bola, haciendo un tercero en la segunda etapa casi sin proponérselo. Las siguientes dos etapas si que fueron al sprint, vencidos por Steels ambas, y sin variaciones significativas en la general.

Pero sería la siguiente etapa, la cuarta, la que dictaría la sentencia de la carrera. Esa cuarta etapa finalizaría en el Col de la Republique, es decir, sería un final en alto. Era una etapa corta, de apenas 113 kilómetros, pero esa distancia no supondría ningún impedimento al corredor belga para exhibirse y acabar con la incertidumbre de quien sería el ganador final de la carrera.
 
Vandenbroucke realizaría un demarraje durante esa ascensión del Col de la Republique y solo Marcelino Alonso sería capaz de cogerle rueda, realizando un corte con el resto de favoritos. En la entrada en meta pudo descolgar al corredor de la ONCE, que entró a un par de segundos de él. Por detrás, hubo de espera otros 20 segundos más para que hiciera su entrada un terceto de corredores, entre los que se encontraba Zülle, y otros 5 segundos más para que entre el vigente campeón, Jalabert.

La carrera, salvo sorpresas, se había decidido, gracias a las dos exhibiciones que había realizado el joven corredor belga, pero aún podía llegarle algún susto, máxime cuando no tenía la ayuda de ningún corredor de su equipo, puesto que ese Mapei, en esa París-Niza, estaba plagado de estrellas, entre ellas un Museew que jamás daba una pedalada de más si no era para sí mismo.
 
Por fortuna para Vandenbroucke la carrera fue cómoda de ahí hasta el final, con dos fugas consecutivas en las que venció Tchmil y con una etapa final que casi fue de homenaje, en la que venció al sprint Capelle, venciendo a Steels, también un Mapei que corría para sí mismo.


Había muchos gallos en ese corral y que Vandenbroucke ganase esa carrera se debía simplemente a que tenía unas piernas impresionantes, ya que no recibió ayuda ninguna de su equipo. Y eso que su temporada no había hecho más que comenzar, como demostró un mes después, al vencer en la Gante-Wevelgem o en la Vuelta a Galicia.
 
Era el preludio de su majestuosa temporada de 1999, a la que faltó el broche de un campeonato mundial que viajó a España en las espaldas de Óscar Freire.


Saludos a todos!!

martes, 10 de enero de 2012

El Paso de Gois

El Paso de Gois es una estrecha carretera, que tiene apenas 4.5 kilómetros de longitud. Esa estrecha carretera sirve para comunicar la Isla de Mourmoutier con el continente, en Francia, y ni siquiera es transitable durante todo el día. Sólo se puede atravesar dicho camino durante unas pocas horas al día, cuando la marea está baja, puesto que cuando esta sube, llega a sumergir dicho camino a una profundidad de entre 1.5 y 4 metros bajo las aguas. Esta carretera no pudo ser construida hasta 1939, y tardó 5 años en construirse, ya que los obreros tenían que los trabajar durante 2 horas 2 veces al día, solo cuando la marea estaba en su punto más bajo.

El Tour de 1999 se presentaba en su salida con la ausencia de un ganador de la carrera. Los últimos cuatro ganadores, por diferentes motivos, no iban a tomar partida en la carrera: Miguel Indurain se había retirado hacía ya casi 3 años; Bjarne Riis acababa de anunciar su retirada para esa temporada; Jan Ullrich se encontraba recuperándose de una caída semanas antes a la carrera, y el último ganador, Marco Pantani se había negado a participar en la carrera tras su expulsión por el positivo del Giro de ese mismo año.
 
Por lo tanto en la salida de la carrera se barajaban muchos nombres como favoritos o como aspirantes a poder llevar el amarillo en París. Posiblemente el candidato que sonaba con más fuerza, al menos en los medios españoles, era Abraham Olano. Otros favoritos de primer nivel también, eran el suizo Alex Zülle o el ruso Pavel Tonkov. Un escalón por debajo se podía situar a Escartín o a Richard Virenque, e incluso al norteamericano Bobby Julich, tercero en la última edición de la carrera.
 
Aunque su nombre era muy conocido, debido a su enfermedad y a haberla superado, Lance Armstrong también sonaba entre los candidatos, aunque con mucha menos fuerza. De hecho, en su país el candidato del que se hablaba era del ya mencionado Julich. Sólo Miguel Indurain, en su crónica para un periódico nacional dio como único favorito al corredor de Texas.

En esa edición del Tour, la carrera iba a afrontar la dificultad del Passage du Gois, un paso que comunicaba la Isla de Mourmoutier con el continente, en la segunda etapa de la carrera. Ese paso estaba situado a más de 90 kilómetros de la meta, y era un paso muy estrecho de unos 4.5 kilómetros, que se lo iban a encontrar los corredores humedecido y con sal en el asfalto, debido a que sólo es transitable unas pocas horas al día, ya que luego la corriente sube y lo deja oculto bajo las aguas.
 
La aproximación a dicho paso no fue excesivamente rápida, ya que aún faltaban muchos kilómetros, más de 90, para el final de la etapa. Pero los nervios fueron haciendo acto de aparición entre todo el pelotón, ya que vieron que la carretera estaba mojada, que era resbaladiza y unido a estos dos factores, la estrechez del recorrido. Es por eso por lo que empezó a haber problemas y el resultado fue que los corredores empezaron a caer al suelo. Unos caían ellos solos por lo resbaladizo, otros por tocar la maneta del freno, y otros más por atropellar a esos primeros corredores que se habían ido al suelo.

El resultado fue que al entrar al Passage el pelotón entró como una unidad, y al salir del mismo se había fraccionado en cinco grupos reconocibles, más corredores sueltos. El primer grupo estaba formado por 15 unidades, entre los que destacaban los nombres de Cipollini, Armstrong, Hincapie, Kirsipuu y Dufaux. Por detrás les fueron alcanzando varios grupitos de corredores, y se formó un gran grupo. Ese grupo fue alcanzado por Olano, quien iba acompañado de hasta 6 compañeros del grupo deportivo ONCE, por lo que no hubo ningún tipo de duda por parte de su director, Manolo Saiz, y les ordenó ponerse en cabeza a tirar, ya que faltaban muchos favoritos en ese primer grupo. ONCE comenzó a recibir la ayuda de hasta tres equipos más, US Postal, Cofidis y Casino.
 
25 kilómetros después del Passage de Gois, en el sprint intermedio de Machecoul la diferencia de ese primer grupo era de 1´10´´, pero en los algo menos de 70 kilómetros de etapa que quedaban hasta la meta de Saint-Nazaire la diferencia se fue disparando con el resto de grupos. En meta vencería el belga Tom Steels, batiendo en la llegada a Kirsipuu o a Cipollini, mientras que el estonio Kirsipuu, gracias a las bonificaciones, arrebataba el maillot amarillo a Armstrong (ganó el prólogo). 70 corredores entraron en el mismo tiempo, y algo descolgados entraron Wesemann (18´´) y Andreu (48´´). Pasaban los minutos y nadie cruzaba la línea de meta, hasta que a los 6 minutos y 3 segundos exactamente cruzaba la línea otro gran grupo. Entre medias, sólo un par de corredores aislados habían llegado a meta. En ese grupo estaba incluido Zülle, del conjunto Banesto.
 
Que el conjunto ONCE se pusiera a tirar, aún cuando sabían que Zülle (antiguo corredor de ellos) y Beltrán se habían caído durante la etapa fue la chispa que hizo prender la llama para una nueva guerra entre los dos conjuntos fuertes de España, el Banesto y la ONCE. Hubo cruces de declaraciones entre ambos directores, acusándose mutuamente, en lo que supuso la fin a la paz momentánea que habían acordado el año anterior, con motivo del Tour del Caso Festina.

Zülle ese año finalizó nuevamente la carrera en la segunda posición del pódium, sólo por detrás de Armstrong. Si bien es cierto que en la general final terminó a más de 7 minutos del norteamericano y que en Gois perdió 6´03´´, no es lo mismo afrontar todas las etapas decisivas (las dos CRI y toda la montaña) empatados a tiempo que empezar con más de 6 minutos de retraso.
 
Esta etapa del Paso de Gois demostró que hay etapas que no te hacen ganar un Tour, pero si las hay que te lo pueden hacer perder. Y no fue únicamente el caso de Zülle (quien además cumplía años ese día), puesto que también Gotti, Belli, Boogerd, Christophe Rinero y Jean-Cyril Robin (ambos Cofidis, junto a Julich, el año anterior fueron como motos), además que para ganarlo no sólo hace falta estar muy atento, sino también tener suerte y no tener percances.





Saludos a todos!!

miércoles, 28 de diciembre de 2011

La marcha de Indurain

Aprovechando que el año está finalizando, puesto que estamos en los últimos días del mes de diciembre, y que con estos días finales parece que son el momento propicio para las despedidas, para recordar viejos y mejores momentos, creo que es el momento de mencionar uno de los recuerdos más tristes para el aficionado al ciclismo español. Ese recuerdo tan amargo para el ciclismo español no puede ser otro que la retirada del mayor campeón de su historia, Miguel Indurain.

El 20 de Septiembre del año 1996 se iba a disputar la etapa número 13 de la Vuelta a España de ese año. A priori se trataba de la etapa reina de esa edición, puesto que tenía final en los Lagos de Covadonga, y pasaba, pocos kilómetros antes, por el Alto Mirador del Fito, un puerto de categoría especial y un primera, respectivamente.
 
La jornada venía precedida por la sorpresa del día anterior, que terminaba con el primer contacto con la montaña de la Vuelta, el corto puerto del Naranco, de unos 5 kilómetros, puerto en el cual Indurain se dejó más de un minuto con respecto a todos los hombres importantes de la general. Nunca antes, hasta ese mismo año en Les Arcs, le había pasado algo similar. Algunos quisieron ver esa diferencia como un signo de que Miguel no se había adaptado bien del llano a la montaña. Pero para la gran mayoría, no fue un buen presagio de cara a la montaña importante de la Vuelta. Una montaña en esa Vuelta, por cierto, que era más bien insuficiente, de cara a conseguir la participación del pentacampeón en la carrera.

La etapa fue transcurriendo por los derroteros normales, hasta que un ataque en el Mirador de Tony Rominger supuso que el pelotón se fracturase en mil unidades. Fue en esos momentos cuando la cámara de cola de pelotón de TVE fue adelantando unidades, para ir viendo los cadáveres que había dejado el suizo con su movimiento, cuando de repente, y como sorpresa mayúscula de todo el mundo; prensa y aficionados, se vio descolgado a Indurain. No solo se había descolgado ante un simple demarraje, sino que además, estaba siendo adelantado por muchos otros ciclistas. Todos estos se quedaban sorprendidos al ver a quien adelantaban, y también muchos de ellos ofrecían su rueda al campeón. Pero este ignoraba a todos ellos.
 
Incluso Indurain rechazó la rueda de su compañero Marino Alonso, haciéndole un gesto de que se fuera, que no iba a pelear más. Miguel se había rendido, posiblemente porque su cuerpo había dicho basta por la bronquitis que venía arrastrando de días atrás, la cual le había dejado sin fuerzas.
 
En el Tour también se había visto a un Indurain que se descolgaba, pero que seguía luchando por no rendirse, pero ahora Miguel, no tenía capacidad ni de pelear.
 
Por delante Celestino coronaba en cabeza con poco menos de dos minutos sobre el reducido grupo principal. Pero la carrera ya no estaba ahí, la carrera era la lucha de Miguel por coronar el Fito. Esto lo hizo a más de cuatro minutos, acompañado por Herminio Díaz Zabala, con quien también bajó dicho puerto. Herminio no solo ofrecía su rueda al campeón (del que había sido compañero en Reynolds), sino que también trataba de convencerle para que siguiese adelante.
 
Pero la decisión estaba ya tomada y no había marcha atrás. Miguel se iba a retirar incluso antes de afrontar la subida a los Lagos. Se retiraría justo en el Hotel donde se hospedaba su equipo, el Banesto. Se retiraría en el Hotel Capitán, puesto que la carrera pasaba por la propia puerta del hotel. Miguel se echó al lado derecho de la carretera y puso pie a tierra. Tuvo que cruzar de nuevo la carretera, puesto que el hotel estaba al otro lado de la calzada, y con ello tuvo que atravesar un muro de fotógrafos, periodistas y motos, que inmortalizaban el momento.
Esos fueron los últimos metros de un hundido Miguel como ciclista.

La próxima semana, el lunes concretamente, se cumplirán tres lustros exactos desde que Miguel Indurain leyó el comunicado que copio a continuación. Un comunicado que ponía fin a numerosas especulaciones sobre el futuro del pentacampeón del Tour, bicampeón del Giro y campeón olímpico. No iba a renovar por el conjunto Banesto. Tampoco iba a cambiar sus colores por el amarillo de la ONCE. Simplemente, iba a anunciar su decisión de retirarse del ciclismo profesional, dejando tras de sí un legado enorme:

«Hoy, 2 de enero de 1997, quiero anunciar públicamente mi retirada del ciclismo profesional.

Esta ha sido una decisión larga y profundamente meditada. Como bien es sabido, he necesitado tres meses para poder tomarla.
Se ha hablado y se ha especulado mucho sobre el tema. Lo cierto es que me ha resultado tremendamente difícil decidirme puesto que físicamente estoy bien y pienso que todavía podría estar en condiciones de lograr el tan deseado sexto Tour.

Por otra parte, ya en los primeros meses de esta temporada empezó a rondarme la idea de que con el 96 había llegado la hora de dejarlo y dedicarme a otras facetas de mi vida; de hecho, así lo tenía planeado. Intenté ganar el Tour con todas mis fuerzas y no lo conseguí, pero gané la medalla de oro en Atlanta, lo que me parecía el broche ideal para mi carrera deportiva. Corrí la Vuelta a España y, muy a pesar mío, tuve que abandonar debido a una infección viral. Este hecho cambió mi visión de las cosas. No podía despedirme con un abandono.

En mi entorno me animaban a seguir, tenía que ganar el sexto Tour de Francia.
Así las cosas, cada día que pasaba me resultaba más difícil ver con claridad cuál era el mejor camino a seguir.

Llevo doce años en el ciclismo profesional, he corrido vueltas grandes, pequeñas, campeonatos nacionales, del mundo y hasta unas Olimpiadas. En estos años he tenido grandes satisfacciones por los triunfos logrados pero también me ha costado mucho esfuerzo y sacrificio el obtenerlos. Estar al máximo nivel exige mucho de uno mismo y cada año que pasa resulta más difícil conseguirlo.

Creo que ya le he dedicado el tiempo suficiente al ciclismo de competición y ahora deseo disfrutar de este deporte como afición. En definitiva, y tras meditarlo minuciosamente, pienso que he tomado la mejor decisión para mí y para mi familia. Ellos también me están esperando.

Finalmente, quiero aprovechar la ocasión para expresar mi más sincero agradecimiento a todos los medios de comunicación que con tanto interés habéis seguido toda mi carrera deportiva, a Banesto por su apoyo y, muy especialmente, a toda la afición que sigue este deporte con tanto entusiasmo.

Gracias por todo y hasta pronto».


Saludos a todos!!

martes, 15 de noviembre de 2011

El día de la Bestia II

Iban a afrontar los ciclistas en el 24 de septiembre del 99 la última oportunidad de desbancar a Jan Ullrich del liderato de la Vuelta a España, puesto que la CRI del día siguiente le era totalmente favorable. En la etapa se iba a afrontar el encadenado de Serranillos-Navalmoral, terminando la misma en Ávila.
 
Los equipos españoles querían aislar a Ullrich de sus escasos aliados que tenía, pero visto el deslumbrante rendimiento de Frank Vandenbroucke, se antojaba imposible el poder dejarle de rueda a este y de obligar a Ullrich a que aparezca él mismo. No hay que olvidar que Igor González de Galdeano era 2º de la general, a tan sólo medio minuto del alemán. Heras por su parte era 3º, a algo más de 2 minutos del líder, seguido de cerca por el Chava, a 3 minutos en la general.

La carrera fue tranquila para el pelotón de los favoritos durante muchos kilómetros, hasta la subida a San Bernardo. Allí el Telekom neutralizó a un grupo intermedio que se había escapado, entre los que se encontraba Chente, pero sin más peligro para la general. Pero nada más neutralizarlos, lanzó un sorprendente ataque Roberto Heras. Ese ataque no pudo ser respondido por nadie, y para desgracia de Jan, eliminó a sus compañeros de la cabeza de carrera. Tuvieron que ser los Cofidis, con Lelli a la cabeza, quienes neutralizasen a Heras. Esa fue la última de las emociones que se vivió en San Bernardo, ya que nadie más ataco tras ser neutralizado el bejarano.

Llegaron de esta forma al puerto de Navalmoral, y es ahí donde comenzó el show de Vandenbroucke. A mitad de puerto no queda ningún Telekom que ayudar a Ullrich, y debido a las alianzas, son los Cofidis los que le echarán una mano, personificándose en la persona del joven belga. Iba a ayudar al líder de la carrera, pero lo iba a hacer a su manera, cuando aún quedaba medio puerto por subirse.
En tan solo un kilómetro, redujo un pelotón de 60 unidades a 13, cogiendo a los fugados, que marchaban con un minuto de ventaja. Con ese ritmo era imposible atacar, especialmente por parte de Heras, que era el hombre más peligroso para la general.
 
Iban los ahora 7 corredores que quedaban en cabeza sufriendo por seguir a un Vandenbroucke que iba sin despeinarse, y es que en esos momento era, sin dudarlo, el hombre más fuerte de la carrera. Para más inri, realizó unos últimos 500 metros sublimes al puerto, coronando en solitario el mismo, con 9 segundos de ventaja con Ullrich, Piepoli, Heras e Igor, tras un pique que tuvo con el corredor italiano, quien osó intentar atacarle.
 
Vandenbroucke había pactado una ayuda con Jan, a cambio de que este le ayudase en el Mundial, pero la ayuda había sido a su manera, es decir, humillando a todos, y dejando claro que era él quien mandaba en el pelotón. ¡¡La subida a Navalmoral, sencillamente, sensacional!!

Tras el descenso, Vandenbroucke esperó al grupo con el que casi coronó Navalmoral, y juntos los 8 llegaron a pie de las Murallas de Ávila.
 
Fue a menos de dos kilómetros a meta cuando atacó el corredor de la ONCE Mikel Zarrabeitia, el cual era el más fresco de los que iban en el grupo, puesto que era el único que no se jugaba nada, o bien que no había trabajado en la etapa. La única persona que salió a su rueda, quién si no, Vandenbroucke. Le coge rueda e inmediatamente le deja, literalmente, tirado como a una colilla. Igual que al resto de los compañeros que hasta entonces iban juntos. El dorsal 21, tras adelantar a Mikel, se marca unos 300 metros de un sprint impresionante, agarrado a la parte baja del manillar.
 
Mientras sus compañeros iban en bici, el parecía que marchaba en moto. Tal fue su exhibición que habiendo realizado su contra-ataque a menos de 2 kilómetros a meta, los últimos 900 metros de la etapa los pasó celebrándolos. Y aún así, el 2º corredor de la etapa llegó a nada menos que 13 segundos y otros 6 segundos más al pelotón de favoritos.

Vandenbroucke se había desatado en esta etapa, había protagonizado "El día de la Bestia". Una exhibición brutal, de las que hacía tiempo que no se habían visto. Y su exhibición no se había limitado a los últimos 2 kilómetros, sino que desde que faltaban 30 kilómetros para llegar a meta se había puesto al frente del pelotón.


Aquí ese mítico final de la etapa de Ávila:

martes, 12 de julio de 2011

Pero el futbol sigue intocable...

El 11 de julio del año 1998 comenzó el Tour de Francia de ese año. Aquel mes de julio fue el principio del fin del ciclismo. Hasta ese momento los ciclistas eran considerados como poco menos que superhéroes. A partir de ese momento comenzaron a ser considerados como una lacra de la sociedad, unos drogadictos. Comenzó el ciclismo a perder audiencia de una forma escandalosa, de la que todavía no se han recuperado del todo. También cayeron, con los años, muchos patrocinadores, sin aparecer unos nuevos, que mantuvieran las estructuras anteriores.
Ese Tour comenzaba de manera muy convulsa, puesto que unos días antes había sido detenido el masajista belga Willy Voet, del equipo Festina de Richard Virenque (2º el año anterior). Fue detenido transportando en su coche 250 dosis de EPO y más de 100 de anabolizantes. Seguramente lo habitual que llevaban los equipos en esa época, que tenía una cultura equivocada y diferente de la actual, con respecto al dopaje. Se dice que fue detenido por un chivatazo proveniente de otro equipo francés, sin conocerse el nombre, el cual tenía envidia del éxito con el que gozaba el Festina, además de las estrellas que reunía en su equipo; Zülle, Virenque, Dufaux, Brochard...

Durante todo ese mes se sometieron a los ciclistas a numerosos registros en sus hoteles, a los equipos, con sus vehículos... y se produjo la detención de todo el equipo Festina y el testimonio bajo una gran presión policial de alguno de sus corredores. Se produjeron más detenciones, por supuesto, entre ellas la de Nicolás Terrados, en aquel momento, médico del grupo deportivo ONCE.
 
La detención de Nicolás se produjo, inicialmente, por introducir sustancias dopantes en Francia, pero posteriormente el juez dictaminó que tan solo estaba introduciendo en el país galo medicamentos extranjeros en Francia sin autorización administrativa. Y es que en Francia está prohibido introducir medicamentos extranjeros sin dicha autorización, y en ello se basaron para realizar la gran cantidad de registros que se realizaron durante la disputa de aquel Tour. A la sazón, esos 4 medicamentos fueron: Celestone, Prednisona, Couldina y Ventolín, productos todos ellos que darían positivo si los toma un ciclista. Para evitar que se considerasen productos dopantes, se entregaron al juez que llevaba el caso los certificados médicos de los miembros del equipo que necesitaban de esos productos.
 
Entre las sustancias requisadas por la gendarmería, no se encontró EPO ni otras sustancias ilegales, pero se usó en contra de Terrados las declaraciones que Zülle realizó a la policía, en las que dijo que no solo había tomado EPO en ese último año en Festina, sino que también en los 4 anteriores. Años en los que perteneció a la ONCE de Manolo Saiz.
 
Con todos estos motivos, al que se suma el tener que abonar 1 millón de pesetas por importar esos medicamentos, y entre los que se encuentra su detención con productos sospechosos de dopaje (aunque el juez no los considerase como tal), sin ninguna duda con la actual sombra de sospecha que hay sobre el ciclismo, cualquier persona diría que el doctor Terrados dopaba a los ciclistas del equipo al que pertenecía, la ONCE.

Pues bien, actualmente, cuando han transcurrido 13 años de aquel escándalo del Caso Festina, y cuando ya nadie se acuerda de la asociación de su nombre a la medicina deportiva, justo en el mes de julio, casualmente, se ha conocido que el doctor Nicolás Torrados pasa a colaborar, de forma externa y como fisiólogo con el Sevilla FC de José María del Nido y Marcelino García Toral. Con este último lleva colaborando nada menos que desde el año 2006.
 
Aparte de este nuevo trabajo que le ha surgido en Nervión, este médico es especialista en medicina deportiva, director del centro regional de medicina deportiva del Principado de Asturias, profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Oviedo, a lo que añade el hecho de ser colaborador del Comité Olímpico Español, nada menos. También su nombre ha sido asociado en otros momentos al FC Barcelona, aunque esto último no está totalmente demostrado.
 
Una persona que debería estar alejada del deporte por su escándalo en el Caso Festina (llevaba productos dopantes, aunque no ilegales, cosas de la vida), tiene nada menos que 2 colaboraciones al más alto nivel deportivo, una con un gran club de fútbol de la 1º división y con el propio COE. No olvidemos que hay Olimpiadas el año próximo.

Pues bien, mientras que unos son considerados como unos drogadictos, unos tramposos, como la lacra de la sociedad, mientras que se juegan la vida a cada momento; los ciclistas; otros son tratados como héroes, a los que se les paga millonadas, se les perdona todo, hasta la mala educación; especialmente los futbolistas. Y todos son tratados por las mismas personas: Terrados, Eufemiano Fuentes... De este último recordemos sus colaboraciones con R. Sociedad, Betis, R. Madrid, Barcelona...

Pero, eh, que no, que en el futbol no hay dopaje, que eso es exclusivo del ciclismo.


Saludos a todos!!

martes, 28 de junio de 2011

Mende 1995

Aprovechando que en los próximos días va a dar comienzo la edición del año 2011 del Tour de Francia, hoy voy a relatar una de las etapas más míticas que han tenido lugar en la carrera, o al menos en los tiempos posteriores a Eddie Merckx. La etapa que tuvo lugar hace ahora 16 años, en el día de la fiesta nacional francesa, un 14 de Julio del año 1995. La etapa número 12 que unía las localidades de Saint Etienne y el aeródromo de Mende tras recorrer 222´5 kilómetros y nada menos que superar 5 puertos de montaña, aunque ninguno superaba la catalogación de 2ª categoría.

En el recorrido había innumerables problemas, ya que tenía numerosos repechos, aparte de los puertos puntuables, además de circular por carreteras estrechas, y como era propio de la época, con el asfalto levantado por el calor. Es decir, que si ese día se producía una fuga, sería muy complicado para cualquier equipo el controlarla.
 
En esas que el mejor equipo, y el más combativo de aquel Tour, la ONCE de Zülle y Jalabert fue metiendo corredores en todos y cada uno de los saltos que se producían del pelotón. Hasta que en el kilómetro 24 se consolidó el salto que realizó Jaja, acompañado por Bottaro, del todopoderoso Gewiss del médico Michele Ferrari. A dicho dúo, pocos kilómetros después se unió el también ONCE, Melchor Mauri, consolidando de esta forma la escapada, rozando una ventaja de casi 3 minutos cuando aún no iban ni 40 kilómetros de etapa.
 
Por detrás se fueron produciendo diversos contraataques y en uno de ellos se marcharon del pelotón Massimo Podenzana (Brescialat), Andrea Peron (Motorola) y Neil Stephens (ONCE), consiguiendo enlazar con el trío de cabeza en el km 75, momento en el que la renta ya llegaba a los 3´45". Con tres ONCE en la cabeza de carrera la ventaja fue aumentando hasta alcanzar una máxima renta de 10´40" allá por el kilómetro 129 de la etapa. Con esa diferencia era Jalabert líder virtual de la carrera y el equipo Banesto no sabía cómo salir de la trampa en la en que los hombres de Manolo Saiz les habían hecho caer. El Tour de Francia estaba ardiendo.

Fue en ese momento, cuando se alcanzó la máxima ventaja de la fuga cuando los directores del Banesto comenzaron a buscar alianzas con el resto de los equipos. El director del Gewiss, Bombini, les dijo que hasta que tenían corredor en la fuga, Bottaro, y que hasta que la fuga no fuera seguro que llegaba a meta, no ayudarían, aún a pesar de que momentáneamente estuviera echando del podio Jalabart a Riis. Transcurrieron así varios kilómetros, hasta que por fin los Gewiss comenzaron a tirar del pelotón, al tiempo que Bottaro dejaba de colaborar en la fuga, para reservar fuerzas. Pero el Gewiss no fue el único equipo que tiró del pelotón, junto a Banesto, sino que muchos corredores tiraron de forma desinteresada, ya que era Indurain a quien estaba perjudicando esta fuga. Y es que con la forma de ser y de ganar del navarro, se había ganado muchos amigos en el pelotón, y era este el momento en el que ellos le iban a tender su mano para ayudarle.
 
Tiraba del pelotón gente del MG, del Kelme, todo el Gewiss, el Banesto... y por delante dejaban de relevar Pondezana y Perón, dejando todo el peso de la fuga a Melchor Mauri, puesto que Jalabert no relevaba. Esta actitud de los otros directores sentó fatal a Manolo Saiz, que lo calificó de mercenariato.
 
Al llegar al pueblo de Mende, antes del ascenso al velódromo, la fuga contaba con casi 7 minutos de ventaja, gracias a Stephens y sobre todo a Mauri, los 2 ONCE que se habían quedado ya descolgados de la fuga. Quedaban de esta forma tan solo 3 kilómetros, de ascensión al velódromo, para concluir la etapa.
 
Jalabert lanzó un primer ataque y automáticamente se quedó en solitario en cabeza de carrera, para lograr una magnífica victoria. Por detrás, por su parte, se sucedían los ataques, por orden, de Pantani, Zülle y posteriormente y a ritmo, de Indurain que se llevó a su rueda a Riis.
 
Jalabert había reventado el Tour, y aunque no había conseguido más que ser el líder provisional durante muchos kilómetros, consiguió en meta unas rentas de casi 6 minutos con respecto a sus más directos rivales de la general; Indurain, Zülle y Riis respectivamente, adelantando además en la general a este último y colándose en el podio, a falta todavía de 8 etapas para el final de la carrera.

Desde la ONCE habían puesto en jaque todo el Tour, pero aunque no se habían llevado el premio gordo del maillot amarillo, habían podido disfrutar en el día grande de Francia de un espectáculo sin paliativos, en el que Jalabert entró en el corazón de los franceses (hasta entonces coto privado de Virenque) y Manolo Saiz se destapó como un gran estratega que disputó de tú a tú un Tour al mejor Indurain que se vio jamás en las carreteras.




Saludos a todos!!

jueves, 23 de junio de 2011

El sexto Tour de Indurain

En la salida del Tour de Francia, en 1996, había un único e indiscutible favorito, Miguel Indurain, el ganador de los 5 Tours anteriores. El 29 de junio se iniciaba ese Tour, un poco antes de lo habitual, debido a que ese era año olímpico.
 
Desde los medios franceses, aún a pesar de que el favorito era el navarro, se planteaba ese Tour como un duelo de Indurain contra la ONCE, especialmente contra su líder, el francés Laurent Jalabert. Todo eso venía, primero de la ausencia de un candidato claro francés a la victoria, ya que no tenían un Hinault o un Fignon, y segundo, por los apuros a los que sometió Jalabert a Indurain en la Dauphiné Liberé de una semanas antes (de la que el francés abandonó cuando ya había sido batido por el navarro).

Total que en las primeras etapas no transcurre nada reseñable, salvo que Zülle gana la etapa prólogo y porta el maillot amarillo durante 2 etapas más. Indurain estaba a 4´17´´ de Heulot en la general, pero a tan solo 12´´ de Zülle, el primero de los favoritos, o a 1´´ tan solo de Riis. Pero fue entonces cuando se llega a la etapa número 7 del Tour, la del 6 de Julio, que transcurre entre Chambery y Les Arcs, un puerto de no especial dificultad, y en la que también se subían la Madeleine y el Roselend.
 
A ese primer puerto del día, la Madeleine, se llegaba tras 60 kilómetros llanos. Hacía un día horrible, con lluvias que impidieron dar imágenes de dicha subida. Simplemente llegaban noticias de que el líder iba descolgado de un pequeño grupo comandado por Jan Ullrich, en el que iban todos los favoritos, y muy por detrás del grupo, marchaba el otrora favorito, Jalabert. Para la historia queda su paso por la cima del puerto, a 4´26´´, con el maillot completamente desabrochado, dando una sensación de calor sofocante, cuando no haría más de 10 grados en ese momento.
 
En la subida del siguiente puerto, el Roselend, ya solo le quedaba a Miguel un compañero de equipo, el Chava Jiménez, el cual comandaba el grupo. Indurain por su parte, iba a su rueda, a voz en grito pidiéndole que no acelerase tanto el ritmo que le estaba ahogando con su ritmo. Se sucedían al tiempo los ataques, de Dufaux, Virenque, Escartín, Virenque... pero todos estos ataques fueron neutralizados por el grupo, salvo el de el corredor del Telekom, Udo Bolts, que marchaba en solitario. Poco antes del último kilómetro Indurain se ponía al frente del grupo, para reducir paulatinamente el ritmo del mismo y al tiempo solicitar, con su presencia al frente, el que no hubiera más ataques. Por su parte, el líder Heulot, ya perdido muy atrás en la carrera, ponía pie a tierra y abandonaba la carrera siendo líder.

En el descenso de ese puerto, ya se produjo el caos. De la lluvia que habían soportado durante toda la etapa, se pasó a un imponente sol. Además el suizo Zülle, que había lanzado un duro ataque a final del ascenso del puerto, se caía hasta en dos ocasiones en el descenso. A su vez, el belga y actual director de Radio Shack, Johann Bruynell, caía casi al final del descenso por un barranco. Por suerte, no se produjo nada de importancia y pudo terminar la etapa, aunque eso si, a más de 7 minutos del vencedor.
 
Al terminar el descenso, rápidamente se encaraba el último ascenso del día, a Les Arcs. El grupo lo hacía comandado por Aitor Garmendia, de la ONCE, con Zülle e Indurain a su rueda. Por delante marchaban Bolts y Dufaux. Más o menos fue todo así hasta que a 8 de meta, lanzó un poderosísimo ataque Leblanc, que dejó rápidamente atrás a todo el pelotón, mientras estos seguían circulando a rueda de Garmendia.
 
Fue a 5 de meta cuando se soltó la liebre. Atacaron Luttemberger y Virenque a rueda de este, dejando también atrás a Indurain y compañía. Se sucedieron entonces los relevos en la cabeza del pelotón, con Ullrich, Olano... tirando del mismo, y por fin, cediendo terreno tanto Zülle como Indurain. En tan solo un kilómetro, a 3 de meta, ambos habían perdido casi medio minuto con respecto a los favoritos, Rominger, Riis, Olano, Berzin...
 
Garmendia les alcanzó y con él el suizo se recupero algo en su pedalear. Pero no así Indurain, que marchaba con la peor pájara de su carrera. Además iba pidiendo un bidón de sales a los coches de asistencia, algo totalmente prohibido en los últimos 20 kilómetros de la etapa. El Gewiss, en un gesto caballeroso, le sirvió un bidón, que rápidamente tiró Miguel al suelo, puesto que no era de sales, si no de simple agua, y no era lo que él necesitaba en ese momento.

Aquellos cuatro kilómetros se convertirían en los cuatro kilómetros más largos de la carrera de Miguel. Perdió cerca de 4 minutos en esa distancia, casi a razón de 1 minutos por kilómetro. Todavía no había perdido el Tour, puesto que no era la primera vez que perdía tiempo con un rival. Pero en esta ocasión había perdido tiempo con todos ellos, y se encontraba en la general a casi 4 minutos de Berzín y Olano, los 2 primeros de la general, empatado a tiempo.
 
Se ha hablado muchas veces acerca de porqué Miguel perdió ese tiempo en tan poca distancia y el porqué de esa pájara, cuando él mismo ha reconocido que poco antes de que le diese, estaba pensando en lanzar un ataque. La única razón convincente que se ha dicho, también por el danés Riis, es que Miguel subió muy abrigado la Madeleine, con guantes y chubasquero, y con el cambió de temperatura antes del último puerto, sufrió una fuerte deshidratación de la que no pudo recuperarse.


saludos a todos!!

sábado, 14 de mayo de 2011

Mariano Rojas

Hoy en el blog no os voy a hablar de ninguna etapa mítica, ni del Tour, ni del Giro, ni de la Vuelta, ni de ningún monumento. Hoy os voy a hablar de la que muchos especialistas han dicho que era la mayor promesa del ciclismo español tras Miguel Indurain, coincidiendo justo en el ocaso del campeón navarro. Digo que era, porque lamentablemente un terrible accidente acabó con su vida y con su progresión en el ciclismo. Os voy a hablar del hermano de José Joaquín Rojas, que corre en el Team Movistar de Unzué.
 
Mariano Rojas nació en la misma localidad que Camacho, en Cieza, Murcia, allá por el año 1974, el del último Tour del caníbal Merckx. Como casi todos los que terminan siendo deportistas, siempre estuvo ligado al mundo del deporte, practicando desde muy pequeño deportes como el voley o el futbol, hasta que finalmente se dio cuenta que su deporte era el de las dos ruedas.
 
Ángel Guardiola fue su primer preparador, en la escuela de ciclismo de su pueblo, y vio en él a un corredor con una gran fortaleza física.
Muy pronto se dio cuenta de que tenía un gran futuro y desde la categoría de cadete consiguió sus primeros triunfos, allá por 1989 o 1990, como el Trofeo Interclubs que se disputó en una localidad próxima a la suya, Molina de Segura.
 
Al año siguiente, por razones de edad, pasó a juveniles. Formó parte del equipo Creamar del Club Ciclista Molinense. Consiguió numerosas victorias ese año, aparte del campeonato regional. Pero realmente un hito de esa temporada hizo que su nombre comenzase a sonar con mucha fuerza. Ese hito fue su 8º puesto en el campeonato de España de fondo en carretera.
 
Con nada más y nada menos que estas credenciales, Mariano dio el salto al ciclismo amateur. Lo hizo en el equipo Gres de Nules, siendo sus directores Pérez Moya y Montoya. Fue estando en este equipo, en 1993, cuando consiguió un gran número de victorias, más de una decena. Pero fue precisamente en una no victoria donde le echó el ojo Manolo Saiz. Fue en el Circuito Montañés, en donde finalizó en tercera posición. Manolo, quien era director de la ONCE, le propuso entonces el firmar por su equipo y dar el salto a profesionales. Mariano no se lo pensó mucho y antes de cumplir 20 años, ya pertenecía al pelotón profesional.
 
Fue al año siguiente por lo tanto, en 1994, cuando pasó a formar parte del pelotón profesional. Hizo buenas actuaciones, como en la Vuelta a Murcia, donde siempre que participó terminó entre los 10 primeros, o en el Campeonato de España, donde concluyó en la posición 25. Este fue un primer año de contacto con el profesionalismo, con tan solo 20 años, y lo había pasado con nota. Pero sin duda alguna su gran año fue el siguiente, 1995.

Fue en ese 1995 cuando participaría por primera, y única vez, en el Tour de Francia. Era el ciclista más joven de los participantes de la ronda gala. La idea inicial de su director en la ONCE, Manolo Saiz, era que tan solo solo participase en las 10 primeras etapas, para que tuviese contacto de verdad con el nivel más alto del ciclismo. No hay que olvidar que ese año la ONCE fue con diferencia el equipo más potente del Tour, con Zülle 2º, Jalabert 4º y Mauri 6º en la general final. Pero Manolo tuvo que cambiar de opinión, puesto que las ganas y arrojo, sumado a la fuerza de Rojas, le obligaron a cambiar esa opinión inicial y le dejase seguir adelante.
 
Se encontraba colocado entre los 10 primeros de la general del Tour cuando llegaron a la etapa en que se subía el Tourmalet, y fue precisamente en una de sus laderas en el descenso donde se acabó el sueño de Rojas en ese Tour. Se cayó y se rompió la clavícula, por lo que tuvo que abandonar la carrera. Aun a pesar de no haber terminado la carrera, fue reconocido con el premio al mejor deportista de la Región de Murcia en ese mismo año, 1995.
 
Pudo comenzar la temporada de 1996 totalmente recuperado de su lesión del año anterior, y la comenzó con varios puesto de honor en las clasificaciones finales de Mallorca o la París-Niza. Pero como si fuera un presagio de lo que sucedería un mes después, tuvo otra caída, esta vez en la Dauphine Libéré, que le hizo frenar la progresión que había mantenido durante todo ese inicio de temporada.
 
Una vez recuperado de esta nueva lesión, un viernes 21 de junio de ese 1996, Mariano se dispuso a acudir a la disputa del Campeonato de España. Su Renault 21 se salió en una curva, teniendo un accidente muy grave. El coche quedó totalmente destrozado, dejándole a él muy grave. Dos días más tarde moría en el Hospital Virgen de la Arrixaca de Murcia, debido a una insuficiencia respiratoria. Tenía apenas 22 años recién cumplidos (el 12 de junio), y en esa curva se acaban sus sueños, los de ese gran ciclista que prometía ser y ya estaba siendo.
 
Y se rompieron esos sueños en un momento crítico, más si cabe, para el ciclismo español, ya que ese año fue la primera no victoria de Indurain en el Tour, y había que buscarle un sucesor digno en nuestro ciclismo. Mariano Rojas, sin duda, lo habría sido, pero un maldito accidente de trafico acabó con esas ilusiones.


Saludos a todos, y pido perdón por no poner ningún vídeo suyo, pero no lo he encontrado, ni yo tampoco tengo ninguno!!