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miércoles, 11 de septiembre de 2013

L´Angliru, el Olimpo del ciclismo

“Existe en Asturias, en plena Sierra del Aramo, en el Municipio de Riosa, cerca de 15 kilómetros de Oviedo, una montaña (…) que las retinas de los telespectadores jamás la olvidarían. Lo mismo que se dice que Los Lagos de Covadonga podrán ser la equivalencia española al Alpe d’Huez francés, la Gamonal podría equipararse e incluso, sin exagerar, superar al Mortirolo italiano.”

Descubriendo el Angliru

El Angliru (L'Angliru en bable), situado a apenas 15 kilómetros de Oviedo, era uno de tantos caminos de montaña en donde los ganaderos asturianos cuidaban sus ganados, hasta que en 1996, un director de información del conjunto ONCE, Miguel Prieto, conoció el puerto. Quedó tan impresionado por la dureza del mismo, que al año siguiente envió una carta a Unipublic (organizadora de la Vuelta) en la cual recomendaba que ese terrible puerto debía ser incluido en el recorrido de la Vuelta a España.

La carta incluía un perfil de los últimos kilómetros de la ascensión al puerto, ante lo que los directores de la Vuelta (y los de Unipublic) quedaron impresionados. La propuesta de Prieto llegó a buen puerto y optaron por hacer realidad tanto su deseo, como el de los propios organizadores, ya que hacía tiempo que venían buscando un puerto que tuviera el mismo impacto que Los Lagos de Covadonga tuvieron en su momento en la ronda española. Con esa montaña, la Vuelta a España iba a conseguir el puerto más duro de Europa, iba a ser su particular Mortirolo.

En octubre de 1998 La Nueva España adelantó que el Angliru formaría parte del recorrido de la Vuelta del año siguiente, algo que confirmaría Enrique Franco, director de la Vuelta, pocos días después. En el mes de mayo siguiente el propio Enrique Franco, junto con el alcalde de Riosa, Víctor Cordero (director de Unipublic), la consejera de cultura del Principado y el director regional de deportes, firmarían el contrato para la llegada de la ronda española al Alto de L´Angliru. En ese momento comenzarían las obras de adecuación de la carretera de acceso y de la explanada donde se ubicaría la línea de meta (la carretera había sido asfaltada en 1997).

El Angliru, de esta forma, iba a estar listo para que el 12 de septiembre de 1999 el pelotón de la Vuelta a España afrontase sus rampas imposibles. Desde aquella fecha, se ha convertido en el calvario de profesionales y de miles de cicloturistas.

El Olimpo del Ciclismo

El puerto se encuentra situado en el corazón de la sierra del Aramo, en el concejo de Riosa. Tiene 1.570 metros de altitud, una longitud de 12.6 kilómetros de longitud y un desnivel de más de 1.200 metros, lo que hacen que su desnivel medio sea de más del 10%, en la vertiente de La Riosa. La pendiente máxima de esa carretera es del 23,5 %, en la famosa Cueña les Cabres, a la altura del kilómetro 10,8 de ascensión. El Olimpo del Ciclismo reza un cartel situado en la base del puerto, y es que llegar a su cima es como tocar el techo.

El inicio es relativamente sencillo, teniendo en sus cinco kilómetros iniciales con una pendiente máxima de "apenas" el 9%. Lo duro comienza una vez que se llega a la zona recreativa de Viapará, la última zona humana de este puerto, falso llano incluido. Nada más dejar atrás Viapará, tal y como nos recuerda una pintada en el suelo, comienza el infierno.

Después del descansillo, tras una curva a izquierdas, los corredores se chocan de bruces con la Cuesta les Cabanes, una pared de 150 metros, con una pendiente del 22%, a la altura del kilómetro 7. Durante el siguiente kilómetro, una larga recta, la pendiente suaviza, hasta que se llega a una curva a derechas, la de Llagos, en el kilómetro 8,5 de subida, con una pendiente del 15,5 %. Otra recta de prácticamente un kilómetro con pendientes superiores al 10 % de media. Después de esa segunda recta interminable, los corredores afrontan la horquilla de Picones-Cobayos, una horquilla a la que se llega al límite de tus fuerzas, y te deja sin aliento.

La primera de esas dos curvas es la de Los Picones, en el kilómetro 9,5. La segunda pared de la subida. Y aún falta lo más duro del puerto. A la altura del kilómetro 10,2 de subida los ciclistas afrontan la segunda curva de esa horquilla, la de  Cobayos, la segunda rampa en porcentaje del puerto, con un 21,5 % de desnivel medio.

Una vez que los corredores dejan atrás ese entrelazado de curvas, llegan a la recta más famosa del ciclismo mundial, la recta en la que se encuentra La Cueña les Cabres, la pared del ciclismo profesinal, con su 23,5 % de porcentaje máximo (kilómetro 10,8). Ahí los corredores, que ya marchan al límite de sus fuerzas, ven como se les cae el mundo al suelo. Solo pueden agarrar fuerte el manillar, meter todo el desarrollo que les dejen sus bicicletas y tirar de riñones, ya que es imposible ponerse en pie sobre la bicicleta en esos momentos, para poder completar el paso por el infierno.

Una vez que se pasa la Cueña, ya se deja atrás la mayor rampa del puerto, a cambio de haberse quedado sin aliento y totalmente vacío de fuerzas. En esos momentos los corredores tienen la sensación de que no avanzan, y aún les quedan las dos últimas grandes rampas del puerto, El Aviru (kilómetro 11,5) al 21,5 % y Les Piedrusines, al 20 %, como forma de colofón del puerto, a punto de coronarlo. Los últimos metros, medio kilómetro aproximadamente, son en ligera bajada para llegar a una pequeña área de descanso donde se ubica la meta.

¿El puerto más duro de Europa?

Desde que en el mes de octubre de 1998 se dio a conocer que el puerto se subiría en la edición del año siguiente, L´Angliru ha sido objeto de numerosos mitos, siendo el más habitual el mito de que por la dureza de sus rampas no se pueden hacer diferencias entre los favoritos. Pero nada más lejos de la realidad, porque aunque la velocidad de ascensión es baja, las diferencias se pueden hacer enormes, cuando no convertirse en definitivas de cara al resultado final de la prueba, como sucedió en la última ascensión, la de 2011.

Desde que el puerto fue ascendido por primera vez, en 1999, y haciendo una comparación con las ascensiones a los puertos más importantes españoles y del Tour y el Giro desde aquel año, se puede observar como ese mito sobre que no se crean diferencias en el Angliru sería totalmente falso. Esos puertos con los que hacer la comparación serían los Lagos de Covadonga, la Pandera o la Covatilla, en España, y en el extranjero Luz Ardiden, Tourmalet (por la vertiente de la Mongie) o el monte Zoncolan (el Mortirolo no se consideraría porque no es final de etapa).

Analizando los datos de esos puertos (en Wikipedia analizan la diferencia entre el primero, segundo y tercero de la etapa, indistintamente si el ganador llegó en fuga o del grupo de favoritos), tan solo los Lagos y el Mont Ventoux podrían aguantar la comparación con el Angliru. La diferencia media entre los tres primeros clasificados de la etapa, comparando con los otros puertos, convierten al Angliru no solo en el puerto que más diferencias ha creado entre los corredores en la Vuelta, sino que también lo es en los puertos de las otras grandes en la última década.

Los duelos en el Angliru

1999. El Chava entra en la leyenda
Con una expectación sin precedentes, el 12 de septiembre de 1999 se afrontaba por primera vez la ascensión a la que ya en ese momento era  mítica cima asturiana. La etapa constaría de 175 kilómetros, y partiría de León, atravesando los puertos de Ventana, La Cobertoria, y el Cordal, antes de la llegada al coloso asturiano.

Aquel día el pelotón iba a llegar hecho pedazos a la subida más importante del día, con el líder retrasado con respecto al grupo de favoritos debido a una caída en el puerto del Cordal. En esa última subida Tonkov, a unos 10 kilómetros de meta lanzó un poderoso ataque con el que abrió un hueco importante con el resto de corredores. El corredor ruso parecía lanzado a por la victoria (marchaba con un minuto de ventaja) cuando en el punto más duro de la subida, La Cueña Les Cabres, el Chava Jiménez lanzó un poderoso ataque al que ni Roberto Heras, su compañero hasta ese momento, pudo seguir.

Metro a metro, segundo a segundo, fue recortando el de El Barraco la desventaja que le llevaba el corredor ruso, hasta que justo cuando coronaban el puerto, alcanzó la rueda del corredor del Mapei. En los últimos dos kilómetros de la subida le recortó cuarenta segundos. En un final de etapa sorprendente, el Chava adelantó a Tonkov justo cuando afrontaban el ligero descenso que conducía a la meta, siendo el primer corredor en conseguir la victoria en el Angliru. El Chava había entrado en la leyenda de la Vuelta.

2000. Heras sentencia la Vuelta
Al año siguiente el Angliru volvería a ser la estrella del recorrido de la ronda española. En aquella edición se subiría un 15 de septiembre, y en la etapa habría dos carreras diferentes. La primera carrera sería por el triunfo de etapa, que se lo jugaría una fuga, mientras que la segunda carrera sería por la general de la etapa, en un duelo entre Roberto Heras y Ángel Casero.

De la primera pelea, la de la lucha por el triunfo de etapa, el vencedor sería el ganador del último Giro de Italia, el italiano Gilberto Simoni. El corredor italiano llegaría a pie de puerto siendo partícipe en una fuga en la que se encontrarían Díaz Justo, Brozyna o Hruska. Estos dos últimos corredores serían, precisamente los últimos a los que dejaría atrás el italiano, antes de llegar al descansillo de Viapará. Desde ese momento, a 10 kilómetros de meta, Simoni realizaría en solitario el resto de la subida, aventajando en la línea de meta en más de dos minutos al segundo clasificado, el checo Hruska, y en casi tres al tercero, el español Heras.

La otra pelea de la etapa sería la de la general, que tendría lugar entre el corredor valenciano Ángel Casero y el salmantino Roberto Heras. Realmente esta pelea quedaría en nada, pues Casero cedería rápidamente la rueda del grupo de Heras. En Les Cabanes, respondiendo a un ataque de Tonkov, el del Kelme lanzó un contrataque con el que dejó cortado al corredor ruso y se quedó solo tratando de aumentar su renta con Casero. En la meta, el corredor se dejaría 3 minutos y 41 segundos con Heras, distancia que sería fundamental en el devenir de la Vuelta, ya que en Madrid la distancia entre ambos corredores fue menor de la que se dio en el Angliru.

2002. Guerra en el Kelme
Tras una tregua de un año, la Vuelta decidió recuperar el Angliru para la décimoquinta etapa de la prueba, la que iba a llevar a los corredores desde Gijón al coloso asturiano. Aquel iba a ser el día más difícil de todos cuantos se ha subido el puerto hasta la fecha, tanto por las condiciones meteorológicas como por la situación que se vivió en el equipo Kelme. Al comienzo de la etapa parecía que se viviría una batalla entre los US Postal, con Heras a la cabeza, y los Kelme, con Óscar Sevilla portando el jersey dorado de líder de la carrera, pero al final de la misma habría estallado una guerra abierta en el conjunto Kelme, una guerra entre Aitor González y Óscar Sevilla.

El triunfo de la etapa correspondió aquel día a Roberto Heras, quien se había quedado solo en cabeza de carrera a la altura de Les Cabanes. El segundo en meta fue Joseba Beloki, mientras que el tercero iba a ser el gran protagonista del día, Aitor González, quien sería el protagonista por abrir una guerra con su compañero Sevilla, el líder de la carrera (del que estaba separado por un segundo).

Aitor no solo no esperó al de Osa de Montiel durante la subida al puerto, sino que además fue el primer corredor en atacar, justo cuando su compañero estaba atravesando sus peores momentos en la subida del puerto. El director del equipo, Vicente Belda, le pidió a Aitor insistentemente, a través de la radio, que se parase y esperase a su compañero, pero González decidió hacer la guerra por su cuenta y no respetar las órdenes de equipo. La tensión desde aquel día hasta el final de la Vuelta fue tremendo en el conjunto alicantino, a pesar de que González fue el vencedor final de la prueba.
 
2008. Contador certifica su tercera grande
Seis años tuvieron que esperar los aficionados y los corredores a que la organización se decidiese a incluir de nuevo al Angliru en la prueba. En esta ocasión la subida sería un 13 de septiembre, en un soleado día. En aquella etapa a pie de ese último puerto llegaría un grupo de escapados que rápidamente sería neutralizado, debido especialmente al duro trabajo que realizó durante toda la etapa el conjunto Astana.

La ventaja de ese grupo cabecero fue rápidamente reducida, dejando en cabeza de carrera al grupo de favoritos, un grupo en el que estarían corredores como Contador, Leipheimer, Purito Rodriguez, Valverde, Dani Moreno o Mosquera. Ese grupo quedaría reducido a los cuatro primeros nombres cuando en Les Cabanes Valverde lanzó un potente ataque. En la Cueña Les Cabres sería el corredor de Pinto quien lanzaría un ataque que le dejaría en cabeza de carrera.

Desde ese momento, la ventaja de Contador lo único que hizo fue aumentar hasta que atravesó la línea de meta, siendo el cuarto vencedor en la cima del Angliru. Valverde sería segundo aquel día a 42 segundos del ganador, demostrando que también podía con la alta montaña. Purito sería el tercero, a 58 segundos, mientras que Leiphemier sería el cuarto del día, cediendo otros siete segundos más que Purito. La distancia entre Contador y Leipheimer aquel día fue determinante en el triunfo del pinteño sobre el norteamericano en la clasificación final.

2011. Cobo vence y cambio de papeles en Sky
El 30 de abril del año 2011 un Juanjo Cobo cabizbajo se bajó de la bicicleta en la Vuelta a Asturias. Días después llamó a Matxin, su director, y le dijo que colgaba la bicicleta y sería electricista. Matxin, que era quien mejor conocía a su corredor, le dijo que se tomase un tiempo y recapacitase. Apenas cuatro meses después de haber anunciado a su director que lo dejaba, el 4 de septiembre, el día en que se subía el Angliru en la Vuelta, Cobo era otra persona. Su mente, en la que todo era o claro u oscuro, en aquella ocasión iba a verlo todo claro. 
 
La táctica del equipo Geox había determinado aquel día que la zona ideal para que Cobo lanzase su ataque era poco antes de La Cueña Les Cabres, es decir, a escasos cuatro kilómetros para la meta. Pero Cobo, que aquel día tenía piernas, decidió que no podía esperar tanto, que la cima del Angliru y la victoria en Madrid le estaban esperando y atacó cuando faltaban más de seis kilómetros a meta. Por detrás, el líder Wiggins no era capaz de seguir su ritmo y desde su equipo, el Sky, decidían sacrificar a Froome para ayudar a su jefe de filas. Dos kilómetros más tarde, el director del equipo británico se daría cuenta de su error y le diría a Froome que se fuera a por el corredor cántabro. Ya no había nada que hacer, Cobo iba súper y nadie le vería hasta después de atravesar la línea de meta. Era el nuevo líder de la prueba. Froome, por su parte, no podría hacer mucho, y llegaría a meta (4º) con 48 segundos de retraso, acompañado por Poels (2º) y Menchov (3º).

Chris Froome se quedaría aquel día a 20 segundos en la general de Cobo, una distancia que jamás lograría recuperar en aquella Vuelta, de la que el corredor cántabro resultaría el ganador, con el keniata nacionalizado británico en segundo lugar. Wiggins, sin quererlo, aquel día le había costado a Froome la primera de las dos grandes que no pudo ganar por poco tiempo.


Nota: Carta completa enviada por Miguel Prieto, el "descubridor" del Angliru, a los organizadores de la Vuelta a España:
http://www.angliru-riosa.com/vuelta_ciclista/carta.htm


Saludos a todos!!

lunes, 13 de agosto de 2012

Vuelta 99: Su Majestad L´Angliru

Tour de Francia y el Giro de Italia tenían una serie de puertos míticos, algo de lo que la Vuelta carecía aún en el año 1998, aparte de con los Lagos de Covadonga. Pero eso era algo que iba a acabar con la presentación del recorrido de la Vuelta de 1999. En esa presentación iba a haber un bombazo llamado Angliru. Su Majestad L´Angliru.

Esa presencia de l´Angliru en la edición de 1999 fue un gran reclamo a nivel mediático, tanto para el espectador, como para los deportistas y los medios de comunicación. El ambiente que se creó durante los días previos a la disputa de esa etapa fue un ambiente propio del Tour más que de la Vuelta. Millares de aficionados fueron acumulándose en las cunetas del puerto desde esos días previos y la Guardia Civil incluso llegó a cortar el acceso al tráfico ya 3 días antes de la etapa.

Casi 5 millones de personas delante del televisor durante la retransmisión integrada de la etapa de ese día significaron un éxito sin precedentes para este nuevo puerto en la Vuelta. Con este puerto la organización de la Vuelta había encontrado a su gallina de los huevos de oro. El final de aquella etapa fue apoteósico, lo que sin duda ayudó al éxito de audiencia, pero el Angliru ya formaba parte de la leyenda incluso antes de disputarse.

Un puerto de l´Angliru que iba a formar parte de la 9ª etapa de esa Vuelta 99, una etapa que todos sabían que iba a formar parte de la historia y fue por ello por lo que la tensión del ambiente podía cortarse con un cuchillo.

Los ataques por parte de los corredores no cesaron desde que se dio el banderazo de salida de la etapa, con la ONCE tratando de mantener un mínimo control de la carrera, y como eso iba a resultar imposible, Manolo Saiz optó por sacrificar al quinto clasificado de la general, Iñigo Cuesta, metiéndolo en una fuga conformada por 26 corredores. Ese grupo de fugados apenas alcanzó el minuto de ventaja, debido al trabajo en el pelotón del Kelme. La fuga no fue la definitiva y sobre el kilómetro 50 fue neutralizado el corredor de la ONCE, dejando por delante de él un grupo de 12 corredores, en el que habría gente tan importante como Bettini, Nardello o Chente García Acosta.

Durante el puerto de Ventana no hubo variaciones y hubo de esperar a la Cobertoria para ver algo de movimiento, con un ataque de Bettini rápidamente neutralizado por Nardello, Ivanov, Lelli y Orlando Rodrigues. Por detrás la ONCE controlaba a los fugados, llegando incluso a reducir el tiempo de ventaja de esos fugados antes de comenzar un descenso que sería clave.

El descenso de la Cobertoria estaría marcado por una fina lluvia que ya había aparecido en el puerto anterior, lo que unido a las heces que habían dejado las vacas en las jornadas previas en la carretera, convirtieron ese descenso en una auténtica pista de patinaje, que provocó numerosos percances en el pelotón.

Igor González de Galdeano fue una de las primera víctimas, con una caída en la que se golpeó la cabeza y destrozó el casco. Con los minutos las noticias fueron tranquilizadoras, pero no volvió a haber noticias de Igor hasta la línea de meta. Roberto Heras o Iván Parra también cayeron, al igual que un Piepoli que era uno de los grandes favoritos a la victoria aquel día, quien además cayó también en dos ocasiones en el Cordal.

Pero sin duda el corredor más perjudicado en aquel descenso y en aquella etapa fue uno de los grandes favoritos a la victoria final, Fernando Escartín. Un Fernando que perdió el control de su bicicleta en una curva y se golpeó el pecho contra el quitamiedos. Ese golpe le hizo romperse 3 costillas y el antebrazo izquierdo, y con ello dijo adiós definitivamente a la posibilidad de alzarse con la victoria en alguna grande.

La carrera estaba rota, en el pelotón y en los fugados, ya que por delante Ivanov marchaba con unos metros de ventaja con respecto a Nardello y Rodrigues, mientras que el pelotón estaba únicamente formado por 16 corredores, entre ellos Olano y Ullrich.

Después de ese descenso iban a faltar pocos kilómetros para el ascenso al gran coloso de la ronda española, pero antes había que afrontar la subida al Cordal, un, a priori, insignificante puerto comparado con lo que quedaba de etapa. El Cordal fue coronado en solitario por Ruslan Ivanov y poco después de un minuto coronaría el pelotón, en donde ya habían neutralizado a Nardello y Rodrigues.

El descenso lo iba a encabezar Van de Wouwer, seguido de Olano y con los escaladores puros sufriendo por no perder la rueda de estos. Pero fue en una curva a izquierdas cuando un Van de Wouwer que seguía encabezando al pelotón quien se fue al suelo, arrastrando con él a varios corredores más, entre ellos al líder de la carrera, Abraham Olano. Nadie se paró a esperar al de Anoeta, salvo su compañero Zarrabeitia y llegando a pie de l´Angliru con un minuto de retraso con respecto a los Ullrich, Chava o Heras.

Llegó a pie de puerto en primer lugar Ivanov, seguidos por un grupo liderado por Rubiera, en el que también marchaban Heras, Tonkov, Chava Jiménez y Ullrich y a algo menos de un minuto marchaba el líder Olano, con Zarrabeitia, Rebellin, Nardello y Aebersold. A unos 10 kilómetros de meta saltó de ese grupo cabecero Tonkov y abrió rápidamente un pequeño hueco de 30 segundos con respecto al grupo que iba y unos 20 segundos más con Olano y su grupo.
 
Zarrabeitia dijo basta y desde ese momento Olano se puso al frente de su grupo, reduciendo metro a metro la diferencia con el grupo delantero. En el descansillo de Viapará, a unos 8 de meta, las diferencias se habían estabilizado en torno a los 50 segundos, entre Tonkov y el grupo reunificado de los Olano y Ullrich. En ese momento, después del descansillo es donde una pintada pone "Aquí comienza el Infierno". Un infierno que se traduce en una pendiente media del 13% y una máxima del 23.6%.
La primera rampa de Les Cabanes iba a ir acompañada de un ataque de Roberto Heras, al que solo pudo seguir un Chava Jiménez inspiradísimo aquel día. Por detrás quedó un dueto formado por los dos grandes favoritos de la carrera, Ullrich y Olano. Al final de ese primer kilómetro infernal Heras se giró y vio como el Chava marchaba pegado a su rueda. La diferencia en los siguientes kilómetros de Heras-Chava con respecto a Tonkov se mantenía en torno al minuto.

Fue a 4 kilómetros de meta aproximadamente, cuando la renta de Tonkov era de casi un minuto con los dos españoles y de unos 20 segundos más con el dueto del líder, donde se produjo una de las sorpresas de la jornada. El Triki Beltrán, quien se había visto cortado en el descenso de la Cobertoria, se estaba echando encima de Ullrich y de Olano. Se le vio intercambiar algunas palabras con una de las motos que acompañaba a ambos corredores e inmediatamente, en pie sobre la bicicleta, los adelantó sin contemplaciones. Olano dejó hacer al alemán Ullrich, y al ver que este no reaccionaba, él sí lo hizo y se fue a por el corredor jienense.

Las distancias se mantenían, e incluso iban favoreciendo a Tonkov justo a la llegada a la mítica Cueña les Cabres. En la Cueña fue donde se vio como nunca antes en directo a los corredores. Ni el famoso Mortirolo podía ofrecer esas imágenes. Tonkov prácticamente no podía ni avanzar en esas rampas con una media superior al 17%, y sus perseguidores tampoco marchaban mucho mejor que el ruso. Era igual para todos los corredores menos para uno, un único corredor capaz de hacer levantarse a los aficionados del sofá con su sola presencia en carrera. Ese corredor no podía ser otro que el malogrado Chava Jiménez, quien en ese kilómetro infernal de la Cueña decidió aumentar su ritmo, ya que había visto que el que llevaba Heras no iba a ser suficiente para neutralizar al ruso, dejando totalmente descolgado al bejarano. Otro Banesto, Piepoli, iba a adelantar a un Ullrich que estaba sufriendo en demasia en las rampas más duras del puerto.
 
Al acabar la Cueña, la distancia de cabeza de carrera se había visto reducida a unos 40 segundos con el Chava, manteniéndose con el resto de corredores. El Chava iba encendido, alternando el ponerse en pie con ir sentado, y el ruso poco a poco se iba apagando, con su pedaleo regular y sentado sobre la bicicleta. Se estaba echando el corredor del Banesto encima del corredor del Mapei. El resto de corredores no existían ya para esa etapa.
 
En medio de la niebla, dentro ya del último kilómetro, el Chava se echó literalmente encima de Tonkov. Le había recortado más de 40 segundos en unos infernales últimos 3 kilómetros.
 
Los últimos metros de la etapa serían en un ligero descenso, de poco más de 300 metros, tras los cuales estaría ubicada la línea de meta. Una línea de meta que ninguno de los dos corredores llegaría a ver, debido a que la densa niebla impedía que nadie viera a una distancia de un par de palmos más lejos de su rueda. Gracias a que el Chava adelantó a Tonkov justo antes de iniciar ese ligero descenso, fue quien entró en meta como el primer ganador en ese puerto, debido a que ninguno de los dos corredores realizó ningún sprint. El Chava desbordaba alegría una vez que hubo cruzado la meta, justo lo contrario de lo que decía la cara de un ruso muy decepcionado con el desenlace de la etapa.
 
Por detrás de los dos corredores llegó, a más de un minuto Roberto Heras, que escalaba de esta forma, muchos puestos en la general de la carrera. El cuarto en entrar sería un Triki Beltrán que con diferencia había sido el corredor que había empleado menos tiempo en subir el puerto, pero su fallo en la Cobertoria le había perjudicado enormemente. Olano sería quinto en la etapa, afianzando un liderato que solo unas costillas rotas unos kilómetros antes pudieron arrebatarle, aunque eso no se supo hasta varios días después. Todos y cada uno de los corredores iban llegando de uno en uno a la línea de meta, sirviéndose únicamente de sus fuerzas, sin poderse aprovechar del esfuerzo de ninguno otro corredor. Uno de los últimos corredores que llegó a meta fue nada menos que el sprinter McEwen, quien se permitió el lujo de cruzar la meta haciendo un caballito, tradición que haría también años más tarde, aunque aquel día lo hizo más de media hora después de que el ganador de la etapa hubiese cruzado la línea de meta.

No podía haber ganado un corredor más propicio para el aficionado español que el Chava en el estreno de un puerto que desde mucho antes de subirse por primera vez ya era leyenda. Desde ese momento L´Angliru tendría un ganador a la altura de su fama, nada menos que un ganador con el que todos los aficionados al ciclismo en los años 90 se pusieron en pie para celebrar sus gestas y se decepcionaban, cada vez que su cabeza no funcionaba.

Clasificación Etapa:
1- José María Jiménez (Banesto)
2- Pavel Tonkov (Mapei) m.t.
3- Roberto Heras (Kelme) a 1´01´´
4- Manolo Beltrán (Banesto) a 1´14´´
5- Abraham Olano (ONCE) a 1´44´´
6- Leonardo Piepoli (Banesto) a 2´04´´
7- Jan Ullrich (Telekom) a 2´46´´
8- José Luis Rubiera (Kelme) m.t.
9- Davide Rebellin (Polti) a 3´01´´
10- Igor González Galdeano (Vitalicio Seguros) a 3´09´´
11- Roberto Laiseka (Euskaltel) m.t.

Clasificación General:
1- Abraham Olano (ONCE)
2- Jan Ullrich (Telekom) a 2´08´´
3- Pavel Tonkov (Mapei) a 2´58´´
4- Igor González Galdeano (Vitalicio Seguros) a 3´58´´
5- Roberto Heras (Kelme) a 4´24´´
6- Ángel Casero (Vitalicio Seguros) a 4´44´´
7- José María Jiménez (Banesto) a 5´29´´
8- Manolo Beltrán (Banesto) a 6´26´´
9- Davide Rebellin (Polti) a 6´53´´
10- Leonardo Piepoli (Banesto) a 7´19´´

Saludos a todos!!

martes, 22 de mayo de 2012

Pantani sentencia el Giro en Montecampione

Giro d´Italia de 1998 estaba próximo a finalizar en su 81ª edición, y lo iba a hacer por todo lo grande con la disputa de su 19ª etapa, la más larga de esa edición. En esa etapa los corredores iban a recorrer un total de 243 kilómetros, los que separaban Cavalese y Montecampione.
 
Esta 19ª etapa iba a ser la última de montaña de esa edición del Giro, cuando aún quedaba la disputa de una CRI y otra etapa más, aparte de la jornada de homenajes en la que los corredores llegaban a la meta final de Milán. Se iba a afrontar una jornada infernal, con subidas a dos puertos sin catalogar, un puerto de 2 (Fai della Paganella), un 1ª (Croce Domini), el especial de Montecampione. La etapa iba a tener lugar en un 4 de junio, una fecha que para un corredor del pelotón era muy especial, ya que se cumplían 4 años de su primera victoria en una grande. Se trataba de la primera victoria de Marco Pantani en Merano, el día anterior de la histórica etapa de Aprica 94.
 
Ya había pasado el momento de la carrera en el que el suizo Alex Zülle parecía que se haría con el Giro de forma indiscutible. Pero la etapa de Selva di Val Gardena había semi-enterrado sus opciones de victoria y había dejado un interesante duelo por la carrera entre Tonkov y Pantani. Zülle aún no había muerto, pero ya andaba con la estocada.
 
La etapa se sabía que iba a ser muy dura, y los corredores que aún quedaban en carrera llegaban con el depósito casi vacío, por lo que tardó bastante tiempo en formarse una fuga en el pelotón. El Mercatone, el equipo del líder Pantani, fue quien asumió el mando de las operaciones en todo momento, lo que fue restando moral a los rivales. Todo fue según esta normalidad hasta la llegada al Passo de la Croce Domini, en donde Zülle pegó una petada de las que casi no se recuerdan en el mundo del ciclismo. Sus piernas habían dicho basta, y él negando con la cabeza lanza con rabia su botellín al suelo, presa de la impotencia de no poder seguir peleando por algo que había tenido tan cerca de la mano. Terminaría la etapa, porque Zülle era todo un campeón, pero lo haría cediendo más de media hora con respecto al ganador de la etapa.
 
Al tiempo que Zülle se quedaba en la primera dificultad, los Mercatone dejaban el grupo en 29 unidades, cuando aún no había empezado la etapa de verdad. En el grupo estaban todos los favoritos de la carrera, con excepción de Zülle, allí se encontraban los Pantani, Tonkov, Conti, Camenzind, Garcelli, Leblanc, Savoldelli, Gontchar, Guerini o un ya muy venido a menos Bugno. Durante la subida se había fugado el sueco Axelsson, buscando aparecer en las pantallas de los telespectadores, hasta que fue neutralizado durante el descenso del puerto, justo antes de afrontar la última subida y final en alto de la prueba.
 
Ese último puerto, el de Montecampione, era un puerto larguísimo de más de 20 kilómetros, por lo que los corredores tendrían tiempo de atacar. En las primeras rampas del mismo los Mercatone marcan un ritmo brutal, un ritmo que obliga a los propios corredores del conjunto verde y amarillo a apartarse de la cabeza de carrera después de tirar del grupo durante solo un centenar de metros. A 17 kilómetros de meta, y cuando ya solo le quedaba a Pantani a su fiel gregario Podenzana fue cuando el de Cesena pasó al ataque. Tonkov sale rápidamente a por el pirata, pero será el único corredor capaz de seguirle el ritmo. El resto no pudo sino mirarlos como se alejaban en el horizonte.

Tonkov sigue la rueda de Marco muy a duras penas, especialmente cuando este se pone en pie sobre su bicicleta. Cada vez que Marco se alzaba sobre su bicicleta se abría un hueco de un metro de distancia entre ambos corredores, pero el ruso consigue neutralizar ofensiva tras ofensiva del de Cesena, poniéndose él igualmente en pie sobre su bicicleta. El resto ya no existe, es un mano a mano entre el italiano y el ruso.
 
Poco después de pasar el cartel de 14 a meta, Pantani gira su cabeza a mirar que había sucedido después de su terrible ofensiva, viendo que Tonkov está literalmente pegado a su rueda y detrás no hay carrera. Decide en ese momento echarse a un lado, dando a entender al ruso que quiere que colabore en la aventura. Tonkov finalmente pasa al relevo, pero un simple relevo de cortesía, vigilando lo que hace al tiempo Pantani, ya que temía una arrancada de este. Se plantea un duelo en cabeza de carrera a sangre fría, ya que Pantani sabía que los 27 segundos de renta que tenía en la general eran a todas luces insuficientes para mantener su privilegiada posición cuando todavía tendría que disputar una CRI y aún quedaba más de la mitad del puerto.
 
Pantani vuelve a cargar con fuerza al frente de la carrera, pero el corredor ruso del Mapei se encuentra intratable, con un pedaleo muy alegre, viendo la que le estaba tirando encima Pantani. Un segundo relevo, también de cortesía de Tonkov preceden a una nueva terrible carga de Pantani, quien en las rampas del 8-9% sprintaba a más de 20 kilómetros por hora. Pero Tonkov era una lapa, no había forma de despegarlo de su rueda, y no solo eso, sino que además parecía que quería entrar al relevo, como queriendo hacer ver a Pantani que su ataque era completamente inútil.

Cuando faltaban 9 kilómetros a meta, ya pasado el ecuador del puerto, era cuando las rampas del mismo eran más suaves, por lo que Pantani decidió tomarse el mayor respiro de la subida. Hasta que faltaban 6 a meta, fueron relevándose ambos corredores por mera cortesía, pero se estaban guardando ambos todo su arsenal. Al concluir esa zona “suave” del puerto, Pantani volvió a la carga con todas sus energías, y ese metro que conseguía cada vez que se ponía en pie, cada vez era más difícilmente respondido por parte de Tonkov.

El pedaleo de Marco Pantani era una tortura para Tonkov. Cada vez era más evidente que Pavel Tonkov se encontraba en apuros. Pantani aprovechaba cada una de las curvas de herradura para sentarse y lanzar un latigazo cuando salía de la curva, para así hacer aún más daño en su ataque. Pero Tonkov neutralizaba una y otra vez sus ataques, aunque cada vez con mayor esfuerzo.
 
Durante los siguientes 3 kilómetros (del 6 al 3) Tonkov siguió soldado a la rueda de Pantani, aguantando las envestidas de este. Cada vez que Pantani se levantaba sobre la bicicleta a Tonkov le costaba más volver a pegarse a la rueda de este. Cuando antes tardaba 3 segundos, ahora tardaba 15 segundos en hacerlo, hasta que a la salida de una galería, en la enésima envestida de Pantani, los 2 metros de ventaja se transforman en 3 y luego en 4, y por fin se abre el hueco que durante toda la subida había estado buscando desesperadamente Marco Pantani. Se produce el momento que el gran comentarista italiano, Adriano De Zan narra de la siguiente manera:
https://www.youtube.com/embed/sZexDoC4to0

Pantani por fin se había despegado de Tonkov y aún le quedaban más de 2 kilómetros para abrir hueco con respecto a su rival. En el paso de 2 a meta la distancia entre ambos corredores era de 20 segundos, ampliada en otros 4 más medio kilómetro más adelante. Tonkov había doblado la rodilla, pero no se iba a dejar ganar tan fácilmente. En el último kilómetro la diferencia ya era superior a los 40 segundos. Pantani cada vez forzaba más su pedaleo, dándolo todo, exprimiendo hasta el último segundo que pudiera conseguir de renta de cara a la última CRI de la prueba. Su entrada en la meta, simplemente una imagen para el recuerdo: él, erguido sobre la bicicleta, alzando los brazos en cruz, al tiempo que daba un resoplido, de alivio. Su cara era todo un poema, era una cara de alivio ante lo que acaba de sufrir para poder derrotar a su rival.
 
El siguiente corredor que aparecería en meta no podía ser otro que Tonkov, quien llegaría a meta con un gesto de sufrimiento terrible, llegando totalmente vacío, y a una distancia de 57 segundos, lo que parecía que sentenciaba la carrera a favor del corredor italiano. El siguiente corredor que haría acto de aparición en la línea de meta sería un Guerini que iba a consolidar la tercera plaza del cajón, repitiendo y confirmando su actuación del año anterior, en que concluyó en idéntica posición. El retraso con respecto a Pantani sería de 3 minutos y 16 segundos. Le siguieron en meta corredores como Dani Clavero, Camenzind, o Savoldelli, pero ellos daba la sensación, a tenor por la lucha vista, que no habían estado en la etapa.
 
En la general Pantani y Tonkov iban a quedar separados por un minuto y medio, tiempo en teoría insuficiente para el italiano de defender su maglia rosa. Pero se respiraba en el ambiente que el ganador, por primera vez desde que Indurain hiciera acto de aparición en la carrera, volvería a ser un corredor local, que la victoria de aquel 4 de junio no iba a ser en vano y que el premio al final de la carrera sería el mayor posible.


Saludos a todos!!

martes, 17 de enero de 2012

A Olano se le escapa el rosa

El día 7 de junio del año 1996 se iba a disputar la penúltima etapa del Giro d´Italia de ese año. Una etapa que iba a atravesar nada menos que los puertos de Mendola, el Tonale, Gavia, y el Mortirolo, finalizando la etapa en Aprica, tras recorrer 250 kilómetros, en una penúltima etapa del Giro durísima, a lo que había que sumar la etapa del día anterior, en que se atravesaron puertos también de gran dureza, como era el caso del Pordoi.

Ese día la etapa comenzó con tranquilidad y hasta el Tonale no se produjeron los primeros movimientos, sin importancia para la general. Berzin, Buenahora y Cacaito Rodriguez fueron los corredores de más nombre que se movieron en esas rampas, formando un grupo cabecero. Berzin, quien el día anterior había caído hasta la 7ª plaza de la general, pero su movimiento podía ser preocupante, puesto que se encontraba a menos de 4 minutos del líder de la general, Abraham Olano. El equipo del líder, el Mapei, en consonancia con el Carrera, se puso a tirar del pelotón, para no dejar que cogieran mucha ventaja.

En las primeras rampas del Gavia fue cuando las cámaras conectaron, y se pudo ver como ese grupo cabecero saltaba por los aires, al ponerse Buenahora al frente del mismo. El mismo Berzin se descolgaba del colombiano, confirmando la crisis que había sufrido el día anterior.
 
Estaban subiendo por unas duras rampas del Gavia, por los 3 kilómetros que no se encontraban asfaltados y era una delicia para los ojos del espectador. Se podía respirar ese aire de puerto mítico que tenía el Gavia, un puerto que solo se había ascendido en otras dos ocasiones; la primera de ellas fue en 1960 donde Anquetil pudo salvar su maglia de líder por solo medio minuto en las rampas del coloso.

Buenahora se fue en solitario, siendo Cacaito quien trataba de seguirle. Por detrás, cuando Berzin estaba a punto de ser neutralizado, saltó del pelotón Faustini, quien era 8º de la general, a solo 5 minutos de Olano. Por lo tanto, era un ataque que podía llegar a preocupar a los Mapei, máxime cuando se le veía buena cara a Faustini, no como había sucedido con el ruso Berzin. Faustini consiguió marcharse del pelotón y terminó formando un dueto perseguidor de cabeza de carrera con Cacaito Rodriguez, quien sorprendentemente, decidió ayudar a su compañero con los relevos.

Buenahora coronó el Gavia en cabeza, con poco más de un minuto de ventaja con Cacaito y Faustini, y casi 2´40´´ con el grupo del líder, en el que se encontraban prácticamente solo los primeros de la general, con la excepción de un Berzin que cedía dos minutos más con cabeza de carrera al coronar la cima Coppi de ese Giro. No se habían movido aún los favoritos pues aún les faltaba el durísimo Mortirolo, y el grupo ya había quedado reducido a muy pocos unidades.
 
En el eterno descenso del Gavia se juntaron hasta 4 corredores en cabeza, Buenahora, Faustini, Cacaito y Massi, y en el grupo del líder fueron entrando corredores que se habían quedado descolgados durante la subida, como fue el caso de Berzin.

Y cuando llegan al Mortirolo es cuando comienza de verdad el espectáculo en la etapa. Los Carrera deciden poner un ritmo duro desde el inicio de la subida, sin dar tregua a los componentes del grupo. Con un ataque de Ugrumov, Olano se queda sin compañeros. El grupo ahora lo componen esos dos corredores, más Zaina, Gotti y Tonkov, siendo Zaina (Carrera) quien marca un ritmo que no deja respirar a Olano y le va asfixiando, hasta que en el Muro de San Mateo se descolgó. Perdió la rueda de sus 4 compañeros hasta ese momento. Ellos no tuvieron problema en alcanzar a los 4 que habían sido cabeza de carrera hasta el momento, mientras que Olano viajaba a menos de medio minuto de sus rivales.
 
En un principio Faustini se quedó con Olano, pero rápidamente este último se quedó en solitario, mientras que por delante, aunque el peso lo llevaban Zaina y Ugrumov, todos colaboraban, salvo Gotti.
 
La diferencia entre Olano y los líderes de carrera estaba estabilizada en los 40 segundos, cuando Tonkov comenzó a relevar de una forma muy dura, haciendo crecer de nuevo la diferencia, aprovechando también que Olano comenzaba a acusar la persecución que había estado haciendo en solitario. A 3 kilómetros de la cima la diferencia había aumentado a nada menos que 1´45´´.

Fue en ese momento cuando Gotti, quien había sido el que más cómodo había realizado la etapa, lanzó un gran ataque, al que respondió solo Tonkov. Ambos se fueron camino de la cima, con el ruso aparentemente cómodo a rueda del italiano. Pero a pocos metros de la cima, el ruso comenzó a hacer gestos extraños. Poco antes de coronar, Tonkov comenzó a hacer unos gestos extraños con las manos, que parecía ser como si estuviera celebrando la victoria en la general, cuando aún quedaban muchos kilómetros para el final de la etapa. Posteriormente en meta dijo que habían sido esos gestos para pedir a los aficionados que se apartasen del camino, no era ninguna celebración.
 
Cruzaron Tonkov y Gotti en cabeza la cima del Mortirolo, con 38 segundos de ventaja con respecto a Ugrumov y Zaina, y nada menos que 2´22´´ con un corredor que se encontraba totalmente solo, Olano.

Se confiaba en que Olano redujese algo la distancia en el descenso, puesto que era un especialista, pero el donostiarra iba totalmente quemado del esfuerzo de la etapa. No consiguió reducir prácticamente nada, y con más de 2 minutos de desventaja, afrontaba los 15 kilómetros de falso llano que conducían a la meta de Aprica.
 
Tonkov y Ugrumov llegaron a Aprica con una sólida ventaja de un minuto con Zaina y Ugrumov, quien había realizado una tonteria, al atacar a 4 de meta a su compañero, quien le cogió rueda rápidamente, y a partir de ese momento no le dio ni un solo relevo. Ese gesto estúpido le costó a Ugrumov el pódium de la carrera.

Gotti ganó la etapa, y Tonkov también entró en meta con los brazos en alto, celebrando la victoria de la general. Ugrumov y Zaina llegaron a 57 segundos del ganador. El siguiente en cruzar la línea de meta sería Olano, quien entraría a 2´52 de Gotti, y salvaría una plaza en el pódium final por solo 3 míseros segundos.


A Olano se le había escapado la maglia rosa de líder de la carrera en la penúltima etapa, pero había conseguido salvar un merecido pódium a base de saber sufrir mucho sobre la bicicleta.


Saludos a todos!!

domingo, 8 de mayo de 2011

Le Grand Bornard - La Plagne 1995

Hoy vuelvo a retomar la narración de otra etapa protagonizada por Miguel Indurain. En esta ocasión se trata de la 9ª etapa del Tour de 1995, la que finalizaba en La Plagne. La anterior etapa había sido la de la CRI de Seraing, la cual había concluido con la victoria del navarro por tan solo 12 segundos con respecto al danés que le sucedería, Bjarne Riis, y ya más distanciados el resto de sus rivales, puesto que solo el danés fue capaz de aguantarle el pulso durante la CRI. En dicha etapa, el a priori líder del equipo español ONCE, el suizo Zülle, había perdido unos 3 minutos, lo que le situaba muy lejos en la general con respecto al líder Indurain. Esa distancia en la clasificación era la cual obligaba a atacar al suizo si quería obtener algún éxito en dicha carrera. Y eso fue precisamente lo que hizo en esta 9ª etapa, la de La Plagne.
 
Durante la disputa de esa corta etapa, de tan solo 160 km. y en vísperas de la etapa de Alpe D´Huez, se produjo un hecho insólito y muy sorprendente. En los primeros kilómetros de la etapa bajaba al coche Alex Zülle para recibir alguna indicación de su director, Manolo Saiz, junto con algún otro compañero. Hasta ahí todo normal, puesto que todavía no había pinganillos. Manolo estaría hablando con uno de sus ciclistas, al que indicó que atacase en ese momento, cuando Zülle entendió que esa orden iba dirigida a él, por lo que atacó a todavía bastante distancia de meta. Se formó un pequeño grupo que fue cogiendo bastante distancia, llegando a contar con más de 5 minutos de renta con respecto al pelotón, lo que convertía al suizo en líder virtual de la carrera.
 
Por su parte el líder navarro no se ponía nervioso y dejaba hacer al suizo, manteniendo a raya a Riis, el cual demostró el día anterior estar muy bien. Puso su equipo a controlar la distancia para que no se marchase mucho en la general antes de la última subida del día, a La Plagne.
 
Llegaron a pie de puerto los fugados con aproximadamente 4´30´´ de ventaja, la cual aumentó, ya en solitario el suizo, hasta los 4´56´´ en los primeros kilómetros de ascensión. Fue entonces cuando aceleró Indurain leventemente el ritmo del pelotón, poniéndolos en fila de 1. Ese cambio de ritmo que estaba protagonizando Indurain recordaba al que realizó justo un año atrás, en Hautacam.
 
En ese momento marchaban a su rueda los Leblanc, Escartín, Rominger, Riis, Gotti... a su rueda, hasta que Vicente Aparicio pudo marcarle el ritmo a Miguel. Cuanto ya no pudo más Aparicio fue cuando cambio ese ritmo Indurain, y en menos de un kilómetro no solo había estirado completamente al pelotón de favoritos, sino que ya se había marchado por delante de todos ellos, en su particular persecución a Zülle.
 
Pocos metros más adelante cogió al ruso Tonkov, que iba con unos metros de ventaja, y sorprende la forma en la que asfixia Miguel a Tonkov, en tan solo unos 400 metros, que es lo que puede seguirle el ruso la rueda al navarro.
 
Ya era segundo de la etapa Miguel, tras Zülle, y en la persecución de ambos marchaban todos los hombres de la general, manteniendo las distancias con el suizo, y perdiendo un mundo con el navarro, que fue el único capaz de recortar tiempo al suizo.
 
Si intentáis encontrar algún vídeo con la subida completa, os aviso que es imposible conseguirlo, porque las imágenes que encontraréis por internet se cortan a 10 km. de meta, pero os diré que en esos 10 km. que no se muestran Miguel no hizo si no recortar tiempo a Zülle, siendo la ventaja de este (ganador) con respecto a Indurain (2º) en meta de nada más que 2 minutos, cuando en el momento en que se cortan las imágenes cuenta con una renta de más de 4 minutos. Indurain por su parte sentenció aquel día su 5º Tour, aventajando en meta a Tonkov, Gotti y Pantani en más de 2 minutos, Rominger o Chiapucci perdieron aquel Tour, dejándose más de 4 minutos, y su, a priori tras la jornada del día anterior, Riis, se dejó en meta más de 5 minutos.

Esta etapa la pongo de ejemplo a todo aquel que diga que Indurain no sabía subir, que simplemente arrasaba, que lo hacía, en las Cronos, y luego se limitaba a defenderse en la montaña.




Saludos a todos!!