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martes, 4 de septiembre de 2012

Vuelta 93. Naranco, la apoteosis del Clas

La 17ª etapa de la Vuelta a España de 1993, la etapa reina, que finalizaba en los Lagos de Covadonga, dejaba al suizo Tony Rominger como líder de la carrera, aventajando a su compatriota Alex Zülle en tan solo 33 segundos, dejando la general totalmente abierta cuando aún faltaba todavía una etapa con final en alto y el último día una contrarreloj.
El 14 de mayo iba a disputarse la 19ª etapa de la Vuelta. Después la disputa de esta ya solo quedaría una etapa relativamente sencilla, que concluiría en el Ferrol y una contrarreloj final por Santiago de Compostela que favorecía claramente al joven corredor de la ONCE, un Zülle que se había erigido en el líder sorprendente del equipo debido al fiasco que había supuesto el corredor holandés Erik Breunkink. Era una etapa muy peligrosa, en que si los favoritos si sabían moverse, podían salir muy beneficiados, ya que el perfil de la misma era bastante abrupto, muy proclive para poder buscar diferencias. Un  tipo de perfil en que un corredor ofensivo y con ganas de hacer sangre, como lo era Rominger en ese momento de su carrera, podía hacer mucho daño al resto del pelotón. Y necesitaba hacerlo, puesto que los 33 segundos con los que comenzaría la etapa se antojaban insuficientes ante la contrarreloj del último día.
 
La etapa partiría alrededor de la 1 y media del medio día en la localidad asturiana de Gijón y concluiría en el Alto del Naranco, pasando previamente el pelotón por el Alto de la Reigada (3ª) en el kilómetro 35, el Alto de la Cobertoria (1ª) sobre el kilómetro 100, Alto Padrún (3ª) sobre el 130 y el Alto de la Manzaneda (3ª) poco antes del 140, finalizando en el ya mencionado Naranco (1ª), totalizando 153 kilómetros de etapa.

El Clas-Cajastur, con Juan Fernández como director a la cabeza, sabía que la entidad de los puertos de aquella 19ª etapa no eran suficientes para que Rominger dejara de rueda a un Zülle que no solo no había ido a menos después de haber cedido el maillot de líder de la carrera, sino que parecía que se estaba creciendo y con la distancia que había entre los dos primeros corredores de la general, era el claro favorito para hacerse con la victoria final. Por ese motivo el equipo asturiano decidió que había que pasar a la ofensiva, intentando buscar el que su rival cediera tiempo, con un terreno que era muy dificil de controlar por parte de los equipos.
 
El Alto de la Cobertoria sería el lugar elegido por el equipo asturiano para tocar la corneta de batalla, buscando dejar a Zülle sin compañeros, buscando, si se podía alianzas con otros equipos y atacar al joven suizo en su punto débil, los descensos. El equipo Amaya mandó atacar a Vicente Aparicio nada más comenzar el puerto, siendo alcanzado más adelante por su compañero Rincón y por Iñaki Gastón. Por detrás tiraba con mucha fuerza el Clas y poco antes de coronar el puerto, alcanzaban a estos 3 fugados, quedándose el grupo de esta manera formado por 8 corredores: Rominger, Gastón, Zülle, Cubino, Montoya, Aparicio, Rincón y Perico Delgado.

Tony Rominger, un corredor con una gran iniciativa, lo vio claro, era el momento de hacer daño a su compatriota, que no estaba apoyado por ningún compañero de su equipo. Era el momento de hacer sangre y el suizo lo iba a hacer. Rominger adelantó a su compañero Iñaki Gastón, y le pidió que le siguiera. Ambos se lanzaron en el peligrosísimo descenso abriendo un hueco de varios metros con los otros 6 corredores con los que habían coronado. Desde ese momento, ambos corredores del Clas no volvieron a tener referencias sobre sus perseguidores hasta que les alcanzó el coche de su director, Juan Fernández, que les daba una noticia que no esperaban, Zülle se había caído en el descenso y marchaba en el pelotón, a más de 2 minutos de donde se encontraban ellos, mientras que el grupo perseguidor, compuesto ahora por 5 corredores, estaba a menos de un minuto.
 
Zülle desde siempre había tenido un grave problema de vista, puesto que padecía una miopía muy pronunciada. Ese problema de vista hacía que el suizo no tuviese un gran manejo de la bicicleta, especialmente en los descensos, un hecho que se acentuaba con la presencia de la lluvia. Una lluvia como la que iban a empezar a sufrir los ciclistas en esta señalada etapa, máxime en un descenso tan peligroso como el de la Cobertoria.
 
Todos esos factores sumados; el de un peligroso descenso, unas gotas de lluvia, el asfalto mojado y sus problemas de vista, hicieron que el joven corredor suizo se fuera al suelo en una curva a izquierdas con poca visibilidad, al intentar perseguir al dueto del Clas, con más riesgo de lo aconsejable. Su bicicleta cayó por un terraplén y tardaron bastante más tiempo del recomendable en poder rescatarla y que el corredor se reincorporase a la carrera. Una vez concluida la etapa, en el set que TVE preparaba para que pasasen los corredores después de cada etapa, Pedro González le preguntó que como se encontraba, a lo que el respondió con una histórica frase en su peculiar español, ante esos micrófonos de TVE:
"Culo duele, bici flores".
Desde el momento en el que Zülle fue absorbido por el pelotón, sus compañeros de la ONCE Leanizbarrutia, Torres y Díaz Zabala se habían puesto a trabajar como posesos para intentar reducir lo máximo posible la ventaja antes de la subida al Padrún. Tan fuerte tiraron esos tres ONCE que consiguieron alcanzar al grupo de los cuatro Amaya y a Perico Delgado, siendo la diferencia con cabeza de carrera de aproximadamente un minuto. A pie de ese puerto fue donde Iñaki Gastón dejó a un Tony Rominger que realizaría a partir de ahí el resto de la etapa en solitario, luchando contra los ONCE por conservar la ventaja que habían adquirido en el descenso y en los primeros kilómetros del llano, gracias al trabajo impagable de Gastón. La ventaja al coronar el Padrún de Rominger era de 51 segundos, por lo que apenas le habían reducido unos segundos la ventaja Breukink y Bruyneel, que ahora eran los que trabajaban en favor de su jefe de filas, en un grupo formado ahora por 10 unidades.
 
En el descenso del Padrún el cielo se cerró y comenzó a caer una inmensa cantidad de agua sobre los corredores, que estaban completando una de las mejores etapas de la historia de la carrera. Desde las primeras rampas de la Manzaneda también el publico asturiano comenzó a aparecer en las cunetas dando un cálido apoyo al corredor del equipo de su tierra, Rominger, un Rominger que agradecería ese cálido apoyo manteniéndose en cabeza de forma firme y casi sin ceder terreno con los perseguidores. Unos perseguidores que ahora estaban encabezados por un Bruyneel que prácticamente no conseguía recortar segundos, a pesar del gran trabajo que estaba realizando. La ventaja de Rominger al coronar la Manzaneda sería de 46 segundos con respecto al grupo de los ONCE y del resto de favoritos.

Después de realizar este último descenso del día los corredores pasaban por Oviedo y allí fue aclamado Rominger por "su" publico, a su paso por la ciudad, una ovación como pocas veces se recuerda en ningún corredor. Inmediatamente al paso por la ciudad los corredores afrontaban el último ascenso del día, el del Naranco. El primer corredor en afrontar sus rampas sería Rominger, que mantenía la ventaja con el grupo que desde sus primeras rampas ya lideraría Zülle. A su rueda marcharían hasta 3 corredores del equipo Amaya; Cubino, Rincón y Montoya, pero que en ningún momento darían un solo relevo, ya que entre ellos se estaban jugando la tercera plaza del podium final y no iba a pedalear ninguno en beneficio de otro que no fuera él mismo. También De Santos y Perico Delgado marchaban en ese grupo.

Rominger en esos últimos kilómetros ya comenzaba a dar signos de fatiga, puesto que llevaba cerca de 50 kilómetros de fuga, de los cuales más de 25 fueron en solitario, pero el público "le estaba empujando" y no podía defraudarles. Sacó fuerzas de flaqueza y siguió pedaleando para conseguir que el equipo de la tierra se hiciera con la victoria de etapa, para delirio de la gente que se encontraba de forma masiva en las cunetas.

A 3 kilómetros de meta la ventaja apenas la había conseguido reducir Zülle a 42 segundos y su grupo veía como se reducía el número de miembros que lo componían, ya que Montoya o Delgado habían cedido. 2 kilómetros más adelante, al paso por la última pancarta, ya solo llevaba dos corredores más a rueda del suizo, ambos del conjunto Amaya, Rincón y Cubino. Este último, el corredor de Béjar, cuna de grandes ciclistas, al poco de pasar por esa última pancarta lanzó un demarraje con el que dejó atrás a sus compañeros de fatigas. Un ataque que fue suficiente para dejar atrás a esos dos corredores, pero no para neutralizar la obra maestra que había ejecutado y que estaba a punto de rematar Tony Rominger.

Un Tony Rominger que iba a cruzar la línea de meta con un tiempo de 3 horas, 59 minutos y 41 segundos, brazo derecho en alto y feliz por la jugada maestra que había realizado en la etapa, con un ataque casi kamikaze a más de 50 de meta. 34 segundos después cruzaba la línea de meta el sensacional corredor bejarano, Laudelino Cubino. 10 segundos más tarde cruzaban esa línea Zülle y Rincón. Con esas diferencias Rominger aventajaba a su compatriota en 1 minuto y 17 segundos, a priori suficiente para conseguir la victoria final de la ronda española aún con la última contrarreloj, favorable a su rival. A 54 segundos cruzó la línea de meta Montoya y 5 segundos más tarde lo hizo Pedro Delgado. Fueron los únicos corredores que se acercaron en menos de 2 minutos a Rominger. Los siguientes en llegar a meta fueron los últimos dos corredores que apoyaron con su trabajo a Zülle, Bruyneel y Breukink, que llegaron justo a rueda de Zaina.

Finalmente entre los hombres importantes del pelotón, llegó a más de 4 minutos y medio el otro corredor que fue un héroe aquel día en la tierra del equipo, Iñaki Gastón, quien gracias a su trabajo había propiciado el desenlace de la etapa. Rominger había completado hasta ese momento la que era la mejor etapa de su vida, una etapa que llenaría al corredor de confianza y le ayudaría a conseguir grandes éxitos en un futuro reciente. 

Clasificación etapa:
1- Tony Rominger (Clas) 3 horas 59´ 41´´
2- Laudelino Cubino (Amaya) 34´´
3- Alex Zülle (ONCE) a 44´´
4- Oliverio Rincón (Amaya) a 44´´
5- Jesús Montoya (Amaya) a 54´´
6- Pedro Delgado (Banesto) a 59´´
7- Enrico Zaina (Mercatone Uno) a 2´02´´
8- Johan Bruyneel (ONCE) a 2´11´´
9- Erik Breunkink (ONCE) a 2´11´´
10- José Luis de Santos (Banesto) a 4´31´´

Clasificación General:
1º Tony Rominger (Clas) 96h 07´03"
2º Alex Zülle (ONCE) a 1´17"
3º Laudelino Cubino (Amaya) a 4´14"
4º Oliverio Rincón (Amaya) a 5´49"
5º Jesús Montoya (Amaya) a 6´34"
6º Pedro Delgado (Banesto) a 8´20"


Saludos a todos!!

martes, 3 de julio de 2012

Tour 95, Indurain sorprende a sus rivales en Lieja

Las victorias en los diferentes Tours y Giros de Miguel Indurain solía basarse en la superioridad que mostraba este en la lucha contra el reloj, en las que alejaba a sus rivales a un mundo y luego solía mantener, cuando no aumentar, esas rentas en la montaña. Es por eso por lo que el ataque más sorprendente de su carrera se produjo en Lieja, ya que nadie esperaba que en una etapa que no era ni de alta montaña ni contrarreloj, Miguel lanzase un ataque que resultaría demoledor para alguno de sus rivales.
El Tour de Francia de 1995 estaba siendo una carrera bastante loca, fuera de los parámetros normales de control en los que se solía desarrollar la carrera. La etapa prólogo se desarrolló bajo una lluvia que impidió que los favoritos optasen a lucir el maillot amarillo aquel día. Jacky Durand fue quien marcó el mejor tiempo del día y tuvo el honor de poder llevar dicha prenda amarilla durante dos jornadas. Laurent Jalabert le arrebató esa prenda gracias a las bonificaciones, y lo hacía en la etapa que terminaba en Vitré, justo cuando se cumplía un año de su terrible caída en Armentieres.
 
Pero no duró mucho el maillot en su espalda, ya que en la tercera etapa iba a tener lugar una contrarreloj por equipos en la que el conjunto Gewiss-Ballan se iba a lucir e iba a marcar el mejor tiempo del día, siendo la ONCE el segundo clasificado, pero no pudiendo mantener la prenda de su jefe de filas, que fue a parar a las espaldas de Ivan Gotti. También durante 2 días pudo lucir la codiciada prenda amarilla, hasta que en la etapa de Charleroi su compañero de equipo, Bjarne Riis, gracias a las bonificaciones se lo arrebató.
 
Con ese caos en la carrera, sin estabilidad en el portador del amarillo, la carrera viajaría fuera de territorio francés, llegando al territorio vecino de Bélgica. Por segundo día consecutivo la carrera tendría lugar en tierras belgas. Concretamente en esa segunda etapa por tierras belgas, la séptima de la carrera, se unirían las localidades de Charleroi y Lieja.
En esa etapa con final en Lieja hubo una lucha constante entre los favoritos, especialmente en las 3 últimas cotas puntuables del día (de un total de 10 puntuables). Esa constante disputa venía propiciada por esa alternancia en el liderazgo de la carrera, ya que Jalabert, gracias a las bonificaciones de los Sprints, se había quedado a solo 6 segundos del líder, Riis. Fue precisamente el francés quien lanzó un ataque en la antepenúltima cota del día, la de Haute Levee, buscando distanciarse del grupo de favoritos, antes de llegar al Sprint Especial de Theux.
 
A rueda de Jalabert salieron Dufaux, Armstrong y un gregario de Indurain, González Arrieta, cumpliendo una función de vigilar el movimiento. Pero a Indurain no le tuvo que gustar el movimiento y el grupo que se estaba formando con Jalabert, por lo que decidió responder en primera persona y alcanzó ese peligroso grupo, poniéndose en cabeza del mismo, neutralizándolo y tomando nota de lo sucedido, de cara a un futuro próximo.
Una vez que Indurain neutralizó el peligroso movimiento, las cosas se apaciguaron y se vivió una ligera calma hasta que se reorganizó el pelotón, de cara a ese Sprint Especial de Theux, que se encontraba a poco menos de 30 kilómetros de meta. En el Sprint se impuso Jalabert, secundado por el gran sprinter uzbeco Djamolidine Abdoujaparov, siendo tercero el líder Riis, con lo que gracias a las bonificaciones el francés se situaba como líder provisional de la carrera, a la espera de lo que sucediera durante el resto de la etapa.
 
Se vivía una calma tensa en el pelotón, con un pequeño parón incluido, antes de afrontar la subida a la penúltima cota puntuable del día, la de Mont Theux, al poco de salir de Theux, hasta que al poco de atravesar el Sprint se formó un pequeño grupo de escapados, aprovechando el acelerón de Bruno Thibout. Entre los componentes de ese grupo se encontraba gente como Eric Boyer, Bo Hamburger, Lelli, de nuevo González Arrieta, Lance Armstrong y Johan Bruyneel, que quien sabe si fue en esos momentos donde hicieron las buenas migas que luego desembocarían en los grandes éxitos que alcanzaron juntos en el futuro. Era una fuga que favorecía a la ONCE, ya que Bruyneel era el corredor mejor colocado de esos fugados, por lo que consintieron el movimiento.
Y fue en ese momento, a 25 kilómetros de meta fue cuando se produjo un hecho que nadie esperaba en el pelotón. Indurain se ponía al frente del pelotón y dejaba cortado al resto del grupo, ante el estupor de todos los presentes, entre ellos gente tan importante Zülle, Berzin, Riis o Jalabert. Ese ataque de Indurain era un hecho inesperado, ya que todo el mundo intentaba guardar fuerzas para la durísima contrarreloj que iba a tener lugar al día siguiente.
 
Indurain abrió de patas a todos los jefes de fila, que habían intentado salir a por él, y en un momento alcanzó al grupo cabecero, antes de alcanzar la cima de esa penúltima cota. Una vez alcanzada la cima y la cabeza de carrera se puso a tirar del grupo, dejando el mismo reducido a solo 3 unidades; el propio Indurain, Johan Bruyneel y un siempre incómodo Eric Boyer. Por detrás de ese grupo, Jalabert intentaba neutralizar al grupo cabecero y no se dedicaba guardar fuerzas de cara al día siguiente buscando refugio en un más que confuso y hecho trizas pelotón. En los restos de lo que kilómetros antes había sido un pelotón, todo el mundo miraba a todo el mundo, pero nadie se ponía al frente a tirar. Manolo Saiz lo tuvo claro, él tenía a un corredor en el grupo cabecero y Jalabert era el líder provisional de la carrera y aventajaba en unos metros a este pelotón, por lo que decidió que sus hombres no iban a tirar del pelotón. Le iba a dejar la papeleta a los Gewiss, los Mapei o los Mercatone Uno de Cipollini.
Poco después se afrontaba la última subida puntuable del día, la cota de 4ª categoría de Forges. En esa subida por fin alguien se dignó a dar algún relevo a Miguel. Ese alguien fue Eric Boyer, pero no pudo hacerlo durante mucho tiempo, ya que en la parte más dura de esa cota se quedó cortado, dejando por tanto un dueto cabecero formado por Indurain y Bruyneel. Ambos coronaron la cota y 50 segundos más tarde hizo lo propio un pelotón que estaba siendo comandado por el propio líder, Bjarne Riis, y que ya había neutralizado a Jalabert. En esos momentos ya era Bruyneel el líder provisional de la carrera e Indurain era el segundo de la misma, un detalle muy importante de cara a la contrarreloj del día siguiente y por el que probablemente Miguel Indurain se habría movido, aparte de para hacer daño a sus rivales.
 
Desde ese momento, a 15 kilómetros de meta, la carrera se convirtió en un duelo entre Indurain y un pelotón en el que ya tiraba todo el mundo, porque la ONCE, una vez neutralizado Jalabert se decidió a tirar también del pelotón. Era un duelo de Indurain contra el mundo, porque Bruyneel, cumpliendo órdenes de equipo, no iba a darle ni un solo relevo al navarro hasta que llegasen a la recta de meta.
En ese mano a mano entre Indurain y el pelotón, este último no conseguían reducir la distancia que les separaba de cabeza de carrera y los kilómetros para poder recortar la distancia se acababan. Encima se produjo un hecho que perjudicó en la persecución del pelotón, puesto que retiró de la cabeza de carrera a todos los miembros del Mercatone Uno, ya que su sprinter y jefe de filas, Mario Cipollini pinchó la rueda trasera de su bicicleta y se salió en una curva a izquierdas, metiéndose dentro de un portal. Indurain, por su parte, seguía en cabeza, sin recibir ningún relevo del belga Bruyneel.
 
Con esos 50 segundos de ventaja, aproximadamente, se llegaba al último kilómetro y en la línea de meta se repartían 12, 8 y 4 segundos. Esos 12 segundos de bonificación irían a parar al ganador de la etapa, que sería el belga Johan Bruyneel, en el único relevo que daría ese día a Indurain. Es cierto que el detalle de no dar ningún relevo y sprintar a Indurain no fue bonito, pero también es cierto que Bruyneel cumplió con su labor dentro de su equipo y nadie pudo reprocharle nada. Bruyneel ese día consiguió además un premio doble, ya que también iba a lucir en el pódium el jersey amarillo. El corredor belga había sido profeta en su tierra por un día, a la espera de lo que sucediera al día siguiente en la contrarreloj.
 
El pelotón hizo su entrada en la línea de meta con 49 segundos de retraso con respecto al dueto Bruyneel e Indurain, siendo encabezados por un Jesper Skibby, que abrió un pequeño hueco de un segundo con respecto al pelotón, el cual entró a 50 segundos del ganador.


La etapa de Lieja que tenía un perfil muy abrupto, había visto una lucha sin cuartel entre los favoritos; desde Jalabert a Indurain o Bruyneel, pasando por un Riis que quiso defender con uñas y dientes su maillot amarillo. Los corredores no se guardaron nada pensando en la contrarreloj del día siguiente y brindaron una etapa espectacular a los espectadores de este hermoso deporte. Una etapa que quedó marcada por el golpe psicológico que asestó Indurain al resto de rivales, un golpe del que algún corredor no fue capaz de recuperarse en el resto de la carrera.


Saludos a todos!!