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viernes, 17 de julio de 2015

Fabio Casartelli: una historia incompleta

Fabio Casartelli, campeón olímpico en Barcelona '92Fabio Casartelli se convirtió en el último ganador de la prueba el línea de ciclismo en unos Juegos Olímpicos antes de que pudieran participar los corredores profesionales en los mismos. Sin embargo su nombre va acompañado al trágico suceso que le ocurrió el 18 de julio de 1995. Aquel día el prometedor corredor italiano se convirtió en la tercera víctima en carrera que se cobraba el Tour de Francia.

Infancia y primeros años como amateur

Fabio Casartelli nacía un 16 de agosto de 1970, en la localidad italiana de Como, en la región de Lombardía. Siendo apenas un crío, con 9 años, iba a ver como su padre le metía su afición por el ciclismo en el cuerpo y poco a poco se iba a ir involucrando en ese mundo.

Tal fue el gusto que le cogió al mundo de las dos ruedas que en su juventud, a comienzos de los años 90, Casartelli llegó a ser considerado como uno de los corredores a los que se les intuía un futuro más prometedor en su país dentro del campo amateur. Otros nombres a destacar serían el de Davide Rebellin o el de Marco Pantani.

Y no era para menos esa consideración de gran promesa, pues desde 1990 consiguió numerosas victorias de bastante consideración. En ese año se hizo con la victoria en el Trofeo Sironi. Para la temporada siguiente, Fabio iba a multiplicar su palmarés, alzando los brazos hasta en cinco ocasiones: Montecarlo-Alassio, Gemeli Meda, Copa Casale, Gran Premio Comunità di Capodarco y en el Trofeo BT Cesab. Pero sin duda su año fue 1992, año que los ciclistas amateurs debían de tener marcado en el calendario, pues se celebraban olimpiadas -hasta esa edición, sólo podían participar ciclistas no profesionales en los Juegos Olímpicos-. Ese año consiguió vencer en el Trofeo ZSSDI, Montecarlo-Alassio, Gran Premio Diano Marina, Coppa Cicogna y el Trofeo Minard.

Fabio Casartelli había esgrimido poderosas razones para ser tenido muy en cuenta en la salida de cada carrera que disputaba, y por ello y como consecuencia del palmarés que se habría labrado fue seleccionado por su país para representarlo en los Juegos Olímpicos de Barcelona ´92. Los otros dos componentes del equipo italiano serían Mirco Gualdi y el citado anteriormente Davide Rebellin.

Oro en los JJOO de Barcelona ´92

La prueba ciclista de las Olimpiadas tendría lugar en la fecha del 2 de agosto de 1992, y para su disputa se había diseñado un circuito de 16 kilómetros por los alrededores de Sant Sadurní d'Anoia al que los ciclistas habría de dar 12 vueltas. La distancia total que tendrían que recorrer sería de 194 kilómetros.

Aquel segundo día de agosto tomaron la salida un total de 154 corredores, que debido al intenso calor que hacía ese día en la ciudad, hizo que estos se tomasen las primeras vueltas con una cierta calma. Pero los corredores poco a poco fueron entonándose y en la novena vuelta se formó una fuga de nueve corredores que acabó siendo la definitiva de la jornada.

Fabio Casartelli en Barcelona '92Esos nueve corredores se mantuvieron en buena sintonía en cabeza de carrera hasta que en la última vuelta de la prueba se quedaron en cabeza únicamente tres corredores; el holandés Erik Dekkers, el italiano Fabio Casartelli y el letón Dainis Ozols. Estos tres corredores serían los que se repartirían las medallas en esta dura jornada.

Después de más de 4 horas y 35 minutos, en los últimos compases de la carrera el corredor italiano se mostró mucho más hábil y rápido en los últimos metros de la prueba. Incluso llegó a picar tiempo al holandés Dekker en meta, que sería plata. El letón se alzó con el bronce, sin poder aspirar a nada más viendo la superioridad de sus contrincantes por el triunfo final. Poco más de medio minuto más tarde llegaba el pelotón a meta, encabezado por el alemán Erik Zabel, quien repetiría posición doce años más tarde. Solo 84 corredores consiguieron acabar la prueba ese día, debido al calor y al fuerte ritmo que impuso el pelotón y el grupo de escapados en las últimas vueltas.
En Barcelona ´92 Casartelli iba a lograr su mayor éxito deportivo
En Barcelona ´92 Casartelli iba a lograr su mayor éxito al proclamarse campeón olímpico de fondo en carretera, y se iba a convertir de esta brillante forma en el quinto corredor italiano que conseguía el oro olímpico en la prueba de ruta. Anteriormente a él lo habían conseguido Attilio Pavesi en Los Ángeles ´32, Ercole Baldini en Melbourne ´56, Mario Zanin en Tokio ´64 y por último Pierfranco Vianelli en México ´68. Posteriormente a Fabio, siendo ya profesionales los competidores de la disciplina olímpica, fue el corredor de Livorno, Paolo Bettini, quien se hizo con el triunfo, siendo el último italiano que hasta la fecha ha conseguido el oro olímpico en ruta. Lo consiguió en la cita de Atenas 2004.

Paso a profesionales

Tras ese gran éxito siendo aún amateur, en 1993 dio el salto al profesionalismo, fichando por el equipo Ceramiche Ariostea, en donde podría aprender de su compatriota, el gran Moreno Argentin. El otro hombre fuerte del conjunto italiano aquel año iba a ser un sorprendente Bjarne Riis, antiguo gregario de Laurent Fignon.

En ese su primer año, a pesar de los problemas que estaba sufriendo para adaptarse al profesionalismo, consiguió hacerse con una etapa en la Settimana Ciclista Bergamasca, además de acabar en segundo lugar en varias etapas de la Vuelta a Suiza. También participó por primera vez en el Giro de Italia, en donde acabó en la posición 107ª de la clasificación general.

Para la temporada 1994 fichó por el equipo ZG-Mobili Bottecchia, en donde en teoría tendría más libertad para lucirse que en el Ariostea. Sin embargo una tendinitis le impidió rendir a su mejor nivel durante la temporada. A pesar de esa tendinitis, fue seleccionado por su equipo para participar tanto en el Giro como en el Tour de Francia. Sin embargo no tuvo mucha suerte en su primera participación en la carrera francesa y terminó abandonando la carrera en la séptima etapa. En el Giro también abandonó. Terminó la temporada pasando por el quirófano, para corregir sus problemas con las lesiones.

1995 iba a suponer su tercera temporada como profesional, y en ella debía dar el salto de calidad definitivo que se esperaba de él. Para ello optó nuevamente por cambiar de equipo, enrolándose en las filas del conjunto estadounidense Motorola. Allí compartiría colores con su amigo Andrea Peron, quien había tenido mucha importancia en su fichaje por el conjunto norteamericano. Comos jefes de fila del equipo se encontrarían el ex-campeón del mundo Lance Armstrong y el colombiano Álvaro Mejía, que había sido el cuarto clasificado dos años atrás en el Tour.

Desde principios de temporada mostró un nivel bastante alto, siendo sexto en la Clásica de Almería y rallando a gran nivel en la Vuelta a Suiza, por lo que fue uno de los últimos corredores seleccionados para participar en el Tour con su nuevo equipo. En Francia compartiría equipo con Armstrong, su amigo Andrea Peron, Álvaro Mejía o Frankie Andreu.

Final fatídico

El 18 de julio de 1995 se iba a disputar la 15ª etapa del Tour más entretenido de la era Indurain. Era la etapa reina de ese Tour y en ella los corredores iban a llegar a Cauterets, atravesando previamente los puertos del Portet d´Aspet, Col de Menté, Col de Peyresourde, Col d´Aspin, Tourmalet y el propio Cauterets.

Fabio Casartelli en el Tour de FranciaLa primera dificultad montañosa del día sería el Portet d´Aspet, en el kilómetro 34 de la etapa. A sus rampas llegaron los corredores bastante agrupados, puesto que aún quedaban unos 170 kilómetros de etapa y era muy pronto para comenzar con los ataques. El puerto lo coronó el grueso del pelotón alrededor de las 11 y media de la mañana.

El día estaba siendo muy tranquilo, hasta que se produjo un imprevisto en el descenso de ese primer puerto del día. En una curva a izquierdas en las últimas posiciones del pelotón salió volando el corredor francés Dante Rezze por el lado derecho del grupo. Fue a caer por un pequeño barranco, aunque afortunadamente para él, sin graves consecuencias, más allá de la fractura de fémur que sufrió. Varios corredores le acompañaron en su caída, entre ellos Johan Museeuw, Giancarlo Perini, Dirk Baldinger o Fabio Casartelli. Este último, el campeón olímpico, correría mucha peor suerte que el resto de corredores accidentados.
La cabeza del corredor, sin protección, golpeó el asfalto, provocándole las fatales lesiones
Las imágenes que iba a ofrecer la moto de la carrera iban a hablar por sí solas: Fabio no llevaba ningún tipo de protección en la cabeza y tras golpear con ella en el suelo quedó tendido totalmente inconsciente en el suelo, con un reguero de sangre alrededor de su cuerpo. La atención que recibió el corredor lombardo -así como los otros corredores afectados- fue bastante rápida, siendo transalado en helicóptero en pocos minutos y de forma urgente al hospital de Tarbes, pero sus heridas y lesiones eran de gravedad extrema y hacían presagiar el peor designio posible.

En el traslado de Casartelli al hospital de Tarbes no se pudo hacer nada ante las graves lesiones y complicaciones que sufrió el corredor. Nada menos que en tres ocasiones sufrió parada cardiorespiratoria el italiano, pudiendo recuperarle los médicos en las dos primeras, pero no pudiendo hacer nada ante la tercera parada que sufrió en el traslado al hospital. Aunque aún ingresó con vida, era cuestión de minutos que se confirmase la trágica noticia. Dirección de carrera tardó varias horas en confirmar que el Tour acababa de cobrarse su tercera víctima mortal en carrera, siendo Francisco Cepeda (1935) y Tom Simpson (1967) las anteriores víctimas.

Cuando el reloj marcaba las 14:40 horas, Radio Tour interrumpía su emisión habitual para anunciar oficialmente el fallecimiento del corredor italiano Fabio Casartelli, como consecuencia de la caída que había sufrido unas horas antes en el descenso del Portet d´Aspet. El director del Tour, Jean Marie Leblanc interrumpió la emisión con la siguiente frase "Tengo que dar una noticia grave, terrible. El corredor italiano Fabio Casartelli, dorsal 114, víctima de una caída en el kilómetro 34 en el descenso del Portet d'Aspet y que había sido evacuado al hospital de Tarbes, ha muerto".

Homenajes post-mortem

El seno del pelotón se iba a encontrar hundido al día siguiente en la salida de la etapa, mostrándose especialmente abatidos sus compatriotas, sus compañeros del conjunto Motorola y sus ex compañeros. Especialmente consternado se iba a mostrar un amigo de Fabio en el pelotón italiano desde hacía muchos años, el rapado corredor del conjunto Carrera, Marco Pantani. Era 19 de julio, y la 16ª etapa había de estar marcada en los libros de ruta de los equipos como una de las más peligrosas de aquella edición, puesto que en ella se iban a unir las localidades de Tarbes y Pau, a través de 229 kilómetros en los que se iban a atravesar los puertos de Soulor, Aubisque, Marie Blanque, Soudet e Issarbe.

Pero en una decisión más que polémica, la dirección de la carrera optó por no suprimir la etapa, decidiendo neutralizarla. Los ciclistas recorrieron todos los kilómetros de la etapa en grupo, adelantándose los miembros del equipo Motorola en los sprints de cualquier categoría de la jornada. No todos los corredores del conjunto norteamericano fueron capaces de concluir la etapa, puesto que dos de ellos, Kaspars Ozers y Sean Yates se vieron forzados a abandonar con el paso de los kilómetros, debido al sufrimiento que estaban padeciendo por la muerte de su compañero.

En los últimos kilómetros de la etapa todos los miembros del equipo Motorola se adelantaron y cruzaron la línea de meta con unos metros de ventaja con respecto al pelotón, como forma de homenaje hacia su compañero. Su gran amigo, Andrea Peron, tuvo el dudoso honor de inscribir su nombre como ganador de etapa aquel día. Todos los premios de la etapa fueron donados a su esposa Anna Lisa y al hijo de la pareja, que había nacido hacía apenas unos meses.

Más emotivo, si cabe, fue el homenaje que un por entonces joven Lance Armstrong, compañero de habitación del italiano en aquel Tour, le dedicó tres días después del fallecimiento, en la 18ª etapa que tendría lugar el 21 de julio, con llegaba en Limoges. Esa etapa había estado señalada en el libro de ruta del campeón olímpico desde que supo de su participación en la Grande Bouclé. Lance, conocedor de tal circunstancia, decidió intentar la victoria ese día para honrar la memoria de su compañero. Se metió en la fuga buena de la etapa y cuando faltaban unos 15 kilómetros para llegar a meta, el corredor tejano lanzó un ataque lleno de rabia y potencia, con el que consiguió marcharse en solitario, obteniendo rápidamente una ventaja cercana al minuto que sus rivales no lograrían reducir.

Armstrong entró en el último kilómetro con la posibilidad de saborear el éxito y dedicárselo a su compañero Casartelli. En los últimos metros, antes de llegar a meta, Lance miró hacia atrás un par de veces, y cuando estuvo seguro que no le cogerían, levantó un brazo con el dedo índice señalando hacia el cielo, dedicándoselo a Fabio. Cruzó la línea de meta levantando ambos brazos y besando hacia el cielo. De esta forma Motorola le regalaba otro triunfo a Casartelli, pero este ganado en la carretera, a base de coraje, de fuerza, de clase.

Otro homenaje más es el que la dirección de carrera decidió realizarle pasando a denominar el maillot blanco de mejor joven como maillot Fabio Casartelli. Un último homenaje, más allá de recordar su figura en el décimo y el decimoquinto aniversario de su fallecimiento, tuvo lugar en 1997. Aquel año se inauguró una esquela cerca del punto donde sufrió la caída en el Portet d'Aspet para recordarle. Frente a esa esquela los corredores se detienen y guardan un minuto de silencio su honor cada vez que el recorrido de la prueba pasa por el puerto.

Clasificación Juegos Olímpicos Barcelona 1992
1- Fabio Casartelli (Italia) 4 horas 35 minutos 21 segundos
2- Erik Dekker (Holanda) a 1´´
3- Dainis Ozols (Letonia) a 3´´
4- Erik Zabel (Alemania) a 35´´
5- Lauri Aus (Estonia) m.t.
6- Andrzej Sypytkowski (Polonia) m.t.
7- Sylvain Bolay (Francia) m.t.
8- Arvis Piziks (Letonia) m.t.
9- Raido Kodanipork (Estonia) m.t.
10- Grant Rice (Australia) m.t.
...
14- Lance Armstrong (USA) m.t.
15- Ángel Edo (España) m.t.
23- Kiko García (España) m.t.


Saludos a todos!!

martes, 23 de julio de 2013

Hautacam 1994. Indurain pasa a la ofensiva

La temporada de 1994 no estaba resultando tan satisfactoria para Miguel Indurain como lo habían sido las dos temporadas anteriores. En esas dos temporadas, el corredor navarro se había hecho con la victoria final en el Giro de Italia, para posteriormente completar el doblete venciendo también en el Tour de Francia. Pero en esa temporada 94, Miguel no pudo hacerse con el triunfo en la ronda italiana, cediendo tan privilegiada posición al ruso Evgeni Berzin, mientras que segundo fue un irreconocible joven llamado Marco Pantani (que lucía pelo en aquel momento). El campeón de los dos años anteriores solamente pudo ser el tercer hombre en el pódium.

La preparación para el verdadero objetivo del año, el Tour, no había sido la esperada ni para el corredor, el equipo, ni mucho menos para la prensa y aficionados. A ese rendimiento inferior al esperado por parte del corredor del conjunto Banesto, se sumó la excepcional actuación de Tony Rominger, segundo en el Tour el año pasado, en la Vuelta a España de ese año, en la cual venció con una solvencia propia de un gran campeón.

Estos dos hechos hicieron que los medios de comunicación vaticinaran que el fin del reinado de Miguel Indurain era inminente, y que en este Tour tomarían el relevo otra serie de corredores. El principal candidato a coger el testigo sería el suizo Rominger, que se postulaba como el gran rival en la lucha por la Grande Bouclé. Se pensaba en la previa de la ronda francesa que en ese momento la pauta en las ascensiones la iba a marcar el campeón suizo, pero no se quisieron dar cuenta los medios que realmente de que ese nuevo patrón a seguir en las subidas iba a ser cosa de quien sería uno de los aspirantes al triunfo final, el joven escalador que ya le había derrotado en el último Giro, Pantani.

Finalmente, entre tantas quinielas sobre favoritismos y jubilación anticipada o no del actual campeón, comenzó la carrera un 2 de julio de 1994, en Lille. El vencedor del prólogo fue el británico Chris Boardmand, quien aquel día voló literalmente. El segundo en el registro del día fue el navarro Indurain, por lo que el Tour no comenzaba del todo mal para el defensor del título.

La jornada clave de la carrera fue la contrarreloj que se disputaría dos jornadas antes del primer contacto con la montaña, en la que se afrontaría la subida a Hautacam. En esa crono el que voló fue Indurain, haciendo nacer el mito del “Tirano de Bergeraç” ya que alejó a un mundo a todos y cada uno de sus rivales de la carrera, siendo el más próximo después de aquel día Tony Rominger, pero con 2 minutos y 28 segundos de retraso en la general.

Indurain pasa a la ofensiva
El corredor español había destrozado la carrera después de la primera y única contrarreloj llana de aquel año. Después de su exhibición no había más que un solar en la lucha por quitarle el maillot amarillo. Pero aún no había comenzado la alta montaña de la carrera, y en ella se podía vivir un vuelco en la general, situación en la que confiaban todos los aspirantes. Aquella primera etapa montañosa tendría un perfil unipuerto, con una única subida en toda la jornada, la de Hautacam, que sería el final de la etapa. La subida de Hautacam tendría 16 kilómetros y un porcentaje medio del 7.3%.

Al llegar a pie del puerto habría un grupo formado por cinco unidades en cabeza de carrera, grupo que rápidamente se fragmentaría según comenzasen las primeras rampas. El primer ataque en el seno del pelotón fue obra del corredor del Mapei Arsenio González, preparando teóricamente el terreno para el ataque de su jefe de filas, Rominger. Pero el ataque no prosperó y apenas duró unas decenas de metros, debido al excepcional trabajo de González Arrieta, del Banesto, controlando la carrera.

El siguiente corredor en atacar sería Udo Bolt, con Pantani y Giorgio Furlan a su rueda. El ataque no fue especialmente duro, pero tuvo una continuidad inmediata en la persona de Pantani, que forzó el ritmo y se marchó en solitario, ya que tanto Furlan, como Bolt no podrían seguir el ritmo. Ese fue el momento en el que Indurain echó un vistazo atrás al grupo de los favoritos en que marchaba y se puso en cabeza del mismo poco antes de pasar por la pancarta de 10 kilómetros a meta, aunque pronto recibió la ayuda de su compañero Jean François Bernard y abandonó la cabeza de su grupo.

El hueco que había abierto Pantani con el grupo de favoritos se situaba ligeramente por encima de los quince segundos. En el grupo ahora marcaba el ritmo Bernard, marchando con Indurain a rueda. Rominger no estaba transmitiendo buenas sensaciones y durante mucho tiempo marchó en las posiciones centrales o traseras del grupo, al igual que sus compañeros Olano y Escartín, que lo descolgaban. Riis, la revelación el año anterior (junto con Jaskula) con su quinto puesto final, también marchaba a cola del grupo. Virenque, De Las Cuevas, Zülle, Conti, o Ugrumov eran otros de los componentes del grupo. 

A 7.5 kilómetros para el final, cuando la ventaja de Pantani había superado los 40 segundos, fue Laudelino Cubino quien atacó en el grupo. Se le dejó un pequeño margen de tiempo, y tras un nuevo vistazo a la parte trasera del grupo, Indurain se puso en cabeza del mismo, imponiendo un fortísimo ritmo, que estaba haciendo mucho daño al resto de rivales.

Algo había visto el navarro para ponerse a tirar en cabeza con esa fuerza. Y ese algo fue que al girar su cabeza una y otra vez para buscar a su máximo rival, vio a Rominger casi en todo momento en la parte trasera del grupo. Después de tan sólo un minuto de imponer un fuerte ritmo Miguel, Rominger se quedó totalmente descolgado de un grupo que quedó hecho añicos. Olano trataba de llevar delante a su jefe de filas, pero no había nada que hacer, el suizo no marchaba y Miguel iba super.

Rominger, Zülle, Cacaíto Rodríguez, Ugrumov, De Las Cuevas... todos, uno a uno se fueron descolgando de la rueda del navarro, a la que en el paso por la pancarta de 5 kilómetros a meta solo quedaban a su rueda dos Festina, Virenque y Luc Leblanc. 25 segundos separaban en ese punto al trío en el que iba el líder de la general y el corredor que marchaba como cabeza de carrera.

Dieter Senft, situado antes de la pancarta de 4 kilómetros a meta, fue testigo directo de la exhibición que estaba realizando aquel día Indurain. Poco después de encontrase con el diablo alemán, Virenque no pudo seguir el ritmo y se cortó de la rueda del corredor español y de su compatriota francés. La ascensión estaba recordando a los mejores momentos que se habían visto del belga Eddy Merckx, con un ritmo que estaba destrozando a todos y cada uno de los demás corredores. En la pancarta de 4 la desventaja del español era de 20 segundos con respecto al escalador italiano. Las diferencias de Indurain y Rominger no se fueron mostrando en ningún momento por parte de la realización, pero la fortaleza que transmitía Indurain en su pedalada contrastaba con el ritmo cansino del suizo.

Poco antes del último kilómetro de la etapa, Miguel neutralizaba el peligroso ataque de Pantani, al tiempo que Leblanc, que no había gastado un gramo de fuerza intentando hacer algún relevo, lanzaba un poderoso ataque. Ese gesto le molestó muchísimo a Indurain, quien aceleró nuevamente su ritmo, y en apenas medio minuto hizo que se viniera abajo la tentativa del bravo escalador francés. Pantani, al tiempo, que había cogido su rueda, no pudo seguir el ritmo y comenzó a ceder metros.

Un Miguel lleno de rabia había neutralizado rápidamente el ataque de Leblanc, además se colocarse a rueda inicialmente, hasta que pensó en seguir abriendo hueco de cara a la general antes que en la victoria de etapa y se puso otra vez a la carga.

En los últimos metros, entre una niebla que impedía ver siquiera quien atravesaría antes la línea de meta, Leblanc se ponía en cabeza del dueto formado por Miguel. Leblanc sería el primero de los dos en sprintar y la maniobra le salió bien, ya que Indurain se había quedado sin fuerzas para tratar de conseguir la victoria.

Aquel día solamente Leblanc había sido capaz de seguir la rueda de un Miguel Indurain totalmente desconocido en el Tour, ya que jamás, desde que se vistiera por primera vez de amarillo, había realizado un ataque en montaña como el que ese día pudieron disfrutar los aficionados al ciclismo. El corredor navarro dejó sentenciada la carrera con aquel terrible movimiento en la primera jornada de montaña de la carrera, ya que aventajó en meta al que, a priori, era su máximo rival en la carrera, el suizo Tony Rominger, en casi dos minutos y medio. Miguel iba a salir de Hautacam conservando el maillot amarillo y distanciándose del suizo, siguiente clasificado de la general, en casi cinco minutos de ventaja. Sólo un fantástico Leblanc consiguió evitar que Indurain consiguiese el broche dorado a una jornada perfecta para él.

Clasificación 11ª etapa.
1- Luc Leblanc (Festina) 6 horas 58 minutos 4 segundos
2- Miguel Indurain (Banesto) a 2´´
3- Marco Pantani (Carrera) a 18´´
4- Richard Virenque (Festina) a 56´´
5- Armand de las Cuevas (Castorama) a 58´´
6- Pavel Tonkov (Lampre) a 1´ 26´´
7- Piotr Ugrumov (Gewiss-Ballan) m.t.
8- Enrico Zaina (Gewiss-Ballan) a 1´ 36´´ 
9- Roberto Conti (Lampre) a 1´ 46´´
10-Laudelino Cubino (Kelme) a 1´ 50´´

Clasificación general
1- Miguel Indurain (Banesto) 51 hora 47 minutos 25 segundos
2- Tony Rominger (Mapei) a 4´ 47´´
3- Armand De las Cuevas (Castorama) a 5´ 36´´
4- Piotr Ugramov (Gewiss-Ballan) a 8´ 32´´
5- Luc Leblanc (Festina) a 8´ 35´´
6- Bjarne Riis (Gewiss-Ballan) a 8´ 59´´
7- Gianluca Bortolami (Mapei) a 9´ 14´´
8- Abraham Olano (Mapei) a 9´ 20´´
9- Thomas Davy (Castorama) a 9´ 46´´
10- Enrico Zaina (Gewiss-Ballan) a 11´ 15´´


Saludos a todos!!

sábado, 22 de diciembre de 2012

Val Louron, el primer amarillo de Indurain

La etapa de Val Louron del Tour de 1991 significó un relevo generacional para la carrera. Hasta ese momento la carrera había estado dominada por la generación del 61, liderados por el tricampeón Lemond o por Fignon, o corredores de más edad, como Pedro Delgado, quien además cedía ese mismo día su jerarquía en favor de su compañero Miguel Indurain. Ahora la nueva generación que iba a dominar el ciclismo mundial sería la generación del 64, cuyos máximos exponentes serían Indurain, Bugno, protagonistas ese día. El otro protagonista del día, Chiappucci, sería un año mayor que los corredores de esta nueva generación que dominaría durante el siguiente lustro el ciclismo mundial.

La decimotercera etapa de la ronda francesa de 1991, con final en Val Louron, la etapa reina de la ronda francesa aquel año. El perfil de la etapa presentaba un recorrido en el que se iban a subir cinco puertos puntuables repartidos en 231 kilómetros: Col de Portalet (2ª categoría), Col d´Aubisque (HC), Tourmalet (HC), Col d´Aspin (2ª) y Val Louron (1ª).

La etapa comenzó con bastante tranquilidad, y los ciclistas subieron agrupados el Col de Portalet, pero esa calma duraría pocos kilómetros más y en el Aubisque se desataron las primeras hostilidades. Primero fue por parte de corredores de poca importancia en la general de la carrera, pero nada más superar la estación invernal de Gourette es el italiano Bugno quien arranca. A su rueda salta en primer lugar Mottet y a continuación Chiappucci. Ese ataque deja el pelotón reducido a una veintena de unidades y con el líder, Leblanc, muy nervioso ante la situación que se está produciendo en la carrera. Leblanc lanza un ataque y consigue enlazar con los tres corredores que marchaban por delante. Finalmente es Winterberg quien corona en primer lugar el Aubisque, pero el grupo está roto, aunque en el descenso habrá un reagrupamiento general.

En esa situación de tensión general se llegó a las faldas del mítico Tourmalet, y la situación no iba a decepcionar a nadie. Las primeras bajas reseñables de la carrera serían los Banesto Jean François Bernard y Pedro Delgado, o el reciente campeón de la Vuelta a España (que por aquel entonces se disputaba en abril), Melchor Mauri. La primera de tantas ocasiones en las que se le atragantaría el Tour al director de la ONCE, Manolo Saiz. 
En las rampas más duras del Tourmalet el grupo se iba a quedar reducido a apenas nueve unidades, a saberse: Conti, Rue, Hampsten, Mottet, Chiappucci, Bugno, Lemond, Indurain, y el líder Leblanc. Este grupo permanece uniforme hasta el último kilómetro, en el que Chiappucci realiza un acelerón, en la búsqueda de los puntos de la montaña. Ese acelerón provoca que Conti y sobre todo Lemond cedan terreno en los últimos metros. Nadie se dio cuenta de esa circunstancia, salvo un corredor, que la iba a aprovechar en favor de sus intereses.

Nada más comenzar el técnico descenso del Tourmalet, mientras todos los corredores buscaban periódicos para ponerse en el interior del maillot, ese corredor que había visto flojear a Lemond se lanzó a tumba abierta en el descenso. Las palabras de ese corredor al cruzar la línea de meta fueron significativas “todos se pusieron a coger periódicos, para ponérselos en el pecho, ropa y bidones de agua y alimento. Yo no paré y me tiré para abajo: ‘El que quiera, que venga’, me dije a mí mismo. No sé qué harían los de detrás, pero yo bajé a tope, comiendo las hierbas de las cunetas. Hasta pasé al coche de la organización que abre carrera”. Ese corredor que había visto magníficamente la situación de la carrera era Miguel Indurain. Rápidamente abrió hueco el navarro con el grupo de favoritos, y al paso por el avituallamiento de Saint Marie de Champan, ese hueco ya era de nada menos que 52 segundos de ventaja.
 
La luz de alarma se había encendido entre los favoritos, pero ninguno quería sacrificarse en ese grupo, en donde se vivían momentos de incertidumbre. Aprovechando ese parón en el grupo, al paso por el avituallamiento, Chiappucci lanzó un ataque al que tampoco ningún otro corredor respondió.
 
El director de Miguel, José Miguel Echávarri, que había bajado el puerto en el coche jugándose el tipo, e incluso llegando a perder una de las bicis que llevaban en la baca, viendo que Chiappucci se había marchado a la caza de su corredor, se acercó al coche del equipo Carrera y se produjo un pacto muy rápido. Echávarri buscó a su corredor y le explicó el pacto. Fue entonces cuando Indurain levantó el pie y esperó `al diablo´, rubricando de esta forma un pacto que haría que la carrera saltase por los aires.
Por su parte, en el grupo trasero enlazaban Eduardo Chozas y Laurent Fignon, los que iban a provocar que por fin se lanzase la carrera por detrás. Pero la desventaja de ese grupo era ya de 1 minuto y 45 segundos. Al tiempo que Fignon lideraba ese grupo, su compañero y líder de la carrera, Leblanc, comenzaba a sufrir. A unos 5 kilómetros de coronar el Aspin, Lemond lanzó un primer ataque, secundado por Bugno, Leblanc y Chozas. El resto de corredores fue entrando tranquilamente en ese grupo, y una vez que hubieron entrado todos, se produjo un segundo ataque, en esta ocasión de Bugno. Al tiempo Leblanc dice basta y se queda cortado de ese grupo, prácticamente parado sobre su bicicleta. Mottet y Fignon son los únicos corredores que pueden seguir el ritmo del corredor italiano, mientras que Hampsten, Lemond, Chozas y Rue se quedan rezagados.
 
Para colmo de males en aquel momento para Lemond, fue cuando el grupo de Bugno le aventajaba en más de medio minuto y dirección de carrera dio paso a los coches de ese grupo delantero para secundar a sus corredores cuando el coche del equipo Gatorade (el de Bugno) golpeó al campeón norteamericano y le derribó de su bicicleta. Iba a ser la imagen de la jornada, el campeón había caído.

Chiappucci e Indurain coronaron el Col d´Aspin manteniendo una perfecta armonía entre ellos y con una ventaja de 2 minutos y 15 segundos con respeto al trío perseguidor, Bugno, Mottet y Fignon, y más de tres minutos y medio con el grupo de los norteamericanos.
 
El dueto cabecero mantenía las distancias con el grupo de Bugno en el descenso del Aspin y durante el falso llano, antes de llegar al último puerto del día, el de Val Louron. Pero las distancias no se mantenían con el último ganador de la carrera, el norteamericano Lemond, y con sus acompañantes, ya que estas aumentaban de forma considerable durante este tramo. Las diferencias del dueto de cabeza son respecto al gran favorito al empezar el Tour, Lemnond, se estaban disparando, a pesar de que el corredor del equipo Z recibió la ayuda de su compañero Eric Boyer, aunque de poco serviría, ya que nada más comenzar las primeras rampas del Val Louron, ambos corredores del equipo Z se quedarían descolgados, con respecto a Hampsten y Chozas. Lemond estaba perdiendo toda esperanza de hacer una buena clasificación en el Tour.

También en esas primeras rampas del puerto, Gianni Bugno aceleró el ritmo, consciente de que había perdido el Tour con su indecisión por saltar o no en Saint Marie de Champan, y descolgó rápidamente a sus dos compañeros de fuga, Fignon y Mottet. Bugno dio el todo por el todo, y consiguió ir reduciendo las diferencias con respeto a cabeza de carrera. Pero no había nada que hacer, sus opciones de ganar el Tour se había esfumado muchos kilómetros antes, cuando su indecisión le impidió irse con Chiappucci.

Al llegar a la línea de meta, Chiappucci se impuso en el sprint por la victoria a un Indurain que levantaba el puño al cruzar la meta, supuestamente en señal de júbilo. Aparentemente se había cumplido el pacto alcanzado unos 50 kilómetros antes, mediante el cual el corredor navarro se vestía de amarillo y el transalpino se haría con el triunfo de etapa.

Un Gianni Bugno desatado, fue el siguiente corredor en cruzar la línea de meta, pero lo hizo a casi un minuto y medio de distancia. La distancia a la que llegaría Fignon ya comenzaba a ser preocupante para el resto de aspirante a la carrera, llegando a 2 minutos y 50 segundos. Un minuto más le caería al siguiente corredor en meta, Mottet, quien pasaría en ese momento a ser el segundo clasificado de la general. Pasaron dos minutos más para que hiciera su entrada Hampsten y una veintena de segundos más para que llegase Chozas.

Si las distancias ya estaban siendo muy importantes, siderales fueron a la llegada de Lemond, quien precedido por su compañero Boyer, cedió en meta 7 minutos y 18 segundos. Se había acabado así el Tour para el triple campeón de la carrera. El que hasta ese momento había sido el líder de la carrera, Luc Leblanc, cedió en meta más de 12 minutos, y Pedro Delgado, compañero de Miguel y teórico líder del conjunto, llegó a más de 14 minutos a meta.

Miguel Indurain se vestiría por primera vez, aquel 19 de julio de 1991, con el maillot de líder del Tour de Francia, un maillot del que no se desprendería hasta cinco años más tarde. Miguel se retiraría en 1997 habiendo lucido el amarillo hasta en un total de 60 jornadas, con cinco victorias consecutivas en la general de la carrera.

Clasificación etapa 13 Jaca-Val Louron:
1- Claudio Chiappucci (Carrera) 7 horas 11 minutos 16 segundos
2- Miguel Indurain (Banesto) a 1´´
3- Gianni Bugno (Gatorade) a 1´ 29´´
4- Laurent Fignon (Castorama) a 2´ 50´´
5- Charly Mottet (RMO) a 3´ 53´´
6- Andy Hampsten (Motorola) a 6´ 01´´
7- Eduardo Chozas (ONCE) a 6´ 24´´
8- Eric Boyer (Team Z) a 7´ 17´´
9- Greg Lemond (Team Z) a 7´ 18´´
10- Jean François Bernard (Banesto) a 7´ 38´´

Clasificación General:
1- Miguel Indurain (Banesto) 
2- Charly Mottet (RMO) a 3´
3- Gianni Bugno (Gatorade) a 3´ 10´´
4- Claudio Chiappucci (Carrera) a 4´ 06´´
5- Greg Lemond (Team Z) a 5´ 08´´
6- Laurent Fignon (Castorama) a 5´ 52´´
7- Andy Hampsten (Motorola) a 7´ 25´´
8- Luc Leblanc (Castorama) a 7´ 51´´
9- Jean Françoiz Bernard (Banesto) a 8´ 39´´
10- Eduardo Chozas (ONCE) a 13´ 11´´


Saludos a todos!!

martes, 24 de julio de 2012

Atlanta 96: el broche de oro de Indurain

Los Juegos Olímpicos supusieron para Miguel Indurain el inicio y el final de su vida deportiva profesional. Participó en las olimpiadas de Los Ángeles 84, aunque no finalizó la prueba de ruta, y 12 años más tarde, convertido en el número 1 del mundo, volvió a repetir experiencia olímpica, curiosamente también en Estados Unidos, en Atlanta 96, alcanzando en esta ocasión la cima en el Olimpo del ciclismo.

Hasta los Juegos Olímpicos de Atlanta, en 1996, en que sí participaron profesionales, tanto en la prueba en línea como en la prueba contra el reloj, el ciclismo había sido un territorio vetado para los profesionales en las olimpiadas. Es por ese motivo de disputarlas solamente ciclistas amateurs, por lo que cada país inscribía a sus más firmes promesas jóvenes. Este era, por tanto, el mejor escaparate posible para esos amateurs participantes, ya que si conseguían brillar durante la prueba, se garantizaban inmediatamente un contrato profesional al concluir los juegos, en una época muy acostumbrada a que en los finales de temporada los jóvenes corredores participasen en alguna prueba, para que tuvieran una primera toma de contacto con los corredores profesionales.
 
Y fueron esos Juegos Olímpicos de Los Ángeles 84 los que supusieron para Miguel Indurain el dar el salto al profesionalismo, aún a pesar de que no lograse finalizar la prueba en ruta. Sus victorias en el campo amateur no habían pasado desapercibidas para los que serían sus directores, José Miguel Echávarri y Eusebio Unzué, en la estructura del equipo Reynolds, quienes no dudaron en su contratación. Aunque entonces no lo sabía nadie, se iba a iniciar la trayectoria de uno de los corredores más exitosos de la historia después de esos Juegos Olímpicos.

12 años después, un Miguel Indurain en el ocaso de su dilatada carrera, iba a volver a ser parte de la selección española en unos Juegos Olímpicos, debido a la apertura a la participación en los Juegos a los corredores profesionales. Esto iba a permitir a Miguel participar e intentar poner un broche dorado a su carrera, después del fiasco que había sufrido en el Tour de Francia en el que por primera vez en seis años, había sido derrotado por otro corredor. Su idea era la de retirarse después de intentar obtener una medalla olímpica, aunque luego las circunstancias impidieron que la última imagen que quedase de Indurain fuese la de un corredor victorioso, en el cénit de su carrera, y no la que realmente quedó, la de un corredor derrotado y retirándose camino de los Lagos de Covadonga.

El Tour había finalizado el día 21 de julio y las pruebas ciclistas no iban a comenzar hasta 10 días después, el día 31, con la prueba de ruta y 3 días después la especialidad del navarro, la contrarreloj. Tenía, por lo tanto, Miguel unos días para intentar elevar el nivel que había mostrado en el Tour, donde no había alcanzado el máximo de su rendimiento deportivo.

La prueba en ruta de ciclismo tendría lugar el día 31 de julio, y a dicha prueba presentaría España un equipo compuesto por Miguel Indurain y Abraham Olano, quienes competirían también en la prueba contra el reloj, a los que se sumarían Manuel Fernández Ginés, Marino Alonso y Melchor Mauri. A priori un equipo de garantías, salvo para el sprint.
 
Finalmente el equipo se dejó ver, pero no pudieron alcanzar una medalla, quedándose Mauri con un sexto puesto final. Indurain finalizó en la posición 26ª y Olano en la 67ª. Pero la prueba contrarreloj sería otra historia. En ella los máximos favoritos sí serían los españoles, que iban a competir con muchos de los rivales con los que también habían competido días atrás en la última CRI del Tour. Participarían en esa contrarreloj olímpica gente como Boardman, Rominger, Brochard, Jonker, Zülle o Erik Breunkink, además del flamante ganador del Tour, Bjarne Riis, todos ellos partícipes en esa última CRI. Además se sumaría gente como Bryneel, Jalabert o un joven Lance Armstrong, quienes se habían retirado durante la disputa del Tour, o dos grandes especialistas, como Rich y Peschel (este último a raíz de la incomprensible no selección de Jan Ullrich para las olimpiadas por la cabezonería del seleccionador alemán), que habían preparado en exclusiva el evento olímpico.
 
Esa prueba contra el reloj tendría lugar el 3 de agosto, es decir, 3 días después de la prueba de ruta de la que resultó vencedor el suizo Pascal Richard, y se disputaría sobre el mismo circuito de 13.05 kilómetros en que se había disputado la prueba en ruta; un circuito sin prácticamente ninguna dificultad, muy llano, con amplias carreteras y muchas curvas, por lo que no era del todo favorable a los grandes rodadores del pelotón, aunque había un pequeño repecho a mitad de recorrido que resultaría definitivo. Los corredores deberían dar cuatro vueltas a dicho circuito, para completar una distancia total de 52.20 kilómetros.
 
40 corredores fueron los que tomaron parte aquel día de la prueba, siendo los últimos en tomar la salida los españoles Olano e Indurain (dorsales 2 y 1, respectivamente). Los corredores saldrían en 4 tandas de 10 corredores cada una, y se esperaba a que terminase una tanda completa para comenzar con la siguiente.

De la primera tanda de corredores, fue Dariusz Baranowski (ex Banesto o Liberty) quien marcó un mejor crono, siendo este de una hora, 7 minutos y 8 segundos, aunque parecía poco probable que ese crono fuese importante al terminar la jornada. Por centésimas había sido mejor que el de Rich. Pero es que un tercer corredor, Hen Dekker de la segunda tanda, igualaría también ese crono, aunque situándose el tercero momentáneamente. Con este triple empate finalizarían las dos primeras tandas, aunque se esperaba que todos los grandes favoritos mejorasen dicho crono.

La penúltima tanda estaría compuesta entre otros por gente como Jalabert, Zülle, Jonker, Fondriest o un Lance Armstrong que sería quien cerrase esa tanda. Jonker sí que consiguió mejorar el triple empate, y aventajó a los 3 corredores en 14 segundos. Jalabert hizo aguas aquel día y su crono estuvo muy lejos de los mejores. Otro que parecía que haría aguas ese día, viendo sus cronos intermedios, fue el compañero de la ONCE de Jonker, Zülle, pero este demostró su calidad con una última gran vuelta y consiguió un mejor tiempo momentáneo de 1 hora, 6 minutos y 33 segundos. Pero ese registro fue merendado por Fondriest solo unos instantes después. Un Fondriest que apareció por meta con un crono de 1 hora, 5 minutos y 1 segundos. Sus vueltas fueron las mejores de ese día hasta el momento, realizando unos tiempos de paso de 16 minutos y 12 segundos en la primera vuelta, 16´31´´ en la segunda, 16´12 en la tercera y una mejor vuelta en la última, con 16 minutos y 6 segundos. Ese registro empezaba a poner muy cara la lucha por las medallas. El último corredor de esa tanda, Armstrong, se había acercado a los cronos del italiano en los parciales, pero en meta apenas pudo mejorar en 5 segundos el registro que había marcado el suizo Alex Zülle, situándose segundo provisional.

Y llegaría el turno de la última tanda, una última tanda compuesta por Erik Breukink, Igor Bonciucov, Duván Ramírez (5º y 4º el año anterior en el mundial contrarreloj), Rominger, Riis, Boardman, Berzin, Peschel, Olano e Indurain, por orden de salida.

Los tres primeros corredores de esta tanda, rápidamente se quedarían sin opciones de hacer algo importante, ya que al primer paso por meta ya cederían más de un minuto. El siguiente corredor era Rominger, quien se encontraría cerca de doblar a Ramírez en su primera vuelta, pero lejos del mejor crono del día. El vencedor del Tour, Riis, tampoco iba a mejorar los cronos, y cedería 40 segundos con el primer paso por meta de Fondriest.
 
Pero detrás del danés venía como un Boeing-747 el británico Boardman, con una bici de plato único, aspecto fundamental en el desarrollo posterior de la prueba. Su tiempo en el primer paso mejoraba en 21 segundos el conseguido por Fondriest en esa primera vuelta, marcando un crono desorbitado de 15´51´´. Ni Berzin ni Peschel se iban a acercar siquiera al crono de Fondriest en el primer paso por meta, por lo que habría que descartarlos para cualquier tipo de lucha.
 
Solamente Olano e Indurain, de esa última tanda, pudieron acercarse levemente a ese tiempo magistral que había marcado Boardman, cediendo 17 y 18 segundos y siendo 2º y 3º provisional respectivamente con respecto al tiempo del británico.

En la segunda vuelta, antes del llegar al kilómetro 20, el británico seguía aumentando sus rentas. Con respecto al ya segundo clasificado, Indurain, se mantenían las distancias, siendo la desventaja del navarro de 18 segundos, pero la distancia con Olano ya era de 22 segundos y con Fondriest, que ya había terminado su participación, era ya de 29 segundos. Pero ese repecho del circuito comenzaba a afectar al rendimiento del británico, ya que ese plato único le estaba perjudicando de manera notable.
Con el paso por la mitad del recorrido, se pudo observar como Riis o Rominger no iban a poder pelear por medallas, pero el suizo, a diferencia del danés, estaba mejorando sus tiempos, mientras que Riis fue doblado por Boardman. Al paso por el punto cronometrado, Boardman marcaba un registro de 32´11´´, siendo 32 segundos mejor que el que había permanecido hasta ese momento. Berzin entraría hundido por meta y Peschel tampoco podría mejorar los registros, y en el horizonte del alemán ya se podía distinguir la figura de Olano, quien venía recuperando tiempo y en ese punto intermedio cedía solo 15 segundos con un Boardman que parecía perder fuelle conforme avanzaba la jornada.
 
Pero aún quedaba una última figura por aparecer por ese punto intermedio, la de un Indurain que había incrementado su ritmo y se había acercado peligrosamente al tiempo al mejor crono, puesto que pasó con un retraso de tan solo 3 segundos. Le había recuperado 15 segundos en una segunda gran vuelta del navarro.

La tercera vuelta iba a confirmar lo que la segunda vuelta apuntaba. Boardman iba perdiendo fuelle con respecto a sus grandes rivales de la prueba, mientras que Indurain y Olano habían incrementado su ritmo y se habían acercado peligrosamente a sus registros, dando una sensación de mucha mayor entereza que el británico. El ritmo de Miguel iba in crescendo, mejorando sus tiempos a cada vuelta que pasaba, mientras que el del británico había sufrido un bajón importantísimo con respecto al tiempo de la primera vuelta, por lo que en el repecho ya habían invertido el orden de sus posiciones ambos ciclistas.
 
Al paso por la línea de meta Indurain aventajaba en 12 segundos a Boardman y en 20 a un Abraham Olano que estaba a un paso de doblar a Peschel, dejándole sin opción alguna de medalla e incluso de diploma olímpico. El tiempo de Indurain fue de 48 minutos y 15 segundos. La lucha por las 3 medallas parecía prácticamente decidida en ese kilómetro 39, ya que el cuarto corredor clasificado, Fondriest, se encontraba a 40 segundos del primer tiempo, y no tenía forma de mejorar su tiempo, ya que ya su participación terminó muchos minutos antes.

Con esas diferencias llegaron los corredores a la última vuelta al circuito. Rominger había mejorado sus registros y eso le iba a permitir ser el 5º tiempo final en meta, acabando a más de un minuto de Fondriest, pero mejorando los registros del corredor local, Armstrong. Ni Riis ni Breukink iban a pelear por nada, terminando a casi 4 minutos el primero y a 4 y medio el segundo de ellos.
 
Boardman, por su parte, se había equivocado al no poner un plato pequeño en su bicicleta, y eso lo había pagado gastando unas fuerzas que no solo le estaban costando el oro, sino que le estaban dificultando mucho el poder hacerse con la plata. Su tiempo en meta iba a ser de 1 hora 4 minutos y 36 segundos, habiendo realizado en esa última vuelta su segundo mejor crono, pero muy lejos del tiempo de su primera vuelta. Iba a mejorar en 25 segundos el que era el mejor tiempo hasta ese momento en meta, el de Fondriest.
 
El siguiente corredor en hacer acto de aparición por meta debería haber sido Berzin, pero este, al igual que Peschel, había sido doblado por Olano, cobrándose este su pequeña venganza por no haberse podido vestir de amarillo en el pasado Tour, y sería así el español quien llegaría antes a meta. Olano estaba volando, realizando una vuelta brutal, la mejor vuelta que se vio aquel día en toda la contrarreloj. En la recta Olano voló, para establecer un mejor tiempo de 1 hora, 4 minutos y 17 segundos. Su vuelta había sido brutal, de 15 minutos y 42 segundos, nada menos que 27 segundos mejor que el tiempo de la última vuelta de Boardman, que había visto como su renta se había esfumado y le había dejado sin el oro provisional.
 
Pero aún quedaba un último corredor por hacer su entrada en meta, habida cuenta que ni Berzin ni Peschel contaba para ninguna quiniela. Ese corredor que aún faltaba por finalizar era Indurain. Un Miguel que se había guardado un pequeño punto para realizar un fuerte final y poder obtener así el oro. Realizó su mejor vuelta, aunque fue 8 segundos peor que el tiempo realizado por Olano, pero la renta que había acumulado en las vueltas anteriores fue suficiente para culminar su carrera deportiva.

Indurain paró el crono en una hora, 4 minutos y 5 segundos, siendo 12 segundos mejor que el marcado por Olano y 31 mejor que el de Boardman. Solo Fondriest consiguió finalizar a menos de 2 minutos del oro. Con este oro olímpico Miguel Indurain ponía el punto final a su carrera deportiva, cerrando el círculo que abrió 12 años antes en Los Ángeles. Culminaba su exitosa carrera y ponía un broche dorado a la carrera más exitosa de un ciclista español.

Clasificación CRI. Atlanta 96
1- Miguel Indurain (ESP) 1:04:05
2- Abraham Olano (ESP) 1:04:17
3- Chris Boardman (GBR) 1:04:36
4- Murizio Fondriest (ITA) 1:05:01
5- Tony Rominger (SUI) 1:06:05
6- Lance Armstrong (USA) 1:06:28
7- Alex Zülle (SUI) 1:06:33
8- Patrick Jonker (AUS) 1:06:54
9- Dariusz Baranowski (POL) 1:07:08
10- Michal Rich (ALE) 1:07:08
Saludos a todos!!

martes, 3 de julio de 2012

Tour 95, Indurain sorprende a sus rivales en Lieja

Las victorias en los diferentes Tours y Giros de Miguel Indurain solía basarse en la superioridad que mostraba este en la lucha contra el reloj, en las que alejaba a sus rivales a un mundo y luego solía mantener, cuando no aumentar, esas rentas en la montaña. Es por eso por lo que el ataque más sorprendente de su carrera se produjo en Lieja, ya que nadie esperaba que en una etapa que no era ni de alta montaña ni contrarreloj, Miguel lanzase un ataque que resultaría demoledor para alguno de sus rivales.
El Tour de Francia de 1995 estaba siendo una carrera bastante loca, fuera de los parámetros normales de control en los que se solía desarrollar la carrera. La etapa prólogo se desarrolló bajo una lluvia que impidió que los favoritos optasen a lucir el maillot amarillo aquel día. Jacky Durand fue quien marcó el mejor tiempo del día y tuvo el honor de poder llevar dicha prenda amarilla durante dos jornadas. Laurent Jalabert le arrebató esa prenda gracias a las bonificaciones, y lo hacía en la etapa que terminaba en Vitré, justo cuando se cumplía un año de su terrible caída en Armentieres.
 
Pero no duró mucho el maillot en su espalda, ya que en la tercera etapa iba a tener lugar una contrarreloj por equipos en la que el conjunto Gewiss-Ballan se iba a lucir e iba a marcar el mejor tiempo del día, siendo la ONCE el segundo clasificado, pero no pudiendo mantener la prenda de su jefe de filas, que fue a parar a las espaldas de Ivan Gotti. También durante 2 días pudo lucir la codiciada prenda amarilla, hasta que en la etapa de Charleroi su compañero de equipo, Bjarne Riis, gracias a las bonificaciones se lo arrebató.
 
Con ese caos en la carrera, sin estabilidad en el portador del amarillo, la carrera viajaría fuera de territorio francés, llegando al territorio vecino de Bélgica. Por segundo día consecutivo la carrera tendría lugar en tierras belgas. Concretamente en esa segunda etapa por tierras belgas, la séptima de la carrera, se unirían las localidades de Charleroi y Lieja.
En esa etapa con final en Lieja hubo una lucha constante entre los favoritos, especialmente en las 3 últimas cotas puntuables del día (de un total de 10 puntuables). Esa constante disputa venía propiciada por esa alternancia en el liderazgo de la carrera, ya que Jalabert, gracias a las bonificaciones de los Sprints, se había quedado a solo 6 segundos del líder, Riis. Fue precisamente el francés quien lanzó un ataque en la antepenúltima cota del día, la de Haute Levee, buscando distanciarse del grupo de favoritos, antes de llegar al Sprint Especial de Theux.
 
A rueda de Jalabert salieron Dufaux, Armstrong y un gregario de Indurain, González Arrieta, cumpliendo una función de vigilar el movimiento. Pero a Indurain no le tuvo que gustar el movimiento y el grupo que se estaba formando con Jalabert, por lo que decidió responder en primera persona y alcanzó ese peligroso grupo, poniéndose en cabeza del mismo, neutralizándolo y tomando nota de lo sucedido, de cara a un futuro próximo.
Una vez que Indurain neutralizó el peligroso movimiento, las cosas se apaciguaron y se vivió una ligera calma hasta que se reorganizó el pelotón, de cara a ese Sprint Especial de Theux, que se encontraba a poco menos de 30 kilómetros de meta. En el Sprint se impuso Jalabert, secundado por el gran sprinter uzbeco Djamolidine Abdoujaparov, siendo tercero el líder Riis, con lo que gracias a las bonificaciones el francés se situaba como líder provisional de la carrera, a la espera de lo que sucediera durante el resto de la etapa.
 
Se vivía una calma tensa en el pelotón, con un pequeño parón incluido, antes de afrontar la subida a la penúltima cota puntuable del día, la de Mont Theux, al poco de salir de Theux, hasta que al poco de atravesar el Sprint se formó un pequeño grupo de escapados, aprovechando el acelerón de Bruno Thibout. Entre los componentes de ese grupo se encontraba gente como Eric Boyer, Bo Hamburger, Lelli, de nuevo González Arrieta, Lance Armstrong y Johan Bruyneel, que quien sabe si fue en esos momentos donde hicieron las buenas migas que luego desembocarían en los grandes éxitos que alcanzaron juntos en el futuro. Era una fuga que favorecía a la ONCE, ya que Bruyneel era el corredor mejor colocado de esos fugados, por lo que consintieron el movimiento.
Y fue en ese momento, a 25 kilómetros de meta fue cuando se produjo un hecho que nadie esperaba en el pelotón. Indurain se ponía al frente del pelotón y dejaba cortado al resto del grupo, ante el estupor de todos los presentes, entre ellos gente tan importante Zülle, Berzin, Riis o Jalabert. Ese ataque de Indurain era un hecho inesperado, ya que todo el mundo intentaba guardar fuerzas para la durísima contrarreloj que iba a tener lugar al día siguiente.
 
Indurain abrió de patas a todos los jefes de fila, que habían intentado salir a por él, y en un momento alcanzó al grupo cabecero, antes de alcanzar la cima de esa penúltima cota. Una vez alcanzada la cima y la cabeza de carrera se puso a tirar del grupo, dejando el mismo reducido a solo 3 unidades; el propio Indurain, Johan Bruyneel y un siempre incómodo Eric Boyer. Por detrás de ese grupo, Jalabert intentaba neutralizar al grupo cabecero y no se dedicaba guardar fuerzas de cara al día siguiente buscando refugio en un más que confuso y hecho trizas pelotón. En los restos de lo que kilómetros antes había sido un pelotón, todo el mundo miraba a todo el mundo, pero nadie se ponía al frente a tirar. Manolo Saiz lo tuvo claro, él tenía a un corredor en el grupo cabecero y Jalabert era el líder provisional de la carrera y aventajaba en unos metros a este pelotón, por lo que decidió que sus hombres no iban a tirar del pelotón. Le iba a dejar la papeleta a los Gewiss, los Mapei o los Mercatone Uno de Cipollini.
Poco después se afrontaba la última subida puntuable del día, la cota de 4ª categoría de Forges. En esa subida por fin alguien se dignó a dar algún relevo a Miguel. Ese alguien fue Eric Boyer, pero no pudo hacerlo durante mucho tiempo, ya que en la parte más dura de esa cota se quedó cortado, dejando por tanto un dueto cabecero formado por Indurain y Bruyneel. Ambos coronaron la cota y 50 segundos más tarde hizo lo propio un pelotón que estaba siendo comandado por el propio líder, Bjarne Riis, y que ya había neutralizado a Jalabert. En esos momentos ya era Bruyneel el líder provisional de la carrera e Indurain era el segundo de la misma, un detalle muy importante de cara a la contrarreloj del día siguiente y por el que probablemente Miguel Indurain se habría movido, aparte de para hacer daño a sus rivales.
 
Desde ese momento, a 15 kilómetros de meta, la carrera se convirtió en un duelo entre Indurain y un pelotón en el que ya tiraba todo el mundo, porque la ONCE, una vez neutralizado Jalabert se decidió a tirar también del pelotón. Era un duelo de Indurain contra el mundo, porque Bruyneel, cumpliendo órdenes de equipo, no iba a darle ni un solo relevo al navarro hasta que llegasen a la recta de meta.
En ese mano a mano entre Indurain y el pelotón, este último no conseguían reducir la distancia que les separaba de cabeza de carrera y los kilómetros para poder recortar la distancia se acababan. Encima se produjo un hecho que perjudicó en la persecución del pelotón, puesto que retiró de la cabeza de carrera a todos los miembros del Mercatone Uno, ya que su sprinter y jefe de filas, Mario Cipollini pinchó la rueda trasera de su bicicleta y se salió en una curva a izquierdas, metiéndose dentro de un portal. Indurain, por su parte, seguía en cabeza, sin recibir ningún relevo del belga Bruyneel.
 
Con esos 50 segundos de ventaja, aproximadamente, se llegaba al último kilómetro y en la línea de meta se repartían 12, 8 y 4 segundos. Esos 12 segundos de bonificación irían a parar al ganador de la etapa, que sería el belga Johan Bruyneel, en el único relevo que daría ese día a Indurain. Es cierto que el detalle de no dar ningún relevo y sprintar a Indurain no fue bonito, pero también es cierto que Bruyneel cumplió con su labor dentro de su equipo y nadie pudo reprocharle nada. Bruyneel ese día consiguió además un premio doble, ya que también iba a lucir en el pódium el jersey amarillo. El corredor belga había sido profeta en su tierra por un día, a la espera de lo que sucediera al día siguiente en la contrarreloj.
 
El pelotón hizo su entrada en la línea de meta con 49 segundos de retraso con respecto al dueto Bruyneel e Indurain, siendo encabezados por un Jesper Skibby, que abrió un pequeño hueco de un segundo con respecto al pelotón, el cual entró a 50 segundos del ganador.


La etapa de Lieja que tenía un perfil muy abrupto, había visto una lucha sin cuartel entre los favoritos; desde Jalabert a Indurain o Bruyneel, pasando por un Riis que quiso defender con uñas y dientes su maillot amarillo. Los corredores no se guardaron nada pensando en la contrarreloj del día siguiente y brindaron una etapa espectacular a los espectadores de este hermoso deporte. Una etapa que quedó marcada por el golpe psicológico que asestó Indurain al resto de rivales, un golpe del que algún corredor no fue capaz de recuperarse en el resto de la carrera.


Saludos a todos!!

martes, 19 de junio de 2012

El malogrado Mariano Rojas

Mariano Rojas era considerado por muchos especialistas como la mayor promesa del ciclismo español de su momento, coincidiendo con el ocaso del campeón navarro Miguel Indurain. Lamentablemente un terrible accidente acabó con su vida de forma prematura y de un plumazo también con su fulgurante progresión en el ciclismo. Era Mariano Rojas, el hermano mayor de José Joaquín Rojas, quien actualmente corre en el Team Movistar de Unzué.

Mariano Rojas nació en la misma localidad que quien fuera seleccionador español de futbol, José Antonio Camacho. Nació en Cieza (Murcia), en el año 1974, el mismo año en el que conquistaba su último Tour de Francia el caníbal Eddy Merckx. Mariano, al igual que sucede con casi toda la gente que terminan siendo deportistas, siempre estuvo ligado al mundo del deporte. Desde pequeño practicó deportes como el volleyball o el futbol, hasta que se dio cuenta que su futuro no estaba ligado a ninguno de estos deportes, se dio cuenta de que su deporte era el ciclismo.
 
Una vez que se decidió por dedicarse al mundo de las dos ruedas, Ángel Guardiola fue su primer preparador, en la escuela de ciclismo de su pueblo, y vio en él a un corredor con una gran fortaleza física. Muy pronto se dio cuenta de que tenía un gran futuro y ya siendo cadete consiguió sus primeros triunfos, allá por los años 1989 o 1990. Consiguió triunfos como el del Trofeo Interclubs, un trofeo que se disputó en una localidad próxima a su localidad natal, tuvo lugar en Molina de Segura.

Al año siguiente, en 1991, por razones de edad, pasó a formar parte de la categoría de juveniles. Formó parte del equipo Creamar del Club Ciclista Molinense. Consiguió numerosas victorias ese año, aparte del campeonato regional. Pero realmente un hito de esa temporada hizo que su nombre comenzase a sonar con mucha fuerza. Ese hito fue su 8º puesto en el campeonato de España de fondo en carretera de su categoría. Ya empezaba a ser conocido en el mundo ciclista.

Con estas credenciales, Mariano dio el salto al mundo amateur. Lo hizo de la mano del equipo Gres de Nules, siendo sus directores Pérez Moya y Montoya. En ese mismo equipo, una temporada después, en 1993, fue donde cuando consiguió un gran número de victorias, llegando a los dos dígitos. Pero fue precisamente en una no victoria donde Manolo Saiz le echó el ojo al que sería su pupilo. Fue en el Circuito Montañés, en donde finalizó en tercera posición, después de cuajar una gran actuación durante la carrera. Manolo, quien era director de la ONCE, le propuso entonces el firmar por su equipo y dar el salto a profesionales. Mariano no se lo pensó mucho y antes de cumplir los 20 años, ya pertenecía al pelotón profesional.
 
En 1994 firmó por el conjunto ONCE y pasó a formar parte del pelotón profesional. Durante ese año realizó buenas actuaciones individuales, como en la Vuelta a Murcia, vuelta en la que siempre que participó terminó entre los 10 primeros puestos de la clasificación general, o en el Campeonato de España, en donde en aquella su primera participación finalizó en el puesto 25.
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1994 había sido el año de toma de contacto con el profesionalismo, teniendo solo 20 años, y lo había pasado con una gran nota. Pero aunque 1994 había sido notable, su actuación podía mejorarse, y eso iba a suceder en 1995, en que alcanzaría el sobresaliente. En esa su segunda temporada como profesional, participaría por primera y única vez en el Tour de Francia, siendo el más joven de todos los participantes en la grande boucle. Habían acordado su director y él que acudiese a la carrera y se retirase después de la 10ª etapa. Querían conocer como era la mejor carrera del mundo con los mejores corredores del mundo.
 
Ese año la participación del equipo en la carrera fue excelente, con una 2ª posición final de Zülle, una 4ª de Jalabert y una 6ª de Melchor Mauri. Y la participación de Mariano no iba a ir a la zaga con la de sus compañeros, estando en todo momento situado en los 10 primeros lugares de la general, lo que hizo cambiar de idea a su director, decidiendo mantenerle en la carrera.
 
Aguantó en carrera, en contra de lo acordado antes de comenzar el Tour, hasta la etapa en la que se subía el Tourmalet. Fue precisamente en una de las laderas de esa mítica montaña donde vivió sus últimos momentos en esa carrera, ya que sufrió una caída en la que se rompió la clavícula y se vio obligado a abandonar la carrera. No terminó su participación en el Tour, pero fue reconocida su labor con el premio al mejor deportista murciando de 1995.

Para el año 1996 ya estuvo recuperado totalmente de su lesión de clavícula y comenzó el año tal y como terminó el año anterior, acumulando puestos de honor en las clasificaciones generales de Mallorca o París-Niza. Entre puestos de honor acudió a disputar la entonces aún llamada Dauphiné Libere. Allí una caída le hizo frenar la progresión que estaba llevando ese año. Se recuperó de la caída e iba a acudir a los Campeonatos de España, que ese año iban a disputarse en Sabiñánigo. Para llegar hasta allí se desplazaría el viernes 21 de junio en su vehículo, un Renault 21.
 
Esta sería la última vez que se viera a Mariano con vida, puesto que mientras iba conduciendo su coche se salió en una curva, teniendo un accidente muy grave. Su coche quedó completamente destrozado, como muestran las imágenes de la prensa, y Mariano quedó en una situación muy grave. Dos días más tarde moría mientras se encontraba ingresado en el Hospital Virgen de la Arrixaca de Murcia, con motivo de una insuficiencia respiratoria.

El día 12 de ese mismo mes había cumplido los 22 años. Era prácticamente un crío y sus ilusiones y las de la España ciclista se quedaban en una maldita curva de una carretera de Murcia, cerca de Archena. La gran promesa del ciclismo español había alcanzado su final de una forma muy trágica, siendo además en un momento crítico para el ciclismo español, ya que ese sería el año de la no victoria de Indurain en París, y con su retirada dejaría un hueco enorme que podría haber sido rellenado, en parte, por Mariano Rojas, y que no pudo ser llenado hasta la aparición de Alberto Contador.

Justo en esta semana, que comenzó con el fallecimiento del joven aficionado al ciclismo de 15 años, Alberto Rueda (el día 17 por la mañana), se cumplirán 16 años del terrible accidente que acabó con la vida de Mariano Rojas. Pero también se cumplen 13 años de la muerte de otra gran promesa española, Manolo Sanroma, quien falleció trágicamente en un accidente durante la disputa de la 2ª etapa de la Volta Catalunya, un 19 de junio de 1999. Dos grandes promesas del mundo del ciclismo que debido a lo prematuro de su fallecimiento prácticamente han sido olvidadas, aún a pesar de las grandes actuaciones que tuvieron durante su corta, pero intensa, carrera deportiva.
Saludos a todos!!

martes, 5 de junio de 2012

La espectacular Dauphiné del 96

Miguel Indurain afrontaba en 1996 la posibilidad de pasar a la historia como el primer y único corredor que podía conseguir 6 Tours de Francia, conseguidos encima de manera consecutiva. Tan solo Anquetil, Merckx e Hinault habían conseguido salir victoriosos en 5 Tours, aunque a diferencia del navarro, ninguno lo había conseguido de forma consecutiva. La preparación de Miguel de cara al Tour había sido muy buena, consiguiendo las generales en la Vuelta a Asturias o la Euskal Bicicleta. Pero en la Clásica de los Alpes había sembrado dudas, finalizando 8º y siendo derrotado por Laurent Jalabert y su ONCE.

Esa derrota de Miguel a manos del francés Jalabert fue muy comentada en la prensa francesa. Tan comentada fue que incluso se comenzaba a hablar de Jalabert como la gran alternativa a Indurain para conseguir la victoria en el Tour.
 
Pero antes de llegar al Tour había de por medio una Dauphiné Libere (en 2002 renombrada como Critérium du Dauphiné Libere y desde 2009 como Critérium du Dauphine), y en esta ambos ciclistas debían demostrar sus credenciales de cara al Tour, el navarro para demostrar que la Clásica fue un accidente y el francés para confirmarse realmente como alternativa a la tiranía del navarro. Pero no iban a ser los únicos corredores importantes que tomarían parte de la Dauphiné, ya que también tomarían la salida corredores como Rominger, Virenque, Boardman o el pódium del año anterior en el Tour, un Bjarne Riis que había cambiado el Gewiss por el Telekom. Por lo tanto, en la Dauphiné habría muchos de los candidatos a hacerse con la victoria.

El día del prólogo, el 2 de junio, fue un día lluvioso. La lluvia marcó toda la etapa prólogo, con sus escasos 6 kilómetros, en los que el corredor que menos tiempo invirtió en recorrerlos fue un habitual de este tipo de modalidad, Chris Boardman, realizándolo en algo menos de 8 minutos. 11 segundos perdió Brochard, 13 perdió Rominger, 15 Indurain y hasta 24 se disparó la pérdida de Jalabert.
 
Las 3 siguientes etapas eran llanas, y a priori tranquilas. La primera de ellas fue a parar a las piernas de un fugado Kasputis. En la siguiente vencía Simon, con un sorprendente Indurain que se metía tercero en la etapa, y la última de esas tres etapas llanas iba a parar al palmarés de Bouvard. Hasta ahí iban a llegar las comodidades de la carrera, puesto que las siguientes etapas serían una con final en Mount Ventoux, una CRI, otra con final en Briançon y una última etapa en Grenoble, respectivamente. Todas ellas, etapas muy complicadas de controlar por los equipos, además de haber una CRI que teóricamente favorecía al navarro Indurain.

En la cuarta etapa de la carrera, la del Mount Ventoux, un valiente Virenque, acompañado por Heulot, lanzaban un duro ataque a 13 kilómetros de la cima, es decir, con casi todo el puerto por ascender. Indurain por su parte sufría y Rominger y el líder cedían terreno. Jalabert por su parte permanecía expectante, hasta que a 10 de meta decidió que ya había esperado lo suficiente. Ni Indurain ni nadie fueron capaces de salir al ataque de un Jalabert que rápidamente dio caza a los corredores que se habían fugado anteriormente, de los que solo Virenque fue capaz de seguir el ritmo, y con ello llegaba el entendimiento hasta la meta entre ambos galos. La ventaja de ambos fue aumentando hasta la línea de meta, donde venció sin oposición Virenque. En meta Indurain se dejaba más de 1 minuto y Rominger más de 2. Jalabert había dado un buen palo a la carrera y se situaba en cabeza de la general con 10 segundos con respecto a Virenque y 53 con Indurain, un Indurain que había sido derrotado en dos ocasiones consecutivas por Jalabert y su equipo.
 
Pero al día siguiente se disputaría la prueba por excelencia de Indurain, una contrarreloj de 42 kilómetros, por lo que Jalabert debería sufrir mucho si quería mantener el liderato de la carrera. Las apuestas apuntaban únicamente a una victoria de Indurain y eso fue lo que sucedió, aventajando en 28 segundos a Rominger y 50 a un Jalabert que conservaba el maillot de líder de la carrera. La ventaja de Indurain, desde luego, no era la que esperaban desde su equipo viendo que la contrarreloj tenía una longitud considerable.

La penúltima etapa terminaría en Briançon, tras subir Allos, Vars e Izoard, y desde los medios franceses ya se había anunciado a bombo y platillo la victoria de su compatriota, aún a pesar de estar él e Indurain separados por 3 segundos en la general. Por supuesto también le señalaban como el elegido para ganar el Tour. El tiempo les quitaría la razón.
 
En el puerto de Vars Jalabert no iba con buenas sensaciones, y de ello se hizo eco un Indurain que lanzó un ataque que fue respondido por Rominger, Escartín y Leblanc, pero no así por el líder, al que sus compañeros de equipo le tuvieron que ayudar a neutralizar el más de medio minuto que había conseguido el navarro en la cima del puerto. Enlazó con Indurain, pero eso no hizo más que desatar la tormenta que se le vendría encima en el Izoard; Indurain realizó varias aceleraciones, hasta que Jaja se abrió de patas. Uno a uno los rivales del navarro se fueron echando a un lado de la carretera, incapaces de seguir su impresionante ritmo. Coronó con 20 segundos de ventaja con respecto a sus más inmediatos seguidos y más de 2 minutos con un líder que estaba haciendo aguas ante el ataque del último vencedor de la carrera. Pero el descenso estaba mojado por el chaparrón que estaba cayendo y Miguel no quiso arriesgar más de la cuenta, así que fue neutralizado por varios corredores. Pero en la subida final en la ciudadela de Briançon Miguel volvió a acelerar el ritmo y entró victorioso en la línea de meta. Jalabert cedería casi dos minutos aquel día, por lo que también le cedería su maillot de líder.
 
La última etapa finalizaría en Grenoble, después de afrontar el Lautaret, Coq, Porte y el final en la Bastilla. En ella, en el Col de Coq, Jalabert se retiraría de la carrera, aquejado de problemas de salud, según informaba su director, Manolo Saiz. La etapa no tuvo mucha más historia, salvo los ataques de Leblanc o de Virenque, o el pinchazo que sufrió Miguel en el descenso del Col de Porte, lo cual le impidió luchar por la victoria de etapa, aunque entró sexto en la línea de meta, a poco más de medio minuto del vencedor. Un vencedor que fue Leblanc, quien atacó abajo del muro de la Bastilla y consiguió entrar en meta por delante de Rominger y de Escartín. 
 
En la general final Indurain se impondría con 1 minuto y 21 segundos al suizo Tony Rominger y con 11 segundos más con respecto a Virenque, pero sobre todo había destacado de esa carrera lo ofensivo que se había mostrado, muy lejos de la imagen de persona fría y calculadora que solía ofrecer en las carreras. Pero también hay que destacar la profunda decepción que se llevó la prensa y la afición francesa en esa carrera, ya que al que veían como la gran alternativa, Jalabert, había sido derrotado magistralmente por el pentacampeón del Tour, Miguel Indurain, que ahora se volvía a mostrar como el único favorito a conseguir la victoria en dicha carrera.


Saludos a todos!!

martes, 31 de enero de 2012

El tirano de Bergerac

Cyrano de Bergerac fue  un poeta y pensador francés, coetáneo de Molière, del siglo XVII. Parece ser que fue un hombre libertino y materialista, muy diferente de la imagen de héroe romántico que nos ha transmitido de él Rostand en el drama que lleva idéntico nombre al de su protagonista. Un protagonista que se ha convertido en mito a través de esa localidad, Bergerac. Y fue en esa misma localidad donde Miguel Indurain, tras realizar una auténtica exhibición, se convirtió también en mito, pasando a la historia como "El tirano de Bergerac".

El 11 de julio de 1994 se iba a disputar la 9ª etapa de un Tour de Francia en que los viajes y el fuerte calor estaban siendo las noticias más destacables. El maillot amarillo había pasado de la espalda del británico Chris Boarmand a la de Johan Museeuw, quien tendría el honor ese día de tomar el último la salida en la contra-reloj que se iba a disputar entre las localidades de Périgueux y de Bergerac, separadas en la etapa por una distancia de 64.5 kilómetros.
 
En cuanto a la general de los favoritos, los dos máximos aspirantes a conseguir la victoria en París, Indurain y Rominger, estaban separados únicamente por 28 segundos, favorables al navarro, estando este 7º en la general, situado a medio minuto exacto del líder, y el corredor helvético estaría colocado 10º en la general provisional. Entre ambos estaría ubicado uno de los grandes contrarrelojistas del pelotón, Armand de las Cuevas.

La contrarreloj no comenzó con el habitual ritmo in crescendo del campeón navarro, sino que desde el comienzo fue un ritmo altísimo. Tan alto era ese ritmo que en el kilometro 6.5 de la contrarreloj, en el primer punto intermedio, la distancia a favor de Indurain con respecto a de las Cuevas era de 17 segundos, y este a su vez aventajaba en otros 7 a Rominger, el tercero en discordia. En el kilometro 15 las distancias empezaban a ser impresionantes, puesto que estas aumentaban, aun más, en favor del navarro, consiguiendo una distancia favorable de 55 segundos con respecto a Rominger, que se había situado el puesto que no cedería en todo el resto del día, segundo. Mayor era aún la distancia con respecto a de las Cuevas de 1 minuto y 2 segundos, quien iba perdiendo fuelle.
 
Apenas un kilometro después, se produjo un hecho histórico. Entre el kilómetro 16 y el 17 de la etapa, Miguel iba a doblar en la contrarreloj al que, sorprendentemente, iba a ser su sucesor en la tiranía del Tour (consiguiendo el récord de la prueba, con 7 consecutivos), Lance Armstrong. Lance posteriormente conseguiría más victorias en la lucha contra el reloj de las que consiguió Miguel, pero ese día fue doblado por Indurain antes del kilometro 17, como si de un cicloturista cualquiera se tratase, habiendo salido 2 minutos antes.

El siguiente punto intermedio de la prueba se encontraba en el kilometro 30. En dicho punto durante varios minutos Rominger fue quien estuvo marcando el mejor tiempo, superando incluso a de las Cuevas por 35 segundos, pero con la llegada del navarro se volvió a pulverizar el reloj. Esta vez aventajaría a Rominger en 1 minuto y 24 segundos. No se había disputado ni media contrarreloj, y la ventaja entre los 3 primeros ya era escandalosa. No había competición en solo 30 kilómetros de la etapa, puesto que Indurain había sentenciado la jornada y todos sus rivales habían tenido que inclinar la rodilla ante su portentosa exhibición.
 
Pero el aplastante dominio que estaba acometiendo el corredor navarro en esa jornada no iba a quedar ahí y se iba a limitar solo a media contrarreloj, sino que iba a seguir adelante. La siguiente referencia no vendría hasta el tercer punto intermedio del día, que estaría ubicado en el kilometro 54, por lo que durante 24 kilómetros no habría referencias reales de lo que estaban haciendo los favoritos de la etapa. En dicho punto de control, Rominger volvía a marcar el mejor tiempo a la espera del paso de Indurain, quien rebasaría su crono en 1 minuto y 50 segundos. Previamente al navarro debería haber pasado por ese punto de las Cuevas, pero el corredor francés acababa de ser doblado por Indurain. A pesar de eso, volvía a ser el siguiente en ese punto, por detrás de Indurain y Rominger, primero y segundo, respectivamente. El francés, en ese momento en que había sido doblado marchaba ya a 4 minutos exactos en la general provisional de la etapa.

La llegada a la línea de meta no hizo más que confirmar la exhibición de Miguel. Al final fueron 2 minutos justos los que le endosó el navarro a Rominger, y 4 minutos y 22 segundos al tercero en la jornada, de las Cuevas. El cuarto fue Thierry Marie, a 4.45, y el quinto fue Chris Boardman, a 5.27. Uno de los favoritos, a priori, Zülle, se alejó a 9 minutos y 3 segundos, y un Pantani que se preveía podía plantar batalla en la montaña, se fue a más de 11 minutos... El doblado Armstrong, quien fue 13º en la etapa, acabó la misma nada menos que a 6´23´´ de Indurain.
 
El amarillo, obviamente, fue a parar a la espalda del campeón navarro, que contaría ahora con una ventaja de 2 minutos y 28 segundos con respecto a Rominger, y nada menos que 4´40´´ con un sorprendente tercero, de las Cuevas.

Hay que destacar la crono de Rominger, dicho por el mismo como la mejor contrarreloj de su vida. En dicha crono se dio el gustazo de doblara nada menos que a 4 corredores: Davy (7º en meta), Melchor Mauri (25º), Rolf Aldag, y a Franco Vona, quien había salido 12 minutos antes que él a disputar la prueba.

Tal exhibición en la carrera le valió por parte de la prensa francesa el apodo de "el Tirano de Bergerac".

Clasificación 9ª etapa
1- Miguel Indurain (Banesto) 1 hora 15 minutos 58 segundos            
2- Tony Rominger (Mapei) a 2´            
3- Armand De Las Cuevas (Castorama) a 4´ 22´´            
4- Thierry Marie (Castorama) 4´ 45´´
5- Chris Boardman (Gan) a 5´ 27´´            
6- Bjarne Riis (Gewiss-Ballan) a 5´ 33´´            
7- Thomas Davy (Castorama) a 5´ 35´´            
8- Abraham Olano (Mapei) a 5´ 45´´            
9- Arturas Kasputis (Chazal) a 6´ 1´´
10- Piotr Ugramov (Gewiss Ballan) a 6´ 4´´           
 
Clasificación general
1- Miguel Indurain (Banesto) 41 horas 9 minutos 13segundos            
2- Tony Rominger (Mapei) a 2´ 28´´
3- Armand De Las Cuevas (Castorama) a 4´ 40´´
4- Gianluca Bortolami (Mapei) a 5´ 47´´            
5- Thierry Marie (Castorama) a 5´ 51´´            
6- Thomas Davy (Castorama) a 6´ 4´´
7- Chris Boardman (Gan) a 6´ 6´´            
8- Sean Yates (Motorola) 6´ 30´´            
9- Abraham Olano (Mapei) a 6´ 31´´             
10- Lance Armstrong (Motorola) a 6´ 35´´

Saludos a todos!!

miércoles, 28 de diciembre de 2011

La marcha de Indurain

Aprovechando que el año está finalizando, puesto que estamos en los últimos días del mes de diciembre, y que con estos días finales parece que son el momento propicio para las despedidas, para recordar viejos y mejores momentos, creo que es el momento de mencionar uno de los recuerdos más tristes para el aficionado al ciclismo español. Ese recuerdo tan amargo para el ciclismo español no puede ser otro que la retirada del mayor campeón de su historia, Miguel Indurain.

El 20 de Septiembre del año 1996 se iba a disputar la etapa número 13 de la Vuelta a España de ese año. A priori se trataba de la etapa reina de esa edición, puesto que tenía final en los Lagos de Covadonga, y pasaba, pocos kilómetros antes, por el Alto Mirador del Fito, un puerto de categoría especial y un primera, respectivamente.
 
La jornada venía precedida por la sorpresa del día anterior, que terminaba con el primer contacto con la montaña de la Vuelta, el corto puerto del Naranco, de unos 5 kilómetros, puerto en el cual Indurain se dejó más de un minuto con respecto a todos los hombres importantes de la general. Nunca antes, hasta ese mismo año en Les Arcs, le había pasado algo similar. Algunos quisieron ver esa diferencia como un signo de que Miguel no se había adaptado bien del llano a la montaña. Pero para la gran mayoría, no fue un buen presagio de cara a la montaña importante de la Vuelta. Una montaña en esa Vuelta, por cierto, que era más bien insuficiente, de cara a conseguir la participación del pentacampeón en la carrera.

La etapa fue transcurriendo por los derroteros normales, hasta que un ataque en el Mirador de Tony Rominger supuso que el pelotón se fracturase en mil unidades. Fue en esos momentos cuando la cámara de cola de pelotón de TVE fue adelantando unidades, para ir viendo los cadáveres que había dejado el suizo con su movimiento, cuando de repente, y como sorpresa mayúscula de todo el mundo; prensa y aficionados, se vio descolgado a Indurain. No solo se había descolgado ante un simple demarraje, sino que además, estaba siendo adelantado por muchos otros ciclistas. Todos estos se quedaban sorprendidos al ver a quien adelantaban, y también muchos de ellos ofrecían su rueda al campeón. Pero este ignoraba a todos ellos.
 
Incluso Indurain rechazó la rueda de su compañero Marino Alonso, haciéndole un gesto de que se fuera, que no iba a pelear más. Miguel se había rendido, posiblemente porque su cuerpo había dicho basta por la bronquitis que venía arrastrando de días atrás, la cual le había dejado sin fuerzas.
 
En el Tour también se había visto a un Indurain que se descolgaba, pero que seguía luchando por no rendirse, pero ahora Miguel, no tenía capacidad ni de pelear.
 
Por delante Celestino coronaba en cabeza con poco menos de dos minutos sobre el reducido grupo principal. Pero la carrera ya no estaba ahí, la carrera era la lucha de Miguel por coronar el Fito. Esto lo hizo a más de cuatro minutos, acompañado por Herminio Díaz Zabala, con quien también bajó dicho puerto. Herminio no solo ofrecía su rueda al campeón (del que había sido compañero en Reynolds), sino que también trataba de convencerle para que siguiese adelante.
 
Pero la decisión estaba ya tomada y no había marcha atrás. Miguel se iba a retirar incluso antes de afrontar la subida a los Lagos. Se retiraría justo en el Hotel donde se hospedaba su equipo, el Banesto. Se retiraría en el Hotel Capitán, puesto que la carrera pasaba por la propia puerta del hotel. Miguel se echó al lado derecho de la carretera y puso pie a tierra. Tuvo que cruzar de nuevo la carretera, puesto que el hotel estaba al otro lado de la calzada, y con ello tuvo que atravesar un muro de fotógrafos, periodistas y motos, que inmortalizaban el momento.
Esos fueron los últimos metros de un hundido Miguel como ciclista.

La próxima semana, el lunes concretamente, se cumplirán tres lustros exactos desde que Miguel Indurain leyó el comunicado que copio a continuación. Un comunicado que ponía fin a numerosas especulaciones sobre el futuro del pentacampeón del Tour, bicampeón del Giro y campeón olímpico. No iba a renovar por el conjunto Banesto. Tampoco iba a cambiar sus colores por el amarillo de la ONCE. Simplemente, iba a anunciar su decisión de retirarse del ciclismo profesional, dejando tras de sí un legado enorme:

«Hoy, 2 de enero de 1997, quiero anunciar públicamente mi retirada del ciclismo profesional.

Esta ha sido una decisión larga y profundamente meditada. Como bien es sabido, he necesitado tres meses para poder tomarla.
Se ha hablado y se ha especulado mucho sobre el tema. Lo cierto es que me ha resultado tremendamente difícil decidirme puesto que físicamente estoy bien y pienso que todavía podría estar en condiciones de lograr el tan deseado sexto Tour.

Por otra parte, ya en los primeros meses de esta temporada empezó a rondarme la idea de que con el 96 había llegado la hora de dejarlo y dedicarme a otras facetas de mi vida; de hecho, así lo tenía planeado. Intenté ganar el Tour con todas mis fuerzas y no lo conseguí, pero gané la medalla de oro en Atlanta, lo que me parecía el broche ideal para mi carrera deportiva. Corrí la Vuelta a España y, muy a pesar mío, tuve que abandonar debido a una infección viral. Este hecho cambió mi visión de las cosas. No podía despedirme con un abandono.

En mi entorno me animaban a seguir, tenía que ganar el sexto Tour de Francia.
Así las cosas, cada día que pasaba me resultaba más difícil ver con claridad cuál era el mejor camino a seguir.

Llevo doce años en el ciclismo profesional, he corrido vueltas grandes, pequeñas, campeonatos nacionales, del mundo y hasta unas Olimpiadas. En estos años he tenido grandes satisfacciones por los triunfos logrados pero también me ha costado mucho esfuerzo y sacrificio el obtenerlos. Estar al máximo nivel exige mucho de uno mismo y cada año que pasa resulta más difícil conseguirlo.

Creo que ya le he dedicado el tiempo suficiente al ciclismo de competición y ahora deseo disfrutar de este deporte como afición. En definitiva, y tras meditarlo minuciosamente, pienso que he tomado la mejor decisión para mí y para mi familia. Ellos también me están esperando.

Finalmente, quiero aprovechar la ocasión para expresar mi más sincero agradecimiento a todos los medios de comunicación que con tanto interés habéis seguido toda mi carrera deportiva, a Banesto por su apoyo y, muy especialmente, a toda la afición que sigue este deporte con tanto entusiasmo.

Gracias por todo y hasta pronto».


Saludos a todos!!