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jueves, 7 de marzo de 2013

Luciano Montero, el primer medallista español

Hablar del apellido Montero es hacerlo de la primera saga del ciclismo español. Una saga que consiguió victorias antes de la Guerra Civil, de mano de los hermanos Luciano y Ricardo y después de la misma, gracias al hijo del segundo, llamado Luciano en honor a su tío, un tío que hizo historia al convertirse en el primer medallista de España en la historia de los campeonatos mundiales.

Luciano Montero Hernández nació en la provincia de Ávila en 1908, aunque siendo aún joven, se trasladó con toda la familia al País Vasco, concretamente a Guipúzcoa, por motivos laborales del padre. La afición de Luciano por la bicicleta llegó pronto, ya que en el seno de su propia familia tenía a alguien que le inculcó dicha pasión por las dos ruedas, su hermano mayor Ricardo. Este era seis años mayor que él, y alcanzó el profesionalismo a los 22 años de edad, en 1924, después de pelear mucho por hacerse un hueco en un mundo tan complicado como ese en aquel momento. Luciano lo tuvo relativamente más sencillo que su hermano, ya que este le había abierto previamente muchas puertas, aunque su gran calidad iba por delante de todo aquel que insinuase que llegó gracias a la ayuda de Ricardo.

Luciano se hizo profesional en 1926 y desde el primer momento dio muestras de su gran clase como corredor, especialmente en el llano. Al año siguiente de ser profesional se hizo con su primera victoria, en el Circuito de Pascuas, una carrera que en esos años venció gente de la calidad de Francisco Cepeda, Trueba o Federico Ezquerra. En 1928 Luciano repetiría triunfo en Pascuas, siendo el primer corredor bicampeón de la prueba navarra. El corredor guipuzcoano de adopción se estaba labrando uno de los mayores palmarés de antes de la Guerra Civil Española.
 
La contrarreloj, su especialidad
Luciano se caracterizó a lo largo de su carrera por ser un gran contrarrelojista, probablemente el primero del país junto a Cañardo, quien tenía peor técnica pero mucha mayor resistencia que el corredor abulense. Las grandes dotes de rodador de Luciano fueron explotadas principalmente en el campeonato de España, título que alcanzó en tres ocasiones (1929, 1932 y 1934). En cuatro ocasiones (1930, 1931, 1933 y 1936) el que se hizo con el título fue Cañardo, en las que hay que destacar que la menor distancia que sacó al segundo clasificado en sus años victoriosos fue de 6 minutos y 44 segundos. Desde 1929 hasta el inicio de la Guerra Civil el enfrentamiento entre ambos corredores monopolizó el título de campeón nacional, con la única excepción de Salvador Cardona en 1935.

Precisamente el Campeonato de España de ruta había estado lleno de polémica durante la década de los años 20, por lo que para 1927 se acordó que el campeonato pasase a disputarse como contrarreloj individual, con lo que pensaban que se acabaría con los amaños. Las distancias que tendrían que afrontar los ciclistas serían de 100 a 150 kilómetros durante esos siguientes años. En esa primera edición de 1926 se impuso Mucio Miguel. Al año siguiente se impondría Telmo García, pero a partir de ese año se convirtió en una lucha encarnizada entre Cañardo y Montero.

Sus enfrentamientos causaron una gran expectación entre el público, pues llegaron a reunirse hasta un cuarto de millón de personas en los circuitos en los que se celebraban las pruebas. Las cotas más altas de ese enfrentamiento llegaron en 1932, en el campeonato que se disputó en San Sebastián. El favorito número uno era Mariano Cañardo, dicho tanto por los medios como por sus rivales. Sus actuaciones previas habían sido muy buenas, demostrando que estaba en gran forma. Su mayor rival debería ser Luciano Montero, que había preparado el campeonato concienzudamente. En la prueba, a pesar de pinchar cerca de la línea de meta, Montero terminó proclamándose campeón, habiendo marcado el mejor tiempo de la contrarreloj. La velocidad media a la que rodó estuvo por encima de los 35.5 kilómetros por hora. Montero fue acusado de ser ayudado por Cardona, en primer lugar, y posteriormente por su hermano Ricardo cuando dobló a este.

En 1934 participó por primera y única vez en el Tour de Francia. Se clasificó en la trigésima posición de la general, pero fue víctima de varias caídas aparatosas. A pesar de sus caídas, con su participación contribuyó a que la selección española se hiciese con la tercera posición de la general por equipos. Al año siguiente, en 1935, participó en la primera edición de la Vuelta a España de la historia, pero la mala suerte se cebó con él y tuvo que retiraras camino de Zaragoza, en la sexta etapa..

Primera medalla mundial española
El año 1935 había supuesto un gran fracaso para los corredores franceses en su carrera por antonomasia, el Tour de Francia, en el cual dominó desde el primer hasta el último día el belga Romain Maes, quien llevó el maillot de líder en todas y cada una de las etapas, hecho solo repetido por Maurice Garin, Ottavio Bottecchia y  Nicolas Frantz. El equipo belga se había mostrado muy superior al francés, de tal forma que incluso el gregario Jean Aerts consiguió tres victorias de etapa.
 
Francia quiere por ello la revancha, y la buscaría en el Campeonato del Mundo en ruta, que se iba a disputar en 1935 en la localidad belga de Florette. El circuito contaría con 13.4 kilómetros, estaría adoquinado y tendría tres cotas al que los corredores deberían dar 16 vueltas. Allí se congregaron nada menos que un cuarto de millón de espectadores, deseando ver a los suyos en acción. Belgas e italianos serían, a priori, los favoritos de la prueba.
 
Pero sería Francia quien daría el primer zarpazo, personificado en Speicher. Este estaba tratando de repetir la táctica que dos años atrás le permitió alzarse con el título mundial, realizando un ataque nada más arrancar la prueba. Consiguió romper el pelotón en pedazos, pero los corredores más importantes estuvieron atentos a ese movimiento y rápidamente formaron un grupo en el que estarían representadas casi todas las selecciones, entre ellos los españoles Montero y Cañardo. Tampoco llegó a buen puerto esta tentativa.
 
Poco después de haber completado los primeros 100 kilómetros de la prueba el cielo comenzó a oscurecerse en forma de nubes, y al tiempo que caían las primeras lluvias reseñables del día, el español Luciano Montero apostó por realizar un ataque. Ante ese ataque el italiano Leargo Guerra se ve impotente y queda totalmente descartado por el campeonato. Unos kilómetros más adelante será la otra gran baza italiana, Giuseppe Olmo quien se irá al suelo y también dirá adiós a sus opciones mundialistas. Italia estaba eliminada. Esos momentos de confusión por la caída de Olmo los aprovecha Jean Aerts para lanzar un potente ataque y enlazar con el español.
Ambos corredores se entienden a la perfección en cabeza de carrera y van abriendo un hueco cada vez mayor con respecto a sus perseguidores bajo unas condiciones climatológicas muy adversas. El tramo empapado de los adoquines de la prueba, vuelta tras vuelta, no hace más que confirmar la superioridad del dúo cabecero y provoca varias caídas que concluyen en abandonos. A dos vueltas para el final alcanzará la cabeza de carrera su diferencia máxima, una ventaja de más de diez minutos.

La lluvia comienza a pasar factura al corredor español a poco más de 20 kilómetros para alcanzar la meta, a lo que había que sumar varios cambios de ritmo del corredor belga. Montero comienza a ceder terreno y no puede evitar que Aerts abra hueco con facilidad. El cansancio había podido con el corredor español, mucho menos curtido en esas carreteras que el corredor belga, que corría en casa. Finalmente Aerts atravesó la línea de meta en primera posición, con más de tres minutos de ventaja con el corredor español, pero con casi nueve con su compatriota Gustaaf Danneels, quien sería tercero en meta.
 
Aerts repetía el éxito que había alcanzado ocho años atrás como aficionado en Nurburgring, el convertirse en campeón del mundo, y lo había hecho con una superioridad aplastante en unas condiciones climatológicas muy adversas. Luciano Montero, por su parte, acababa de hacer historia, puesto que había conseguido por primera vez en la historia de España una medalla mundialista, una plata. Hubieron de pasar 32 años para que otro corredor español, Ramón Sáez, alcanzase un pódium mundialista, y nada menos que 60 años, hasta 1995, para ver a un corredor español superar su gesta y verle con el maillot de campeón del mundo.
 
Guerra Civil y exilio
Después de ese mundial regresó Montero al País Vasco. Allí se había convertido en el héroe del pueblo, cuando contaban con tan solo 27 años. Parecía que en él podría haber un corredor que rivalizase con Vicente Cañardo o Mariano Cañardo. Lamentablemente 1936 fue su último año como profesional en España. Consiguió importantes resultados, como su tercer pódium consecutivo en el GP de las Naciones, siempre ganado por Antonin Magne. Sólo cuatro corredores españoles más consiguieron incorporarse a tan selecto palmarés. También consiguió una plata, por detrás de Cañardo, en el campeonato de España y un décimo puesto en el Campeonato del Mundo.

Pero Luciano era un republicano de corazón, y ante el estallido de la Guerra Civil española, optó por abandonar España con dirección a Francia. En Francia siguió compitiendo casi hasta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, cuando decidió exiliarse en Argentina. En Francia consiguió varias victorias de renombre, como fueron el Gran Premio de Marsella en los años 1937 y 1938. Sin embargo, y debido al avance del bando Franquista, sus éxitos fueron silenciados por parte de la prensa, por lo que su nombre comenzó a caer en el olvido del público español.

Una vez que optó por exiliarse en Argentina se le perdió la pista, y no se volvió a tener noticias de él hasta su fallecimiento, durante el mes de agosto de 1993, en Buenos Aires. Tan en el olvido había caído su nombre y su historia que ni siquiera la prensa se hizo eco de su fallecimiento. Su nombre, a pesar de haber sido olvidado por la opinión pública, ha pasado a la historia como el del corredor que inauguró el palmarés mundialista de España, aunque su palmarés deportivo fue mucho más allá de ese segundo lugar en Florette, pues consiguió nada menos que 41 victorias en las 13 temporadas en que compitió, incluyendo sus años en Francia.


Saludos a todos!!

jueves, 11 de octubre de 2012

Jean-Pierre Monseré se presenta al mundo

Desde Flandes ha quedado para la historia el que es probablemente el mejor equipo de la historia a lo largo de varias temporadas, el Flandria. Entre la década de los 60 y la de los 70 pasaron por sus filas muchos de los mejores corredores flamencos de la época, como Leman, los hermanos De Vlaeminck, Zoetemelk, Maertenes o el malogrado Jean-Pierre Monseré, un grupo que luchó de tú a tú con el monstruo belga, Eddy Merckx.

Precisamente este último corredor, Monseré, era un joven de Roeselare que había dado el salto al profesionalismo con solo 21 años, en 1969, en el seno del equipo Flandria.. Una gran temporada en su año de debut, con buenos puestos en Flandes, Flecha Valona o la París-Roubaix. Esa misma temporada consiguió su primera victoria, en el Giro de Lombardía, con polémica, debido a la eliminación de Karstens por dopaje Era sin duda alguna la gran esperanza de su público con vistas al futuro.

Pero su consagración iba a llegar en la temporada siguiente, la de 1970. En aquella temporada, el 16 de octubre, fue el gran día del corredor flamenco, en el Campeonato del Mundo que se iba a disputar en Leicester, en el circuito automovilístico.
 
En el equipo belga se había montado una gran escuadra para cubrir a su líder único, Merckx. Le acompañarían grandes gregarios como Spruyt, Van Lancker, Verbeeck, Huysmans, corredores con total libertad como Van Pringel y Pintens y como secante ante los movimientos Godefroot. A este equipo los acompañarían los jóvenes Roger de Vlaeminck (23 años) y Monseré (aún 21), quienes supuestamente iban a aprender en aquel día.

El gran rival del conjunto Belga sería el equipo de Italia, que contaría en sus filas con gente como Gimondi, Marino Basso, Dancelli, Bitossi, o el antiguo maillot arco iris, Adorni. También habría otros corredores que destacar, como el joven francés Guimard o el español González Linares, que unas semanas antes había derrotado a Merckx en una contrarreloj del Tour.
 
El día se presentó con bastante frio y con mucho viento, por lo que los grandes capos de la carrera decidieron optar por lo lógico, que era lanzar a los gregarios por delante, a ser posible sin que entrasen los de su rival, para así evitarle a su escuadra el desgaste de tener que controlar la carrera.

En los primeros compases de carrera se marchan Adorni y Van Springel, a quienes se une pocos instantes después González Linares. Merckx vio peligro en la situación y decidió tirar con fuerza, saltando varios corredores a su rueda. Rápidamente neutralizaron a ese grupo cabecero, y se formó una fuga con una docena de corredores por delante, entre los que se encontraban Merckx, Ottenbros, Gimondi o los tres señalados anteriormente. Pero atrás no quisieron darles mucho margen, y se formó un nuevo grupo de 25 unidades. Todo eso en aún en el primer tercio de carrera, con los capos dando la cara.

A mitad de carrera se había formado de nuevo un grupo delantero, formado por 7 unidades, compuesto por Santanbroggio, Gimondi, Motta, Dancelli, Alain Vasseur, Wrigth, y Monseré, siendo los cuatro italianos los que llevan de forma descarada el peso de la carrera, en la que además podían jugar varias bazas. Fueron cogiendo tiempo de ventaja, hasta que cuando alcanzaron los 3 minutos, el equipo belga se comenzó a preocupar y se pusieron a tirar nada menos que Godefroot y Merckx, quienes consiguieron reducir la ventaja hasta poco más de medio minuto cuando afrontaban la recta de meta y aún les quedaban 4 vueltas para el final de la carrera.
Gimondi veía como se les echaba encima el grupo de favoritos y optó por hacer un demarraje desesperado, yéndose con él Vasseur, a los que se les unieron más tarde West, Mortensen, Rouxel y de nuevo, Monseré. De repente Italia pasaba a tener una sola baza, al igual que Bélgica, y en ambos casos, ya bastante castigados.

Se abre un hueco entre esos 6 corredores y el resto de favoritos, sin parecer que estos últimos quieran cazar definitivamente al sexteto cabecero, dando una tregua momentánea.
 
A dos vueltas para el final si que empieza a ponerse la cosa seria, con el grupo persiguiendo al sexteto, tirando ambos grupos con todas sus fuerzas, y reduciéndose la diferencia entre ambos.
Sería a 2 kilómetros cuando Monseré lanzaría un ataque y se marcha en solitario, con el resto de corredores lanzándose miradas vigilantes. Abre un pequeño hueco, mientras que en el ahora quinteto se lanzan ataques entre sí, sin que ninguno prospere.

El hueco de Monseré es definitivo, y se planta en solitario en la línea de meta. Brazos en alto celebra su impresionante victoria por la que nadie apostaría. Pero tampoco tuvo mucho tiempo de celebrarlo, ya que con tan solo 2 segundos de retraso llegaron Mortensen y Gimondi, que fueron segundo y tercero respectivamente. El pelotón, por su parte, llegaría a meta con 18 segundos de retraso con respecto al ganador del día, encabezados por Godefroot. Un pelotón en el que se encontrarían nada menos que corredores como Merckx, un jovencísimo De Vlaeminck, Guimard o Basso, además de todos los españoles que no se habían retirado de la carrera.
 
Como había cambiado la historia, ya que un año antes, en el mundial amateur, era Mortensen el que se alzaba con la victoria por delante del nuevo flamante campeón del mundo absoluto, Jean-Pierre Monseré.

La polémica, por supuesto, no faltó en la línea de meta, ya que Monseré dijo que Gimondi le había ofrecido hasta 6 millones de liras (cerca de 10.000 dólares) por dejarle ganar el campeonato. La respuesta de Gimondi no se hizo esperar, siendo totalmente contundente al respecto, negando la acusación: “Es una calumnia; parece que al nuevo campeón no le ha bastado con ir a mi rueda durante todo el recorrido. Prefiero tirar el dinero por la ventana antes que dárselo al belga”.
Fue el día cumbre de un corredor que estaba llamado a ser figura, Jean-Pierre Monseré, que se había proclamado como el segundo campeón del mundo más joven de la historia, solo superado por Karel Kaers. Monseré, una figura que despuntó definitivamente con ese campeonato mundial, pero que vería trágicamente cortada su vida unos meses más tarde, el 15 de marzo de 1971, en el Grand Prix de Rétié à Lille-st-Pierre.


Clasificación:
1º Jean-Pierre Monseré (Bélgica-Flandria) (21 años) 6 horas 33 minutos 58 segundos
2º Leif Mortensen (Dinamarca-Bic) (23 años) a 2´´
3º Felice Gimondi (Italia-Salvarani) (27 años) m.t.
4º Leslie West (Gran Bretaña-Holdsworth) (26 años) a 3´´
5º Charles Rouxel (Francia-Peugeot) (22 años) a 5´´
6º Alain Vasseur (Francia-Bic) (22 años) a 9´´
7º Walter Godefroot (Bélgica-Salvarani) (27 años) a 18´´
8º Frans Verbeeck (Bélgica-Geens Watney) (29 años) m.t.
9º Franco Bitossi (Italia-Filotex) (29 años) m.t.
10º Gerard Vianen (Holanda-Caballero) (26 años) m.t.
11º Roger De Vlaeminck (Bélgica-Flandria) a 23s
...
14º Cyrille Guimard (Francia-Fagor Mercier) m.t.
17º Marino Basso (Italia-Molteni) m.t.
20º Harm Ottebros (Holanda-Willem II) m.t.
21º Miguel María Lasa (España-La Casera) m.t.
29º Eddy Merckx (Bélgica-Faemino) m.t.
38º Ramón Saez (España-Werner) m.t.
43º José Antonio González Linares (España-Kas) m.t.
49º Andrés Gandarias (España-Kas) m.t.
56º Jesús Aranzábal (España-Bic) m.t.
63º Domingo Perurena (España-Fagor Mercier) m.t.
Luis Ocaña (España-Bic) retirado
Agustín Tamames (España-Werner) retirado
José Manuel Lasa (España- La Casera) retirado
Nemesio Jiménez (España-Kas) retirado

martes, 18 de septiembre de 2012

Camenzind se impone en Valkenburg

Tras la conclusión de la Vuelta a España de 1998 a los ciclistas aún les iba a quedar una última cita en el año, los Campeonatos del Mundo, que tendrían lugar en el mismo escenario que los de este 2012, en Valkenburg. Ese campeonato estaría marcado por el mal tiempo y por las bajas, ya que los últimos cuatro campeones, Leblanc, Olano, Museew y Brochard, no iban a estar presentes en la salida de la prueba de ruta.

El Campeonato Mundial de Valkenburg iba a estar marcado durante su disputa por el mal tiempo, propio de Holanda, y por la gran cantidad de bajas que iba a haber antes de empezar la carrera. Luc Leblanc, Abraham Olano, Johan Museeuw y Laurent Brochard, los últimos 4 campeones en ruta, por orden cronológico, no iban a estar presentes en la salida. Los tres primeros debido a sus lesiones, y el cuarto por la sanción que tenían los corredores del equipo Festina desde el pasado Tour de Francia. Pero esas no iban a ser las únicas bajas que iba a haber antes de comenzar la carrera, ya que Marco Pantani, había decidido poner fin a su exitosa temporada. La misma decisión había tomado Jan Ullrich, aunque este después de una calamitosa temporada (a pesar de su segundo puesto en el Tour). Jalabert tampoco sería partícipe de la carrera, debido a sus ataques a la UCI, la cual le dijo que para participar debía recular en sus declaraciones. Y el francés no estuvo por la labor de hacerlo. Tampoco ningún Festina tomaría parte de la carrera, como sería el caso de los Zülle, Virenque o el ya mencionado Brochard.
 
Por parte española, con la baja confirmada de su líder, Abraham Olano para la prueba en ruta del Mundial, debido a la lesión en el gemelo izquierdo que se produjo en la disputa de la contrarreloj del Mundial que se disputó unos días antes de la ruta, el equipo se quedaba cojo, sin un líder claro, aunque el seleccionador Antequera confirmó a los medios que en caso de haber llegada masiva, confiaría en el joven corredor cántabro, Óscar Freire. Esta confianza el cántabro aún no pudo devolverla, pero solo un año más tarde la devolvería con creces.

El domingo 11 de octubre comenzó tal y como habían sido los anteriores, con lluvia constante y unas fuertes rachas de viento. Estas condiciones resultaban muy alarmantes, pensando en el circuito que la organización había diseñado, ya que aunque este no era de gran dureza, las carreteras por las que iban a pasar los corredores iban a hacer de esta carrera una de las más duras de las últimas décadas e iba a hacer imposible que los equipos controlen la carrera.
 
La primera vuelta al circuito fue muy tranquila, peo ya en la segunda comenzaron los ataques, con un primer corte en el que se metió gente de la importancia de Hondo, Lino, Kirsipuu o los italianos Bugno y Zanini. Aparentemente ninguno contaría para el triunfo final, pero todas las selecciones de importancia, a saberse Holanda, Belgica, Francia, Suiza e Italia, se encontraban representados en la fuga. Todas las selecciones importantes habían metido un representante en la fuga, con la salvedad de España, que aunque lo intentó con Álvaro González de Galdeano, no pudo hacerlo, y desde ese momento iba a tener que cargar con la responsabilidad de la carrera.
 
5 vueltas iba a durar la aventura de esta fuga, hasta la séptima, en que España conseguiría neutralizarlos, pero pagando un alto precio por ese trabajo extra que habían tenido que realizar en esas vueltas, y es que en esos momentos se iba a acabar el equipo español para el resto de la carrera. Sin duda había sido un peaje muy alto por no haber estado suficientemente atento el equipo español aquel día. Por fortuna esos despistes pasarían a la historia en los años siguientes, coincidiendo con la dirección del equipo de Paco Antequera.

Pero es que esa no fue la única fuga en la que no hubo representación española aquel día, aunque por fortuna para el equipo español, en la fuga definitiva si metió a un corredor, "Chente" García Acosta, un corredor que sabía moverse como pez en el agua en esas situaciones. Esa fuga se inició por un ataque que lanzó el norteamericano Lance Armstrong en la 12ª subida al Cauberg, secundado por el suizo Markus Zberg. El paso por meta se producía unos kilómetros después de coronar el Cauberg y cuando pasaron por meta, se habían incorporado al grupo, entre otros, Bartoli, Camenzind, Boogerd, Van Petegem, Tafi y el español Chente. El grupo se encontraría formado esta vez por 14 corredores y todas las selecciones importantes estarían ahí representadas, por lo que el pelotón se desentendió de la carrera. Esos 14 se jugarían el maillot de campeón del mundo de aquella edición.
 
Suiza tenía tres corredores en esa fuga, la única selección que tenía tantos hombres, y eso lo harían notar en la siguiente subida al Cauberg, cuando atacaría Camenzind. Al principio nadie fue capaz de seguirle, pero poco después se unieron a su rueda Boogerd, Armstrong, Aebersold, Bartoli y Van Petegem. Zberg también estuvo cerca de enlazar, pero una mala caída arriesgando más de la cuenta, dio con sus huesos en el suelo y con sus ilusiones por el título. Acto seguido, el suizo Zberg abandonó la carrera. Esos 6 corredores serían los que pelearían por las medallas aquel día.

En la siguiente vuelta todos los corredores jugaban al gato y al ratón, siendo los más activos Boogerd, Armstrong y Camenzind, cuando este último realizó un potente y único ataque, al tiempo que el holandés sufría un pinchazo en su bicicleta. Camenzind abrió hueco mientras que por detrás no se escondían en intentar darle caza al suizo. Camenzind realizó una subida al Cauberg impresionante, y no hizo sino abrir más hueco con respecto a sus perseguidores. En ese momento ya se sabía que iba a ser el próximo campeón del mundo, aunque aún le quedaban unos pocos metros para disfrutar de su merecido triunfo. 6 horas, 1 minuto y 30 segundos de sufrimiento le habían supuesto el oro, y el día más importante de su carrera al corredor suizo.
 
Mientras, por detrás en la persecución a Camenzind, Van Petegem saltaría del grupo perseguidor en el repecho de Bemelerberg, yéndose con él Bartoli a rueda, siendo finalmente ambos quien se jugarían la plata y el bronce de la prueba. En la disputa por el sprint sería el italiano quien lo lanzaría antes, desde muy lejos, pero fue Van Petegem quien impuso su mayor fuerza en el sprint. El tercero fue finalmente Bartoli, entrado empatado a tiempo con el corredor belga, haciendo su entrada ambos corredores a 23 segundos del nuevo campeón mundial. Cuarto finalmente fue el corredor del US Postal, un Armstrong recién recuperado de su cáncer testicular. Aebersold fue quinto y Boogerd sexto aquel día, quien a pesar de su pinchazo había conseguido enlazar con el dueto que le precedió en la clasificación.
 
El resto de corredores llegó a un mundo, separándoles del ganador más de 4 minutos y medio, siendo casi un minuto más al primer corredor español en atravesar la línea de meta, "Chente" García Acosta. El resto de españoles llegaron en el grueso del pelotón, siendo Freire 17º, "Chechu" Rubiera 45º y Melchor Mauri 58º finalmente. España no había destacado, pero al menos había salvado su honor metiendo un corredor en la fuga buena del día.

Clasificación final:
1- Oscar Camenzind (Suiza) 6 horas 1 minuto 30 segundos
2- Peter Van Petegem (Bélgica) a 23´´
3- Michelle Bartoli (Italia) a 23´´
4- Lance Armstrong (USA) a 1´06´´
5- Niki Aebersold (Suiza) a 1´09´´
6- Michael Boogerd (Holanda) a 1´10´´
7- Marc Wauters (Holanda) a 4´31´´
8- Andrea Tafi (Italia) a 4´40´´
9- Udo Bolts (Alemania) a 4´40´´
10- Roman Vainsteins (Letonia) a 4´40´´
...
13- José Vicente García Acosta (España) a 5´23´´


Saludos a todos!!

martes, 20 de diciembre de 2011

Armstrong, Campeón del Mundo

El 29 de agosto del año 1993 se iba a disputar la LX edición del campeonato del mundo en ruta de ciclismo. Era otra época, en la que las pruebas de final de temporada se disputaban entre finales de agosto y los primeros días de septiembre, no como ahora, en que la Vuelta a España comienza precisamente entre esas fechas.
 
Antes de su gravísima enfermedad detectada en 1996, un jovencísimo deportista proveniente de Texas, Lance Armstrong, ya demostraba que no sólo era capaz de competir contra los mejores ciclistas del planeta, sino que además era capaz de derrotarlos. Si bien no era capaz de hacerlo en los puertos, puesto que no pudo finalizar ese año el Tour de Francia, si que podía hacerlo en su especialidad, las pruebas de un día.
 
El día en que se iba a disputar el campeonato del mundo de Oslo de 1993 este deportista, Armstrong, contaba con 21 primaveras, y su palmarés era muy exiguo, pues apenas adornaban su palmarés un par de pruebas importantes: una etapa del Tour de ese año, y el campeonato de los EEUU. Había más carreras, pero ninguna de ellas de relumbrón internacional.

El día se levanto lluvioso, y esta lluvia acompañó a los corredores durante todo el transcurso de la carrera. Las condiciones fueron muy complicadas para todos durante gran parte de la prueba, puesto que en ocasiones la lluvia cayó de forma torrencial, y eso le costó la participación y el ser ingresados incluso en el hospital a gente como Skibby o Moreno Argentin.

Las grandes selecciones, como España (con Indurain), Italia (con Chiappucci y especialmente Bugno) o la selección holandesa, fueron las selecciones que desde casi el comienzo de la prueba, llevaron todo el peso en el control de la carrera. Se fueron sucediendo los intentos de fuga durante las primeras vueltas, pero poco más de un minuto llegó a ser la renta de esos escasos valientes. Intentos que finalmente quedaban en nada.
 
En la décima vuelta se produjo un corte peligroso, en el que figuraban 14 hombre, con gente como Chiappucci o Giovannetti, pero que con los kilómetros consiguió ser reducida por el equipo español, dejándoles a solo un puñado de segundos. Un equipo, el español, que había apostado todas sus balas en un único corredor, Miguel Indurain. En la duodécima vuelta se retiraba el campeón en Benidorm, Gianni Bugno.

A partir de ese momento, con la retirada de Bugno, todo el peso del control de la prueba iba a corresponder a Indurain. El navarro asumió los galones que le correspondían y lanzó un imponente ataque, que sirvió para neutralizar a los fugados Chiappucci, Maessen y Rue. Poco después, otro puñado de corredores, entre ellos Riis, Mussew o Ludwig, se iban a unir a estos fugados e iban a marchar en armonía, impidiendo que les diesen caza más corredores.
 
Y fue tras más de 240 kilómetros disputados en la etapa cuando, disputándose ya la última vuelta, saltó de ese grupo delantero el juvenil de sus componentes, Armstrong, aquel corredor al que nadie o casi nadie conocía dentro del grupo. Cogió ventaja con respecto a sus hasta ese momento compañeros de fuga, pero esta ventaja jamás se encontró por encima del medio minuto, una renta en teoría insuficiente si los rivales se ponían de acuerdo en darle caza.
 
Pero en este grupo no se entendieron y con mucha tenacidad, consiguió mantener su escasa renta, y tras 6 horas, 17 minutos y 10 segundos de intenso esfuerzo, de pedalear y competir en un lluvioso día, Lance consiguió levantar los brazos para festejar su triunfo. Un triunfo que le llegaba siendo aún casi un niño. Y lo hacía con 19 segundos de ventaja con respecto a, nada menos, Indurain, Chiappucci, Riis o Mussew. El futuro era suyo, y su carrera no había hecho más que despegar, aunque todavía se tendría que encontrar con un contratiempo muy serio en su carrera hacia el éxito.

Por su parte, en la disputa por el segundo puesto, el sprint con el que Indurain bate a un excepcional finalizador como Ludwing es, sencillamente, impresionante. Un sprint largo que le permite ser al navarro segundo en el campeonato, y ascender un puesto con respecto a su actuación en el campeonato del año 91, quedándose a tan sólo un escalón del Arco Iris.




Saludos a todos!!

martes, 13 de septiembre de 2011

Freire se abre paso

El próximo domingo, 25 de Septiembre de 2011, hay una persona en el pelotón, un ciclista, que puede entrar con letras de oro en la leyenda de este mundo. Ese día podría quedarse en solitario en el Olimpo del ciclismo, hablando de los Campeonatos Mundiales. Y es que actualmente comparte ese honor con nada más y nada menos que Eddie Merckx, como no, Alfredo Brinda y con Rik Van Steenbergen, todos ellos con 3 entorchados.
 
Algunos, recientemente, se han quedado también cerca de esos 3 campeonatos mundiales, como son los italianos Bettini y Bugno, sin duda alguna, dos auténticos superclase, que se estancaron en el segundo, conseguido además de forma consecutiva en ambos casos. Ese ciclistas es, ni más ni menos, que el español Oscar Freire Gómez, natural de Torrelavega (Cantabria).

Actualmente decir ese nombre es sinónimo de éxito, de sprint y de victorias. No muchas victorias quizás, si lo comparamos con la clase que posee, pero si de un gran renombre estas victorias, ya que ha ganado en un sinfín de lugares, como el Tour de Francia, en la Vuelta a España, en Suiza, País Vasco, el verde del Tour 2008, la prueba que jamás ganó el grandísimo Merckx (París - Tours), y destacan por encima de todo sus tripletes en Milán - San Remo y en los campeonatos del Mundo.
 
Hoy este palmarés es uno de los que reúne mayor calidad y tiene un gran reconocimiento. Pero nada era así en el año 1999, el año en el que Freire se proclamó por primera vez Campeón del Mundo. Corría 1999 y Oscar cumplía su segunda temporada como profesional en el equipo español Vitalicio Seguros. Su palmarés era exiguo, puesto que en su haber solo se encontraba una etapa de la Vuelta a Castilla y León y un tercer lugar en el campeonato de España de 1998. El 99, prácticamente un año en blanco por las lesiones. Muy poco o nada se sabía de aquel chaval de 23 años que prácticamente no competía durante el año por sus lesiones o molestias, y que ni sus propios directores confiaban en él, ya que con un contrato que firmó al pasar a profesionales de 2 años a punto de concluir, la oferta que le realizaron de renovación era muy inferior a la ficha que cobraba en ese momento.

Fue en esas, con una oferta de renovación muy a la baja y un futuro muy incierto, cuando se presentó para el cántabro la oportunidad de su vida. El seleccionador español, Antequera, recién llegado al cargo, optó por darle los galones a él, un chaval de solo 23 años y que prácticamente no había competido en todo el año. Por parte española faltaban los grandes gallos para la prueba, como era el caso de Olano, que no acudía a la prueba por su fractura de 2 costillas durante la Vuelta a España, por lo que en la selección no había un líder absoluto. Y fue en aquel momento cuando el seleccionador español confió a ciegas en el chico que luego le daría tantas alegrías. Oscar Freire iba a ser el absoluto jefe de filas en el Campeonato del Mundo de Verona.
 
La prueba iba a constar de 16 vueltas a un circuito de poco más de 16 kilómetros. Realmente no sucedió nada reseñable durante las primeras 14 vueltas, salvo un pequeño detalle en la sexta vuelta al que nadie dio importancia en ese momento; el gran favorito para lograr el mundial a ojos de todo el mundo, Vandenbroucke sufría una caída en la que se rompía el escafoides. Volvió a la bici y reanudó la marcha sin problemas y sin que nadie se diese cuenta. Pero esa caída, probablemente arruinó sus posibilidades de victoria aquel año.
 
A partir de ese momento se sucedieron varios ataques de pesos pesados, como Tafi o Zülle. Pero fue en la penúltima vuelta cuando se selección de verdad la carrera. Un brutal ataque de Ullrich seleccionó al grupo, dejando en el cabecero al propio ciclista alemán, a Vandenbroucke, a Casagrande, Camenzind, Robin, Konyshev, Freire, Zberg y Mcrae.
 
Esos 9 corredores, con algún que otro ataque entre ellos, son los que llegan a los dos últimos kilómetros juntos. Entonces se produce un demarraje de Camenzind, que es respondido por Freire. Finalmente el buen hacer de Robin impidió que tomasen ventaja y antes de la pancarta del kilómetro final son neutralizados. Se produce el parón típico, en el que Freire viaja siempre a rueda de Zberg (a priori el más rápido del grupo), hasta que tras la última curva, a unos 500 metros a meta, decide que es el momento de atacar y mientras que todo el grupo se va al lado izquierdo de la calzada, el lanza un ataque potente y no contestado por sus rivales, que no le conocían.
 
Fueron aproximadamente 30 segundos los que tardó Oscar en recorrer esa eterna recta, desde su ataque hasta que cruzó victorioso y brazos en alto la línea de meta. Seguramente los segundos más largos en la vida de Oscar, quien se había jugado a una sola carta todo su futuro sobre la bicicleta. Y le salió ganadora la carta.
 
Todo lo que siguió a continuación de esta carrera es más que conocido, pero esta fue la puerta abierta a la leyenda que el día 25 puede terminar de escribir con letras doradas. Es muy probable que no lo consiga, pero solo por lo conseguido hasta este momento, ya merece la eterna admiración, no solo del ciclismo, sino de todo el mundo del deporte.




Saludos a todos!!