martes, 10 de abril de 2012

Knetemann entra en el corazón de la Amstel

El domingo 27 de abril del año 1985 se iba a disputar la vigésima edición de la conocida como la carrera de la cerveza, la Amstel Gold Race, que lleva ese nombre porque la marca de cervezas es patrocinador suyo. Se trata de la primera de las 3 carreras que forman parte del tríptico de las Ardenas, junto con Flecha Valona y Lieja-Bastoña-Lieja, y quizás también, la menos reconocida de todas. En aquellos momentos la carrera tenía salida en Heerlen y llegada en Meerseen, no como actualmente, que tiene lugar dicho final en el Cauberg.

La prueba de ese año, 1985, coincidía en fechas con la celebración de la Vuelta a España, que por aquellos momentos tenía lugar en la primavera, y no como ahora, en los últimos días del verano. Por motivos de esa coincidencia, algunas de las figuras del pelotón, no iban a estar en la clásica, casos como el de Pedro Delgado, Robert Millar, o el del corredor del Skil-Sem, Sean Kelly.
 
La ausencia de este último corredor de la carrera holandesa iba a permitir que un corredor absolutamente desconocido en España como era Gerrie Knetemann, quien había competido casi toda su carrera en el mítico Ti-Raleigh, pudiera jugar sus bazas a su manera.

El domingo comenzó como un día de perros y el pelotón no comienza muy animado. Ya pasado el ecuador de la carrera, tanto Verhoeven como Van der Poel realizaron un corte peligroso de cara a la victoria final, pero un inoportuno pinchazo hizo que el primero de los dos se viese descolgado. Por detrás, se inició la caza de primero el dueto, y luego del corredor cabeza de carrera. Esa persecución era de una veintena de ciclistas, con Roche, Zoetemelk, Kuiper, Anderson o Knetemann a su cabeza. La carrera estaba siendo muy dura, aparte de por la propia dureza de la carrera, también por la climatología, y eso provocó que uno de los hombres más fuertes del pelotón, Kuiper, se veía cortado en un simple repecho, no hizo falta siquiera que fuese en una de las 17 subidas que estaban marcadas por la organización en el recorrido.
 
De nuevo Verhoeven será quien lance una ofensiva. El primero en responder a la misma es el holandés Knetemann y posteriormente todo el resto del grupo. El grupo se va fracturando constantemente, con incesantes ataques de todo el mundo.
 
Unos cuantos kilómetros más adelante, el grupo consigue neutralizar finalmente a Van der Poel, y es un pletórico Verhoeven quien lanza un ataque sorpresa, puesto que lo hace mientras el corredor que marcaba el ritmo de la carrera, Anderson hablaba con su coche y aprovechó para atacar por el otro lado del coche. A este ataque solo consiguieron salir cuatro corredores, Knetemann, Anderson, Versluys y Lieckens.

Estos cuatro corredores intentan la caza, con continuos ataques entre ellos. A uno de esos acelerones del grupo, de Versluys, solo Knetemann salta a su rueda, mientras que los otros dos corredores, en una guerra de nervios, quedan eliminados por la carrera. Con el paso de los kilómetros Knetemann se había ido encontrando mejor, y decide llevar entonces el peso de la persecución, por lo que se pone en cabeza del dueto e impone un ritmo muy duro. Tan duro era el ritmo que finalmente se quedó en solitario cuando cedió Versluys.
 
En ese 1985 el Cauberg se pasaba cuando aún quedaban 9 kilómetros a meta, y es en su subida cuando por fin aparece en el horizonte de Knetemann el hombre que era cabeza de carrera, el joven holandés Verhoeven, quien lleva un ritmo cansino que no se asemeja en nada al alegre pedaleo que llevaba el veterano. Con esa diferencia de ritmo, era inevitable que el lobo cazase al cachorro, y le sobrepase. Lanzó un contraataque Knetemann y a dicho contraataque no pudo salir Verhoeven, aunque intentase hacerlo, pero rápidamente se dio cuenta que era imposible aguantarle la rueda. El veterano había cocido a fuego lento su victoria, y esta no iba a tener oposición en esa vigésima edición, exáctamente 11 años después de la que hasta ese momento era su única victoria en esa carrera.

Su entrada en la meta se produjo con 32 segundos de ventaja con respecto a Jozef Lieckens y Johnny Broers, con tiempo suficiente para poder saborear un caramelo que desde hacía 11 años se le había resistido. La victoria se producía en el momento final de su carrera, cuando ya muy poca gente apostaba por un renacimiento de ese corredor, máxime cuando no muchas semanas atrás sufrió una caída en A través de Flandes que hizo que la gente le diera ya por acabado. Volvía a ganar la carrera por la que se dio a conocer cuando era apenas una promesa del mundo del ciclismo, y la había vencido por todo lo alto, con una carrera muy inteligente y en la que demostró gran fuerza.
 
Las lagrimas que brotaron de sus ojos no fueron sino el fiel reflejo del aprecio y del cariño que el público siempre le había profesado, especialmente a raíz de dicho accidente. Había entrado en el corazón, no solo de la carrera, sino de toda esa gente que le apoyó, tanto en su periodo de recuperación como en la carrera.

Gerrie se retiraría 4 temporadas después, y con el tiempo, destinado estaba, sería seleccionador de su país, Holanda. Esta victoria sería la última victoria de prestigio del veterano corredor holandés, pero aunque esas carreras del norte ya no eran coto exclusivo de caza de los Países Bajos, había demostrado que los viejos rockeros nunca mueren, e iba a llegar al corazón de todos sus paisanos, quienes le apoyaron semanas atrás en su caída en A través de Flandes, cuando se le había dado por acabado.
 
Finalmente, en 2004, trístemente fallecería víctima de un ataque al corazón, cuando contaba con tan solo 53 años de edad.


Saludos a todos!!

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