viernes, 21 de marzo de 2014

Milán - San Remo 1946: el retorno a la normalidad.

La Milán - San Remo como carrera nació en la primavera de 1907, pero sus inicios se remontan a un año antes, cuando la Unione Sportiva Sanremese tuvo la idea de desarrollar una carrera de coches que uniera ambas localidades, pero haciéndolo en dos etapas; la primera entre Milán y Acqui y la segunda entre Acqui y San Remo. La carrera no tuvo ningún éxito en 1906, ya que sólo dos coches consiguieron terminarla. 

Ante ese rotundo fracaso, se encontraban los organizadores buscando alguna solución para hacer rentable la idea de unir Milán y San Remo en alguna aventura de ese estilo. Fue estando en el Café Europeo de Sanremo cuando surgió la pregunta de si se podrían unir ambas en una única aventura en bicicleta. Uno de los presentes era un periodista de la Gazzeta dello Sport, Tullio Morgagni, quien se encargaría de hacerle llegar la propuesta a su director, Eugenio Costamagna, para comprobar si era posible realizarlo. 

Finalmente, con el apoyo de la Gazzeta dello Sport, y bajo la organización de Armand Cougnet, el prestigioso organizador de carreras a quien Costamagna había propuesto el proyecto, nació la Milán - San Remo. Aquella primera Classicissima de 1907 resultó una jornada de mucho frío y lluvia, en la cuál el vencedor fue Lucien Petit-Breton, que completó los casi 290 kilómetros del recorrido a una media de 26,206 kilómetros por hora. Otros treinta y dos corredores más, de un total de sesenta y dos que se habían inscrito, habían tomado la salida en aquella primera histórica jornada de la carrera, aunque sólo catorce la pudieron concluir. 

Si bien la carrera había comenzado con buen pie, no fue hasta su cuarta edición, en 1910 cuando la carrera entró en la leyenda. En aquella primaveral jornada de 1910 el protagonista indiscutible de la carrera fue el frío, el cual hizo que la victoria de Eugène Christophe estuviese acompañada de una dosis de épica. Sólo siete corredores, de los cuales tres resultarían descalificados posteriormente, habían conseguido completar el recorrido en aquella terrible jornada. 

Desde que tuviera lugar la primera edición, en 1907 tan sólo tres veces ha visto interrumpida su celebración la Classicissima. La primera fue en 1916, con motivo de la Primera Guerra Mundial, mientras que las otras dos veces que no se ha podido celebrar fue debido a la Segunda Guerra Mundial, en 1944 y 1945, como consecuencia de la terrible situación en la que estaba sumido el país.

La primera edición tras la guerra.
A la conclusión de la Segunda Guerra Mundial Italia es un país totalmente desolado. A comienzos de 1946 comenzaba a recobrar cierta normalidad, dentro del proceso de reconstrucción que se encontraba un país necesitado de entusiasmo y emoción. Por ello el antídoto perfecto para levantar los ánimos de la gente era el deporte, un deporte en el que se juntaran ambos sentimientos, mezclados con una gran dosis de épica. Y que mejor deporte para hacer soñar a un pueblo que el ciclismo, un ciclismo que iba a vivir en aquellos años su época de oro, gracias especialmente a dos hombres que dividirían a toda una nación en un enfrentamiento constante sobre cual de los dos era mejor que el otro. Esos dos hombres en torno a los cuales se generarían esas discusiones, como no podía ser de otra forma, iban a ser Gino Bartali y Fausto Coppi. Y no iba a haber mejor forma de volver a enfrentarlos en la carretera que recuperando la Classicisima. Y de tal forma sería anunciado desde tiempo antes de la celebración.

Coppi acumuló más de 7.000 kilómetros en el invierno anterior a la carrera
Como la carrera fue anunciada con tiempo y como Coppi había pasado bastantes meses como prisionero de guerra británico al final de la contienda, si quería vencer en la carrera debía llevar a cabo un entrenamiento muy severo, algo impropio de la época. Cuidó al detalle su alimentación, la hidratación y pequeños detalles que podían marcar la diferencia, como los puntos de habituallamiento. Entrenó pensando en un pico de forma, algo que no se vería hasta décadas después, y lo hizo siendo sabedor que la diferencia de la carrera la marcaría la subida al Turchino, la única dificultad reseñable de la carera, la cual se encontraba a más de 100 kilómetros a meta. Su fichaje ese invierno por el conjunto Bianchi no hizo sino aumentar sus ganas y la intensidad de su entrenamiento. Coppi iba a llegar a la salida de Milán con unos siete mil kilómetros en sus piernas. Una locura para la época.
 
19 de marzo de 1946, Coppi hace historia. 
En la mañana del 19 de marzo los corredores están reunidos en la Piazza del Duomo de Milán, a la espera de tomar la salida de la carrera que les dirigirá a San Remo. También hay un significativo público acompañándoles, ansioso de recuperar la normalidad. A las siete y media de la mañana, un periodista francés llamado Yves Mazan, hijo del primer ganador de la carrera, Petit Breton, agita la bandera que indica que la carrera da comienzo. Es la primera carrera de la posguerra, el retorno a la normalidad.

Casi sin tiempo para haber entrado en calor, en el primer tercio de la carrera se produce un ataque de cinco corredores, a los que el pelotón deja ir, pensando que es una locura la aventura que están iniciando, un suicidio. Esos cinco corredores serían los franceses Lucien Teisseire, James Bardelli y los italianos Tomin Casellato, Louis Mutti y Fausto Coppi. Nadie creyó en lo que veía, Coppi atacando a 200 kilómetros de meta. Pero tampoco nadie creyó que podría resultar la aventura, y dejaron marchar al grupo.

La diferencia poco a poco fue ascendiendo. Dos, tres, cuatro minutos... hasta que al paso por Pontecurone ésta rondaba ya los seis minutos. Los corredores estaban llegando al momento en el que debían cruzar el Scrivia, un afluente del Po, pero el puente había sido bombardeado durante la guerra y no quedaba más que una parte de él en pie. Como solución, se habían colocado unos tablones de madera para que los corredores pudieran alcanzar la otra orilla. Una vez cruzado el río, en el sprint intermedio de Novi la diferencia ya era superior a los ocho minutos y desde el pelotón se confiaba en que el agotamiento hiciera mella en los fugados.

Teisseire agachó la cabeza para cambiar de marcha y cuando la levantó Coppi ya le había dejado atrás
Pero esa confianza se vino abajo cuando en Ovada, Teisseire se cansó de cargar con sus agotados compañeros y decidió atacar. Tan sólo Coppi pudo marchar a su rueda. Ambos corredores se dirigieron en armonía a Masone, el paso previo antes de alcanzar el Turchino, el punto clave de la carrera. Durante media subida Teisseire fue capaz de seguir, no sin problemas, la rueda de su compañero, pero en un momento el joven corredor corredor francés agachó la cabeza para cambiar de marcha, y cuando volvió a levantarla, Coppi ya se había alejado.
 
Il Campionissimo fue el primero de los corredores en cruzar el estrecho túnel que culmina en la cima genovesa. En la parte superior del Turchino la ventaja con respecto a Teisseire, el más inmediato de sus perseguidores, es apenas insignificante cuando aún le faltaban 147 kilómetros para alcanzar la Vía Roma donde estaba situada la línea de meta.

En el descenso a Voltri la diferencia va en aumento a favor del corredor del Bianchi. En esos momentos hay cuatro minutos entre ambos corredores, y el doble con el grupo en el que marcha un Bartali muy enojado. En Varazze, en donde la gente se agolpaba en la plaza principal, la diferencia entre los dos primeros superaba ya los siete minutos. Desde aquel punto hasta la línea de meta el aumento de la ventaja de Coppi no fue tan escandaloso como hasta ese momento, pero continuó aumentando de forma gradual hasta el final de la prueba.

Nicholas Carosio: "Orden de llegada, primero Fausto Coppi... esperando a que los otros corredores lleguen, les ponemos música de baile"
Coppi se presentaría en la línea de meta de San Remo sin botellas de agua, y nada más atravesar la línea de meta, con su compostura habitual, frenó la bicicleta y se bajó de ella, exhausto después de más de ocho horas de pedaleo, de las cuales más de la mitad fueron en solitario. Al tiempo y por la radio Nicholas Carosio pronunciaba la mítica frase: “Orden de llegada, primero Fausto Coppi... esperando a que los otros corredores lleguen, les ponemos música de baile”. Coppi había ascendido aquel día a los altares del ciclismo.

Y es que, en efecto, las diferencias serían abismales aquel día. Teisseire sería segundo en meta, llegando a 14 minutos del campeón italiano. El tercer puesto se decidiría al sprint en un grupo de diez corredores que llegaría a 18 minutos y medio, siendo el más rápido de ellos Mario Ricci. Los siguientes corredores fueron llegando a cuentagotas y a un mundo de un Coppi que en el momento de su llegada a meta ya se encontraba en el hotel.

Una carrera de leyenda
Aquel 19 de Marzo de 1946 pasaría a la historia como el día en el que el deporte y la heroicidad habían marchado de la mano. Fausto Coppi había comenzado a fraguar una carrera de leyenda, de la que ya había dado unas pequeñas pinceladas en sus primeros años, salvando todas las adversidades de una carrera que, al igual que sucedería con la de Bartali, estaría marcada ineludiblemente por la Segunda Guerra Mundial.


Clasificación Milán - San Remo 1946.  
1- Fausto Coppi (Bianchi) 8h 09´ (35,950 km/h) 
2- Lucien Teisseire (Ray - Dunlop) a 14´ 
3- Mario Ricci (Legnano) a 18` 30´´ 
4- Gino Bartali (Legnano) m.t. 
5- Severino Canavesi (Bianchi) m.t. 
6- Vito Ortelli (Benotto) m.t. 
7- Adolfo Leoni (Bianchi) m.t. 
8- Osvaldo Bailo (Girardengo - Gestri) m.t. 
9- Salvatore Crippa (Enal - Campari) m.t. 
10- Emilio Croci Torti (Tebag) m.t.


Saludos a todos!!

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