martes, 17 de julio de 2012

La predicción sobre la muerte de Anquetil

"Raymond, vas a volver a ser segundo". La leyenda ha transmitido que esta frase fue la última pronunciada por Jacques Anquetil, llamada telefónica mediante, a un Raymond Poulidor que vería como Anquetil volvería, por última vez, a cruzar una línea de meta antes de que él lo hiciera. En esta ocasión, la línea de meta sería una metáfora de la muerte.

El 18 de noviembre de 1987 moría el primer ganador de 5 ediciones del Tour de Francia, el francés Jacques Anquetil, derrotado en su lucha contra el cáncer. Moría cerca de cumplir los 54 años, y lo iba a hacer como siempre había vivido, con ironía. Pocas horas, o quizás días antes de morir, se supone que dirigió esas palabras a su gran rival en la carretera, Raymond Poulidor, Pou Pou, y a continuación hablaría con quien fuera su primer mentor, André Boucher, también considerado por Maître Jacques como un segundo padre. A André le diría que si recordaba cuando le dijo que jamás moriría de un cáncer. Supuestamente André le diría que sí lo recordaba, a lo que Anquetil le respondió que siempre había tenido razón, que iba a morir de dos.
 
Pues bien, pudo haber sido, la historia es así de caprichosa, que Anquetil jamás hubiese tenido ninguna de estas dos conversaciones si el mago Bellini hubiera acertado en la predicción que realizó unos días antes de comenzar el Tour de Francia de 1964.

El misterioso y extravagante mago Bellini fue un personaje de cierto nombre y popularidad en la Francia de finales de los años 50. Esa popularidad se debía a las predicciones deportivas que realizó en las páginas del periódico L'Équipe entre los años 1956 y 1958. Tuvo algún que otro acierto importante en sus predicciones, pero a finales de 1958 Jacques Goddet, el director del periódico, se cansaría del mago, ya que solía acumular muchos más errores que aciertos en sus predicciones. Su nombre fue perdiendo fuerza durante los siguientes años, pero para 1964 volvió a encontrar un hueco en la actualidad de los periódicos franceses, siendo contratado por el periódico France Soir, uno de los de mayor tirada en el país. Y fue en ese periódico donde ese supuesto mago realizó una predicción sobre algo terrible que ocurriría durante la disputa del Tour de Francia de ese 1964. El mago predijo que un corredor cuyo apellido comenzaba por la letra A moriría durante la disputa de la 14ª etapa de la carrera, en el descenso de uno de los puertos de la etapa que finalizaría en Toulouse. Inmediatamente la gente pensó que ese corredor cuyo apellido empezaba por A no podía ser otro que Jacques Anquetil, aunque otras fuentes afirman que directamente el mago nombró como víctima de aquella etapa a Anquetil.

La noticia llegó a Anquetil sin hacerse mucho de esperar, ya que se trataba de un periódico de gran tirada. Un Anquetil que era, según relató su mujer Janine, extremadamente supersticioso. Esa noticia descompuso al, por aquel entonces, tetracampeón de la Grande Bouclé. Le hundió psicológicamente. El director del equipo de Jacques, Raphael Geminiani, tuvo una reacción bien diferente, ya que su única intención fue la de buscar al mago y partirle la cabeza. Se supone que, si realmente llegó a buscarle, jamás le encontró, por lo que no pudo cumplir sus amenazas, aunque a raíz de esa predicción, no se volvió a saber más sobre el mago en los medios de comunicación del país galo.
 
Pero Anquetil, a pesar de la predicción tomo parte de la salida del Tour el 22 de junio, probablemente obligado por su director y por su mujer. Las primeras etapas fueron relativamente cómodas para Jacques, ya que fueron una sucesión de sprints. Pero Jacques no era el de siempre. No rodaba a su nivel habitual, y su baja motivación no solo estaba ya afectando a Anquetil, sino que también comenzó a afectar ya a su compañero de habitación, Stablinski. No podía parar de pensar en la predicción sobre esa caída que resultaría mortal para él, se encontraba más nervioso, se mostraba totalmente alicaído, y cada vez más irritable al tiempo que llegó a obsesionarse con ese día cada noche en el hotel, perdiendo incluso hasta el sueño. Y la situación no mejoraba cuando a Jacques le llegaron varias cartas anónimas en las que le recordaban esa predicción, cartas en las que también adjuntaban comentarios poco agradables hacia su persona. Anquetil había alcanzado tal grado de esquizofrenia ante la predicción de la caída que decía a sus compañeros, y especialmente a su director que no quería morir sobre la bicicleta, que quería abandonar la carrera. Pero no le permitieron abandonar.

Se iba acercando la fatídica etapa número 14, y Anquetil no mejoraba en el aspecto psicológico, aunque estaba cerca del líder de la clasificación general, y eso que aún no había mostrado su mejor ciclismo en ese Tour.
 
Julio Jiménez vencía en la etapa número 13, la del 3 de julio, y en la jornada siguiente habría una jornada de descanso, la cual se le haría eterna al hombre que dominaba al cronómetro. No quiso salir a rodar, como suele hacerse habitualmente en la actualidad en esas jornadas de descanso, aunque en aquella época era más normal el no salir. Anquetil decide encerrarse a cal y canto en su habitación, con la única compañía de su pareja, Janine, a quien había mandado llamar Geminiani días antes, para ver si conseguía levantar el ánimo a su corredor. Este hecho era algo completamente insólito, y rompía con las puritanas costumbres del ciclismo de la época, el llevar a una mujer a la habitación de un corredor. Aunque su presencia calmó algo al corredor, no hay forma de hacerle levantar el ánimo a Jacques.
 
A lo largo del día, tanto Geminiani como Jeanine, que habían estado intentando entretenerle, consiguen convencer a Anquetil para salir a tomar algo de aire fresco. Jacques accede y los tres montan en un vehículo en el que van hasta las instalaciones de Radio Andorra, que se encuentra en el Col de Envalira. Allí, los miembros de la radio y del Tour habían organizado un banquete en honor al campeón francés, probablemente siendo todo promovido por Geminiani, conocedor del gusto del campeón por los banquetes y la bebida. Acudieron para conseguir que se despejara un poco Jacques y los medios aprovecharon para fotografiarle simulando un mordisco a un cordero, pero la realidad es que aquel día Anquetil no probó bocado, en contra de la comilona que se dice que realizó ese día. La foto con el cordero la hizo únicamente para complacer a los medios asistentes al banquete, ya que aunque en el equipo conocían su estado de ánimo, de cara al exterior era todo fachada y no se había filtrado nada acerca de su preocupación.
 
Finalmente Anquetil toma la salida en la supuesta fatídica fecha de la 14ª etapa de la carrera, el 5 de julio, la que unía Andorra y Toulouse. La carrera comienza lanzada, con ataques desde el primer minuto de competición. El Col de Envalira se subía al poco de comenzar la etapa, y su cima estaba premiada por la organización para quien consiguiese coronar en primer lugar. Pero es en el Col donde se da la primera sorpresa de la jornada. En sus primeras rampas se puede ver como se descuelga el corredor que porta el dorsal número 1 de la competición, Jacques Anquetil, quien es incapaz de seguir el ritmo del pelotón. La debacle estaba asomando en el horizonte del corredor normando y de todo su equipo, pues la crisis que estaba sufriendo parecía insuperable, y todos los días de preocupación por la predicción se estaban cobrando su factura. Germiniani decide que Rostollan se quede con el líder del equipo, para intentar que no se hunda y que pueda salvar la etapa. Poco a poco el pelotón va distanciándose más y más, lo que unido a la densa niebla que domina en los últimos kilómetros del Col, hacen que Anquetil no vea a ningún corredor por delante, salvo a su compañero de equipo. Anquetil se ha mostrado débil como nunca antes lo hizo, y el retraso que acumula entre la densa niebla de la cima del Col de Envalira es de unos 5 minutos y 40 segundos con respecto al pelotón integrado por los primeros clasificados de la general.

Hasta ahí había aguantado la paciencia y las dudas de su director, Germiniani, quien desde el coche se acerca a su pupilo y a voz en grito le dice “¡Jacques, si tienes que morir, te lo suplico: hazlo en cabeza, no delante del coche escoba!”. Esos gritos hacen que Anquetil se sacuda la cabeza, le saca una sonrisa y le responda: “Tienes razón, ¡que pase lo que tenga que pasar!". Anquetil se muestra desde ese momento decidido a afrontar un descenso con intención de alcanzar a ese pelotón del que kilómetros antes se había descolgado, siguiendo las luces rojas de los coches. Afronta un descenso en el que la expresión de bajar a tumba abierta no podía tener un mejor significado, puesto que la niebla hacía prácticamente imposible la visión unos metros por delante. Muchos de los corredores que fueron adelantados durante el descenso pensaron que este era el momento que había vaticinado Bellini, y que no volverían a ver con vida al corredor. Pero nada más lejos de la realidad, puesto que Anquetil estaba realizando un descenso de los que pocas veces se han visto y ningún corredor es capaz de seguir su rueda, aún cuando la niebla ya había quedado atrás. El propio coche de su director también estaba teniendo esos mismos problemas para poder seguirle.
 
Una vez concluido el descenso llega el llano, y prosigue la persecución a la cabeza de carrera. Alcanza a Edward Sels, con quien colabora durante varios kilómetros. Juntos llegan al grupo del líder de la carrera, Georges Groussard, quien se encontraba descolgado del grupo de favoritos, debido a un pinchazo. Durante unos 30 kilómetros prosigue una persecución conjunta con Sel, Groussards y los gregarios de este, hasta que Poulidor, Bahamontes, Julio Jiménez y demás favoritos son alcanzados por ellos. Había obrado un milagro, de tener perdido el Tour, había pasado a volver a entrar en el grupo de los favoritos de la carrera. Pero su suerte no iba a terminar ahí, sino que al poco de enlazar, Poulidor sufría un pinchazo en una de sus ruedas, y como los coches de los equipos habían quedado muy rezagados durante la etapa. Pou Pou no puede cambiar la rueda rápidamente, cediendo más de dos minutos hasta que consigue hacerlo, y una vez que lo ha conseguido, el auxiliar que le había ayudado le tira al suelo al intentar lanzarlo. La mala suerte se había cebado con el favorito de la afición francesa.

En la línea de meta Sels pudo conseguir su tercera victoria de etapa en aquel Tour, merced a su colaboración con Anquetil. Este último, además, había aventajado en 3 minutos y 20 segundos a un Poulidor víctima de la mala suerte en ese final de la etapa y sus opciones de conseguir su quinta victoria en la carrera francesa se había multiplicado desde el momento en que dejó atrás los miedos por una estúpida predicción que había estado a punto de costarle mucho. No solo la carrera, el Tour, sino que también la salud, puesto que perdió el apetito y no era capaz de conciliar el sueño.

La prensa al día siguiente publicó la comilona del día 4 de julio en la que había estado presente Anquetil, y dijeron que esta se le había indigestado en el Col de Envalira, pero que tuvo una reacción de campeón. Pero la publicación de un libro de Raphael Geminiani acerca de aquel Tour años después sacó a la luz la verdadera historia del mago Bellini, el falso atracón y la pájara de Anquetil, y la reacción que este tuvo para no perder aquel Tour que le haría entrar en la leyenda, siendo el primer pentacampeón de la carrera de la historia.
Saludos a todos!!

martes, 10 de julio de 2012

Dieter Senft, el diablo del ciclismo

Hace apenas unos días se dio a conocer, dentro del mundo del ciclismo, que Dieter Senft, "el Diablo del Tour" quizás el aficionado más fiel al ciclismo en las últimas décadas, que casi con total certeza no estaría presente en las carreteras de Francia, haciendo su habitual y particular seguimiento de la ronda gala. Esto se debía a que por un problema personal había tenido que pasar por el hospital, y ahí le habían recomendado reposo absoluto durante el verano, lo que, en un principio, le debería imposibilitar el acudir a la edición de este año del Tour.

Dieter Senft es un alemán nacido en Storkow, un pueblo próximo a Berlín, en plena postguerra alemana, concretamente un 7 de febrero de 1952. Dieter es un inventor y diseñador, entre otras cosas, de bicicletas, conocido por sus amigos como Didi. Pero por ninguna de esas cosas es mundialmente conocido en el ciclismo. Él es conocido en el mundo del ciclismo por ser uno de los grandes animadores de las cunetas en las Grandes Vueltas por etapas, especialmente en el Giro de Italia y en el Tour de Francia. No obstante, su presencia no es exclusiva de esas carreras, ya que también se le ha podido ver en alguna que otra ocasión en la Vuelta a Alemania o en la Vuelta a Suiza. En todas esas cunetas aparece siempre disfrazado de manera que pueda distinguírsele del resto de los aficionados que se encuentren en los puertos, y es que el bueno de Dieter se disfraza, año tras año, de diablo, acompañado siempre por un tridente decorado para cada ocasión.

En sus años de joven, Dieter vivía en Alemania del Este, y ahí fue un ciclista que llegó a competir en algunas carreras en ese lado del Telón de Acero, teniendo como sueño el de la práctica totalidad de los amantes del ciclismo de ese lado del Muro, el participar en la Carrera de la Paz, pero no llegó a cosechar gran éxito como ciclista, por lo que optó por dedicarse a diseñar modelos de bicicleta para el país. Todo esto tuvo lugar en los años 70 y comienzos de la década de los 80, momento en el que también comenzó a diseñar modelos de bicicletas poco corrientes.
 
Pero ni por su vida deportiva ni por su peculiar forma de diseñar bicicletas es conocido Didier Senft para el mundo del ciclismo más ocasional. Y es que Dieter saltó a la fama a mediados de los 90 por su particular forma de aparecer en las cunetas de las carreras ciclistas más importantes, disfrazado de diablo y portando siempre un tridente, el cual decora especialmente para cada carrera.
Parece ser que todo comenzó en el año 1993, cuando en la 15ª etapa de la carrera, una etapa que finalizaba en Andorra y de la que resultó vencedor Oliverio Rincón, en los últimos kilómetros de la misma las cámaras de televisión no pudieron evitar captar la figura de un extraño personaje, un personaje que iba disfrazado de diablo y que se dedicaba a animar a los ciclistas, pero sin llegar a molestarlos, puesto que Dieter sentía y sigue sintiendo un gran respeto por la figura del ciclista, como competidor que fue en sus años de joven.
 
Un peculiar tipo que hacía su acto de aparición en 1993 vestido de diablo, justo el momento en el que comenzaba el declive del verdadero diablo, Claudio Chiappucci, por quien Dieter sentía una verdadera admiración por su forma de comportarse sobre la bicicleta, siendo siempre ofensivo. Esta vestimenta de Dieter fue elegida en honor al corredor italiano, además de por una expresión que tenían los comentaristas de Alemania del Este, cuando este era pequeño y seguía las retransmisiones por radio o televisión. En esa expresión, los comentaristas hacían alusión a un diablo rojo cuando se referían a las últimas rampas de un puerto en las etapas montañosas. Y como Dieter jamás vio a ninguno de esos diablos a los que hacían referencia los comentaristas de Alemania Oriental, optó por disfrazarse de esa distinguida forma.

Ditier comenzó a ser buscado por los objetivos de las cámaras de cada carrera desde aquella su primera aparición en 1993, algo que no tendrían muy difícil, porque siempre acompañó a las grandes carreras durante su recorrido desde aquel momento. Su estilo siempre era el mismo; disfraz de diablo de color rojo cubierto por una capa negra, tridente, su inconfundible barba blanca, y por supuesto, su famoso remolque con una bicicleta gigante. Suele situarse en los últimos 25 kilómetros de la etapa, si esta es llana, y si es montañosa, en los últimos 5-10 kilómetros del puerto, ya que no le gusta situarse nunca en el último kilómetro (tal y como dice la expresión de la que viene su idea de vestir así), según dice, por el peligro que puede entrañar su presencia para los ciclistas en ese último kilómetro.
Sus apariciones en el Tour no han cesado desde aquel 1993, pero también lleva apareciendo en el Giro d´Italia desde 1996. Su figura también se ha dejado ver en alguna Vuelta a España, Campeonato del Mundo o también en Juegos Olímpicos, aunque ahí su presencia no adquiere las cotas de importancia, ni tiene la misma regularidad que la del Giro o la del Tour.
 
A la caravana que le acompaña siempre en su seguimiento a cada carrera, junto a su particular bicicleta gigante, nunca le falta tampoco unos 50 litros de pintura blanca para dejar mensajes en el asfalto, mensajes que no tienen porque ser el nombre de ningún ciclista en concreto, sino que también pueden ser a favor de un ciclismo limpio.

Su fama ha llegado a alcanzar límites insospechados, teniendo actualmente patrocinadores personales, los cuales le han permitido pagar sus múltiples viajes por toda Europa, siguiendo cada carrera que puede. Y  es que a Dieter le buscan todo tipo de aficionados, para hacerse unas fotos con él, grabarle en algún video o conseguir su autógrafo, por lo que para el patrocinador es un gran producto. El diablo, por supuesto, siempre acompaña cada uno de estos actos con una enorme sonrisa, que le hace, aún más si cabe, ser más admirado entre los amantes del deporte, aficionados o ciclistas profesionales.
 
Aunque es un gran amante del ciclismo, y viste siempre como el diablo, Dieter no se caracteriza por sus dotes de adivino, porque ya hace algún año que pronosticó que un compatriota suyo, Patrik Sinkewitz sería ganador del Tour de Francia, mientras todavía competía bajo los colores del potente conjunto T-Mobile, circunstancia que no parece que vaya a poder cumplirse.
 
Pero Didi no es en exclusiva un seguidor de ciclismo, sino que también siente pasión por el mundo del futbol, y ha sido visto también en Mundiales o Eurocopas, apareciendo por primera vez con su peculiar vestimenta en el Mundial de Estados Unidos de 1994, siendo visto por última vez hace tan solo unos días, durante la disputa de la Eurocopa de Polonia y Ucrania, antes de acudir al hospital por su problema, del que los aficionados al ciclismo esperemos que se recupere plenamente y a la mayor brevedad posible.

Desde hace varios años, Dieter dirige un museo de bicicletas en su localidad natal, Storkow, en el que se encuentran expuestas más de 120 modelos diferentes, todos ellos de exhibición. Entre esa particular colección se encuentra el mayor tándem del mundo, que mide unos 6 metros de longitud, o la bicicleta más grande, que mide casi 8 metros de largo y 4 de alto. Todos estas creaciones de Didi, por supuesto, tienen su hueco en el Libro Guinnes de los Récords.
 
Por supuesto, a pesar de su trabajo, no falla en sus diversas citas anuales con el ciclismo. Y es que desde hace muchos años su figura se ha hecho indispensable en las cunetas, llegando a eclipsar en ocasiones a la propia carrera a la que acude, siempre que estas no sean el Tour o el Giro.


Saludos a todos!

martes, 3 de julio de 2012

Tour 95, Indurain sorprende a sus rivales en Lieja

Las victorias en los diferentes Tours y Giros de Miguel Indurain solía basarse en la superioridad que mostraba este en la lucha contra el reloj, en las que alejaba a sus rivales a un mundo y luego solía mantener, cuando no aumentar, esas rentas en la montaña. Es por eso por lo que el ataque más sorprendente de su carrera se produjo en Lieja, ya que nadie esperaba que en una etapa que no era ni de alta montaña ni contrarreloj, Miguel lanzase un ataque que resultaría demoledor para alguno de sus rivales.
El Tour de Francia de 1995 estaba siendo una carrera bastante loca, fuera de los parámetros normales de control en los que se solía desarrollar la carrera. La etapa prólogo se desarrolló bajo una lluvia que impidió que los favoritos optasen a lucir el maillot amarillo aquel día. Jacky Durand fue quien marcó el mejor tiempo del día y tuvo el honor de poder llevar dicha prenda amarilla durante dos jornadas. Laurent Jalabert le arrebató esa prenda gracias a las bonificaciones, y lo hacía en la etapa que terminaba en Vitré, justo cuando se cumplía un año de su terrible caída en Armentieres.
 
Pero no duró mucho el maillot en su espalda, ya que en la tercera etapa iba a tener lugar una contrarreloj por equipos en la que el conjunto Gewiss-Ballan se iba a lucir e iba a marcar el mejor tiempo del día, siendo la ONCE el segundo clasificado, pero no pudiendo mantener la prenda de su jefe de filas, que fue a parar a las espaldas de Ivan Gotti. También durante 2 días pudo lucir la codiciada prenda amarilla, hasta que en la etapa de Charleroi su compañero de equipo, Bjarne Riis, gracias a las bonificaciones se lo arrebató.
 
Con ese caos en la carrera, sin estabilidad en el portador del amarillo, la carrera viajaría fuera de territorio francés, llegando al territorio vecino de Bélgica. Por segundo día consecutivo la carrera tendría lugar en tierras belgas. Concretamente en esa segunda etapa por tierras belgas, la séptima de la carrera, se unirían las localidades de Charleroi y Lieja.
En esa etapa con final en Lieja hubo una lucha constante entre los favoritos, especialmente en las 3 últimas cotas puntuables del día (de un total de 10 puntuables). Esa constante disputa venía propiciada por esa alternancia en el liderazgo de la carrera, ya que Jalabert, gracias a las bonificaciones de los Sprints, se había quedado a solo 6 segundos del líder, Riis. Fue precisamente el francés quien lanzó un ataque en la antepenúltima cota del día, la de Haute Levee, buscando distanciarse del grupo de favoritos, antes de llegar al Sprint Especial de Theux.
 
A rueda de Jalabert salieron Dufaux, Armstrong y un gregario de Indurain, González Arrieta, cumpliendo una función de vigilar el movimiento. Pero a Indurain no le tuvo que gustar el movimiento y el grupo que se estaba formando con Jalabert, por lo que decidió responder en primera persona y alcanzó ese peligroso grupo, poniéndose en cabeza del mismo, neutralizándolo y tomando nota de lo sucedido, de cara a un futuro próximo.
Una vez que Indurain neutralizó el peligroso movimiento, las cosas se apaciguaron y se vivió una ligera calma hasta que se reorganizó el pelotón, de cara a ese Sprint Especial de Theux, que se encontraba a poco menos de 30 kilómetros de meta. En el Sprint se impuso Jalabert, secundado por el gran sprinter uzbeco Djamolidine Abdoujaparov, siendo tercero el líder Riis, con lo que gracias a las bonificaciones el francés se situaba como líder provisional de la carrera, a la espera de lo que sucediera durante el resto de la etapa.
 
Se vivía una calma tensa en el pelotón, con un pequeño parón incluido, antes de afrontar la subida a la penúltima cota puntuable del día, la de Mont Theux, al poco de salir de Theux, hasta que al poco de atravesar el Sprint se formó un pequeño grupo de escapados, aprovechando el acelerón de Bruno Thibout. Entre los componentes de ese grupo se encontraba gente como Eric Boyer, Bo Hamburger, Lelli, de nuevo González Arrieta, Lance Armstrong y Johan Bruyneel, que quien sabe si fue en esos momentos donde hicieron las buenas migas que luego desembocarían en los grandes éxitos que alcanzaron juntos en el futuro. Era una fuga que favorecía a la ONCE, ya que Bruyneel era el corredor mejor colocado de esos fugados, por lo que consintieron el movimiento.
Y fue en ese momento, a 25 kilómetros de meta fue cuando se produjo un hecho que nadie esperaba en el pelotón. Indurain se ponía al frente del pelotón y dejaba cortado al resto del grupo, ante el estupor de todos los presentes, entre ellos gente tan importante Zülle, Berzin, Riis o Jalabert. Ese ataque de Indurain era un hecho inesperado, ya que todo el mundo intentaba guardar fuerzas para la durísima contrarreloj que iba a tener lugar al día siguiente.
 
Indurain abrió de patas a todos los jefes de fila, que habían intentado salir a por él, y en un momento alcanzó al grupo cabecero, antes de alcanzar la cima de esa penúltima cota. Una vez alcanzada la cima y la cabeza de carrera se puso a tirar del grupo, dejando el mismo reducido a solo 3 unidades; el propio Indurain, Johan Bruyneel y un siempre incómodo Eric Boyer. Por detrás de ese grupo, Jalabert intentaba neutralizar al grupo cabecero y no se dedicaba guardar fuerzas de cara al día siguiente buscando refugio en un más que confuso y hecho trizas pelotón. En los restos de lo que kilómetros antes había sido un pelotón, todo el mundo miraba a todo el mundo, pero nadie se ponía al frente a tirar. Manolo Saiz lo tuvo claro, él tenía a un corredor en el grupo cabecero y Jalabert era el líder provisional de la carrera y aventajaba en unos metros a este pelotón, por lo que decidió que sus hombres no iban a tirar del pelotón. Le iba a dejar la papeleta a los Gewiss, los Mapei o los Mercatone Uno de Cipollini.
Poco después se afrontaba la última subida puntuable del día, la cota de 4ª categoría de Forges. En esa subida por fin alguien se dignó a dar algún relevo a Miguel. Ese alguien fue Eric Boyer, pero no pudo hacerlo durante mucho tiempo, ya que en la parte más dura de esa cota se quedó cortado, dejando por tanto un dueto cabecero formado por Indurain y Bruyneel. Ambos coronaron la cota y 50 segundos más tarde hizo lo propio un pelotón que estaba siendo comandado por el propio líder, Bjarne Riis, y que ya había neutralizado a Jalabert. En esos momentos ya era Bruyneel el líder provisional de la carrera e Indurain era el segundo de la misma, un detalle muy importante de cara a la contrarreloj del día siguiente y por el que probablemente Miguel Indurain se habría movido, aparte de para hacer daño a sus rivales.
 
Desde ese momento, a 15 kilómetros de meta, la carrera se convirtió en un duelo entre Indurain y un pelotón en el que ya tiraba todo el mundo, porque la ONCE, una vez neutralizado Jalabert se decidió a tirar también del pelotón. Era un duelo de Indurain contra el mundo, porque Bruyneel, cumpliendo órdenes de equipo, no iba a darle ni un solo relevo al navarro hasta que llegasen a la recta de meta.
En ese mano a mano entre Indurain y el pelotón, este último no conseguían reducir la distancia que les separaba de cabeza de carrera y los kilómetros para poder recortar la distancia se acababan. Encima se produjo un hecho que perjudicó en la persecución del pelotón, puesto que retiró de la cabeza de carrera a todos los miembros del Mercatone Uno, ya que su sprinter y jefe de filas, Mario Cipollini pinchó la rueda trasera de su bicicleta y se salió en una curva a izquierdas, metiéndose dentro de un portal. Indurain, por su parte, seguía en cabeza, sin recibir ningún relevo del belga Bruyneel.
 
Con esos 50 segundos de ventaja, aproximadamente, se llegaba al último kilómetro y en la línea de meta se repartían 12, 8 y 4 segundos. Esos 12 segundos de bonificación irían a parar al ganador de la etapa, que sería el belga Johan Bruyneel, en el único relevo que daría ese día a Indurain. Es cierto que el detalle de no dar ningún relevo y sprintar a Indurain no fue bonito, pero también es cierto que Bruyneel cumplió con su labor dentro de su equipo y nadie pudo reprocharle nada. Bruyneel ese día consiguió además un premio doble, ya que también iba a lucir en el pódium el jersey amarillo. El corredor belga había sido profeta en su tierra por un día, a la espera de lo que sucediera al día siguiente en la contrarreloj.
 
El pelotón hizo su entrada en la línea de meta con 49 segundos de retraso con respecto al dueto Bruyneel e Indurain, siendo encabezados por un Jesper Skibby, que abrió un pequeño hueco de un segundo con respecto al pelotón, el cual entró a 50 segundos del ganador.


La etapa de Lieja que tenía un perfil muy abrupto, había visto una lucha sin cuartel entre los favoritos; desde Jalabert a Indurain o Bruyneel, pasando por un Riis que quiso defender con uñas y dientes su maillot amarillo. Los corredores no se guardaron nada pensando en la contrarreloj del día siguiente y brindaron una etapa espectacular a los espectadores de este hermoso deporte. Una etapa que quedó marcada por el golpe psicológico que asestó Indurain al resto de rivales, un golpe del que algún corredor no fue capaz de recuperarse en el resto de la carrera.


Saludos a todos!!