viernes, 21 de marzo de 2014

Milán - San Remo 1946: el retorno a la normalidad.

La Milán - San Remo como carrera nació en la primavera de 1907, pero sus inicios se remontan a un año antes, cuando la Unione Sportiva Sanremese tuvo la idea de desarrollar una carrera de coches que uniera ambas localidades, pero haciéndolo en dos etapas; la primera entre Milán y Acqui y la segunda entre Acqui y San Remo. La carrera no tuvo ningún éxito en 1906, ya que sólo dos coches consiguieron terminarla. 

Ante ese rotundo fracaso, se encontraban los organizadores buscando alguna solución para hacer rentable la idea de unir Milán y San Remo en alguna aventura de ese estilo. Fue estando en el Café Europeo de Sanremo cuando surgió la pregunta de si se podrían unir ambas en una única aventura en bicicleta. Uno de los presentes era un periodista de la Gazzeta dello Sport, Tullio Morgagni, quien se encargaría de hacerle llegar la propuesta a su director, Eugenio Costamagna, para comprobar si era posible realizarlo. 

Finalmente, con el apoyo de la Gazzeta dello Sport, y bajo la organización de Armand Cougnet, el prestigioso organizador de carreras a quien Costamagna había propuesto el proyecto, nació la Milán - San Remo. Aquella primera Classicissima de 1907 resultó una jornada de mucho frío y lluvia, en la cuál el vencedor fue Lucien Petit-Breton, que completó los casi 290 kilómetros del recorrido a una media de 26,206 kilómetros por hora. Otros treinta y dos corredores más, de un total de sesenta y dos que se habían inscrito, habían tomado la salida en aquella primera histórica jornada de la carrera, aunque sólo catorce la pudieron concluir. 

Si bien la carrera había comenzado con buen pie, no fue hasta su cuarta edición, en 1910 cuando la carrera entró en la leyenda. En aquella primaveral jornada de 1910 el protagonista indiscutible de la carrera fue el frío, el cual hizo que la victoria de Eugène Christophe estuviese acompañada de una dosis de épica. Sólo siete corredores, de los cuales tres resultarían descalificados posteriormente, habían conseguido completar el recorrido en aquella terrible jornada. 

Desde que tuviera lugar la primera edición, en 1907 tan sólo tres veces ha visto interrumpida su celebración la Classicíssima. La primera fue en 1916, con motivo de la Primera Guerra Mundial, mientras que las otras dos veces que no se ha podido celebrar fue debido a la Segunda Guerra Mundial, en 1944 y 1945, como consecuencia de la terrible situación en la que estaba sumido el país.

La primera edición tras la guerra.
A la conclusión de la Segunda Guerra Mundial Italia es un país totalmente desolado. A comienzos de 1946 comenzaba a recobrar cierta normalidad, dentro del proceso de reconstrucción que se encontraba un país necesitado de entusiasmo y emoción. Por ello el antídoto perfecto para levantar los ánimos de la gente era el deporte, un deporte en el que se juntaran ambos sentimientos, mezclados con una gran dosis de épica. Y que mejor deporte para hacer soñar a un pueblo que el ciclismo, un ciclismo que iba a vivir en aquellos años su época de oro, gracias especialmente a dos hombres que dividirían a toda una nación en un enfrentamiento constante sobre cual de los dos era mejor que el otro. Esos dos hombres en torno a los cuales se generarían esas discusiones, como no podía ser de otra forma, iban a ser Gino Bartali y Fausto Coppi. Y no iba a haber mejor forma de volver a enfrentarlos en la carretera que recuperando la Classicísima. Y de tal forma sería anunciado desde tiempo antes de la celebración.

Coppi acumuló más de 7.000 kilómetros en el invierno anterior a la carrera
Como la carrera fue anunciada con tiempo y como Coppi había pasado bastantes meses como prisionero de guerra británico al final de la contienda, si quería vencer en la carrera debía llevar a cabo un entrenamiento muy severo, algo impropio de la época. Cuidó al detalle su alimentación, la hidratación y pequeños detalles que podían marcar la diferencia, como los puntos de habituallamiento. Entrenó pensando en un pico de forma, algo que no se vería hasta décadas después, y lo hizo siendo sabedor que la diferencia de la carrera la marcaría la subida al Turchino, la única dificultad reseñable de la carera, la cual se encontraba a más de 100 kilómetros a meta. Su fichaje ese invierno por el conjunto Bianchi no hizo sino aumentar sus ganas y la intensidad de su entrenamiento. Coppi iba a llegar a la salida de Milán con unos siete mil kilómetros en sus piernas. Una locura para la época.
 
19 de marzo de 1946, Coppi hace historia. 
En la mañana del 19 de marzo los corredores están reunidos en la Piazza del Duomo de Milán, a la espera de tomar la salida de la carrera que les dirigirá a San Remo. También hay un significativo público acompañándoles, ansioso de recuperar la normalidad. A las siete y media de la mañana, un periodista francés llamado Yves Mazan, hijo del primer ganador de la carrera, Petit Breton, agita la bandera que indica que la carrera da comienzo. Es la primera carrera de la posguerra, el retorno a la normalidad.

Casi sin tiempo para haber entrado en calor, en el primer tercio de la carrera se produce un ataque de cinco corredores, a los que el pelotón deja ir, pensando que es una locura la aventura que están iniciando, un suicidio. Esos cinco corredores serían los franceses Lucien Teisseire, James Bardelli y los italianos Tomin Casellato, Louis Mutti y Fausto Coppi. Nadie creyó en lo que veía, Coppi atacando a 200 kilómetros de meta. Pero tampoco nadie creyó que podría resultar la aventura, y dejaron marchar al grupo.

La diferencia poco a poco fue ascendiendo. Dos, tres, cuatro minutos... hasta que al paso por Pontecurone ésta rondaba ya los seis minutos. Los corredores estaban llegando al momento en el que debían cruzar el Scrivia, un afluente del Po, pero el puente había sido bombardeado durante la guerra y no quedaba más que una parte de él en pie. Como solución, se habían colocado unos tablones de madera para que los corredores pudieran alcanzar la otra orilla. Una vez cruzado el río, en el sprint intermedio de Novi la diferencia ya era superior a los ocho minutos y desde el pelotón se confiaba en que el agotamiento hiciera mella en los fugados.

Teisseire agachó la cabeza para cambiar de marcha y cuando la levantó Coppi ya le había dejado atrás
Pero esa confianza se vino abajo cuando en Ovada, Teisseire se cansó de cargar con sus agotados compañeros y decidió atacar. Tan sólo Coppi pudo marchar a su rueda. Ambos corredores se dirigieron en armonía a Masone, el paso previo antes de alcanzar el Turchino, el punto clave de la carrera. Durante media subida Teisseire fue capaz de seguir, no sin problemas, la rueda de su compañero, pero en un momento el joven corredor corredor francés agachó la cabeza para cambiar de marcha, y cuando volvió a levantarla, Coppi ya se había alejado.
 
Il Campionissimo fue el primero de los corredores en cruzar el estrecho túnel que culmina en la cima genovesa. En la parte superior del Turchino la ventaja con respecto a Teisseire, el más inmediato de sus perseguidores, es apenas insignificante cuando aún le faltaban 147 kilómetros para alcanzar la Vía Roma donde estaba situada la línea de meta.

En el descenso a Voltri la diferencia va en aumento a favor del corredor del Bianchi. En esos momentos hay cuatro minutos entre ambos corredores, y el doble con el grupo en el que marcha un Bartali muy enojado. En Varazze, en donde la gente se agolpaba en la plaza principal, la diferencia entre los dos primeros superaba ya los siete minutos. Desde aquel punto hasta la línea de meta el aumento de la ventaja de Coppi no fue tan escandaloso como hasta ese momento, pero continuó aumentando de forma gradual hasta el final de la prueba.

Nicholas Carosio: "Orden de llegada, primero Fausto Coppi... esperando a que los otros corredores lleguen, les ponemos música de baile"
Coppi se presentaría en la línea de meta de San Remo sin botellas de agua, y nada más atravesar la línea de meta, con su compostura habitual, frenó la bicicleta y se bajó de ella, exhausto después de más de ocho horas de pedaleo, de las cuales más de la mitad fueron en solitario. Al tiempo y por la radio Nicholas Carosio pronunciaba la mítica frase: “Orden de llegada, primero Fausto Coppi... esperando a que los otros corredores lleguen, les ponemos música de baile”. Coppi había ascendido aquel día a los altares del ciclismo.

Y es que, en efecto, las diferencias serían abismales aquel día. Teisseire sería segundo en meta, llegando a 14 minutos del campeón italiano. El tercer puesto se decidiría al sprint en un grupo de diez corredores que llegaría a 18 minutos y medio, siendo el más rápido de ellos Mario Ricci. Los siguientes corredores fueron llegando a cuentagotas y a un mundo de un Coppi que en el momento de su llegada a meta ya se encontraba en el hotel.

Una carrera de leyenda
Aquel 19 de Marzo de 1946 pasaría a la historia como el día en el que el deporte y la heroicidad habían marchado de la mano. Fausto Coppi había comenzado a fraguar una carrera de leyenda, de la que ya había dado unas pequeñas pinceladas en sus primeros años, salvando todas las adversidades de una carrera que, al igual que sucedería con la de Bartali, estaría marcada ineludiblemente por la Segunda Guerra Mundial.


Clasificación Milán - San Remo 1946.  
1- Fausto Coppi (Bianchi) 8h 09´ (35,950 km/h) 
2- Lucien Teisseire (Ray - Dunlop) a 14´ 
3- Mario Ricci (Legnano) a 18` 30´´ 
4- Gino Bartali (Legnano) m.t. 
5- Severino Canavesi (Bianchi) m.t. 
6- Vito Ortelli (Benotto) m.t. 
7- Adolfo Leoni (Bianchi) m.t. 
8- Osvaldo Bailo (Girardengo - Gestri) m.t. 
9- Salvatore Crippa (Enal - Campari) m.t. 
10- Emilio Croci Torti (Tebag) m.t.


Saludos a todos!!

jueves, 13 de febrero de 2014

Cascata del Toce. El último canto de cisne de Pantani

Marco Pantani era un joven ciclista de Cesena que se convirtió en ídolo de su país un 5 de junio de 1994, derrotando al mismísimo Miguel Indurain. Aquella victoria, y su actuación tanto en ese Giro como en el Tour de ese año, hizo soñar a sus compatriotas con la posibilidad de que uno de los suyos volviese a conquistar París y devolviese al país a la senda del triunfo en las grandes rondas. Durante años hizo vibrar no solo a los italianos, sino a todo el mundo del ciclismo, con sus ataques demoledores en las rampas y puertos más exigentes del calendario ciclista, junto a sus incontables victorias.

Pero todo se torció un 5 de junio de 1999, justo cinco años después del día en que se dio a conocer al mundo, con un análisis de hematocrito que resultó positivo, en la mañana siguiente a la etapa de Madonna di Campiglio. Ese positivo significó la caída al abismo del Pirata, aunque en ese momento aún era pronto para saberlo, y nadie quiso, o pudo, ayudarlo a salir del pozo en el que se iba a hundir en los siguientes años.

Ese positivo le imposibilitó hacerse con el triunfo en un Giro que tenía ganado, y tampoco acudió al Tour, algo que ya tenía pensado antes del positivo, decidiendo dar la temporada por concluida. Nunca volvió a recuperar el magnífico nivel que había mostrado en esos dos últimos años, bien fuera por caídas, por lesiones, o por su propia cabeza, que sería su mayor rival en esos sus últimos años de vida.

Nunca llegó a recuperar el nivel de antaño, pero en el Tour 2000 nos hizo soñar con volver a ver al mejor Pantani
A pesar de no ser el mismo corredor que antes del positivo, en el 2000 nos regaló un puñado de grandes actuaciones, como su triunfo en Courchevel, que sería su postrera victoria en el Tour, o especialmente la etapa en que pasaban por el Joux Plane, donde pudo hacer perder la carrera a Armstrong. No volvió a la carrera francesa, pues por el empeño de Leblanc había sido vetado por la organización, pero sí siguió apareciendo en su carrera, el Giro de Italia, hasta su muerte. Allí no brilló de la misma manera que en la Grande Bouclé, pero siguió regalando momentos ilusionantes, como los dos últimos ataques que protagonizó en 2003, uno en el Zoncolan, y otro, el último, el que contaremos a continuación, en Castata del Tocce.

Su muerte, meses después de aquella participación en el Giro, no hizo sino hacer eterna la figura del Pirata, un hombre que emocionó a los amantes del ciclismo durante poco más de un lustro, para luego después caer en un abismo de depresiones, alcohol, fiestas y mujeres del que ya no pudo salir, mezclado todo ello, eso sí, con fugaces momentos de resurrección que hicieron emocionarse a todo amante del ciclismo. Hoy, 10 años después de su muerte, los aficionados no podemos sino añorar la figura de Marco Pantani y lo que significaba para cada carrera en la que se colgaba un dorsal.

Castata del Tocce, el último ataque
La 19ª etapa del Giro 2003 iba a ser la última con final en alto de la carrera, y por lo tanto el Paso de Toce Formazza iba ser la última para los escaladores de conseguir brillar en la ronda italiana. La carrera ya había quedado vista para sentencia en previamente, puesto que Simoni aventajaba al segundo y tercer clasificado de la general, Garzelli y Popovych, respectivamente, en cerca de ocho minutos.

Esta última etapa montañosa de la carrera iba a ser una jornada maratoniana, de casi 240 kilómetros, pero a cambio sólo se iba a afrontar una única dificultad montañosa, la subida a Cascata del Toce, cima inédita en la carrera. Ese puerto, situado en los Alpes, cerca de la frontera con Suiza, tendría una longitud de 17,1 kilómetros, con un porcentaje suave, del 5,2%, pero con rampas que rondan el 10%, con un desnivel de 700 metros.

Iba a ser una jornada bastante dura, puesto que aunque el puerto no fuera de gran dureza, los corredores afrontarían esa jornada de kilometraje infernal, que se sumaba a la etapa anterior donde medio pelotón había sido expulsado de la carrera por llegar fuera de control y a los veinte kilómetros que precedían al puerto, que marchaban siempre hacia arriba, y al hecho que los corredores habían tenido que madrugar bastante ese día, ya que la salida de los 97 corredores que quedaban en carrera tendría lugar a las 9 y media de la mañana.

La etapa, hasta la llegada a Formazzo en los últimos 40 kilómetros de la misma, no tuvo ningún tipo de historia, aparte del hecho que Magnus Backstedt se asegurase la clasificación del Intergiro, por delante del checo Jan Svorada.

Tras pasar el Lago d´Orta, antes de la última subida, la fuga de cuatro corredores, en donde destacaría la presencia del combativo corredor del Kelme, Tino Zaballa, iba a ser neutralizada, debido al trabajo del Vini Caldirola. El conjunto italiano se estaba mostrando muy ofensivo ese día, más por defender la segunda posición de Garzelli ante un incipiente Popovych, situado a 11 segundos en la lucha por la segunda plaza, que por inquietar a un sólido líder Simoni.

Conforme avanzaba la carrera, ya en ese último puerto y con la escapada reducida, el grupo cabecero vio como poco a poco éste iba a ir perdiendo unidades, quedándose en cabeza un grupo de unas 35 unidades, con todos los grandes nombres entre ellos; Simoni, Garzelli, Popovych, Frigo, González... Entre esos hombres importantes de la carrera se iba a encontrar el que había sido el corredor más importante del país transalpino en las últimas décadas, Marco Pantani.

El grupo iba a marchar compacto durante los primeros kilómetros de la ascensión, hasta que a falta de unos 8 kilómetros se produjo el primer ataque en el grupo. Caucchioli, tercero en la edición de 2002 y que casi no se había dejado ver en la presente edición, iba a ser quien lanzase ese ataque. Mazzoleni intentaría seguir el ritmo de su compatriota, pero le sería imposible, por lo que se reincorporó al grupo. Quien sí pudo seguir al italiano del Alessio fue el joven luxemburgués Kim Kirchen, del Fassa Bortolo, con quien formó un dueto cabecero durante varios kilómetros.

Pantani renace de sus cenizas
Poco después de pasar por la pancarta de cinco kilómetros a meta, en una larga recta y saliendo desde la cola del pelotón, en donde se encontraba junto a un compañero del Mercatone, saltó del grupo a gran velocidad Marco Pantani. Un Pantani que, al igual que hiciera en el Galibier cinco años atrás, o en Santa Cristina el día en el que le conoció el mundo, sujetaba el manillar por su parte baja y marchaba de pie sobre la bicicleta con la cabeza agachada, tratando de lanzar uno de sus famosos y demoledores ataques.

Ese ataque, aunque un tanto inesperado, era al tiempo deseado por todos los amantes de este deporte desde hacía casi cuatro años. Marco Pantani, Il Pirata, se había puesto en cabeza del grupo y había conseguido abrir un hueco de varios metros con respecto al resto de corredores que formaban el pelotón principal.

La noticia del ataque comenzó a correr como la pólvora entre los tiffosi que habían acudido aquel día al puerto, que comenzaron a emocionarse y soñaron con una nueva victoria de su ídolo. Ya nada más le iba a importar a los tiffosi ese día, pues podían estar asistiendo al resurgir del Pirata.

Ante el ataque, los tiffosi soñaron con un nuevo triunfo, que jamás se produciría, del Pirata
Esta vez no tuvo éxito su ataque, como sí lo había tenido en otras tantas ocasiones, ya que ni el pelotón, en general, ni Simoni, en particular, le iban a hacer ningún tipo de concesión. Apenas medio kilómetro después de haber abierto un pequeño hueco, era neutralizado por Frigo, Belli, Simoni y Pellizotti. En ese corto tiempo que había durado el ataque, fueron neutralizados los corredores que marchaban en cabeza de carrera, el de Alessio, Caucchioli y el de Fassa, Kirchen. Había puesto al grupo de favoritos en fila de uno, pero no había tenido éxito el ataque.

A pesar de que no haber podido escaparse, que su ritmo no fuera el del campeón de tiempo atrás, sino más bien el de un simple corredor que no era capaz de dejar atrás a unos rivales que años atrás no podían ni haber soñado con seguir su rueda un puñado de metros en un puerto, Pantani no se dio por vencido y siguió luchando.

Marco ya no era el corredor de años atrás, pero él seguía siendo un luchador infatigable. Todo lo que había conseguido, había sido con un sacrificio y un esfuerzo enorme. Porque él no entendía otro lenguaje que no fuera la lucha y el sacrificio, como demostró en los momentos más duros de su carrera; la lesión producida por el atropello de la Milán-Turín de 1995, o, especialmente, al análisis positivo de Madonna di Campiglio de 1999. Después de cada gran golpe que se había llevado en su vida, había luchado y se había levantado, aunque ese último golpe le dejase muy tocado. Ahora, con 33 años, no iba a ser menos e iba a honrarse a sí mismo en el que sería el último puerto en carrera de su vida.

Volviendo a la carrera, cuando aún faltaban unos cuatro kilómetros para alcanzar la línea de meta, Marco no sólo no se escondió o buscó refugio en el centro del pelotón, sino que siguió al frente del grupo, realizando una de sus habituales aceleraciones, que otrora ahogaban a los rivales. Inicialmente tan sólo Simoni fue capaz de seguir el ritmo del rapado corredor italiano, aunque sin llegar a coger completamente su rueda. Otra vez que, en apenas unos minutos, volvía a hacer soñar a sus incondicionales. Pero no era más que otro espejismo, pues unos segundos después era neutralizado por un grupo de ocho unidades, encabezado por el líder de la carrera. En ese nuevo grupo cabeza de carrera destacaba la ausencia del segundo corredor de la general, y antiguo compañero del Pirata, Stefano Garzelli, que marchaba con unos metros de retraso con respecto a la cabeza de carrera, aunque rápidamente se recuperaría.

Lo había intentado dos veces Marco y en ambas le habían neutralizado, pero como dice el refrán, no hay dos sin tres, y, por supuesto, hubo un tercer ataque de Marco, el tercero en poco más de un kilómetro. En el momento de su ataque, Simoni iba encabezando el grupo y, viendo como le había costado cogerle rueda en el ataque anterior, prefirió darle un poco de libertad en este tercer intento, sabedor que la carrera se la estaba jugando con otros hombres, no con su antiguo rival desde que eran cadetes.

Aunque no peleaba por la general, Simoni no dejó marchar al que era su máximo rival desde cadetes
Poco iba a durar el sueño de la gente de volver a ver como alzaba los brazos en la línea de meta Pantani, ya que a tres kilómetros de meta iba a ser neutralizado definitivamente por un grupo de catorce unidades, en el que Simoni imponía un ritmo asfixiante. Este sería el epílogo de la carrera de Marco Pantani, un último canto de cisne que regalarle a esos aficionados a los que tanto había hecho disfrutar hacía no tanto tiempo.

Simoni vence, Pantani permanece en el recuerdo

Tras alcanzar al pirata hubo un pequeño parón en el grupo, que duró lo que tardaron en llegar a una curva de herradura, tomar aire todos los corredores y mirarse a la cara. Un nuevo demarraje se avecinaba, y este iba a correr a cargo de Franco Pelizotti. Nadie en el grupo, con excepción de Simoni iba a poder responder al ataque del elegante corredor italiano. Ambos corredores abrieron un pequeño hueco con el grupo que ahora cerraba un agotado Pantani justo antes de entrar en las galerías que se encontraban en los últimos dos kilómetros.

Sería en esas galerías, en un momento en el que las cámaras de televisión no pudieron captar, cuando el capo de la carrera, Gibo, se quedaría en solitario en cabeza de carrera, buscando una brillante victoria de etapa. Había controlado a la perfección la etapa, y a la salida de las galerías, ya en el último kilómetro, marchaba en solitario, por delante de un grupo formado por Frigo, Mazzoleni, Noe y Pelizotti. Pantani, por su parte, ya no tenía fuelle e intentaba aguantar la rueda de su compañero Gasperoni, quien trataba de ayudarle a llegar a meta.

La etapa fue finalmente para el líder de la carrera, Gilberto Simoni. Un Gilberto que se hacía de esta forma con su tercera victoria parcial de la carrera. Pero a pesar de su brillante victoria, ni los focos ni los flashes estaban dirigidos a él. Esa atención estaba dirigida a otro corredor que no haría ni entre los diez primeros clasificados del día, un hombre que iba a entrar en meta a 44 segundos del ganador, arropado por su compañero Gasperoni. Simoni había ganado, pero los tiffosi sólo querían al otro hombre, alguien que para ellos estaba por encima del bien y del mal.

Simoni había vencido la etapa y la general, pero la afición sólo tenía ojos para Pantani
Ese otro hombre no podía ser otro que Marco Pantani, ídolo del país, y que aquel 30 de mayo de 2003 iba a vivir el que sería su epílogo en la carretera y casi en su vida misma, pues apenas unos meses después aparecería muerto en aquella habitación del hotel de Rimini. Su trágico desenlace no iba a hacer más que convertir en mito a alguien que ya era una leyenda. Marco, diez años después de su muerte, y dieciséis después de haberlo conseguido, sigue siendo el último corredor italiano en vencer en el Tour de Francia y es el último corredor que ha conseguido el doblete Giro-Tour, consiguiendo ambos logros en 1998.


Clasificación 19ª etapa. Canelli-Cascata del Toce:
1- Gilberto Simoni (Saeco) 6h 20´05´´
2- Dario Frigo (Fassa Bortolo) a 3´´
3- Eddy Mazzoleni (Vini Caldirola-Sidermec) m.t.
4- Andrea Noe (Alessio) a 10´´
5- Franco Pelizotti (Alessio) a 13´´
6- Wladimir Belli (Lampre) a 21´´
7- Raimondas Rumsas (Lampre) a 27´´
8- Yaroslav Popovych (Landbouwkrediet) m.t.
9- Stefano Garzelli (Vini Caldirola-Sidermec) a 36´´
10- Aitor González (Fassa Bortolo) a 39´´
...
12- MARCO PANTANI (Mercatone Uno) a 44´´

Clasificación General:
1- Gilberto Simoni (Saeco) 85h 44´ 39´´
2- Stefano Garzelli (Vini Caldirola-Sidermec) a 8´ 04´´
3- Yaroslav Popvych (Landbouwkrediet) a 8´ 06´´
4- Andrea Noe (Alessio) a 9´ 49´´
5- Georg Totschnig (Gerolsteiner) a 10´ 35´´
6- Raimondas Rumsas (Lampre) a 11´ 01´´
7- Dario Frigo (Fassa Bortolo) a 12´ 38´´
8- Franco Pellizotti (Alessio) a 14´ 21´´
9- Serhiy Honchar (Di NArdi) a 16´ 28´´
10- Wladimir Belli (Lampre) a 20´ 17´´
...
13- MARCO PANTANI (Mercatone Uno) a 27´ 16´´


Saludos a todos!!

viernes, 6 de diciembre de 2013

Chava, una década sin tí

Hoy, 6 de diciembre de 2013, se cumple una década desde que José María "el Chava" Jiménez nos abandonara. Lo hizo estando ingresado en una clínica de desintoxicación, muy lejos ya de los focos que en años anteriores le habían encumbrado ante los aficionados al ciclismo. Su muerte, al igual que sucedió con la de Marco Pantani meses después, le convirtió en mito de este deporte.
 
José María Jiménez, el "Chava", ciclista precoz nacido en el Barraco un 6 de febrero de 1971, hace hoy diez años que nos abandonó. Un ciclista querido por la afición, que pudo haber tenido un palmarés mucho más extenso de lo que lo tuvo, pero de haber sido así, no habría sido el Chava. Desde aquí, un pequeño homenaje, recordando la que ha sido su mejor clasificación en una gran vuelta por etapas, la Vuelta a España de 1998.
 
Vuelta España 1998
La salida de la Vuelta a España de 1998 venía marcada aún por los últimos coletazos del Caso Festina que había tenido lugar durante el último Tour. El ciclismo había perdido su credibilidad de cara al público en general, pero aún así, el espectáculo debía continuar.
 
A pesar de estar todavía reciente el Caso Festina, sus corredores no habían sido oficialmente sancionados, por lo que a la Vuelta pudieron acudir como el equipo más potente del pelotón, con toda su artillería preparada para tratar de lavar su imagen, Zülle, Virenque y Dufaux. En cuanto al pelotón nacional, la ONCE se iba a presentar con Jalabert como indiscutible líder, con Zarrabeitia y Mauri como fieles escuderos. En el Banesto, por su parte, iba a llevar como jefe de filas a un Olano a que el trazado más humanizado favorecía mucho, con un inconsistente Chava Jiménez en la recámara.
 
Esa Vuelta comenzó sin muchas novedades en las cinco primeras etapas, salvo porque Virenque se vio involucrado en varios cortes que le hicieron perder algo de tiempo. No parecía el francés muy por la labor de involucrarse en carrera.
 
En la sexta etapa de esa edición se iba a estrenar un puerto inédito hasta el momento, el Xorret del Catí, un puerto de apenas tres kilómetros de longitud pero con rampas de hasta el 22% de desnivel. Fue precisamente en esas rampas, y respondiendo a un ataque del recién recuperado del cáncer Armstrong, donde el Chava lanzó su primer demarraje de aquella edición y consiguió distanciarse de los Heras, Dufaux o Jalabert de manera suficiente para afrontar el ligero descenso final y ser el primer vencedor en las rampas del Xorret del Catí.
 
Chava había sido el primero de los favoritos en golpear en la Vuelta, aunque su rendimiento real aún era una incógnita, más aún analizando el decepcionante Tour de Francia que había hecho antes de abandonar, donde en ningún momento fue capaz de seguir a los hombres más fuertes de la carrera. Jiménez, además, iba a recibir el premio de vestirse con el jersey de líder de la carrera, aventajando a Heras en más de medio minuto y en casi uno a su compañero y supuesto jefe de filas, Abraham Olano.
 
Las siguientes jornadas iban a ser bastante tranquilas, tanto para el Chava como para su equipo, pudiendo mantener el maillot de líder sin mayores dificultades. Los problemas para el abulense iban a llegar en la novena etapa, con una contrarreloj de 39 kilómetros que, a priori, le iban a hacer perder la preciada prenda amarilla y cualquier opción de hacer una buena general, viendo su rendimiento de años anteriores.
 
Como efectivamente se presuponía, Chava cedió gran cantidad de tiempo en la crono y perdió el liderato de la carrera. El nuevo líder iba a ser su compañero Olano, con él a más de tres minutos en la general. Se recuperaban los roles que inicialmente había en el Banesto, con Olano de jefe y Jiménez de gregario de lujo del de Anoeta. Pero el Chava no había dicho aún, ni mucho menos, su última palabra en aquella Vuelta.
 
El Kelme siembra y el Chava recoge
La décima etapa de la ronda española finalizaba en la Estación Invernal de Pal. Aquel día la cosa empezó a ponerse seria para el líder en el penúltimo puerto de la etapa, el de Ordino. Ahí un ataque en conjunto de los Kelme, primero Heras y luego Escartín, desarboló a un líder que no pudo más que buscar refugio en la rueda del Triki Beltrán. Chava, por su parte, cumpliendo excelentemente con su labor de gregario, se había pegado a la rueda de los Kelme. Por la cima del puerto coronó Escartín en primer lugar, marchando Jiménez a su rueda sin darle un solo relevo. Con un retraso de unos 45 segundos coronó el grupo de un glorioso Beltrán, quien marcaba el ritmo al líder de la carrera.
 
El Chava se estaba encontrando muy bien de piernas durante toda la última ascensión del día, no obstante, había ido a rueda del corredor de Biescas durante muchos kilómetros. Por ello pidió permiso desde el pinganillo para atacar y hacerse con la victoria de etapa. Una vez se lo negaron, dos veces, tres... Los kilómetros pasaban y el grupo perseguidor de Olano no conseguía reducir las distancias. Jiménez comenzaba a desesperarse, mientras que veía las pancartas de siete, seis, cinco a meta. Al paso por cada una de ellas preguntaba y recibía la negativa de sus directores, hasta que al paso por la pancarta de tres el silencio fue la respuesta que obtuvo. Volvió a preguntar para asegurarse y de nuevo silencio. Ante ello, no dudó más y lanzó un primer demarraje que fue contestado por Escartín, pero que no pudo hacer nada para responder a un segundo ataque del corredor del Barraco. En la línea de meta Chava aventajó en 18 segundos a Escartín y en 1 minuto y 31 segundos al grupo de su jefe de filas.
 
"El Chava consiguió dos victorias de etapa aprovechándose del trabajo del Kelme y de su función de gregario de lujo"

Chava Jiménez se había vuelto a meter en carrera, situándose a apenas 1´36´´ del líder y compañero de equipo. Se acababa de encender un pequeño fuego en el Banesto, pero que si no se sabía controlar, podría acabar en un gran incendio. De momento las declaraciones de los protagonistas eran bastante pacíficas, con Olano ejerciendo de líder y Jiménez de gregario totalmente sometido a la imposición de su jefe de filas.
 
La siguiente etapa, la undécima con final en Cerler, iba a ser un calco de la de anterior con final en Pal, con los Kelme tratando de derrocar al líder en beneficio de Heras o Escartín y con el Chava recogiendo lo sembrado por el conjunto dirigido por Álvaro Pino. En todo momento fueron los Kelme los que llevaron la voz cantante en la etapa, pero el vencedor de la jornada volvió a ser el Chava, quien derrotó aquel día en el sprint a Heras, Escartín y Clavero, mientras que por su parte, Olano había vuelto a ceder con respecto a los favoritos, dejándose en meta unos exiguos 19 segundos, por la falta de dureza del puerto final.
 
Hasta aquí había durado la paz entre los dos compañeros de equipo. Desde ese momento, a través de la radio, se inició una guerra entre ambos corredores, contando cada uno con el respaldo de uno de los dos medios radiofónicos nacionales. Quizás el último gran pique en los medios nacionales con el ciclismo de por medio.
 
Las siguientes dos etapas fueron de relativa tranquilidad en el seno del pelotón, con la excepción de la 14ª etapa, que iba a ver como los corredores del Banesto iban a vivir un auténtico infierno en una etapa aparentemente sin peligro que acabó como una persecución del equipo a un numeroso grupo en el que se había colado Heras (8º en la general). Finalmente aquel día acabó sin jugándose al sprint, pero los chicos de Unzué se habían llevado un buen susto.
 
 
La mujer de Olano incendia las Ondas
La 16ª etapa, que finalizaba en las Lagunas de Neila dejó como resultado la cuarta victoria parcial del Chava Jiménez. Todo lo importante de la etapa sucedió durante los últimos tres kilómetros de la subida final a las Lagunas. Poco después de pasar por la pancarta de tres a meta, y viendo el Chava que la situación de carrera estaba más o menos controlada por Olano (respondiendo en persona a unos inútiles ataques de Jalabert), el Chava decidió derramar, buscando su cuarto triunfo de etapa.
 
"Una pequeña pájara de Olano y el ataque del Chava hicieron llegar la sangre al río"
No parecía que la sangre fuera a ir al río hasta que al paso por la pancarta del último kilómetro, Olano se vino abajo sin motivo aparente, y nuevamente Beltrán debió sacrificarse para su jefe de filas. La renta en meta entre el Chava y Olano fue de 46 segundos en favor del corredor del Barraco, insuficientes para poner en aprietos su liderazgo en la carrera.
 
Las declaraciones en meta no fueron nada altisonantes entre todos los protagonistas del día, hasta que que todo el mundo pudo escuchar las que realizaría Karmele, la mujer de Olano, en la radio. Desde ese momento el ambiente en el conjunto Banesto se volvió muy tenso (entre otras cosas, Olano acababa contrato y estaba negociando la renovación), produciéndose el famoso suceso en el ascensor de un hotel entre el Chava, Karmele y un periodista de un medio afín al corredor abulense. La sangre había llegado al río en el seno del conjunto Banesto.
 
La traca final en la Sierra madrileña
Se estaba llegando al final de la Vuelta y aunque la presión que desde el exterior se estaba ejerciendo sobre los corredores del Banesto, en la etapa de Segovia consiguieron firmar una pequeña tregua y trabajar todos con el mismo propósito, conservar el jersey de líder. Ese día de Segovia lo conservaron, pero aún quedaba Navacerrada.
 
El día de Navacerrada la etapa estuvo marcada por el mal tiempo, y por la lucha constante que tuvo que sufrir Olano aquel día. En el penúltimo puerto vio como se formaba una fuga en la que se encontraría gente como Zülle, Escartín o su compañero Chava como secante, mientras que él y su equipo perseguían por detrás. Después de muchos kilómetros persiguiendo, el Banesto consiguió neutralizar la fuga a pie de Navacerrada, último puerto de la jornada.
 
Una vez en el puerto, en las primeras rampas, atacó Heras, llevándose consigo a rueda a Escartín, Armstrong y al Chava. Olano se volvía a quedar descolgado, a merced de la ayuda del Triki. La ventaja de ese cuarteto fue aumentando kilómetro a kilómetro, de manera que el Chava se estaba convirtiendo en el líder provisional de la prueba, ya que habían neutralizado los 31 segundos de desventaja que tenía en la general.
 
"Su superioridad en montaña contrastaba con su escaso rendimiento contra el reloj, lo que le privó de hacer mejores generales"

En la línea de meta fue el ruso Zinchenko, que venía de una fuga anterior, quien se hizo con el triunfo de etapa, su tercero aquel año en la ronda española. Por detrás, Jiménez y Heras entraron a su rueda y Olano se dejó nada menos que 1 minuto y 7 segundos. Eso convertía a Jiménez en el nuevo líder de la prueba, con 6 segundos de ventaja con respecto a Escartín y 38 con Olano.
 
La desventaja de Olano con los hombres que le precedían en la general hacían pensar que la Vuelta era suya, como demostró al día siguiente en la crono de Fuenlabrada, pero la fractura con su equipo y con el Chava ya se había producido muchas jornadas antes, con la actuación de ambos en la carretera, y de sus allegados en las ondas radiofónicas. A Olano le acompañaron en el pódium Escartín y su compañero Jiménez, que pudo salvar su tercera plaza por apenas seis segundos con respecto a Armstrong.
 
Clasificación general.
1- Abraham Olano (Banesto)
2- Fernando Escartín (Kelme) a 1´23´´
3- José María Jiménez (Banesto) a 2´12´´
4- Lance Armstrong (US Postal) a 2´18´´
5- Laurent Jalabert (ONCE) a 2´37´´
6- Roberto Heras (Kelme) a 2´58´´
7- Álvaro González de Galdeano (Euskaltel) a 5´51´´
8- Alex Zülle (Festina) a 6´05´´
9- Marco Serpellini (Brescialat) a 8´ 58´´
10- Marcos Serrano (Kelme) a 10´17´´
 
 
Su mejor clasificación
La Vuelta a España de 1998 supuso la mejor clasificación general del Chava Jiménez, con un tercer puesto final, viviéndolo además con gran intensidad, debido a la polémica que se desató en el seno del equipo Banesto en aquella edición, por las disputas vividas en los medios entre los que apoyaban al Chava y los que apoyaban a Olano. Aunque esa Vuelta del 98 fue su mejor clasificación, no fue su mejor participación en una gran ronda, ya que en la Vuelta de 2001, en donde consiguió tres victorias de etapa, pudo haber sido suya de no ser por esa mala cabeza que tenía, ya que en la carretera demostró ser el mejor corredor del pelotón en esa edición. La
 
Su mala cabeza, unida a sus vicios y malos hábitos de vida, hizo que apenas cinco años después de subir al pódium de Madrid, y dos años después de ser el mejor corredor en la ronda española, José María Jiménez nos abandonase para siempre mientras se encontraba en una clínica de desintoxicación, tratando de curarse de sus adicciones, no ya para volver a ser corredor profesional, pues todavía tenía edad de serlo, sino para tratar de volver a ser persona.
 
 
Saludos a todos!!